Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 El Atardecer de la Revelación
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12: El Atardecer de la Revelación 12: El Atardecer de la Revelación -La Perspectiva de Nejire- Para entender cómo Nejire Hado había llegado al punto de enviar una fotografía en ropa de dormir provocativa a su kohai a la medianoche, había que retroceder un poco.
Específicamente, a la tarde en la azotea, donde la semilla de este caos floreció verdaderamente.
Días atrás, Azotea de la Agencia Ryukyu.
Nejire estaba apoyada contra la fría barandilla de cristal, dejando que el viento de la tarde alborotara su largo cabello celeste.
Miraba la ciudad, pero por primera vez en mucho tiempo, su infinita curiosidad no estaba enfocada en los edificios, ni en los Quirks de los transeúntes lejanos, ni en la aerodinámica de los pájaros que cruzaban el cielo anaranjado.
Toda su atención, como un rayo láser hiperconcentrado, estaba puesta en el chico de cabello verde que estaba de pie a su lado.
Nejire Hado siempre había visto el mundo como un gigantesco rompecabezas lleno de misterios fascinantes.
Las personas eran juguetes mecánicos; ella quería abrirlas (metafóricamente, claro,sino seria muy creepy), ver cómo funcionaban sus engranajes, entender sus Quirks, sus motivaciones.
Pero una vez que entendía cómo funcionaban, su interés solía disiparse, pasando a la siguiente cosa brillante.
Esa era la maldición de su mente hiperactiva.
Izuku Midoriya era diferente.
Era la primera persona que, mientras ella intentaba desarmar su rompecabezas, él estaba armando el de ella.
Lo observó por el rabillo del ojo.
Estaba maravillado con la puesta de sol.
Su perfil mostraba las pecas esparcidas por sus mejillas y la mandíbula que comenzaba a perder la suavidad infantil para afilarse en los rasgos de un hombre joven.
Nejire recordó cómo, al principio de sus interacciones (especialmente después del rescate en la brea), Izuku se ponía rígido como una tabla de madera cada vez que ella se acercaba demasiado.
Si ella tocaba su brazo, sus músculos se tensaban.
Si ella flotaba demasiado cerca de su rostro, él retrocedía y tartamudeaba hasta quedarse sin aire.
Era adorable, pero también le indicaba que no estaba acostumbrado al contacto físico.
Pero Nejire era insistente.
Como una ola que golpea la roca hasta suavizarla, ella continuó invadiendo su espacio personal.
Quería saber si él la rechazaría como los demás, si se cansaría de su energía.
Y entonces, sucedió el milagro sutil.
Izuku dejó de retroceder.
Su cuerpo dejó de tensarse.
Cuando ella tomaba su mano para examinar sus cicatrices, él relajaba los dedos.
Cuando ella se sentaba pegada a él en el sofá, él dejaba caer su peso, inclinándose microscópicamente hacia ella.
Nejire, con su aguda percepción, se dio cuenta de algo que ni siquiera el propio Izuku sabía: él anhelaba desesperadamente ese contacto.
Su cuerpo lo pedía a gritos en silencio, y Nejire, complacida y extrañamente conmovida, estaba más que feliz de dárselo.
Esa tarde en la azotea, cuando ella le confesó sus inseguridades sobre cómo los chicos de su escuela anterior la trataban como un mero “premio visual”, esperando que él asintiera torpemente o cambiara de tema, Izuku la miró con una fiereza que la desarmó por completo.
«Ellos eran unos idiotas».
Su voz había sonado tan profunda, tan varonil, llena de una ira genuina por protegerla.
«Te importan las personas…
eres una mujer fuerte y apasionada ».
Las palabras de Izuku perforaron todas las barreras defensivas de la alegre e imperturbable heroína de los Tres Grandes.
Nejire sintió que el mundo entero desaparecía, dejando solo la cálida luz dorada del ocaso y los enormes y sinceros ojos verdes de Izuku.
Fue en ese instante exacto cuando el interés de Nejire mutó.
Dejó de ser curiosidad intelectual o compañerismo heroico.
Se transformó en un lazo íntimo, pesado y abrumador.
Una atracción que le oprimía el pecho.
Sin pensarlo, sin planearlo, dejó caer su cabeza sobre el hombro de Izuku.
Esperó el habitual respingo de nerviosismo del chico.
Pero no llegó.
En su lugar, Izuku levantó su brazo tembloroso y, con una delicadeza que la hizo suspirar, la abrazó por la espalda.
El contacto fue eléctrico.
Nejire cerró los ojos, rodeando su cintura, fundiéndose contra su pecho.
Escuchó el latido acelerado del corazón de Izuku, que resonaba en sintonía con el suyo.
Se sintió segura, protegida y, por primera vez en su vida, profundamente conectada a alguien a nivel romántico.
Cuando se separó para pedirle el teléfono y agregar su número (Nejire-chan 💙), tuvo que huir volando rápidamente, porque sabía que si se quedaba un segundo más mirándolo a los ojos en ese atardecer perfecto, habría perdido la cabeza y lo habría besado de verdad.
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