Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Issei en el grand line - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Issei en el grand line
  3. Capítulo 29 - Capítulo 29: Capitulo 28: Caida
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 29: Capitulo 28: Caida

El sol comenzaba su lento descenso sobre el reino de Alabasta, tiñendo las dunas con tonos anaranjados y dorados que contrastaban brutalmente con las manchas de sangre seca que aún salpicaban las calles de Alubarna. La batalla había terminado. El silencio que siguió al estruendo de la guerra civil era casi ensordecedor, roto únicamente por los gemidos de los heridos, el llanto de los que encontraban a sus seres queridos entre los escombros, y el susurro del viento del desierto que, indiferente a la tragedia humana, continuaba su eterno baile sobre la arena.

En el centro de la devastación, un cráter humeante marcaba el lugar donde Monkey D. Luffy había asestado el golpe final contra Sir Crocodile. El cuerpo del Shichibukai yacía inconsciente, su preciada capa de piel desgarrada, su garfio dorado torcido en un ángulo antinatural, y su rostro, normalmente esculpido en una mueca de arrogante superioridad, ahora mostraba solo el vacío de la derrota total. La sangre manaba de múltiples heridas, empapando la arena que alguna vez él mismo había controlado como una extensión de su voluntad.

Luffy, de pie junto al cuerpo caído, respiraba con dificultad. Su sombrero de paja, milagrosamente intacto, proyectaba una sombra alargada sobre el rostro inconsciente de su enemigo. Sus nudillos estaban destrozados, sus brazos cubiertos de cortes y magulladuras, y su camisa roja era ahora un harapo que apenas se sostenía sobre sus hombros. Pero en sus ojos, bajo el ala del sombrero, brillaba una chispa de satisfacción pura, la misma que siempre aparecía cuando protegía a sus amigos.

—Lo logré —murmuró, su voz ronca por el polvo y el esfuerzo—. Te derroté, Crocodile.

A su alrededor, los ecos de la batalla aún resonaban en la memoria de los presentes. La princesa Vivi, de rodillas en una azotea cercana, lloraba en silencio mientras observaba a su reino, su hogar, destrozado por una guerra que nunca debió ocurrir. Sus lágrimas no eran solo de tristeza, sino de alivio, de gratitud, de un dolor tan profundo que las palabras no podían contenerlo. Había luchado durante años para evitar este desenlace, infiltrándose en Baroque Works, arriesgando su vida una y otra vez, y aun así, no había podido detener la tragedia. Pero sus amigos, esos piratas locos que había conocido por casualidad, habían hecho lo imposible.

—Gracias —susurró al viento—. Gracias, Luffy. Gracias a todos.

Koza, el líder de los rebeldes y amigo de la infancia de Vivi, estaba siendo atendido por los médicos de la ciudad. Su cuerpo estaba cubierto de vendas, y su mirada, antes llena de furia justiciera, ahora solo reflejaba confusión y arrepentimiento. Había sido manipulado, utilizado como una pieza en el juego de Crocodile, y había estado a punto de destruir el mismo reino que quería proteger.

—Todo fue una mentira —dijo, su voz quebrada—. El rey Cobra nunca nos traicionó. Crocodile… él…

—Lo sé —respondió uno de los médicos, un anciano que había servido a la familia real durante décadas—. Pero ahora no es momento de culpas, joven Koza. Es momento de sanar. De reconstruir.

Los soldados reales y los rebeldes, que momentos antes se mataban entre sí, ahora trabajaban codo con codo para rescatar a los heridos de los escombros. La revelación de la verdad había sido como un balde de agua fría, apagando el fuego de la guerra civil en cuestión de minutos. Los agentes de Baroque Works que sobrevivieron estaban siendo arrestados por la guardia real, sus rostros marcados por la incredulidad y la derrota. Sin su líder, sin sus ejecutivos, no eran más que matones comunes, fácilmente sometidos por la autoridad legítima.

En el palacio real, el rey Nefertari Cobra, aún débil por el veneno que Crocodile le había administrado, se apoyaba en el hombro de su leal guardia Igaram para observar los daños desde un balcón. Sus ojos, cansados pero llenos de determinación, recorrían las calles de su amada Alubarna.

—Esto no volverá a suceder —declaró, su voz firme a pesar de su debilidad—. Alabasta renacerá de estas cenizas. Y aquellos que intentaron destruirnos pagarán por sus crímenes.

Igaram asintió, sus lágrimas contenidas a duras penas. —Su Majestad, ¿qué haremos con los prisioneros de Baroque Works?

—Entregarlos a la Marina —respondió Cobra—. Pero antes, quiero interrogarlos personalmente. Quiero saber hasta dónde llegaba la corrupción de Crocodile. Quiero saber quiénes, dentro del Gobierno Mundial, sabían lo que estaba pasando y no hicieron nada.

La mención del Gobierno Mundial trajo un silencio incómodo. Todos sabían que Crocodile era un Shichibukai, uno de los Siete Guerreros del Mar, y que, como tal, gozaba de inmunidad diplomática. La Marina no podía intervenir en sus asuntos sin una orden directa del Gobierno Mundial. Y el Gobierno Mundial, como siempre, había mirado hacia otro lado mientras un tirano conspiraba para apoderarse de un reino soberano.

—Esto no quedará impune —insistió Cobra—. Alabasta ha sido miembro del Gobierno Mundial durante siglos. Exigiremos explicaciones.

Pero en el fondo, incluso él sabía que esas explicaciones nunca llegarían. El Gobierno Mundial era una entidad burocrática y corrupta, más interesada en mantener el status quo que en hacer justicia. Crocodile era útil como Shichibukai, un contrapeso contra los piratas del Grand Line. Su caída no sería vista como un acto de justicia, sino como una pérdida de un activo valioso.

A varios kilómetros de Alubarna, en un campamento improvisado de la Marina, el Vicealmirante Smoker observaba el horizonte con una mezcla de frustración y respeto a regañadientes. Su cigarro, como siempre, colgaba de sus labios, y su rostro curtido por el sol y el humo mostraba más arrugas de las habituales.

—Así que el Sombrero de Paja lo logró —murmuró, más para sí mismo que para los demás—. Derrotó a Crocodile.

A su lado, la Capitana Tashigi ajustaba sus gafas con nerviosismo. Sus ojos, normalmente llenos de determinación idealista, ahora reflejaban una profunda confusión.

—Vicealmirante, ¿qué hacemos ahora? —preguntó—. Se suponía que nosotros debíamos detener a Crocodile, pero el Gobierno Mundial nos ordenó no intervenir. Y ahora, un pirata ha hecho nuestro trabajo.

—Un pirata que deberíamos arrestar —añadió Smoker, con ironía—. Pero que acaba de salvar un reino entero. Maldita sea, este trabajo se vuelve más complicado cada día.

Tashigi bajó la mirada. Ella era una creyente en la justicia, en la idea de que la Marina existía para proteger a los inocentes y castigar a los malvados. Pero lo que había presenciado en Alabasta desafiaba todas sus convicciones. La Marina, supuestamente la defensora de la paz, había sido un espectador impotente mientras un Shichibukai sembraba el caos. Y un pirata, supuestamente un criminal, había sido el héroe que salvó el día.

—¿Es así como funciona realmente el mundo? —preguntó, en voz baja.

Smoker exhaló una bocanada de humo. —El mundo es un lugar sucio, Tashigi. La justicia absoluta de la que hablan algunos no existe. Solo hay personas tomando decisiones, a veces correctas, a veces equivocadas. Lo que importa es lo que hacemos con las consecuencias.

—¿Y qué haremos nosotros?

—Nuestro deber —respondió Smoker, aplastando su cigarro contra el suelo—. Aseguraremos la zona, ayudaremos en las tareas de rescate, y arrestaremos a los agentes de Baroque Works que aún queden sueltos. En cuanto al Sombrero de Paja… —Hizo una pausa—. Supongo que le debemos una. Esta vez.

Tashigi asintió, aunque en su interior, la semilla de la duda ya había sido plantada. ¿Era realmente Luffy un enemigo? ¿O era la Marina la que estaba del lado equivocado de la historia?

Mientras tanto, en los calabozos improvisados bajo el palacio real, los agentes de alto rango de Baroque Works que habían sido capturados vivos esperaban su destino. Mr. 2 Bon Clay, con sus característicos maquillaje y atuendo de ballet, estaba encadenado a una pared, su rostro una máscara de tristeza y resignación.

—Así que esto es el final —dijo, su voz quebrada—. Mr. 0 ha caído. Baroque Works ha sido destruido. Y yo… yo he fallado a mis amigos.

Se refería a los Sombrero de Paja, a quienes había ayudado a escapar momentos antes de ser capturado. Su código de honor, su creencia en la amistad por encima de todo, lo había llevado a traicionar a su organización para salvar a aquellos que consideraba sus nakamas.

—Al menos ellos están a salvo —murmuró, una pequeña sonrisa apareciendo en sus labios pintados—. Eso es lo que importa.

En otra celda, Miss Doublefinger, la dueña del Spiders Café, estaba en silencio, su rostro inexpresivo. Ella había sido la encargada de reclutar agentes para la organización, y ahora, viendo el resultado final, solo sentía un vacío indescriptible.

—Todo por nada —susurró—. Años de trabajo, de planificación, de sacrificios… todo por nada.

Y en una tercera celda, Mr. 3, el hombre de cera, temblaba de miedo mientras imaginaba el castigo que le esperaba. Había sido humillado por Luffy, derrotado por Usopp, y ahora, prisionero de un reino que había ayudado a oprimir.

—Esto no puede estar pasando —gemía—. Yo solo seguía órdenes. Yo solo…

Pero sus lamentos caían en oídos sordos. La justicia, fuera cual fuera su forma, finalmente los había alcanzado.

A miles de kilómetros de distancia, en un rincón aparentemente insignificante del Grand Line, la Isla de los Sabios comenzaba a secarse lentamente bajo los primeros rayos de sol que se filtraban entre las nubes. El Vuelo del Dragón seguía atracado en el puerto principal, su figura de dragón alado brillando débilmente bajo la luz grisácea.

Dentro de la taberna “El Papiro Mojado”, cinco figuras estaban sentadas alrededor de una mesa de madera gastada, sus tazas de té enfriándose lentamente mientras una conversación crucial se desarrollaba.

Issei Hyoudou, el autoproclamado futuro Rey del Harem, estaba sentado frente a Nico Robin, la última superviviente de Ohara. Sus novias, Naira y Camila, flanqueaban a Issei, sus rostros una mezcla de cautela y curiosidad. Marily, la nueva integrante, se había sentado en un extremo de la mesa, su mano descansando casualmente sobre la empuñadura de Noche Serena, su espada negra, en un gesto que era tanto de protección como de advertencia.

Robin, por su parte, parecía completamente relajada, como si estuviera tomando el té con viejos amigos en lugar de con un grupo de cazarecompensas que podrían entregarla al Gobierno Mundial por una jugosa recompensa. Su vestimenta, un conjunto de cuero oscuro que se ajustaba a sus curvas como una segunda piel, dejaba poco a la imaginación. Una chaqueta corta que apenas cubría sus generosos pechos, unos pantalones ajustados que resaltaban sus caderas y largas piernas, y un escote pronunciado que mostraba más piel de la que cualquier mujer “decente” mostraría en público.

Y precisamente ese escote era el problema.

Issei, cuyo coeficiente intelectual parecía reducirse a la mitad cada vez que estaba cerca de una mujer atractiva, no podía dejar de mirar. Sus ojos, traicioneros como siempre, viajaban constantemente desde el rostro de Robin hasta su pecho, y viceversa, en un ciclo interminable de distracción pervertida. Su sonrisa, una mueca bobalicona que sus novias conocían demasiado bien, estaba firmemente plantada en su rostro.

—Oppai… —murmuró, casi sin darse cuenta—. Grandes oppai…

Naira suspiró, su mano subiendo para masajearse las sienes. —Issei, cariño, ¿podrías concentrarte, por favor? Estamos en medio de una negociación importante.

—Lo siento, lo siento —respondió Issei, sacudiendo la cabeza como si pudiera despejar sus pensamientos pervertidos con un simple movimiento—. Es que… bueno… —Señaló vagamente hacia Robin—. Son muy… prominentes.

Camila, que normalmente habría hecho algún comentario sarcástico o le habría dado un codazo a Issei para que se comportara, esta vez se limitó a negar con la cabeza. Conocía a su novio. Sabía que su perversión no era maliciosa, sino una parte fundamental de su personalidad. Una parte molesta, sí, pero también una de las razones por las que se había enamorado de él. Porque a pesar de su obsesión con los pechos, Issei nunca había tratado a ninguna mujer como un objeto. Las respetaba, las protegía, y las amaba sinceramente.

Marily, que aún estaba conociendo las dinámicas del grupo, observaba la escena con una mezcla de fascinación y diversión. Ella había usado su atractivo físico para motivar a Issei durante el entrenamiento, y sabía perfectamente el efecto que los pechos grandes tenían sobre él. Pero verlo en acción, ver cómo su cerebro se cortocircuitaba ante la visión de unos buenos oppai, era algo que nunca dejaba de sorprenderla.

Robin, por su parte, estaba experimentando una sensación completamente nueva. Durante años, décadas enteras, había sido observada por hombres de todo tipo. Hombres que la veían como una amenaza, una herramienta, una presa, una criminal. Hombres que la miraban con miedo, con desprecio, con lujuria fría y calculadora. Pero nunca, en todos sus años de huida y supervivencia, un hombre la había mirado como la estaba mirando Issei Hyoudou.

Era una mirada de apreciación pura, sin malicia, sin segundas intenciones. Una mirada que decía “me gusta lo que veo” de la manera más simple y directa posible. Era, se dio cuenta Robin con sorpresa, una mirada casi… inocente.

¿Debía sentirse ofendida? ¿Halagada? ¿Indignada? No lo sabía. Sus mecanismos de defensa, forjados a lo largo de años de traiciones y desconfianza, le decían que debía reaccionar con hostilidad, alejar a este hombre que la miraba de una manera tan extraña. Pero otra parte de ella, una parte que había estado dormida durante mucho tiempo, sentía una chispa de… ¿curiosidad? ¿Interés?

Decidió seguir su instinto de supervivencia. Después de todo, había aprendido que mostrar debilidad era un lujo que no podía permitirse.

—Señor Hyoudou —dijo, su voz suave pero con un filo peligroso—. ¿Hay algo en mi persona que le llame especialmente la atención?

Issei, completamente ajeno al peligro, asintió con entusiasmo. —¡Sí! Sus pechos son increíbles. Quiero decir, son grandes, y firmes, y la forma en que su chaqueta los resalta es… —Se detuvo, dándose cuenta tardíamente de lo que estaba diciendo—. Eh… quiero decir…

Robin sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Entiendo.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, hizo florecer dos brazos adicionales desde los hombros de Issei. La técnica fue tan rápida, tan precisa, que ni siquiera el Haki de Observación de Issei pudo anticiparla. Los brazos, réplicas exactas de los de Robin, se materializaron como flores brotando de la nada, sus dedos extendidos apuntando directamente a los ojos del pervertido.

—¡¿Qué…?!

Los dedos se clavaron en sus ojos con la precisión de un cirujano. No fue un golpe fuerte, no causaría daño permanente, pero sí fue increíblemente doloroso. Issei soltó un grito ahogado y cayó hacia atrás, su silla volcándose mientras él se retorcía en el suelo de madera.

—¡MIS OJOS! ¡MIS OJOS!

Naira observó la escena con una expresión de “te lo mereces”. Camila suspiró y tomó un sorbo de su té. Marily sonrió divertida.

—Debí haberlo visto venir —comentó Naira, su tono resignado—. Issei nunca aprende.

—Al menos esta vez no fue una desconocida en la calle —añadió Camila—. Recuerdo cuando intentó espiar a las chicas en los baños termales de la Isla del Medio. Tuvimos que pagar una indemnización.

—¿Eso pasó? —preguntó Marily, genuinamente interesada.

—Pregúntale a él cuando deje de retorcerse.

Robin, mientras tanto, observaba a Issei rodar por el suelo con una mezcla de satisfacción y confusión. Satisfacción porque había puesto en su lugar a un pervertido descarado. Confusión porque, a pesar de todo, no se sentía realmente ofendida. Era extraño. Normalmente, un hombre que la mirara de esa manera habría despertado su ira más profunda, recuerdos de los cazadores de recompensas y agentes del gobierno que la habían perseguido durante años. Pero Issei… Issei era diferente.

—Es un personaje peculiar —murmuró Robin, más para sí misma que para las demás.

—Ni siquiera has visto la mitad —respondió Naira, con una sonrisa cansada—. Pero debajo de toda esa perversión, es un buen hombre. El mejor que he conocido. Si no fuera así, no estaríamos aquí, con él.

Robin asintió lentamente. Podía verlo. A pesar de su comportamiento ridículo, Issei Hyoudou había derrotado a Mr. 1, uno de los asesinos más letales de Baroque Works. Había reunido a un grupo de mujeres fuertes y leales a su alrededor. Y según sus investigaciones, había ayudado a liberar islas enteras de tiranos y criminales. No era un simple pervertido. Había algo más.

Issei, finalmente, logró incorporarse, sus ojos llorosos y enrojecidos. Se frotó los párpados con el dorso de la mano, su visión borrosa.

—Eso… eso dolió —se quejó, volviendo a sentarse en su silla con cuidado—. No tenía que hacer eso.

—Tenía que hacerlo —corrigió Robin, su tono neutral—. Considérelo una lección sobre modales.

En el interior de su mente, la voz de Ddraig resonó con una risa profunda y resonante.

—Te lo merecías, socio. Completamente. —El dragón emperador rojo parecía estar disfrutando del espectáculo—. Llevo milenios viendo a portadores hacer el ridículo, pero tú siempre encuentras nuevas formas de superarte.

—Cállate, Ddraig —murmuró Issei, en voz baja—. No pude evitarlo. Esos oppai eran… eran magníficos.

—Y seguirán siendo magníficos después de que te arranquen los ojos. Concéntrate. Esta mujer es peligrosa, y no solo por su fruta del diablo. Su mente es aún más afilada que cualquier espada.

Issei asintió para sus adentros y trató de enfocar su atención en el rostro de Robin, ignorando heroicamente la tentación de bajar la mirada. Era una batalla cuesta arriba, pero por el bien de la negociación, lo intentaría.

—Bien —dijo, aclarándose la garganta—. Hablemos de negocios.

Robin asintió, su expresión volviéndose seria. La broma había terminado. Ahora era momento de la verdad.

—Como dije antes —comenzó—, he estado siguiéndolos por orden de Sir Crocodile, el líder de Baroque Works. Él quería saber quiénes eran, qué buscaban, y si representaban una amenaza para sus planes.

—¿Y qué planes son esos? —preguntó Naira, sus ojos de navegante brillando con inteligencia—. Hemos oído rumores de que Baroque Works está involucrado en algo grande en Alabasta.

Robin sonrió, una sonrisa que no revelaba nada. —Algo grande, ciertamente. Crocodile ha estado orquestando una guerra civil en Alabasta durante años. Su objetivo es desestabilizar el reino, derrocar al rey Nefertari Cobra, y hacerse con el control del país.

—¿Para qué? —preguntó Camila, frunciendo el ceño—. ¿Qué tiene Alabasta que pueda interesar a un Shichibukai?

—Un arma ancestral —respondió Robin, sin rodeos—. Plutón. Según los poneglyphs que he estudiado, Alabasta guarda el secreto de la ubicación de una de las armas más destructivas que el mundo haya conocido. Crocodile cree que, con ese poder, podrá desafiar al Gobierno Mundial y convertirse en el nuevo Rey de los Piratas.

El silencio que siguió fue absoluto. Incluso Issei, con sus ojos aún llorosos, comprendió la gravedad de lo que Robin acababa de revelar. Un arma ancestral. Un poder capaz de destruir el mundo. Y un Shichibukai loco intentando hacerse con él.

—Eso es… —Naira no encontró palabras.

—Una locura —completó Marily, su mano apretando la empuñadura de Noche Serena—. Si ese hombre consigue ese poder…

—No lo conseguirá —dijo Robin, con una seguridad que sorprendió a todos—. El poneglyph de Alabasta no contiene la ubicación de Plutón. Contiene información sobre Poseidón, otra arma ancestral completamente diferente. Crocodile ha estado persiguiendo una pista falsa durante años.

—¿Y tú lo sabías? —preguntó Issei.

—Lo sabía.

—¿Y no se lo dijiste?

Robin lo miró como si fuera un niño haciendo una pregunta ingenua. —Señor Hyoudou, en mi mundo, la información es poder. Si Crocodile hubiera sabido que el poneglyph no contenía lo que buscaba, me habría matado en el acto. Mi supervivencia dependía de que él creyera que yo era útil.

Era una lógica fría, despiadada, pero completamente comprensible. Issei, que había aprendido sobre supervivencia en una isla desierta, no podía juzgarla.

—Entiendo —dijo, su voz seria—. Continúe.

Robin asintió. —Baroque Works es una organización jerárquica. En la cima está Crocodile, Mr. 0. Debajo de él, los Oficiales Agentes, numerados del 1 al 5. Mr. 1, Daz Bones, era el más fuerte de todos ellos, un asesino despiadado con la Fruta Supa Supa no Mi. Ustedes ya lo conocen.

—Lo derrotamos —dijo Camila, con un deje de orgullo.

—Lo sé. Y eso es lo que llamó mi atención. Mr. 1 era considerado invencible dentro de la organización. Su derrota a manos de un cazarecompensas desconocido fue un shock para todos.

—¿Quiénes son los otros? —preguntó Naira, tomando notas mentales.

—Mr. 2, Bon Clay, usuario de la Fruta Mane Mane no Mi, que le permite copiar la apariencia de cualquiera que toque. Mr. 3, Galdino, usuario de la Fruta Doru Doru no Mi, que le permite crear y controlar cera. Mr. 4, un hombre de fuerza descomunal que trabaja con una nutria llamada Lassoo que en realidad es un arma con Fruta del Diablo. Y Mr. 5, usuario de la Fruta Bomu Bomu no Mi, que le permite hacer explotar cualquier parte de su cuerpo.

—Todos usuarios de Frutas del Diablo —observó Marily—. Una organización poderosa.

—Y eso son solo los Oficiales Agentes —continuó Robin—. Hay cientos de agentes de rango inferior, los Frontier Agents, los Millions, los Billions. Una red de espionaje y asesinato que se extiende por todo el Grand Line.

—¿Y el Gobierno Mundial? —preguntó Naira, su voz tensa—. ¿Saben lo que Crocodile está haciendo?

Robin soltó una risa amarga. —Lo saben. Y no les importa. Crocodile es un Shichibukai, uno de los Siete Guerreros del Mar. Ese título le otorga inmunidad diplomática total. La Marina no puede tocarlo sin una orden directa del Gobierno Mundial. Y el Gobierno Mundial no dará esa orden mientras Crocodile siga siendo útil como contrapeso contra otros piratas.

—Eso es… —Camila apretó los puños—. Eso es injusto.

—Es la realidad —dijo Robin, su tono frío—. La justicia en este mundo es una farsa. Los poderosos hacen lo que quieren, y los débiles sufren las consecuencias. Yo lo aprendí a los ocho años, cuando el Gobierno Mundial destruyó mi isla y mató a todos los que conocía solo porque queríamos aprender la verdad.

La revelación cayó como un jarro de agua fría. Issei y sus chicas ya sabían que Robin era la superviviente de Ohara, pero escucharlo de sus propios labios, sentir el dolor y la amargura en su voz, era diferente.

—Lo siento —dijo Issei, su voz suave—. Debe haber sido horrible.

Robin lo miró, buscando señales de falsedad o lástima en sus ojos. No las encontró. Solo encontró una comprensión genuina, la misma que había visto en los ojos de aquellos pocos que la habían ayudado a lo largo de los años.

—Fue… lo que fue —respondió, finalmente—. Pero no estoy aquí para hablar de mi pasado. Estoy aquí para ofrecerles un trato.

—¿Qué tipo de trato? —preguntó Naira, siempre práctica.

—Información a cambio de protección —dijo Robin—. Como he dicho, he estado siguiéndolos por orden de Crocodile. Pero Crocodile ya no es mi prioridad. De hecho, sospecho que en este mismo momento, está siendo derrotado por Monkey D. Luffy en Alabasta.

—¿Luffy? —Issei parpadeó—. ¿El chico del sombrero de paja que vimos en Reverse Mountain?

—El mismo. Su tripulación ha estado causando estragos en Baroque Works. Han derrotado a varios agentes de alto rango. Y Luffy… Luffy tiene algo especial. Algo que me hace pensar que podría derrotar a Crocodile.

—¿Y si lo derrota? —preguntó Marily—. ¿Qué pasará contigo?

—Baroque Works se desmoronará —respondió Robin—. Sin Crocodile, la organización no tiene líder. Los agentes restantes se dispersarán, serán arrestados, o se matarán entre ellos. Yo… yo estaré libre.

—¿Libre para qué? —preguntó Camila.

Robin sonrió, una sonrisa triste. —Esa es la pregunta, ¿no? Libre para seguir huyendo. Libre para buscar los poneglyphs y descubrir la verdadera historia del mundo. Libre para encontrar un lugar al que pertenecer.

—¿Y nosotros qué tenemos que ver con eso? —preguntó Issei, rascándose la cabeza.

—Ustedes buscan algo —dijo Robin, sus ojos brillando con inteligencia—. Algo que no es de este mundo. He oído rumores. Un fragmento, una pieza de ajedrez, que encontraron en el fondo del mar. Un objeto que emite una energía extraña.

Issei se tensó. —¿Cómo sabe eso?

—Tengo mis fuentes —respondió Robin, enigmática—. Pero no se preocupe. No se lo he dicho a nadie. Y no lo haré. Mi oferta es esta: yo sé leer los poneglyphs. Sé dónde encontrar información sobre objetos antiguos, artefactos perdidos, tecnologías olvidadas. Si lo que buscan es algo que no pertenece a este mundo, es posible que los poneglyphs contengan alguna pista. A cambio, quiero viajar con ustedes. Protección temporal, hasta que encuentre un nuevo rumbo.

Naira y Camila intercambiaron miradas. Marily observaba a Robin con una expresión indescifrable. Issei, por su parte, estaba procesando la información lentamente.

—Ddraig —pensó—. ¿Qué opinas?

—Es peligrosa —respondió el dragón—. Pero también es útil. Sabe cosas que nosotros no. Y si realmente puede leer esos poneglyphs, podría ser la clave para encontrar más fragmentos como el peón de ajedrez. Sin embargo, no confíes en ella ciegamente. Ha sobrevivido traicionando a otros. Podría traicionarte a ti también.

—No lo hará —dijo Issei, en voz alta, sorprendiendo a todos.

Robin arqueó una ceja. —¿Y cómo puede estar tan seguro, señor Hyoudou?

—Porque sé lo que es estar solo —respondió Issei, su voz seria—. Sé lo que es perderlo todo y no tener a nadie en quien confiar. Yo también llegué a este mundo sin nada, sin saber qué hacer ni adónde ir. Pero encontré a Naira. Y luego a Camila. Y ahora a Marily. Y ellas me dieron un hogar, una familia. Usted… usted también merece eso.

Robin se quedó en silencio. Sus ojos, normalmente fríos y calculadores, mostraron un destello de vulnerabilidad que desapareció tan rápido como apareció.

—Es usted un hombre extraño, Issei Hyoudou —dijo, finalmente—. Pero acepto sus palabras. Por ahora.

Naira suspiró, reconociendo la inevitabilidad de la situación. —Está bien. Viajarás con nosotros. Pero con condiciones.

—¿Cuáles? —preguntó Robin.

—Primero, nada de secretos. Si sabes algo que pueda afectarnos, lo dices. Segundo, contribuyes. No eres una pasajera, eres parte de la tripulación. Ayudas con las tareas del barco, con la navegación, con lo que haga falta. Y tercero… —Naira miró a Issei—. Nada de lastimar a Issei otra vez sin una buena razón.

Robin sonrió, una sonrisa genuina esta vez. —Trato hecho.

—¡Espera! —protestó Issei—. ¿Qué hay de mí? ¡Yo soy el capitán! ¡Debería tener voz en esto!

—La tienes —dijo Naira, con dulzura—. Y la usaste para aceptarla. Bien hecho, cariño.

Issei abrió la boca para protestar, pero la cerró al ver la expresión de sus novias. Era una batalla perdida. Además, en el fondo, sabía que Naira tenía razón. Robin podía ser una aliada valiosa. Y si sus oppai eran tan magníficos como parecían… bueno, eso era solo un bono adicional.

—Está bien —murmuró, resignado—. Bienvenida a bordo, Robin.

—Gracias —respondió ella, su voz suave—. Espero que nuestra colaboración sea… fructífera.

La conversación continuó durante varias horas más. Robin, ahora más relajada, compartió detalles adicionales sobre Baroque Works, sus agentes, sus métodos, y sus conexiones con el inframundo criminal. Naira, con su mente estratégica, hizo preguntas precisas, construyendo un mapa mental de la organización y sus debilidades.

Camila, por su parte, estaba más interesada en los aspectos prácticos. ¿Cómo se financiaba Baroque Works? ¿Qué tipo de barcos usaban? ¿Tenían bases secretas además de las conocidas? Robin respondió a todo con una franqueza que sorprendió incluso a sí misma. Había pasado tanto tiempo guardando secretos, midiendo cada palabra, calculando cada revelación, que hablar abiertamente era una sensación extrañamente liberadora.

Marily, mientras tanto, observaba en silencio. Su experiencia en la Isla del Duelo le había enseñado a leer a las personas, a detectar mentiras y verdades a través de sus movimientos, sus pausas, sus miradas. Y lo que veía en Robin era… complejo. Una mujer herida, sí. Una superviviente, sin duda. Pero también alguien que, en el fondo, anhelaba algo más que simplemente existir.

—Es como yo —pensó Marily—. Perdió su hogar. Perdió a su gente. Y ahora busca un nuevo propósito.

Issei, a pesar de sus esfuerzos, seguía distrayéndose ocasionalmente. Pero para su crédito, había logrado mantener la mirada en el rostro de Robin durante la mayor parte de la conversación. Pequeñas victorias.

Finalmente, cuando el sol comenzó a ocultarse en el horizonte y las sombras se alargaron sobre la taberna, la conversación llegó a un final natural.

—Creo que es suficiente por hoy —dijo Naira, estirándose—. Mañana zarparemos hacia Water 7. Robin, si quieres venir con nosotros, deberías recoger tus cosas y estar en el barco al amanecer.

—Así lo haré —respondió Robin, levantándose—. Tengo una habitación en esta misma posada. No será difícil.

—Perfecto —dijo Camila—. Entonces, buenas noches.

Robin asintió y se retiró a su habitación, sus pasos silenciosos sobre las tablas de madera. Las chicas de Issei la observaron irse, sus pensamientos en desorden.

—¿Confías en ella? —preguntó Camila a Naira, en voz baja.

—No —respondió Naira, honestamente—. Pero no necesito confiar en ella. Solo necesito que sea útil. Y lo es.

—Es peligrosa —añadió Marily—. Pero también está rota. He visto a personas así antes, en la Isla del Duelo. Guerreros que lo perdieron todo y ya no saben por qué luchar. Si encontramos una razón para que confíe en nosotros, podría convertirse en una aliada leal.

—O podría traicionarnos —dijo Camila.

—O podría traicionarnos —admitió Marily—. Pero ese es el riesgo.

Issei, que había estado en silencio, finalmente habló. —No nos traicionará.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Naira.

—Porque… —Issei buscó las palabras—. Porque cuando la miré a los ojos, vi algo familiar. Vi a alguien que ha estado sola durante demasiado tiempo. Alguien que quiere confiar, pero tiene miedo. Yo era así cuando llegué a este mundo. Ustedes me dieron una oportunidad. Robin también merece una.

Naira sonrió y le dio un beso en la mejilla. —Eres un tonto. Pero un tonto con buen corazón. Está bien, confiaremos en ella. Por ahora.

Subieron a sus habitaciones, cada una perdida en sus propios pensamientos. Issei se quedó un momento más en la taberna, mirando por la ventana el cielo oscurecerse. La luna comenzaba a asomar entre las nubes, su luz plateada bañando las calles mojadas de la Isla de los Sabios.

—Ddraig —pensó—. ¿Crees que estamos haciendo lo correcto?

—No lo sé —respondió el dragón—. Pero rara vez sabemos lo que es correcto hasta que lo hacemos. Lo importante es que sigas tu instinto. Tu instinto te ha traído hasta aquí, con dos mujeres que te aman y una tercera que pronto lo hará. No es un mal historial.

—Eso es… sorprendentemente alentador viniendo de ti.

—No te acostumbres. Mañana volveré a llamarte idiota.

Issei sonrió y subió a su habitación, donde Naira ya lo esperaba. Esa noche, mientras el viento soplaba suavemente sobre la isla, durmieron abrazados, ajenos a las corrientes del destino que los llevaban hacia un futuro incierto.

A miles de kilómetros de distancia, en una majestuosa torre que se alzaba sobre una isla privada en el Nuevo Mundo, el hombre más influyente del periodismo mundial estaba a punto de recibir la noticia más jugosa del año.

Big News Morgans, el presidente del Diario de la Economía Mundial, no era un hombre común. De hecho, técnicamente, ni siquiera era un hombre. Su cuerpo era el de un águila gigante, cubierto de plumas marrones y blancas, con un pico amarillo curvado y ojos penetrantes de color ámbar. Caminaba erguido sobre dos patas, vestía un traje blanco impecable con una corbata roja, y hablaba con la fluidez y el carisma de un magnate de los medios de comunicación.

Su isla, conocida como el Nido de las Noticias, era el centro neurálgico de la información en el mundo de One Piece. Cientos de periodistas, fotógrafos, editores y mensajeros trabajaban día y noche para recopilar, verificar y publicar las noticias que darían la vuelta al globo. Y en la cima de esa pirámide informativa, Morgans reinaba como un emperador indiscutible.

Esa noche, el ajetreo en la redacción era frenético. Los Den Den Mushi sonaban sin cesar, transmitiendo informes de todo el mundo. Los periodistas gritaban titulares, los editores rechazaban borradores, los mensajeros corrían de un lado a otro con hojas de papel. El olor a tinta y café impregnaba el aire.

Morgans estaba en su oficina privada, un lujoso espacio con ventanas de suelo a techo que ofrecían una vista panorámica del océano, cuando su asistente personal, una joven nerviosa con gafas y una carpeta bajo el brazo, irrumpió sin llamar.

—¡Señor Morgans! ¡Noticias urgentes desde Alabasta!

El águila giró su enorme cabeza, sus ojos brillando con interés. —¿Alabasta? ¿Qué pasa en ese nido de serpientes?

—¡Sir Crocodile ha sido derrotado!

Morgans se puso en pie de un salto, su silla rodando hacia atrás. —¿¡QUÉ!?

—¡Sí, señor! Los informes confirman que Monkey D. Luffy, el pirata del sombrero de paja, se enfrentó a Crocodile en Alubarna y lo derrotó en combate singular. Baroque Works ha sido desmantelado. La guerra civil en Alabasta ha terminado.

El pico de Morgans se curvó en lo que solo podía describirse como una sonrisa depredadora. —Esto es… esto es ORO. ¡Oro puro! ¿Quién más lo sabe?

—Nadie fuera de Alabasta, señor. Nuestros corresponsales en la isla fueron los primeros en enviar el informe. La Marina está tratando de contener la información, pero…

—¡Pero no podrán! —Morgans soltó una carcajada estruendosa—. ¡Esta es la noticia del año! ¡Un Shichibukai derrotado por un pirata novato! ¡El Gobierno Mundial quedará en ridículo! ¡La Marina tendrá que dar explicaciones! ¡Y nosotros seremos los primeros en contarlo!

Se abalanzó sobre su escritorio, agarrando un Den Den Mushi con la urgencia de un depredador sobre su presa. —¡QUIERO A TODOS LOS EDITORES EN MI OFICINA AHORA MISMO! ¡CANCELEN LA PORTADA DE MAÑANA! ¡ESTA SERÁ LA NUEVA!

En cuestión de minutos, la redacción del Diario de la Economía Mundial se transformó en un caos organizado. Los periodistas trabajaban a destajo para redactar el artículo principal, los fotógrafos revelaban las imágenes borrosas tomadas a distancia de la batalla en Alubarna, los titulares se debatían acaloradamente.

—”EL OCASO DE UN GUERRERO DEL MAR: CROCODILE DERROTADO” —propuso un editor.

—Demasiado formal —rechazó Morgans—. Quiero algo más impactante. Algo que haga que la gente se detenga en la calle y compre el periódico sin pensarlo.

—”¡SOMBRERO DE PAJA APLASTA AL TIRANO DE LA ARENA!” —sugirió otro.

—Mejor. Pero aún le falta fuerza.

—”CROCODILE CAE: EL FIN DE BAROQUE WORKS Y EL ASCENSO DE UNA NUEVA ERA” —dijo una editora joven.

Morgans chasqueó el pico. —¡ESO! ¡Eso es! Pero añade: “EXCLUSIVA MUNDIAL: LA VERDAD DETRÁS DE LA GUERRA CIVIL DE ALABASTA”. Quiero que la gente sepa que nosotros tenemos la historia completa, no solo los hechos.

El equipo asintió y se puso a trabajar. Morgans, mientras tanto, se retiró a un rincón de la oficina para hacer una llamada privada. Marcó un número en un Den Den Mushi especial, uno que solo usaba para contactos de alto nivel.

—¿Sí? —respondió una voz profunda al otro lado.

—Soy yo —dijo Morgans—. Ya habrás oído las noticias.

—Las he oído. Crocodile ha caído. Eso complica las cosas.

—Complica las cosas para el Gobierno Mundial —corrigió Morgans—. Para mí, es una mina de oro. Pero te llamo por otra razón. En mis informes de inteligencia, hay un nombre que sigue apareciendo. Un cazarecompensas del West Blue. Issei Hyoudou.

Hubo una pausa. —¿El que derrotó a Mr. 1?

—El mismo. Y según mis fuentes, ahora viaja con un grupo de mujeres. Una de ellas es Nico Robin, la superviviente de Ohara.

La voz al otro lado se volvió tensa. —Robin está con él. Eso es… interesante.

—Pensé que querrías saberlo. Este Issei Hyoudou está llamando la atención. Primero derrota a un ejecutivo de Baroque Works. Luego se alía con la mujer más buscada por el Gobierno Mundial. Y ahora se dirige a Water 7.

—Water 7… —La voz reflexionó—. ¿Qué busca allí?

—Eso es lo que me gustaría saber. Y estoy seguro de que a ti también. Mantén los ojos abiertos. Este chico podría ser una pieza clave en el tablero.

—Lo tendré en cuenta. Gracias por la información, Morgans.

—Siempre un placer hacer negocios.

Colgó el Den Den Mushi y volvió a la redacción, donde el frenesí continuaba. La portada de la edición de mañana estaba casi lista. Una foto de Crocodile inconsciente, esposado con kairoseki, ocupaba el centro. El titular, en letras enormes y llamativas, proclamaba:

“¡CROCODILE CAE! EL FIN DE BAROQUE WORKS Y EL ASCENSO DE UNA NUEVA ERA – EXCLUSIVA MUNDIAL”

Debajo, un subtítulo más pequeño pero igualmente impactante:

“Monkey D. Luffy, el pirata del sombrero de paja, derrota al Shichibukai en combate singular. La verdad detrás de la guerra civil de Alabasta, al descubierto.”

Morgans contempló la portada con satisfacción. —Esto sacudirá el mundo. El Gobierno Mundial tendrá que responder. La Marina quedará en evidencia. Y los piratas de todo el mundo sabrán que un nuevo poder ha surgido en el Grand Line.

—Señor —dijo su asistente—. ¿Deberíamos incluir algo sobre Issei Hyoudou en esta edición?

Morgans lo pensó un momento. —No. Aún no. Guardemos esa historia para más adelante. Primero, dejemos que el mundo digiera la caída de Crocodile. Luego, cuando estén hambrientos de más noticias, les serviremos el misterio del cazarecompensas y la mujer de Ohara. Es mejor dos golpes que uno solo.

—Como usted diga, señor.

Morgans sonrió, sus ojos de águila brillando con astucia. El mundo de la información era su reino, y él era el rey indiscutible. Y en ese reino, cada noticia era una moneda de oro que podía gastar, intercambiar o guardar según su conveniencia.

Esa noche, las imprentas del Diario de la Economía Mundial trabajaron sin descanso. Millones de copias del periódico fueron empaquetadas y cargadas en barcos mensajeros que zarparían al amanecer hacia todos los rincones del mundo. En cuestión de días, la noticia de la derrota de Crocodile llegaría a los oídos de piratas, marinos, civiles y nobles por igual.

Y con ella, el nombre de Monkey D. Luffy resonaría como un trueno en el horizonte.

Pero para Issei Hyoudou y su creciente tripulación, esa noticia aún estaba por llegar. En la Isla de los Sabios, bajo el manto de la noche, dormían ajenos al terremoto informativo que se avecinaba. Su viaje hacia Water 7 continuaría al amanecer, y con él, nuevos desafíos, nuevos aliados, y quizás, nuevas pistas sobre cómo regresar a casa.

En su habitación del “Papiro Mojado”, Nico Robin no podía dormir. Estaba sentada en el borde de la cama, su libro de historia antiguo abierto sobre su regazo, pero su mente estaba en otra parte.

Había hecho un trato con Issei Hyoudou. Un trato que, en otras circunstancias, habría considerado suicida. Confiar en extraños, viajar con ellos, depender de su protección… todo iba en contra de cada instinto de supervivencia que había desarrollado durante veinte años de huida.

Y sin embargo, algo en ese joven pervertido y sus novias le había hecho bajar la guardia. No era solo la sinceridad en sus ojos cuando hablaba de darle un hogar. No era solo la aceptación resignada de sus compañeras, que claramente no confiaban en ella pero estaban dispuestas a darle una oportunidad. Era algo más profundo, algo que Robin no podía nombrar.

—Tal vez —murmuró para sí misma—, solo estoy cansada de huir.

Veinte años. Veinte años desde que el Vicealmirante Kuzan, Aokiji, le había permitido escapar de Ohara antes de que el Buster Call destruyera la isla. Veinte años desde que vio a su madre, Nico Olvia, por última vez. Veinte años desde que el mundo le enseñó que la confianza era un lujo que no podía permitirse.

Había sobrevivido traicionando y siendo traicionada. Se había unido a organizaciones criminales, había trabajado para tiranos, había hecho cosas de las que no se enorgullecía. Todo por un único objetivo: encontrar el Río Poneglyph, la verdadera historia del Siglo Vacío, y cumplir el sueño de los eruditos de Ohara.

Pero ese sueño parecía cada vez más lejano. Los poneglyphs estaban dispersos por todo el mundo, custodiados por fuerzas que no entendía. El Gobierno Mundial la perseguía incansablemente. Y ahora, con la caída de Crocodile, perdía el único refugio que había tenido en años.

—Water 7 —susurró—. Quizás allí encuentre algo.

Había oído rumores. En Water 7, la ciudad de los astilleros, se guardaban secretos antiguos. Algunos decían que los planos de Plutón, el arma ancestral que Crocodile buscaba, estaban escondidos allí. Si era cierto, quizás también hubiera información sobre otros artefactos perdidos. Como el fragmento que Issei Hyoudou había encontrado.

Robin recordó el peón de ajedrez que había visto brevemente cuando Issei lo mencionó. Era un objeto extraño, de un material que no reconocía, emitiendo una energía sutil pero inconfundible. No era de este mundo. De eso estaba segura.

—¿Qué eres realmente, Issei Hyoudou? —preguntó al aire—. ¿Y qué buscas en este mundo?

No tenía respuestas. Pero por primera vez en mucho tiempo, sentía curiosidad. Y la curiosidad, para una erudita de Ohara, era el motor más poderoso del mundo.

Se recostó en la cama, cerrando los ojos. Mañana sería un nuevo día. Un nuevo comienzo. O quizás, solo otro capítulo en su interminable huida. El tiempo lo diría.

El sol se alzó sobre la Isla de los Sabios, dispersando las últimas nubes de la tormenta que había azotado el archipiélago durante días. Los rayos dorados iluminaron las calles mojadas, las pizarras llenas de ecuaciones, las estatuas de eruditos olvidados. La vida volvía lentamente a la normalidad.

En el puerto, el Vuelo del Dragón estaba listo para zarpar. Las provisiones habían sido cargadas, las velas revisadas, el Log Pose ajustado hacia Water 7. Issei, Naira, Camila y Marily estaban en cubierta, esperando a su nueva pasajera.

Robin apareció puntualmente, una pequeña maleta en una mano y su libro en la otra. Vestía un conjunto más práctico que el de ayer: pantalones oscuros, una blusa clara que aún así resaltaba sus curvas, y un abrigo ligero para protegerse del viento marino. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta baja.

—Buenos días —saludó, subiendo a bordo con elegancia.

—Buenos días —respondió Naira—. ¿Lista para zarpar?

—Siempre.

Issei, que estaba junto al timón, no pudo evitar que sus ojos se desviaran hacia el pecho de Robin. Pero esta vez, se corrigió rápidamente, enfocando su mirada en el horizonte.

—Bien —dijo, aclarándose la garganta—. Entonces, ¡zarpemos!

Las amarras fueron soltadas. Las velas se desplegaron, atrapando el viento matutino. El Vuelo del Dragón comenzó a moverse lentamente, alejándose del muelle y adentrándose en el mar abierto.

La Isla de los Sabios se fue empequeñeciendo en la distancia, sus edificios de piedra y sus bibliotecas desapareciendo en la bruma del horizonte. Delante de ellos, el vasto océano del Grand Line se extendía hasta donde alcanzaba la vista, un lienzo azul salpicado de nubes blancas.

Robin se apoyó en la barandilla, observando el mar con ojos pensativos. Marily se acercó a ella, su mano descansando casualmente sobre Noche Serena.

—Nunca te he visto luchar —dijo la espadachina—. ¿Eres buena en combate?

Robin sonrió. —Soy… efectiva. Mi Fruta del Diablo me permite hacer cosas que otros no pueden. Pero no soy una guerrera como tú.

—Eso no importa —respondió Marily—. Cada miembro de esta tripulación tiene su papel. El mío es la espada. El de Naira, la navegación. El de Camila, el combate cercano y la protección. El de Issei… bueno, ser un pervertido útil.

Robin soltó una pequeña risa. —¿Y cuál será el mío?

—Eso lo decidirás tú —dijo Marily—. Pero si puedo darte un consejo… no tengas miedo de confiar. Este grupo es extraño, caótico, y a veces exasperante. Pero es real. Y eso, en este mundo, es más valioso que cualquier tesoro.

Robin asintió lentamente. —Lo tendré en cuenta.

Mientras tanto, en la proa del barco, Issei observaba el horizonte con determinación. Su viaje hacia Water 7 acababa de comenzar. Un mes de navegación por delante. Un mes para entrenar, para fortalecerse, para conocer mejor a su nueva tripulante.

—Ddraig —pensó—. ¿Crees que encontraremos más fragmentos en Water 7?

—Es posible —respondió el dragón—. Pero no te obsesiones. Los fragmentos aparecerán cuando tengan que aparecer. Lo importante ahora es que sigas creciendo. Cada batalla, cada desafío, te acerca más a tu objetivo.

—Regresar a casa.

—Regresar a casa —confirmó Ddraig—. Y llevar contigo a quienes han elegido seguirte.

Issei miró hacia atrás, hacia la cubierta donde Naira ajustaba las velas, Camila revisaba sus espadas, Marily hablaba con Robin. Cuatro mujeres. Cuatro compañeras. Cuatro razones para seguir adelante.

—Lo lograremos —dijo, en voz alta—. Encontraremos la manera. Y cuando lo hagamos, volveremos juntos.

El viento sopló con fuerza, impulsando el Vuelo del Dragón hacia su destino. El sol brillaba en lo alto, un faro de esperanza en el vasto océano. Y en el horizonte, invisible aún, Water 7 esperaba.

La aventura continuaba.

En algún lugar del Grand Line, en una habitación oscura iluminada solo por la tenue luz de un Den Den Mushi, una figura encapuchada escuchaba atentamente un informe.

—…y así, Nico Robin ha zarpado con el grupo de Issei Hyoudou hacia Water 7. Se desconoce la naturaleza exacta de su acuerdo, pero parece ser una alianza temporal.

La figura asintió. —Continúen observando. No intervengan a menos que sea absolutamente necesario. Quiero saber qué buscan, adónde van, y con quién se relacionan.

—Entendido. ¿Algo más?

—Sí. Aumenten la vigilancia en Water 7. Si Robin está buscando los planos de Plutón, debemos asegurarnos de que no los encuentre. O si lo hace, de que no salga viva de la ciudad.

—¿Y el chico? ¿Issei Hyoudou?

La figura hizo una pausa. —Por ahora, es un medio para un fin. Pero si se convierte en un obstáculo… ya saben qué hacer.

El Den Den Mushi se apagó. La habitación quedó en silencio. Y en la oscuridad, los hilos del destino continuaron tejiéndose, invisibles, inevitables.

Vota si te gusto el episodio y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo