Invocando a la espada sagrada - Capítulo 230
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- Capítulo 230 - 230 Capítulo 230 El Clan Tormenta
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230: Capítulo 230: El Clan Tormenta 230: Capítulo 230: El Clan Tormenta Editor: Nyoi-Bo Studio En lo profundo del bosque, había varias personas desnudas paradas en los resbaladizos pastizales.
La fría tormenta parecía no hacerles efecto.
Miraban hacia abajo con dolor, hacia los cuatro cadáveres que yacían en el suelo.
Rhode no tenía ningún respeto por los cadáveres.
En el juego, por lo general se iba después de comprobar si tenían algo valioso, y el sistema se encargaba del resto.
No había cambiado ese hábito desde que había llegado a ese mundo.
Cuando inspeccionó a los cuerpos de los druidas, después de asegurarse de que no tenían nada que necesitara, se dio la vuelta y se fue.
En cuanto a los cuerpos, ¿no era mejor dejarlos allí para alimentar a los lobos?
El silencio duró mucho tiempo.
Finalmente, un druida suspiró lentamente.
Se agachó para cerrar los ojos de la mujer druida.
También le acarició el cabello y enderezó su cuerpo.
La gente a su alrededor lo miraba sin decir nada.
Sabían lo que esa mujer significaba para él.
No tenían nada que decir.
Después de mucho tiempo, alguien habló.
—No estés tan triste, amigo mío… —¿Triste?
Al oír esas palabras, el hombre se levantó y miró fijamente al druida que le habló y apretó el puño.
—¿Triste?
¡No!
¡No estoy triste!
¡Estoy enfadado!
Abrió los brazos y rugió fuerte.
Las aves, que descansaban tranquilamente en el bosque se asustaron por el repentino rugido y salieron volando.
Chirriaron y dieron vueltas en el cielo.
Esta escena hizo que el resto de los druidas se sintieran un poco disgustados, pero al ver la expresión de locura del hombre, decidieron permanecer en silencio y no decir nada.
—Definitivamente mataré a quienquiera que lo haya hecho.
¡Juro por mi nombre y mi alma que mataré a ese idiota yo mismo!
—Cálmate, amigo mío.
En ese momento, habló otro druida.
Su voz fue tan baja como el relámpago que destelló en el cielo.
Resonó en el pecho de todos y los hizo temblar.
El druida enfadado y exaltado también se quedó atónito por un momento.
Cerró la boca, pero la ardiente ira en sus ojos claramente mostraba su disgusto.
—La ira es un veneno; cálmate.
No dejes que afecte tus emociones.
Si no puedes ver la realidad con claridad, entonces tu juramento no fue más que un chiste.
Ahora tienes que calmarte.
Solo podrás seguir adelante después de que lo hayas hecho.
El hombre se quedó en silencio por un momento tras escuchar sus palabras.
Inclinó la cabeza, apretó los puños y regresó con el resto.
Luego, el druida que había hablado antes caminó hacia los cuatro cuerpos que su hermano gemelo había ordenado cuidadosamente y los observó con atención por un momento.
Entonces, preguntó: —¿Qué opinan ustedes?
—La velocidad del oponente es increible —contestó un druida—.
Hemos revisado los cuerpos; a excepción del Oso Pardo, todos recibieron golpes mortales en sus puntos vitales.
No hay signos de que se hayan resistido ni luchado —dijo el druida, y se detuvo como si estuviese preocupado por alguien, pero pronto continuó—.
El oponente incluso derribó el Halcón Rojo y lo asesinó inmediatamente antes de que se resistiera.
—No parece haber sido un ataque sorpresa —añadió el druida que estaba observando el cuerpo, y agitó la cabeza—.
A juzgar por sus heridas, fueron asesinados por la misma arma.
Primero, debió haber atacado al Oso Pardo, y luego a los otros tres.
Cerca de allí, encontré a los lobos del Oso Pardo muertos, así que el oponente debió haber entrado en contacto con él primero, y el Oso Pardo usó a los lobos para bloquearlo y poder escapar.
En ese momento, llegaron los otros tres y fueron asesinados.
Habiendo dicho eso, el otro druida se levantó y fue hasta su lado.
Extendió su mano y pronto, la hierba silvestre y las vides crecieron, y envolvieron a los cuatro cadáveres.
Después de hacer eso, el hombre bajó su mano derecha y continuó: —El oponente es solo una persona, pero tiene la habilidad de matar a tres druidas instantáneamente.
Es muy raro ver un guerrero tan fuerte.
Parece nos equivocamos cuando los juzgamos antes.
Hay un maestro espadachín entre los protectores de la Oriole.
—Y el oponente es muy cruel y malvado —dijo otro druida, y miró al suelo.
Parecía ser un suelo normal, y nadie hubiese pensado que había cuatro cadáveres enterrados debajo.
Las enseñanzas de los druidas estaban en contra del suicidio, pero el Oso Pardo había decidido suicidarse.
Eso significaba que había preferido violar sus propias creencias, que ser torturado por su oponente.
Se podían imaginar lo terrible que fue su situación.
Nadie habló; solo se miraron los unos a los otros.
La gravedad del asunto superó sus expectativas.
Al principio, los druidas pensaron que capturar a la Oriole no sería difícil, pero no todo salió como lo habían planeado.
Entonces, ¿qué debían hacer?
¿Continuar?
¿O resignarse?
De hecho, estas personas eran muy conscientes de que podían enfrentarse a una amenaza más grande de lo que pensaban.
También investigaron el terrible incendio que se produjo en los campos cercanos.
Temblaron con solo verlo.
No podían entender por qué el fuego pareció disiparse naturalmente, lo que no era normal.
Ni siquiera los magos poderosos podían controlar sus hechizos, sino que solo podían lanzarlos.
Podían lanzar una bola de fuego para incendiar un bosque, pero no podrían recuperar la bola de fuego que lanzaron.
En teoría, era absolutamente imposible.
Sin embargo, los rastros que dejaron atrás contaban una historia diferente.
A juzgar por los rastros del fuego, fue lo suficientemente grande como para quemar la mitad del bosque si no hubiese interferido una fuerza externa.
Sin embargo, al mirar por los alrededores, no pudieron encontrar ningún resto de fuego o cenizas.
Para los druidas, esa situación era extremadamente peculiar.
Un fuerte maestro espadachín y un mago misterioso.
Eso era suficiente para que los druidas fuesen cautelosos.
Por esa razón, también se sentían indecisos.
A parte del druida que estaba enojado por la pérdida de su ser querido, nadie deseaba continuar.
Aunque su misión era encontrar a la Oriole, si no podían entender la situación y avanzaban precipitadamente, ellos podrían ser los próximos en ser enterrados.
También estaba esa posibilidad, ¿verdad?
—Garza, trae a tu clan para que sigan a la Oriole.
Por este rastro, deben haber ido al Pico Unicornio.
Me temo que están en busca del sello bajo las ruinas.
Quiero que les ordenes de inmediato que los sigan e impidan que entren.
Sin embargo, no quiero que te enfrentes a ellos.
—Sí, Anciano —contestó un druida inmediatamente.
Al escuchar su respuesta, el hombre conocido como el «Anciano» asintió con satisfacción.
Luego, caminó hacia el druida que temblaba de ira, apretando sus dos puños.
El Anciano extendió su mano para darle una palmadita en el hombro y le dijo en un tono bajo: —Cálmate, Buitre, amigo mío.
La ira no la traerá de vuelta.
Nosotros también sufrimos su pérdida, así que no te preocupes.
Nos vengaremos de su muerte.
La muerte de nuestros compañeros no será en vano.
Nuestro Clan Tormenta destruirá a aquellos que intentan destruirnos.
Independientemente de si se trata de los «distorsionados» o de aquellos que tienen una mente malvada, todos serán castigados.
—E-entiendo lo que quiere decir, Anciano —dijo el Buitre después de oír sus palabras, y levantó la cabeza.
Sus ojos estaban llenos de ira—, pero, se lo ruego, por favor, déjeme unirme al equipo de la Garza.
Quiero asesinar a la persona que mató a mi ser querido con mis propias manos.
Le prometo que no desobedeceré sus órdenes.
Yo solo… solo quiero saber… quién mató a mi pareja.
Tras decir eso, el hombre pareció emocionarse más.
—Anciano, por favor, acepte mi petición; le prometo que no causaré ningún problema.
—Esto… Después de escuchar al hombre, el Anciano dudó.
Luego de pensarlo un rato, finalmente, agitó la cabeza.
—No puedo acceder a tu petición, Buitre.
—¿Anciano?
Al oír esa frase, el hombre se adelantó como si quisiese decir algo.
Pero pronto, miró sorprendido hacia la mano del Anciano, que sostenía su hombro derecho.
—Entiendo tus sentimientos, Buitre.
Siempre la consideré mi hija.
Sé que estás enfadado, pero ¿crees que yo no lo estoy?
Juro por el Espíritu Santo en el cielo que realmente quiero acabar con la persona que la mató y hacer que pruebe mi furia.
Pero no puedo hacerlo ahora.
Porque tengo miedo; tengo miedo de que una vez que lo encuentre, no sea capaz de contener mi ira, y lo termine atacando.
No tengo esa confianza.
Por eso, lo único que puedo hacer ahora es esperar noticias y aguantar mi ira hasta que llegue el momento de la venganza.
¿Lo entiendes ahora?
—… Sí, Anciano —dijo el hombre con amargura y respondió—.
Lo… entiendo.
—Muy bien.
Tras oír su respuesta, el Anciano soltó el hombro derecho del hombre.
Cerró el puño y lo levantó en el aire.
—¡Mis compañeros!
¡Mis amigos!
Nadie podrá volver después de matar a la gente del Clan Tormenta.
¡Los dejaremos morir bajo el Pico Unicornio!
Pero no podemos olvidar nuestra misión, no debemos dejar que la ira nuble nuestra mente.
¡Debemos atrapar a la Oriole para terminar la maldición de nuestro clan!
Ahora… El Anciano hizo un gesto con su mano derecha.
—¡Vamos!
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