Invocando a la espada sagrada - Capítulo 339
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- Capítulo 339 - 339 Capítulo 339 Batalla Decisiva 1
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339: Capítulo 339: Batalla Decisiva (1) 339: Capítulo 339: Batalla Decisiva (1) Editor: Nyoi-Bo Studio El grave sonido de las cornetas y los redobles de los tambores llenaron la arena.
Al mismo tiempo, los ángeles extendieron sus alas en el aire mientras cantaban su antiguo y sagrado himno junto con una música armoniosa.
El público se puso de pie y admiró las brillantes luces multicolores mientras se colocaban la mano en el pecho y se sumergían en la música en silencio.
Rhode miró al cielo.
Él también conocía muy bien ese himno.
Casi todos los jugadores del Reino Munn «crecieron» con él.
La canción contaba como los Cinco Dragones Creadores resolvían situaciones caóticas, formando a su vez un mundo ordenado.
Originalmente, el himno estaba dividido en cinco partituras por cada uno de sus respectivos seguidores.
Sin embargo, los himnos se dispersaron después de que el Dragón del Vacío desapareció.
En la actualidad, aparte de los Dragones Gemelos, Juicio y Dominio, que conservaron las partituras del himno perfectas y completas, el País de la Luz y el País de la Oscuridad solo tenían la partitura que les pertenecía a ellos.
Sin embargo, la partitura en posesión del País de la Luz desapareció.
Después de que el parlamento prohibió el himno, nadie en el país lo cantaba, excepto en el Reino Munn.
Debido a esta razón, Rhode no había escuchado las melodiosas voces de los ángeles cantando el himno desde que el Reino Munn fue destruido en el juego.
Los ángeles volaron alrededor de la arena hasta sus posiciones.
Esa fue la primera vez que aparecían en la arena sagrada, y eso solo quería decir una cosa.
Cuando pensó en eso, Rhode bajó la cabeza y dirigió su mirada hacia la bandera dorada que colgaba en lo más alto de la arena.
«El ángel con las dos espadas».
Su Alteza Real Lydia había concurrido en persona.
En ese momento, un hombre enérgico de unos 60 años de edad, con una gruesa armadura, entró a la arena levantando en sus manos el símbolo de la Asociación de Mercenarios.
Era Lauren, el presidente de la Asociación de Mercenarios.
A medida que se acercaba el fin del Festival de Verano, era hora de que él, como organizador, apareciera con orgullo.
Sin embargo, no estaba de buen humor porque el Festival de Verano fue demasiado caótico esa vez.
Había oído los rumores del desastre que ocurrió un día antes y, aunque las cuatro hermandades siempre estaban enfrentadas, era la primera vez que había tal trifulca entre ellas en la Ciudad Dorada.
Aunque no había evidencias sólidas sobre el asunto, no las necesitaba, porque podía jurar por el honor de su familia que Waltz y sus hombres fueron los que lo causaron.
Lauren estaba enardecido.
Su Alteza Real Lydia había mostrado su descontento con la Asociación de Mercenarios por el pobre manejo de los disturbios causados por ese grupo de bastardos, y ahora ese idiota le causaba otro problema.
«Maldita sea, ¿realmente piensa que no me atrevería a tocarlo simplemente porque lo respaldan un puñado de blandengues del sur?» Sin embargo, ese no era un buen momento para resolver la disputa.
Decidió que, sin importar las consecuencias, la Asociación de Mercenarios tenía que mostrar una actitud inflexible al respecto.
Si no… —Todos estamos aquí hoy, en la arena sagrada, bajo los ojos de los antiguos guerreros, con su coraje como espadas y escudos para librar una batalla majestuosa.
¡Los participantes trajeron coraje, honor y creencias, solo para ser los vencedores finales y poder alcanzar la gloria suprema!
¡Los nombres de los mercenarios serán transmitidos de generación en generación por siempre!
Lauren levantó su bandera abruptamente y el público estalló en vítores.
Después de unos momentos, los gritos se calmaron y él continuó.
—Ahora, como presidente y en nombre de la Asociación de Mercenarios, ¡anuncio el comienzo de la batalla final!
Lydia miraba acostada lánguidamente en un lujoso y cómodo sofá de terciopelo.
Sostenía un vaso con jugo de frutas helado y acariciaba los bordes de sus delgados dedos.
Sus ojos brillaban con picardía, complacencia y algo de impertinencia.
—Profesor, ¿quiere apostar quién será el vencedor?
Amund, que estaba detrás de ella, sonrió.
Miró a la arena y, en ese momento, se sorprendió al ver que ambos grupos habían llegado.
—Qué sorpresa.
¿La Srta.
Marlene no participará?
—Ciertamente, es muy interesante… Profesor, ¿cree que se debe a que está siendo cautelosa?
—Me temo que no lo sé, Su Alteza —contestó Amund acariciando su enorme barba y agitó la cabeza—.
Es inapropiado que un mago saque conclusiones de la nada, sin embargo, creo que los miembros que eligieron están bien, pero sus posibilidades de ganar serán mucho menores.
—No estoy de acuerdo —dijo Lydia sonriendo y movió su dedo suavemente—.
A diferencia de usted, creo que es una formación interesante.
Entonces…¿quiere apostar?
¿10 monedas de oro?
—No podría considerarme afortunado aunque ganara —respondió Amund amargamente, extendiendo sus brazos con impotencia—.
Su Alteza, confío en su inteligencia e intuición, sin embargo… —Hay que arriesgarse para ganar.
Como un oasis que parece muy precioso en el medio del desierto.
Solo los aventureros que asumen riesgos tendrán derecho de buscar milagros y victorias.
La fuerza de la valentía y el conocimiento no debe ser subestimada.
Profesor, esta será una partida fascinante —dijo Lydia y tomó un sorbo del jugo—.
Se lo garantizo.
Rhode entró a la arena y vio a Waltz en el extremo opuesto.
Sintió su odio y su deseo de venganza a través de sus ojos.
Si la mirada de Waltz pudiese matar, quizá Rhode ya habría muerto.
Pero era una lástima que sin importar cuánto mirara, no pudiera infundir ni un poco de miedo en Rhode, que solo levantó la cabeza y le respondió con una sonrisa esplendida.
La multitud se alborotó al notar la sonrisa de Rhode.
Nadie lo había visto sonreír desde que llegó a la Ciudad Dorada.
Una sonrisa podía usarse para convencer a alguien y para transmitir confianza.
Sin embargo, a Rhode no le importaban mucho esos beneficios.
Siempre mostraba un rostro frío e inexpresivo.
Aunque algunos nobles astutos y circunspectos también ocultaban sus verdaderos pensamientos con expresiones similares, debido a que el rostro de Rhode era demasiado bello, muchos pensaban que era un desperdicio que nunca sonriera.
Pero ese pensamiento se desvaneció de sus mentes.
La sonrisa de Rhode era tan hermosa como escalofriante.
Casi todos los que la vieron temblaron y cerraron la boca inconscientemente, como si no fuese una sonrisa, sino una víbora mostrando sus afilados colmillos.
Waltz resopló y se controló a sí mismo para no adelantarse y darle un puñetazo a esa cara que lo irritaba tanto.
Lauren notó la extraña atmósfera entre ambos.
Sin embargo, no estaba seguro de lo que pasaba entre ellos y solo deseó que la partida continuara de forma fluida y sin contratiempos.
Sin embargo, había muchas cosas en ese mundo que no giraban en torno a la determinación de uno.
—Ahora, haremos nuestro juramento sagrado bajo la bandera y frente al espíritu de un guerrero.
Cuando ambos estuvieron de pie ante Lauren, este último leyó el juramento en voz alta mientras Rhode y Waltz escuchaban respetuosamente.
En apariencia, no había nada extraño entre ellos.
Sin embargo, cuando Lauren leyó la frase final «Los dos obedecerán el juramento», Waltz dijo con frialdad: —Estoy dispuesto a obedecer el juramento, Sr.
Lauren.
¡Estoy dispuesto a dar mi vida por la victoria y el honor!
Waltz miró a Rhode con fiereza.
—No estoy seguro de si el Sr.
Rhode también tendrá el valor de usar su vida como juramento para esta batalla.
Los espectadores gritaron con entusiasmo.
Sabían que existía una regla en el Festival de Verano que permitía que las batallas de vida o muerte, lo que no era muy diferente de las competiciones normales.
La única diferencia era que, una vez que ambas partes lo aceptaran, habría tres resultados posibles: rendirse, caer fuera de la arena o morir.
En otras palabras, una vez que la batalla de vida o muerte comenzara, la regla de «no matar» quedaba anulada.
En un instante, muchos pusieron su atención en Rhode.
Por supuesto, también había otros que miraban a Waltz asombrados.
Por los rumores, Rhode debía sentirse muy incómodo pero, en cambio, era Waltz quien estaba lleno de odio y Rhode parecía estar tan tranquilo como siempre.
Rhode estaba sonriendo, lo que despertó el interés de Lauren mientras fruncía el ceño y miraba al Waltz con descontento.
«Maldito seas, Waltz.
¿Te atreves a hacer un desafío de vida o muerte frente a Su Alteza Real?
¿No nos lo estás poniendo difícil a nosotros, la Asociación de Mercenarios?» Aunque Lauren se quejó internamente, no podía detener el reto.
El desafío de vida o muerte era la regla más sagrada de la ceremonia del Festival de Verano y, como juez, no tenía derecho a prohibirla.
Solo podía esperar que ese joven apuesto y de aspecto amable rechazara el desafío sin sentido.
Después de todo, ya que el desafío de vida o muerte solo era válido si ambas partes estaban de acuerdo, si Rhode no lo aceptaba… Al final, el deseo de Lauren no se cumplió.
Rhode respondió con una frialdad inesperada.
—¡Te garantizo que nadie de Liberty Wings saldrá vivo de esta arena!
Todos los espectadores quedaron estupefactos.
Miraban fijamente a la arena sin poder creerlo.
A pesar de que anticipaban una batalla intensa, las cosas se habían salido de control.
Ambos bandos se amenazaron de muerte frente a miles de personas en la arena sagrada.
¡Iban a presenciar un asesinato!
En un instante, muchos dirigieron su atención hacia el salón vip justo debajo de la bandera dorada.
¿Estaría bien llevar a cabo un espectáculo tan sangriento frente a los ojos de Su Alteza Real Lydia?
No hubo la más mínima reacción y la arena se quedó extrañamente en silencio.
Sin embargo, en comparación con el público, Lauren se había puesto pálido.
Los miraba a ambos con furia.
Aunque el desafío de Waltz lo enojó, la amenaza directa de Rhode lo hizo enloquecer.
Había sido presidente durante mucho tiempo, pero esa era la primera vez que alguien amenazaba con matar a todos sus oponentes frente al público.
¡Parecía que ambos estaban decididos a tomar venganza!
Aunque Lauren estaba frenético, no tenía otra opción, ya que tenía que respetar las reglas y no tenía derecho a intervenir.
Al principio, esperaba que Lydia diese un paso al frente para ponerle un fin a esto, pero estaba impasible.
Ambos ya habían aceptado las reglas del combate y, en un instante, bajaron de la arena ignorando al pobre presidente.
Eso dejó a Lauren en una situación increíblemente incómoda y lo único que pudo hacer fue suspirar con resignación y retirarse.
Rhode bajó de la arena y en sus ojos se reflejaron los rostros decididos de sus hombres.
—Todos escucharon lo que dije y ya deberían saber qué hacer.
Rhode borró la sonrisa en su cara y volvió a mostrar su expresión distante habitual.
Sin embargo, Lize y los demás parecían sentirse más cómodos con su expresión de siempre.
Después de todo, los que lo conocían sabían que cada vez que sonreía habría problemas.
—Recuerden, no se sientan abrumados por la ira.
Actúen de acuerdo a la secuencia y hagan lo que les dije.
Olvídense de su honor e ignoren sus caras feas.
No estamos aquí en busca de honor o reconocimiento.
Todo lo que necesitamos es ganar.
Tienen que entender eso… Rhode respiró profundamente.
—Esta es la última vez que les pido esto.
Cuando suban a la arena, puede que se burlen de sus acciones, que los ridiculicen e incluso que los humillen.
¿Tienen las agallas para renunciar a su honor antes de entrar a la arena y luchar por la victoria?
Si se arrepienten de su elección, este es el momento de decírmelo.
—¡Anne nunca se echará atrás, líder!
—dijo Anne dando un paso al frente con los puños cerrados—.
Esos malos atacaron a los amigos de Anne e incluso hirieron a la hermana Shauna y a Christie, así que no los dejaré salir con vida.
¡Anne no tiene miedo de lo que los cobardes del público griten porque los que no se atreven a competir, no tienen derecho a cuestionar el comportamiento de Anne!
—Yo tampoco tengo miedo, señor.
Aunque Joey sonreía, sus ojos brillaban con una seriedad incomparable.
—Como novato, ya estoy acostumbrado a que se mofen de mí.
No me afectará algo tan insignificante, así que no te preocupes, ¡esta vez ganaré!
—Joey tiene razón, señor —añadió Randolf sacando una flecha de su espalda—.
Además, no creo que esta sea una batalla deshonrosa.
Para nosotros ya es un honor luchar por la victoria.
Señor, usted no eligió a la Srta.
Gillian ni a la Srta.
Marlene para este combate, sino que nos eligió a nosotros…¡No lo defraudaremos!
—Yo tampoco, Sr.
Rhode —dijo Lize, y puso sus puños apretados sobre su pecho—.
Starlight es nuestro y quiero protegerlo.
Este es nuestro hogar y, por él, no le tendré miedo a ningún obstáculo o peligro.
Rhode observó las expresiones de todos, se quedó en silencio durante un momento y asintió con la cabeza.
—Por último, déjenme repetirles esto: Vuelvan vivos, porque no vale la pena que desperdicien sus vidas con esta basura.
Los espectadores vitorearon cuando Rhode terminó su frase.
Todos se dieron la vuelta y vieron salir a la arena a un anciano fuerte y musculoso que sostenía dos escudos pesados.
Rosen era el primero en luchar.
Se acercó al centro de la arena y desde allí miró a Rhode y al resto.
—¿No dejarás que nadie de Liberty Wings salga vivo de esta arena?
Tienes agallas, muchacho.
¿Realmente crees poder hacerlo con esos miembros?
¡No tienes el derecho de escupir esas palabras en mi cara!
No son más que un puñado de insectos, ¿y dicen que nos mataran?
Ven a la arena, muchacho, te mostraré lo inservible que eres.
—¡Tú!
Anne apretó los dientes y agitó sus puños, pero Rhode la sujetó y miró a Rosen con frialdad.
Luego sonrió.
—No tendrás la oportunidad de hacerlo, Rosen.
Para cuando yo salga, ya estarás muerto.
—¿Eh?
Rosen se sorprendió un poco por su respuesta.
Entonces, Rhode se dio vuelta y dijo: —Lize, es tu turno.
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