Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 11
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11: La Sed del Desierto 11: La Sed del Desierto La oscuridad de la habitación de Izuku en la agencia de Endeavor era sofocante.
Las sábanas, que hace solo unos minutos le ofrecían consuelo después de haber aceptado la cita de Fuyumi, ahora se sentían como una trampa de calor.
Bajo la tela, Izuku Midoriya estaba ardiendo.
Y no era por una fiebre común, ni por el uso excesivo del One For All.
Era algo mucho más primitivo, poderoso e incontrolable.
Las hormonas adolescentes lo habían golpeado con la fuerza de un tren bala de carga pesada descarrilándose directamente contra su sistema nervioso central.
Sentía el rostro tan caliente que juraría que podía freír un huevo en sus mejillas, pero el calor no se detenía ahí; se irradiaba por su pecho, bajaba por su estómago y hacía que cada terminación nerviosa de su cuerpo estuviera dolorosamente alerta.
En su mente, las imágenes chocaban en una batalla campal por el dominio de su cordura.
Por un lado, la voz dulce, madura y temblorosa de Fuyumi Todoroki resonaba en sus oídos.
«¿Quisieras ir a verla conmigo?
Los dos».
La imagen de su sonrisa maternal, el roce de sus labios en su mejilla, el olor a té verde y la promesa de una cita formal al día siguiente en el cine lo llenaban de una calidez que lo hacía sentir como si estuviera flotando en una nube de algodón.
Era un amor seguro, un puerto de paz, un lugar donde no tenía que ser el héroe fuerte que salva a todos, sino solo Izuku.
Por otro lado, quemando esa nube de algodón hasta dejarla en cenizas, estaba la fotografía de Nejire Hado.
Izuku apretó los ojos con fuerza, pero la imagen estaba grabada a fuego en la parte interior de sus párpados.
Ese short minúsculo que abrazaba sus muslos de heroína.
Esa blusa blanca, estirada y ceñida a un cuerpo que era un monumento a la belleza femenina.
Esa mirada…
esa maldita mirada traviesa, seductora, desafiante.
«¿Qué me está pasando?», pensó Izuku, llevándose las manos a la cara y frotándose los ojos con desesperación.
«¡Soy un desastre!
No puedo…
no debería sentirme así por las dos.
¡Está mal!
¡Es de villanos jugar con los sentimientos de las personas!
Debería alejarme.
Debería cancelar.
Debería bloquear el número.» Pero no lo hizo.
Y en lo más profundo de su corazón, Izuku sabía que no quería hacerlo.
Lo que Izuku, en su inocencia y falta de experiencia emocional, no lograba comprender era la verdadera raíz de su dilema.
Su cuerpo y su mente no solo estaban reaccionando a la belleza de dos mujeres increíbles.
Estaban reaccionando a un hambre que había estado acumulando durante catorce años.
Durante toda su infancia y gran parte de su adolescencia, Izuku había sido “Deku”.
El inútil.
El chico sin Don.
Mientras los demás niños jugaban y formaban lazos, Izuku era empujado al polvo, ignorado por los profesores, mirado con lástima por su madre y tratado con desprecio explosivo por quien consideraba su mejor amigo, Katsuki Bakugo.
Izuku creció en un desierto de afecto.
Su alma había sido aislada, su cuerpo había sido privado del contacto humano positivo.
Nunca hubo palmadas en la espalda (solo explosiones), nunca hubo abrazos (solo empujones), nunca hubo miradas de admiración (solo desdén).
Al entrar a la U.A., encontró amigos, encontró a Uraraka, a Iida, a Todoroki.
Encontró el respeto de All Might.
Pero las heridas de un niño abandonado emocionalmente no se curan en un año.
Su cuerpo, sin que su mente consciente lo supiera, anhelaba con un desespero silencioso, oscuro y voraz la atención, el cariño, los cuidados y el reconocimiento que el mundo le había negado.
Por eso, cuando Fuyumi lo miraba con esa ternura devota, preparándole comida y escuchando sus inseguridades a la una de la mañana, el alma herida de Izuku absorbía ese cuidado como tierra agrietada absorbiendo la primera lluvia de primavera.
Él no solo quería a Fuyumi; él necesitaba ese ambiente hogareño y seguro que ella le ofrecía, un lugar donde finalmente se sentía valorado y suficiente.
Y por eso, cuando Nejire invadía su espacio personal, rodeándolo con sus brazos, tocando sus cicatrices con reverencia, apoyando su cabeza en su hombro y mirándolo con una fascinación pura y electrizante, el cuerpo de Izuku reaccionaba con una intensidad abrumadora.
El contacto físico de Nejire no era una agresión, era una validación.
Le estaba diciendo, a través del tacto: «Existes, eres real, me importas y te deseo cerca».
Esa era la verdadera razón por la que se sentía tan cómodo y secretamente amado con ambas.
Estaban llenando vacíos diferentes, pero igualmente inmensos, en su destrozada autoestima.
Estaba atrapado en este torbellino de psicoanálisis accidental y excitación adolescente cuando, de repente…
BZZZ.
BZZZ.
El sonido de la vibración provino del teléfono que había arrojado a la pila de ropa sucia a dos metros de distancia de la cama.
La reacción de Izuku desafió las leyes de la física.
Antes de que el teléfono pudiera vibrar por tercera vez, Izuku ya no estaba en la cama.
Una ráfaga de aire verde barrió la habitación.
Utilizando el Full Cowl a un porcentaje que normalmente reservaba para esquivar ataques letales, saltó de la cama, cruzó la habitación, atrapó el dispositivo en el aire y aterrizó de cuclillas, todo en un parpadeo.
Con el corazón a punto de perforarle el esternón, miró la pantalla iluminada.
Mensaje nuevo de Nejire-chan 💙 Sus dedos temblaban tanto que tuvo que intentarlo tres veces para poder desbloquear la pantalla y abrir la notificación.
La foto anterior todavía estaba allí, burlándose de su autocontrol en todo su esplendor de alta resolución.
Pero justo debajo de ella, había un nuevo globo de texto con una pregunta simple que detonó una bomba atómica en su cerebro.
Nejire-chan 💙: ¿Y cómo me veo, Izuku?
El mundo exterior dejó de existir.
El aire se volvió de plomo.
Sus pulgares flotaban sobre el teclado virtual, paralizados.
¿Cómo te ves?
Te ves como la razón por la que los villanos se rinden.
Te ves como un sueño febril.
Te ves como el fin de mi inocencia.
Izuku estuvo quieto, como una estatua tallada en puro pánico, mirando esa pregunta brillante en la pantalla.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Daoist3kPYhE Tu regalo es la motivación para mi creación.
¡Dame más motivación!
La creación es difícil, ¡anímame!
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