Invocando a la espada sagrada - Capítulo 338
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- Capítulo 338 - 338 Capítulo 338 El Comienzo De Una Extorsión 2
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338: Capítulo 338: El Comienzo De Una Extorsión (2) 338: Capítulo 338: El Comienzo De Una Extorsión (2) Editor: Nyoi-Bo Studio Mientras el sol desgarraba la oscuridad, comenzaba el festín final del Festival de Verano.
Esta vez, asistió más gente a la arena porque era la culminación de todo el evento.
Después de dos días de competencia, dos equipos salieron ganadores en las batallas individuales: Starlight y Liberty Wings, que participarían en el combate final.
El ganador recibiría una remuneración incomparable: Lydia le cumpliría cualquier deseo.
Por esa razón, la arena se inundó con un mar de espectadores.
A pesar de que estaba tan abarrotado que algunos tuvieron que quedarse apretados en los pasillos para disfrutar de la partida, no les importaba, ya que estaban impacientes por ver las batallas.
Un día antes, Rhode les mostró su asombroso poder, lo que fue el tema de conversación en toda la Ciudad Dorada, y no podían esperar para ver otro espectáculo fenomenal.
«¿Quién ganará la final?» Nadie estaba seguro.
Rhode era poderoso, pero Rosen no se quedaba atrás.
Pero esta vez, muchos estaban seguros de que sería un combate emocionante porque la noche anterior escucharon rumores que decían que los miembros de Starlight habían sido emboscados mientras regresaban a su base.
Además, la mayoría de los culpables eran miembros de Liberty Wings, que trataron de secuestrar a una niña que creían que era pariente de Rhode.
Todo eso fue para forzar a Starlight a abandonar la competencia, pero al final fracasaron.
Aunque solo era un rumor, pocos cuestionaron su credibilidad.
Muchos difundieron el rumor de que Shauna y los demás habían sido emboscados, pero la mayoría solo se sorprendió de que algunos idiotas tuviesen la valentía suficiente como para causar disturbios bajo la atenta mirada de Lydia.
¿Acaso no apreciaban sus vidas?
A medida que este último rumor se propagaba, respondía a las dudas de todos.
Después de ver la fuerza de Rhode, Liberty Wings debía haberse asustado y se les ocurrió ese plan.
Si no, ¿por qué alguien haría algo así en ese momento?
Además, sabían que Rhode estaba enfurecido y que juró que los haría pagar.
Por eso todos sabían que sería una batalla emocionante.
Pero en ese momento, en la sala de descanso, Waltz miraba por la ventana con un rostro pálido y furia en su corazón.
La noche anterior, sus hombres encontraron a su hijo en un basurero como si lo hubieran tirado como a una bolsa de basura, y no se encontraba en buenas condiciones.
Según el diagnóstico de un clérigo, su hijo había sido envenenado con un potente veneno de serpiente y, aunque no era lo suficientemente grave como para quitarle la vida, sus sentidos se habían reducido a los de un idiota.
En otras palabras, ese niño que antes era adorable y valiente se había convertido en un idiota que no podía cuidarse a sí mismo ni podía hablar.
Waltz estaba enardecido, pero eso no fue todo.
Todos en las calles sabían que habían emboscado a ese grupo de campesinos.
Aunque no había ninguna prueba, Waltz tenía claro que si el rumor se hacía demasiado grande, seguramente Lydia lo investigaría.
Si eso sucediese, Liberty Wings enfrentaría grandes problemas.
Tenía claro que, como fuerza central del Partido Reformista, su hermandad siempre era el objetivo a eliminar del Partido del Rey.
Una vez que el Partido del Rey encontrara una excusa para hacerlo, con gusto destruirían la hermandad que Waltz había construido con tanto esfuerzo.
«Rhode…» Waltz apretó los dientes y miró el brazalete en su muñeca.
«Ese maldito bastardo, ¿realmente creyó que me rendiría por esa pequeña extorción suya?
¡Debes estar bromeando!
¡Chico, soy Waltz!
¡El líder de la hermandad Liberty Wings!
¿Creíste que podías destruirme con ese plan?
¡Estás delirando!
¿Realmente crees que no haré nada al respecto?» Waltz apretó los puños y miró furiosamente por la ventana.
«¡Esta vez, morirás!» Mientras Waltz hacía su promesa, al otro lado, Rhode miraba firmemente a las personas que tenía ante él.
—Ya les conté la situación de la competencia de hoy.
Ahora, quiero reiterárselos.
Espero que todos recuerden que la batalla de hoy no será una batalla normal, sino que será de vida o muerte.
Si alguien tiene miedo, esta es la última oportunidad que tienen para echarse atrás.
—¡Anne nunca se echará atrás!
Anne se levantó y agitó sus pequeños puños.
Había actuado de esa manera desde que Rhode les informó la verdad sobre la emboscada a Christie y a los demás.
Anhelaba el momento en que podría romper en pedazos a esos bastardos con su escudo.
—¡Yo también, señor!
—contestó Randolf levantándose sacando pecho—.
Aunque no tengo experiencia y las misiones que me fueron asignadas siempre fueron peligrosas, ¡haré lo mejor que pueda!
—¡Yo también!
¡Esos bastardos hirieron a nuestra gente y si no les damos una lección, pensarán que somos unos debiluchos!
—dijo Joey.
Blandió su daga y se levantó con una mirada furiosa—.
Además, creemos que seguramente tienes un plan y mientras te sigamos, los miembros de la hermandad verán lo buenos que somos los «campesinos».
—Bien.
Rhode asintió y se volvió hacia Lapis.
—¿Está todo listo?
—Todo está listo, señor.
Lapis se levantó rápidamente.
Aunque sus movimientos eran torpes y nerviosos, su expresión reflejaba claramente su determinación.
Agarró unas cuantas pociones de varios colores con cuidado y se las pasó a Rhode.
—Hice estas siguiendo su fórmula, señor.
Todas están bien y no habrá ningún problema.
—Bien.
Rhode le asintió y recibió las pociones.
Luego, se las repartió a Randolf, Joey, Anne y Lize.
—Vamos —dijo Rhode y se dio vuelta.
Los gritos llenaban la arena.
El marqués Gunst estaba sentado en el salón vip con el ceño fruncido.
Odiaba esos clamores.
Si le fuese posible, enviaría un equipo de guardias para cerrarle la boca a aquellos que no habían recibido una educación adecuada, y así poder pensar en silencio.
Sin embargo, ese era un deseo exagerado.
Aunque el salón vip tenía paredes insonorizadas y alfombras que reducían el ruido al mínimo, el marqués Gunst seguía molesto.
En ese momento, un mayordomo abrió la puerta y los gritos irrumpieron en la tranquila habitación, lo que hizo que el marqués Gunst se volteara irritado.
Entonces, un hombre vestido de manera lujosa entró a la habitación.
Cuando el mayordomo cerró la puerta, el hombre se quitó el sombrero y se inclinó respetuosamente.
—Buenas tardes, marqués Gunst.
—Para esa lamida de botas hipócrita, Elman —dijo Gunst malhumorado antes de volver a voltear la cabeza a la arena—.
¿Cómo está la situación de tu lado?
¿Cómo está Waltz?
—La situación… sigue bien.
El Sr.
Waltz sigue enfadado, pero no se le puede culpar.
El hijo que crió con tanto cuidado se convirtió en un idiota de la noche a la mañana.
¿Quién estaría de buen humor si le pasara eso?
El vizconde Elman mostró una sonrisa educada y se sentó al lado de Gunst.
Miró hacia adelante y vio una bandera dorada colgando en lo más alto de la arena.
La bandera tenía la imagen de dos espadas entrecruzadas con un ángel extendiendo sus alas y elevándose en el aire.
Solo una persona en el Reino Munn tenía derecho a izarla.
—Esta es nuestra última oportunidad —dijo Gunst bajando su pipa—.
Obviamente, esa mujer tiene la intención de erradicarnos y no podemos quedarnos sentados sin hacer nada.
¿Está todo listo?
—Todo va como usted lo pidió, marqués Gunst.
Aunque no fue fácil armar un alboroto bajo su atenta mirada, pude llevar a cabo la misión con éxito.
—Me alegro.
La enorme barbilla de Gunst, que cubría casi todo su cuello, se tranquilizó.
Luego se movió para poner su cuerpo en una posición más cómoda.
—Espero que Waltz no me decepcione.
¿Se lo diste?
—Por supuesto, señor.
El Sr.
Waltz agradeció su ayuda y prometió cumplir la misión que le asignó.
—Será mejor que lo haga —dijo Gunst con desdén—-.
Ese joven debe morir… El Partido del Rey es demasiado fuerte ahora y si otro hombre poderoso se une a ellos, estaremos en apuros.
Con suerte, Waltz podrá hacerlo.
Gunst suspiró.
En ese momento, sonó la corneta.
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