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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 Aliado Explosivo y la Misión del Día Libre
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18: Aliado Explosivo y la Misión del Día Libre 18: Aliado Explosivo y la Misión del Día Libre (Autor: jajajaja déjenme decirles que siempre deben hacer una copia de seguridad de cualquier documento que tengan en caso de que pierdan el documento por cualquier motivo , mire mi cuenta de drive y hay tenia una copia de toda la historia que avía escrito.) La Resaca del Don Juan Los primeros rayos del sol de la mañana se filtraron por las persianas de la habitación de invitados de la agencia, cortando la penumbra como cuchillas doradas y golpeando directamente el rostro de Izuku Midoriya.

El calor matutino, combinado con la pesadez de una noche sin apenas descanso, lo obligó a abrir los ojos pesadamente, arrancándolo de un sueño inquieto y febril.

Su mente había estado atrapada durante horas en un torbellino de imágenes contradictorias: maremotos de cabello celeste entrelazándose con cálidas sonrisas rodeadas de escarcha y ventiscas de hielo.

Izuku se sentó en el borde de su cama, frotándose los ojos con los puños cerrados, y dejó que la fría y dura realidad del nuevo día lo golpeara como un bloque de cemento.

Su cerebro, ahora libre del frenesí hormonal de la madrugada y bañado por la luz implacable del sol, comenzó a procesar los eventos de la noche anterior con una claridad aterradora.

Recordó el impulso temerario que guio sus dedos sobre el teclado.

Recordó los mensajes enviados en la oscuridad.

Recordó, con un nivel de detalle fotográfico que casi le provocó un infarto, la foto de Nejire lanzándole un beso de buenas noches con esa ropa tan peligrosamente reveladora.

Y, como si eso no fuera suficiente para llevarlo al colapso nervioso, recordó haber aceptado alegremente y sin pensar una cita a solas con Fuyumi Todoroki.

Se llevó ambas manos a la cara, hundiendo los dedos en sus desordenados rizos verdes, y soltó un quejido ahogado que sonaba como el lamento de un animal herido.

—Fui un completo y total imbécil —murmuró contra sus palmas, sintiendo que la vergüenza le quemaba las mejillas—.

Kacchan tenía razón desde el principio.

Soy un maldito Don Juan…

un Don Juan accidental, torpe y patético que no sabe lo que hace, pero un Don Juan al fin y al cabo.

Ahora que lo pensaba con la calma (y el terror) que otorgaba la mañana, se daba cuenta de la magnitud de su error.

No solo había jugado con fuego (y con hielo) al fomentar la atención de dos mujeres increíbles al mismo tiempo, sino que se había olvidado de un detalle logístico crucial, inmenso y potencialmente letal.

Un detalle que podría costarle, literalmente, la vida.

Izuku bajó las manos lentamente y miró el reloj digital parpadeante en su mesa de noche: 7:20 AM.

Luego, su mirada aterrorizada se desvió hacia el calendario pegado en la pared frente a su escritorio.

Sus ojos se abrieron de par en par, y las pupilas se le encogieron hasta ser del tamaño de la cabeza de un alfiler.

—Hoy es sábado…

—susurró, sintiendo que la sangre abandonaba su rostro y bajaba hasta sus pies, dejándolo pálido como un fantasma—.

¡Tengo entrenamiento con Endeavor en una hora!

¡Y después tenemos patrullaje de sector completo todo el maldito día!

El pánico absoluto se apoderó de su sistema nervioso.

Todo lo que había dicho y hecho ayer había sido impulsado por la adrenalina del momento, por esa necesidad desesperada de validación que su niño interior clamaba en silencio.

Había aceptado una cita a las dos de la tarde sin recordar que, legal, técnica y físicamente, su tiempo y su cuerpo eran propiedad exclusiva de la Agencia del Héroe Número Uno desde las 8:30 AM de la mañana hasta las 8:00 PM de la noche.

Un escalofrío de puro terror le recorrió la columna vertebral, erizándole los vellos de la nuca.

Tenía que encontrar la manera de que Endeavor le diera el día libre.

Su mente, programada para crear escenarios heroicos, comenzó a simular la conversación.

«Disculpe, Endeavor-san, sé que somos pasantes y que el crimen no descansa, pero ¿podría darme el día libre hoy?

Es que invité a su dulce y amable hija a salir en una cita romántica a espaldas suyas y de Shoto, y no puedo llegar tarde a la sesión de cine.» Izuku soltó una risa histérica, seca y carente de cualquier rastro de humor.

Se palmeó la frente con tanta fuerza que dejó una marca roja.

Si le decía eso al Héroe de las Llamas, lo más seguro es que Endeavor no solo lo carbonizara ahí mismo en la oficina con un Prominence Burn a quemarropa, sino que luego esparciría sus cenizas por toda la prefectura de Shizuoka para asegurarse de que ni siquiera el Quirk de Recovery Girl pudiera resucitarlo.

Podía imaginar los gigantescos puños de fuego del héroe profesional aplastando su cráneo solo por atreverse a mirar a Fuyumi con intenciones románticas.

Necesitaba un milagro.

O, en su defecto, necesitaba un estratega despiadado.

Necesitaba a la única persona en ese edificio con la suficiente audacia, ingenio táctico, instinto de supervivencia nulo y agresividad desmedida para ayudarlo a engañar al Héroe Número Uno de Japón.

Se levantó de un salto, sus piernas temblando ligeramente.

Se puso una camiseta cualquiera y unos pantalones de chándal y salió al pasillo.

La agencia estaba silenciosa a esa hora, el aire olía a ozono y a cera para pisos.

Estaba reacio, aterrorizado en realidad, de pedirle ayuda a él.

Sabía que el precio a pagar sería una humillación verbal sin precedentes, pero no tenía otra opción.

Fuyumi lo estaba esperando, y Nejire confiaba en él.

No podía fallarles ahora.

Caminó por el pasillo, sintiendo que cada paso resonaba como un tambor fúnebre, hasta detenerse frente a una puerta de madera oscura con un cartel de “NO MOLESTAR O TE EXPLOTO LA CARA” garabateado apresuradamente en un papel.

Respiró profundamente, llenando sus pulmones de aire acondicionado, y lo soltó lentamente en un suspiro tembloroso.

Levantó el puño, tocó la puerta tres veces rápidas y esperó, preparado para la detonación.

No tuvo que esperar mucho.

Se escucharon pasos pesados, rápidos y agresivos acercándose desde el interior, como si un rinoceronte enojado caminara hacia la salida.

El seguro hizo un clic ruidoso y violento, y la puerta se abrió de un tirón casi arrancándola de las bisagras.

Katsuki Bakugo estaba allí.

Llevaba una camiseta negra sin mangas empapada en sudor y pantalones de chándal holgados.

Estaba secándose el cabello rubio ceniza con una toalla pequeña, y su respiración estaba ligeramente agitada, señal de que probablemente llevaba al menos una hora haciendo flexiones explosivas.

Su ceño estaba fruncido en su habitual y permanente expresión de homicidio inminente.

Bakugo: ¿Qué demonios quieres a esta hora de la maldita mañana, nerd de mierda?

—gruñó Bakugo, mirándolo con un desdén que podría congelar el magma.

Sus ojos rojos brillaban con hostilidad—.

Habla antes de que decida usar tu cabeza como saco de boxeo.

Izuku: K-Kacchan…

yo…

necesito tu ayuda urgentemente —balbuceó Izuku, retrocediendo un paso por instinto y jugando nerviosamente con el borde de su camisa hasta casi arrugarla—.

Es…

es una emergencia de proporciones catastróficas.

De vida o muerte.

Y si no me ayudas, Endeavor me va a matar, y no estoy usando una metáfora.

Bakugo entrecerró los ojos, evaluando el nivel de pánico auténtico en el rostro pálido y ojeroso de su rival.

Conocía a Deku mejor que nadie; sabía cuándo el nerd estaba exagerando y cuándo realmente estaba al borde del colapso.

Suspiró ruidosamente, frotándose el puente de la nariz con irritación, se hizo a un lado y señaló el interior de su habitación con un movimiento brusco de cabeza.

BAKUGO: Entra rápido antes de que me arrepienta y te vuele la cara por interrumpir mi maldita meditación matutina.

Y más te vale que no sea otra de tus teorías estúpidas sobre los Quirks de los héroes del top diez.

Una vez dentro, la habitación de Bakugo estaba sorprendentemente ordenada, un contraste brutal con el caos de la de Izuku.

Izuku se sentó rígidamente en el borde de la silla del escritorio, manteniendo las rodillas juntas, mientras el rubio ceniza cerraba la puerta y se cruzaba de brazos, apoyándose contra la pared frente a él como un interrogador del gobierno.

BAKUGO: Habla.

¿Qué estupidez colosal hiciste ahora, Deku?

—exigió Bakugo, golpeando el suelo rítmicamente con el pie—.

¿Rompiste algún equipo de soporte multimillonario de la agencia?

¿Hiciste enojar al viejo de las llamas revisando sus archivos clasificados?

¡Escúpelo de una vez!

—Es…

es sobre Fuyumi-san.

Y…

y también sobre Nejire-senpai —confesó Izuku, bajando la mirada hacia sus propias manos temblorosas, incapaz de sostener el contacto visual.

Bakugo parpadeó.

El enojo en su rostro se transformó rápidamente en una expresión de pura incredulidad y disgusto.

Descruzó los brazos y dio un paso hacia adelante.

—¿Las dos?

¡¿Sigues con ese maldito teatrito romántico?!

Pensé que te había dicho que dejaras de comportarte como un donjuán de pacotilla.

¡Habla de una maldita vez y cuéntame el desastre completo!

Izuku tomó aire y, como una represa vieja que finalmente cede ante la presión del agua, soltó todo de golpe.

Comenzó a hablar a mil por hora, tropezando con sus propias palabras.

Le contó cómo se sentía increíblemente cómodo y seguro con Fuyumi, cómo su presencia lo curaba de una forma que no sabía que necesitaba, cómo ella le había preparado soba frío a medianoche y cómo él, en un momento de vulnerabilidad total, había aceptado ir a una cita con ella al cine hoy a las 2:00 PM.

Luego, con el rostro rojo como un tomate maduro y tartamudeando aún más, le confesó la otra mitad de la historia.

Le contó que anoche también había recibido mensajes de texto de Nejire Hado, que los sentimientos electrizantes y apasionados por la chica de cabello azul lo tenían completamente abrumado, y que, en un momento de debilidad impulsiva impulsada por el miedo al rechazo, había “cruzado una cierta línea” por mensaje de texto a la madrugada.

Izuku se cuidó mucho de no dar detalles específicos.

No mencionó la ropa de dormir ajustada, ni el short minúsculo, ni los besos volados por foto.

ya que esas cosas eran muy personales , y también sobre todo, quería proteger su propia vida, porque sabía que si Bakugo se enteraba de lo patético que había sido frente al teléfono, no habría piedad.

Pero dejó muy en claro que la tensión romántica había estallado y que ahora estaba oficialmente enredado con ambas.

Cuando Izuku finalmente se quedó sin aliento y terminó de hablar, el silencio en la habitación fue pesado, denso y ensordecedor.

Solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado.

Bakugo lo miraba fijamente, inexpresivo.

Izuku se encogió en la silla, preparándose para la explosión inminente.

Cerró los ojos con fuerza, esperando el clásico “¡MUERE!” acompañado de una ráfaga de calor en la cara.

Pero la explosión no llegó.

En su lugar, Bakugo se frotó las sienes con ambas manos en un gesto de exasperación absoluta y soltó un gruñido largo, rasposo y profundamente cansado.

Parecía haber envejecido cinco años en dos minutos.

—Eres un puto desastre andante, Deku.

Un desastre radiactivo —dijo finalmente Bakugo, con un tono sorprendentemente calmado, frío y analítico que asustó a Izuku más que los gritos—.

Escúchame bien, pedazo de basura indecisa y llorona.

No puedes andar por la vida jugando al tira y afloja con las emociones de dos mujeres.

Eso no es comportamiento de un maldito héroe, es comportamiento de cobardes, de extras sin valor.

Izuku levantó la vista, sorprendido por la madurez de la reprimenda.

IZUKU: —L-Lo sé, Kacchan…

te juro que lo sé.

No quiero lastimar a ninguna…

ambas son increíbles y…

BAKUGO: ¡Pues vas a lastimar a alguien si sigues actuando como un idiota pusilánime!

—le gritó Bakugo de repente, señalándolo con un dedo acusador a escasos centímetros de su nariz—.

Las mujeres no son tus malditos juguetes de consuelo emocional, maldita sea.

Si te sientes tan “seguro y cálido” con la chica del hielo, entonces trátala bien hoy en su cita.

Ponle atención.

Conócela de verdad, averigua qué le gusta, no seas un nerd autista hablando solo de Quirks.

Y si te sientes “electrizado” con el hada flotante de los Tres Grandes, también tienes que darle su maldito lugar y respeto.

Pero métete esto en tu hueca cabeza verde: eventualmente vas a tener que decidirte y ser claro, o el karma te va a patear el trasero con tanta fuerza que terminarás orbitando la luna.

¿Entendiste?

¡Tienes que ser directo, tener confianza y no darles falsas esperanzas si al final no vas a tener los pantalones para cumplir!

Izuku se quedó con la boca abierta, los ojos muy abiertos y totalmente perplejo.

Parpadeó varias veces, procesando la información que acababa de recibir.

El consejo era sólido, ético, profundo y ridículamente empático.

IZUKU: Kacchan…

eso…

eso fue un consejo increíblemente maduro y profundo —susurró Izuku, sin poder ocultar su asombro—.

¿Desde cuándo sabes tanto sobre relaciones interpersonales complejas y responsabilidad afectiva?

Tú…

tú sueles resolver todo gritando o explotando cosas.

Las mejillas de Katsuki Bakugo se tiñeron de un rojo furioso e instantáneo.

Pequeñas explosiones, como fuegos artificiales diminutos y furiosos, comenzaron a chisporrotear incontrolablemente en las palmas de sus manos, delatando su inmensa e insoportable vergüenza.

Apretó los dientes hasta que crujieron.

BAKUGO: ¡¡CÁLLATE, BASTARDO DE MIERDA!!

—rugió Bakugo, mirando rápidamente hacia la pared para ocultar su rubor—.

¡La vieja bruja histérica de mi madre ve esas estúpidas telenovelas de drama latinoamericano todas las malditas tardes a todo volumen!

¡Grita a la pantalla de la sala cuando el protagonista hace una estupidez!

¡Me quedé atrapado viendo varias novelas , ‘Pasión y Traición’ demasiadas veces mientras intentaba comer mi cena en paz!

¡Toda tu patética situación es exactamente igual a la del imbécil de Alejandro en la tercera temporada, que no se decidía entre la heredera de la hacienda y la doctora del pueblo!

¡Se te pega la maldita lógica de esas porquerías si las escuchas lo suficiente, ¿de acuerdo?!

Izuku se tapó la boca con ambas manos.

Tuvo que morderse la lengua y el interior de las mejillas con una fuerza sobrehumana para no estallar a carcajadas allí mismo.

La imagen mental de Kacchan, el dios de las explosiones, el chico más rudo de la clase 1-A, sentado en el sofá frunciendo el ceño mientras analizaba los triángulos amorosos de una telenovela dramática junto a su madre, era simplemente demasiado hermosa y surrealista.

IZUKU: B-Bueno…

Alejandro o no, gracias por el consejo, Kacchan —dijo Izuku, su voz temblando ligeramente por el esfuerzo de contener la risa—.

Lo tomaré muy en cuenta.

Pero ahora tengo el problema urgente y letal frente a mí.

Tengo la cita hoy a las dos, y Endeavor cree firmemente que voy a patrullar con él buscando villanos.

¿Qué hago?

¡Me va a matar si se entera de Fuyumi!

Bakugo bufó, recuperando rápidamente su compostura agresiva y sacudiendo las manos para disipar el humo de sus palmas.

Su cerebro táctico se activó al instante.

BAKUGO: Bien.

Te voy a ayudar a conseguir el maldito día libre, porque si te mueres calcinado ahora, no tendré a quién aplastar para ser el Número Uno.

Pero escúchame bien, nerd maldito, estoy dispuesto a ayudarte con las 2 chicas hasta el final pero…

—Bakugo se inclinó hacia Izuku, apoyando las manos en los reposabrazos de la silla y mostrando una sonrisa afilada, maliciosa y francamente aterradora—.

Si todo este maldito circo romántico termina en que te casas con la mujer de hielo, o con el hadita flotante de tercer año, o con las dos porque resulta que eres un degenerado que quiere armar un harén legal…

yo voy a ser el padrino principal de tu boda.

—¿¡E-El padrino!?

—chilló Izuku, su mente retrocediendo ante la idea.

—¡Sí, el puto padrino!

—confirmó Bakugo con una sonrisa sádica—.

Organizaré la despedida de soltero más brutal de la historia, y mi discurso en la boda será legendario.

Será tan humillante, revelaré tantos secretos patéticos de tu asquerosa infancia llorona frente a toda tu nueva familia política, que desearás que la Liga de Villanos ataque la ceremonia para salvarte de la vergüenza.

Ese es mi precio por salvarte el pellejo hoy.

Izuku tragó saliva.

Era un precio altísimo, pero su vida actual valía más.

—Trato hecho —aceptó rápidamente, aterrorizado pero profundamente agradecido.

AUTOR: quería decirles que ya estoy escribiendo la cita de nejire y izuku , y me gustaría que me dieran algunas ideas y sugerencias para la cita alóquense con las ideas ,ya que estoy un poco bloqueado hasta me puse a ver historias de citas para ver si me llega la inspiración .

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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