Invocando a la espada sagrada - Capítulo 320
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320: Capítulo 320: Neblina 320: Capítulo 320: Neblina Editor: Nyoi-Bo Studio Oscuridad infinita.
Una espesa niebla lo había envuelto todo y nubes negras flotaban en el cielo.
Un estruendo resonó de un lado a otro, y luego desapareció.
Todo estaba en completo silencio.
No había rastro de vida, muerte, esperanza o desolación.
Solo un vacío absoluto.
La niebla se dispersó poco a poco y el estruendo se oyó más fuerte.
Un rayo atravesó las nubes y cayó al suelo.
La luz blanca reflejada en el suelo fue tan deslumbrante que la gente no podía abrir los ojos.
Al dispersarse la niebla, una cosa blanca parecida a una alfombra, se extendió hasta el fondo de una plataforma a la distancia.
Sin embargo, al mirar más de cerca, se podía ver que no era una alfombra, sino una montaña de huesos.
De repente, Christie abrió los ojos y se sobresaltó como un conejito asustado.
Ya era por la tarde, y los cálidos rayos del sol brillaban a través de la ventana y provocaban una sensación cálida y apacible.
Su limpia y cómoda habitación estaba muy silenciosa.
Abrió la ventana, y los ruidos y la música que antes no podían entrar, se filtraron trayéndole paz interior.
La niña se paró frente a la ventana con una mano en su pecho y suspiró.
«Otra vez ese sueño…» Había tenido ese sueño desde que nació, en cualquier momento y en cualquier lugar, como si le recordara su propia existencia.
No podía recordar claramente la escena del sueño, pero la sensación que le daba siempre era la misma.
Era una melancolía asfixiante, y una tristeza acompañada de una desesperación incomparable.
No podía entender lo que significaba ese sueño, pero estaba ansiosa por encontrar la respuesta.
Sin embargo, cada vez que intentaba recordar los detalles, una fuerza poderosa la obligaba a salir y la hacía sentir miserable.
Ni siquiera Rhode no podía explicar el significado de su sueño.
La hermana Marlene, que era sabia y conocedora, tampoco lo comprendía, pero la hermana Gillian de vez en cuando la miraba de forma extraña como si fuese un animal raro.
Inesperadamente, eso no la disgustaba.
En cambio, sentía cierta familiaridad e intimidad hacia Gillian, pero no sabía por qué.
«Toc, toc, toc».
En ese momento, sonó la puerta y Christie se asustó.
Se dio la vuelta y dio unos pequeños pasos para abrir la puerta de su habitación.
Luego, la dulce y gentil expresión de Marlene apareció ante ella.
—Buenas tardes, Christie.
¿Estás ocupada?
—… No, Marlene… Me acabo de despertar —contestó Christie, y agitó la cabeza, mirando con curiosidad a la joven que tenía adelante.
Por lo que recordaba, Marlene no era la clase de persona a la que le gustaba hacer cosas sin un propósito, a diferencia de la hermana Anne, que siempre entraba a su habitación, tuviera algo que hacer o no.
A veces quería conversar con ella, otras veces solo quería compartirle una comida deliciosa y peculiar, incluso una vez quiso darle un trago espumoso.
Por supuesto, la hermana Lize, que siempre estaba tras ella, la detuvo firmemente.
Christie ya no era tan tímida y evasiva con las tres como antes.
Su miedo a la pérdida parecía haber disminuido bajo su cuidado meticuloso.
Ya había comenzado a tratar de abrir su corazón y aceptar la bondad de los demás.
Sin embargo, eso no era tan bueno como le hubiese gustado.
El día anterior, cuando vio cómo le apuñalaron la palma de la mano a Anne en la arena, Christie sintió que su corazón casi dejó de latir.
Nunca pensó que sentir preocupación sería tan difícil y doloroso para una persona, e incluso dudó de haber tomado la decisión correcta.
¿Acaso significaba que cuanto más abriese su corazón y aceptara la existencia de los demás, más preocupada e inquieta se sentiría?
Tampoco sabía la respuesta a eso.
—…¿Buscabas algo?
—¿El Sr.
Rhode no está contigo?
—… No… No sabía por qué, pero Christie vio que Marlene pareció aliviarse cuando escuchó su respuesta.
Inclinó la cabeza confundida, pero Marlene no esperó a darse cuenta de lo que había sucedido y habló.
Su rostro estaba ligeramente sonrojado y se sentía un poco avergonzada.
—Escucha, quiero pedirte algo… Quiero que me des una pintura.
Al escuchar eso, los ojos de Christie se iluminaron y sonrió.
—…¿Una pintura?
Si quieres una, entonces no hay problema.
¿Cuál quieres?
Iré a traértela… Marlene mostró una expresión incómoda frente a la pregunta de Christie.
Miró a la izquierda y a la derecha, y luego le susurró algo a Christie.
Después de escuchar las palabras de Marlene, Christie asintió sorprendida, corrió hacia su escritorio para tomar la pintura y se la dio a Marlene.
Al verla, Marlene sonrió.
La tomó cuidadosamente y la dobló en su pecho.
—Gracias, Christie.
Christie asintió ligeramente con la cabeza en respuesta al agradecimiento de Marlene.
—… De nada… Marlene.
Esto es lo único que puedo hacer…
Estoy muy feliz de que te guste.
—Por supuesto que me gusta, así que… Marlene no terminó de hablar porque, en ese momento, escuchó una voz.
—Ah, Marlene, estas aquí.
Al escuchar la voz de Lize, Marlene cerró su boca rápidamente.
Se giró y miró a Lize, colocando las manos detrás de su espalda de forma poco natural.
—¿Qué pasó, Lize?
Lize no notó los movimientos extraños de Marlene.
Respiró hondo y continuó: —Alguien vino a visitarte.
Dice que hay algo de lo que quiere hablar contigo.
Tras oír su respuesta, Marlene frunció un poco el ceño.
—¿Un visitante?
¿Me busca a mí?
¿Quién es?
—Dice ser la hija mayor de la familia Nancy, Ellenson, tu mejor amiga.
Diciendo esto, Lize se mostró incómoda.
No era de extrañar; aunque eran amigas íntimas de la infancia, hacía mucho tiempo que Marlene no la veía.
Era comprensible que Marlene encontrase una nueva amiga.
Sin embargo, sentía que era un poco extraño porque Marlene nunca se la mencionara, y si realmente era una buena amiga de ella, no reaccionaría así.
Además, la actitud de la Srta.
Ellenson era… —Entiendo, iré a verla.
Marlene era consciente de la expresión incomoda de Lize, así que no dijo mucho.
Pronto, se dio la vuelta y entró a la sala de estar.
Lize y Christie se quedaron paradas mirando su espalda por un momento, y luego la siguieron desde atrás.
Al entrar a la sala de estar, Marlene vio a una chica un poco más joven que ella, que tenía puesto un vestido de doncella noble, con las manos sobre sus rodillas, esperando ansiosamente.
Al ver la llegada de Marlene, la joven, que antes estaba algo inquieta, inmediatamente se tranquilizó.
Esbozó una cálida sonrisa, se paró y corrió hasta Marlene.
—Hermana mayor, ¡por fin nos encontramos!
—¿Ellenson?
Marlene frunció el ceño mirando a la joven parada frente a ella, y en su rostro apareció una expresión de descontento.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Recuerdo haberte dicho que estoy muy ocupada; si necesitas algo, ¿no puedes esperar hasta el final del Festival de Verano?
—Pero… te extrañé tanto, hermana.
La joven llamada Ellenson se mordió el labio inferior con una mirada triste como la de un perrito.
—Has estado lejos de la Ciudad Dorada por mucho tiempo.
Siempre te he echado de menos, y cuando oí que finalmente habías vuelto, quise verte lo antes posible.
Por cierto, hermana, no debes tener nada que hacer esta tarde, así que ¿por qué no vamos a tomar una taza de té?
Debido al Festival de Verano, llegaron productos preciosos.
¡También tengo tu té negro favorito!
Al ver la emoción de Ellenson, Marlene se llevó una mano a la frente.
Quería rechazarla, pero no encontraba el momento adecuado para hacerlo.
Ellenson Nancy era la mejor amiga de Marlene en la Academia.
Decir que eran mejores amigas no era exactamente correcto.
La familia Nancy y la familia Senia eran amigas, así que, como Ellenson era joven, veía a Marlene como una hermana mayor.
Sin embargo, la relación que Marlene tenía con ella no era tan íntima como la que tenía con Lize y, debido a la humildad y admiración que sentía Ellenson hacia ella, le era difícil tratarla como una amiga.
Después de entrar a la Academia, a causa de su actitud orgullosa, le resultaba difícil interactuar con los demás.
Solo tenían una relación cercana por la relación entre sus familias y la admiración que Ellenson sentía por ella.
Aunque su relación no era tan estrecha como la que mantenía con Lize, la consideraba su hermana menor.
Sin embargo, las acciones de Ellenson a veces la fastidiaban un poco, como ahora.
Quería rechazar su invitación porque ese no era un buen momento para tomar el té y charlar, pero también le resultaría difícil decirle que no, ya que tenían una buena relación.
Marlene también tenía que considerar que era la hija mayor de la familia Nancy, así que debía mantener la relación entre ambas.
Ella era la heredera de la familia Senia, por lo que le era imposible actuar de acuerdo a su propios deseos.
Así era como los nobles interactuaban entre sí.
Pensando en esto, Marlene suspiró.
Durante el tiempo que pasó en el grupo mercenario, se sintió viva y relajada, porque allí no tenía que preocuparse por su estatus ni por el de los demás; podía expresar lo que le gustaba y lo que no le gustaba libremente.
Pero ahora, como había vuelto a la Ciudad Dorada, Marlene sentía la falta de esa libertad.
La moneda siempre tenía dos caras Puesto que Ellenson la había invitado personalmente, estaría mal que se negara.
Como le había dicho, en ese momento, no tenía que hacer nada importante.
Anne solo sabía comer y dormir, y después de hacerlo había olvidado sus graves heridas por completo, y ya no necesitaba cuidar de ella.
La seguridad del lugar también era muy estricta, así que no tenía que preocuparse por eso.
En cuanto a su propia seguridad, sabía que no tendría problemas.
Si estuviesen en la Ciudad Piedra Profunda, la gente que no la conociera tal vez trataría de meterse con ella, pero en la Ciudad Dorada, básicamente nadie se atrevería a hacerlo.
Además, si realmente quisieran hacerlo, no tendrían el poder suficiente.
Después de todo, Marlene era una maga del círculo medio.
Luego de pensarlo por un rato, decidió que no habría ningún problema, así que aceptó la invitación.
—Muy bien, si es solo para tomar el té creo que tengo algo de tiempo.
—¿De verdad?
¡Genial!
Al escuchar la respuesta de Marlene, Ellenson sonrió con entusiasmo y se sonrojó.
Hasta salieron lágrimas de sus ojos.
Se podía ver que realmente le importaba que aceptara su invitación.
Al ver su expresión, Marlene comenzó a arrepentirse de haber sido algo grosera con ella al principio.
Luego de pensar en eso, Marlene se volvió hacia Lize y Christie.
—Entonces, Lize, Christie, saldré por un tiempo.
Por favor, díganle al Sr.
Rhode que volveré lo antes posible.
—De acuerdo, Marlene.
Lize asintió rápidamente tras escuchar el pedido Marlene.
No se dio cuenta de que, en ese momento, Ellenson la miraba con odio.
Solo fue por un segundo cuando ambas terminaron de hablar entre sí, y luego Ellenson sonrió rápidamente.
Tomó la mano de Marlene y ambas salieron juntas.
Lize sintió que lo estaba haciendo a propósito solo para presumir.
Cuando llegaron a la entrada, las estaba esperando un lujoso carruaje.
Marlene asintió hacia Christie y Lize y subió al vehículo.
Al ver su gesto, Lize y Christie también se despidieron de ella.
Sin embargo, Ellenson no pareció querer que lo hicieran; las miró fríamente, luego susurró algo al cochero y cerró la puerta del carruaje.
Pronto, el vehículo comenzó a moverse y se fue rápidamente.
—Parece que no le caemos muy bien —dijo Christie preocupada y finalmente le soltó la mano a Lize Había sido acosada durante muchos años, por lo que era muy sensible a las respuestas psicológicas características de las personas.
Aunque Ellenson lo ocultó muy bien, Christie fue lo suficientemente atenta como para percibir la hostilidad y el desdén hacia ellas que escondía en su interior, lo que le hizo sentirse un poco disgustada, no porque odiara ser subestimada, sino porque creía que esa persona no merecía ser amiga de Marlene.
—Entremos, Christie.
Lize no le respondió.
Solo miró la parte trasera del carruaje mientras desaparecía y agitó la cabeza.
A diferencia de la niña, comprendía cómo se sentía Marlene.
Aunque había sido una aventurera durante muchos años, creció entre la realeza, así que entendía la comunicación entre los nobles y esas cosas.
Por eso, aunque pensó igual que Christie, era más madura que ella y podía entender la decisión de Marlene.
Tras pensar en ello, Lize tomó la mano de Christie y volvieron a entrar.
El lujoso carruaje pasó por un hermoso vecindario relativamente remoto y aislado.
Había caminos empedrados, agua cristalina, vegetación y bellas esculturas a ambos lados del camino.
Se veía realmente encantador.
—Esta no es tu casa, Ellenson.
Bajando del carruaje, Marlene miró a ambos lados de la calle y frunció el ceño.
Sin embargo, Ellenson sonrió suavemente.
—Esta es mi otra mansión, querida hermana.
El ambiente aquí es muy bueno, muy sereno y para nada ruidoso, así que no debemos preocuparnos porque alguien nos moleste.
Es un lugar muy bueno.
—Es cierto, se ve bastante bien.
Viendo el elegante edificio bellamente decorado, Marlene asintió con la cabeza.
Ellenson se acercó a la entrada y se rio.
Pronto, los asistentes les abrieron la puerta y las guiaron hacia adentro.
El interior de la mansión era como el exterior, muy lujoso.
Había una leve y dulce fragancia en el aire, y la alfombra roja de terciopelo en el suelo se sentía suave y cómoda.
El pasillo a ambos lados estaba lleno de estatuas y pinturas exquisitas.
Marlene admiró esas exquisitas obras de arte mientras seguía a Ellenson a la sala de estar.
Allí, ya había preparados unos finos postres y un té negro humeante.
Tal como Ellenson había dicho, solo tomarían el té.
—Hermana mayor, por favor, ven a tomar un poco.
Me costó mucho conseguir este té negro.
Ellenson extendió su mano atentamente y le sirvió una taza de té negro a Marlene, que tampoco se negó, y tomó un ligero sorbo.
Pronto, el sabor agridulce único del té negro se extendió por su boca, haciéndola sentir relajada y revigorizada.
—¿Qué te parece, hermana?
La joven miraba a Marlene con ambas manos en sus mejillas.
Al escuchar la pregunta de Ellenson, Marlene solo sonrió y asintió.
—Nada mal, Ellenson.
Parece que conoces muy bien mi gusto.
—Por supuesto, eres mi hermana mayor, a quien más quiero y admiro.
Prueba este pastel; también fue hecho especialmente para ti.
Pruébalo, por favor, es importado del sur.
Es dulce y frío, muy delicioso.
Como de costumbre, la conversación entre nobles era aburrida.
Marlene tomó el pastel que Ellenson le dio, y le respondió de forma elegante por instinto.
Si Anne hubiese estado allí, habría expresado una opinión más directa.
Pensando en eso, Marlene sonrió.
Aunque no había manera de que Anne pudiese comer como ella y los nobles, ver a Anne comiendo tan alegremente también la hacía muy feliz.
No podría experimentar un sentimiento así tomando el té entre nobles.
—Hermana mayor, has cambiado… Justo cuando Marlene estaba probando el pastel, Ellenson la miró fijamente y suspiró.
Bajó los ojos y en ellos apareció un ápice de resignación y enojo.
Sin embargo, Marlene estaba inmersa en sus pensamientos y no lo notó.
—Cuando me enteré de que te irías de la Ciudad Dorada, estuve muy, muy preocupada.
Siempre tuve miedo de que te pasara algo, y ahora estás de vuelta, pero… parece que has cambiado mucho.
—La gente siempre cambia, Ellenson.
Crecemos y cambiamos; yo cambiaré, y tú también lo harás.
Marlene bajó su cuchillo y tenedor.
Miró a la joven a su lado, pero lo que vio fue la expresión inquieta de Ellenson.
—Pero no quiero cambiar, hermana.
Solo quiero seguir viviendo como antes, porque el cambio no siempre es bueno, ¿verdad, hermana?
¿Por qué estás tan seria cuando estás conmigo, pero sonríes con esa gente pobre?
¿Acaso soy peor que ellos?
—¿Ellenson?
El aire circundante se volvió más espeso.
La dulce fragancia que antes era leve, había envuelto a Marlene como miel.
Marlene agitó la cabeza y su conciencia se volvió más y más borrosa.
Todo a su alrededor parecía estar distorsionado, y dando vueltas.
—Hermana, ¿por qué?
Marlene levantó la vista y vio la figura borrosa de Ellenson.
Se levantó y se acercó a ella.
—¿Por qué?
Siempre te he admirado tanto, ¿por qué prefieres tratar a esos pobres como amigos, y a mí no?
—Ellenson… tú… Marlene cerró sus puños, sintió que algo andaba mal y quería lanzar un hechizo.
Sin embargo, un momento después, no pudo hacer ni el más mínimo sonido.
En sus ojos, la figura de Ellenson había comenzado a nublarse y distorsionarse.
Su cuerpo había empezado a calentarse, y poco a poco perdió sus fuerzas.
—Pero no te preocupes, hermana… Como dijiste, todos cambiarán, y yo también lo haré.
Mi yo actual ya no anhela tu amistad… Su visión se volvió negra, y la voz de Ellenson se desvaneció.
La oscuridad infinita se había tragado por completo la conciencia de Marlene.
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