Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 19
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19: Negociando con el Diablo 19: Negociando con el Diablo Quince minutos después, ya vestidos con la ropa de entrenamiento oficial de la agencia, Izuku y Bakugo estaban de pie, firmes y rectos como soldados en formación, frente al inmenso y pesado escritorio de caoba en la oficina principal de Enji Todoroki.
El ambiente era sofocante.
La habitación olía a humo tenue, papel quemado y café negro.
Endeavor estaba sentado al otro lado, leyendo un informe de daños de la noche anterior.
Las llamas perpetuas que adornaban su rostro y sus hombros crepitaban rítmicamente.
Levantó la vista lentamente, sus penetrantes y severos ojos turquesa evaluando a los dos estudiantes que tenía enfrente.
Su imponente presencia física llenaba el lugar.
ENDEAVOR : ¿Qué pasa ahora?
El entrenamiento físico de la mañana comienza en exactamente cuarenta minutos.
¿Por qué no están abajo en los vestidores cambiándose a sus trajes de héroe completos?
—rugió la voz profunda, grave y retumbante del Número Uno.
Izuku sintió que el corazón le daba un vuelco, pero Bakugo dio un paso seguro al frente, asumiendo la postura de un soldado dando un reporte y tomando el control absoluto de la operación, como el estratega frío que era.
BAKUGO: Endeavor-sensei.
Venimos a solicitar una modificación táctica urgente en el cronograma de hoy —dijo Bakugo, su voz firme y sin una pizca de duda—.
Solicitamos el día libre completo para ambos.
Las llamas de Endeavor se avivaron peligrosamente, reaccionando a lo que percibió como una insolencia.
La temperatura en la oficina subió de golpe unos cinco grados, haciendo que Izuku comenzara a sudar frío de inmediato.
ENDEAVOR : ¿Un día libre?
¿En medio de su periodo de pasantía intensiva bajo mi tutela?
—Endeavor dejó el informe sobre la mesa con rudeza—.
El crimen en esta ciudad no se toma malditos días libres, Dynamight.
Los villanos no descansan los sábados.
¿Tienen una razón justificable, operativa y vital, o solo quieren holgazanear como adolescentes mimados?
Izuku tragó saliva tan fuerte que le dolió la garganta.
Sintió que sus rodillas amenazaban con convertirse en gelatina.
IZUKU: N-No es para holgazanear, Endeavor-san, lo prometo —intervino Izuku, usando el guion exacto, palabra por palabra, que Bakugo le había obligado a memorizar en el pasillo—.
Hemos…
hemos notado un desgaste estructural crítico y significativo en nuestros trajes durante los últimos enfrentamientos.
Específicamente en los polímeros de mis guantes de compresión de fuerza y en los micro-mecanismos de ignición en los guanteletes de Kac…
de Dynamight.
Si continuamos operando a máxima potencia, hay un ochenta por ciento de probabilidad de falla catastrófica en combate.
Necesitamos ir personalmente al distrito comercial de soporte hoy mismo para investigar materiales, ajustarlos y solicitar piezas de repuesto de grado civil avanzado.
Es una cuestión vital para nuestra eficacia y seguridad en el campo de batalla.
Endeavor entrecerró los ojos, su mirada escrutadora pasando del rostro pálido de Izuku al rostro serio y determinado de Bakugo.
Miró fijamente los brazos de Izuku y luego los pesados antebrazos del rubio.
Como el héroe Número Uno, sabía mejor que nadie que los Quirks de esos dos chicos eran absurdamente destructivos; la excusa del fallo en el equipo de soporte tenía un mérito técnico y lógico impecable.
Sin embargo, no iba a dejarlo pasar tan fácilmente sin cobrar un peaje.
El silencio se prolongó durante varios segundos en los que Izuku juró que podía escuchar el tictac del reloj de pared como si fuera una bomba de tiempo.
—El mantenimiento del equipo es, en efecto, un pilar fundamental de la labor heroica —concedió Endeavor a regañadientes, reclinándose en su silla de cuero—.
Un héroe con un traje defectuoso es un riesgo táctico.
Pero el tiempo de patrullaje callejero que perderán es invaluable.
Si toman este sábado libre para hacer sus “compras y ajustes de soporte”, el déficit de horas deberá ser cubierto.
Habrá consecuencias operativas.
BAKUGO: Estamos dispuestos a compensar cada minuto perdido, señor —declaró Bakugo sin pestañear, manteniendo su fachada militar.
—Bien —Endeavor sonrió, una sonrisa torcida que no llegó a sus ojos y que prometía dolor físico inminente—.
Tendrán el día libre hoy a partir de este momento.
A cambio, durante una semana cada noche, antes de irse a dormir, se encargarán personalmente de limpiar, restregar y desinfectar absolutamente todas las colchonetas del gimnasio principal de la agencia.
Yo mismo revisaré que huelan a lavanda.
Cada.
Maldita.
Noche.
¿Estamos claros?
Izuku sintió que el alma se le caía a los pies al pensar en el olor a sudor rancio de los treinta sidekicks fornidos que entrenaban a diario en ese gimnasio, pero asintió frenéticamente, su cabeza moviéndose como un resorte.
—¡Sí, señor!
¡Entendido completamente!
¡Muchas gracias, Endeavor-san!
—¡Tch, castigo aceptado!
—gruñó Bakugo, haciendo una breve reverencia militar.
Salieron de la oficina caminando a paso rígido.
En el instante en que la pesada puerta de madera se cerró a sus espaldas, Izuku se dejó caer, apoyándose contra la pared fría del pasillo, respirando agitadamente y tocándose el pecho.
—Estamos vivos…
no nos calcinó.
Nos dio el día libre, Kacchan.
¡Eres un genio táctico!
¡Esa mentira de la falla catastrófica fue increíble!
—Te costará toda una semana de trapear colchonetas llenas del asqueroso sudor de Burnin y el resto de los extras, bastardo de mierda, así que más te vale que esta estúpida cita tuya valga cada segundo de mi sufrimiento —refunfuñó Bakugo, dándose la vuelta y caminando por el pasillo—.
Ahora, mueve el trasero y vamos a tu cuarto.
Tenemos que ver qué arsenal de ropa tienes para no hacer el ridículo.
De vuelta en la habitación de Izuku, Bakugo arrastró la silla del escritorio hasta el centro de la habitación y se sentó en ella al revés, apoyando los brazos en el respaldo, asumiendo inmediatamente su papel de despiadado director de operaciones y juez de moda.
Para Katsuki Bakugo, no existían las tintas medias en absolutamente nada de lo que hacía.
Si iba a ayudar al inútil y despistado de Deku con su primera cita real, lo iba a hacer a la perfección.
La mediocridad no estaba en su vocabulario.
—Muy bien, Deku.
El reloj corre.
Muéstrame el arsenal.
¿Qué te vas a poner exactamente para salir a un cine público con la refinada y educada hermana del mitad y mitad?
—exigió Bakugo, golpeando el respaldo de la silla con los dedos.
Izuku asintió con entusiasmo renovado, se acercó a su armario y sacó varias perchas con una confianza que, sinceramente, no estaba justificada por la historia de sus decisiones estéticas.
Caminó hacia la cama y extendió las prendas cuidadosamente sobre la colcha para que su amigo las evaluara.
—Estaba pensando en ir algo cómodo pero presentable, algo que diga ‘soy casual pero me importa’ —dijo Izuku, señalando su atuendo con orgullo genuino—.
Como capa base, mi camiseta blanca favorita, ya sabes, la que tiene escrita la palabra “Camiseta” en letras kanji negras gigantes en el frente.
Para la parte inferior, unos pantalones beige ; qué tengan muchísimos bolsillos laterales que son perfectos por si necesito llevar…
no sé, tiritas, libretas pequeñas de análisis, bolígrafos extra o un mapa.
Y, por supuesto, para cerrar el conjunto, mis icónicos zapatos rojos de siempre.
¡Los limpié con un trapo húmedo anoche, las suelas están casi impecables.
Bakugo se quedó completamente congelado.
Sus ojos rojos recorrieron lentamente la ropa extendida sobre la cama, escaneando cada fibra, cada costura, cada atrocidad visual.
Luego, levantó la mirada hacia el rostro inocente y expectante de Izuku.
Luego, volvió a mirar la ropa, como si no pudiera creer que su sentido de la vista le estuviera reportando esa información a su cerebro.
El silencio en la habitación se prolongó durante diez agónicos, pesados y terroríficos segundos.
De repente, una pequeña explosión estalló involuntariamente en la mano derecha de Bakugo, chamuscando un poco la pintura del respaldo de la silla.
Su rostro se contorsionó en una máscara de horror puro, repulsión estética profunda y rabia incontrolable.
—Deku…
—comenzó Bakugo, con la voz temblando, vibrando de furia contenida e indignación—.
Dime…
dime, por el amor de All Might y de todo lo que es sagrado en este maldito mundo, que esto es una puta broma de mal gusto que preparaste para hacerme enojar.
—¿E-Eh?
¿Qué tiene de malo?
—Izuku retrocedió dos pasos, genuinamente asustado por la reacción asesina de su amigo—.
Es mi ropa de siempre.
Es la que uso los fines de semana.
Es transpirable…
Bakugo se levantó de un salto pateando la silla hacia atrás.
Caminó hacia la cama, agarró la infame camiseta blanca entre su índice y su pulgar como si fuera un trapo infectado con un virus mortal, y pareció a punto de prenderle fuego allí mismo con una chispa.
—¡¡ES HORRIBLE!!
¡TIENES UN GUSTO DE MIERDA QUE DEBERÍA SER CLASIFICADO COMO DELITO FEDERAL!
—le gritó directamente en la cara, las venas de su cuello marcándose de la furia—.
¡¿Vas a ir a una cita romántica al cine en pleno centro de la ciudad, con una chica universitaria, o vas a ir al bosque de campamento a atrapar malditos insectos con una red, niño de seis años?!
Izuku encogió los hombros, intentando defenderse débilmente.
—P-Pero la camiseta es un clásico…
—¡¡LA CAMISETA QUE DICE “CAMISETA” ES REDUNDANTE, ESTÚPIDA Y DEMUESTRA UNA FALTA DE IMAGINACIÓN CRIMINAL!!
—bramó Bakugo, tirando la prenda al suelo—.
¡¿Y esos malditos pantalones ?!
¡Tienen seis bolsillos!
¡¿Para qué necesitas seis bolsillos, maldito nerd?!
¡No eres un explorador de National Geographic yendo al Amazonas!
¡¿Vas a guardar un sándwich de emergencia ahí?!
—Los bolsillos son muy prácticos para mis libretas de análisis de héroes…
—murmuró Izuku, bajando la cabeza, sintiendo que su confianza era pulverizada.
(Autor: enserio izuku tiene un horrible sentido de la moda solo miren el traje cuando fue a islan , alguin me podría decir que todo esa ropa combina 😫 la primera vez que lo vi me dio sida en los ojos, bueno estoy exagerando ) —¡SI LLEVAS UNA DE ESAS ESTÚPIDAS LIBRETAS A LA CITA, TE LA QUEMARÉ FRENTE A SU CARA!
—amenazó Bakugo, señalando ahora los zapatos—.
¡¿Y los zapatos rojos?!
¡Son zapatos de payaso de la talla de un buque de carga!
¡Destacan desde a un kilómetro de distancia!
¡Esa pobre chica te va a ver llegar caminando hacia el cine vestido así, se va a dar media vuelta, va a pedir un taxi directo a un monasterio en las montañas y se va a ordenar monja para no tener que ser vista en público contigo nunca más en su miserable vida!
Izuku sintió cómo su orgullo, su autoestima y cualquier ápice de confianza en sí mismo caían en picada libre hasta estrellarse dolorosamente contra el suelo.
Agachó la cabeza, mirando sus pies descalzos, sintiéndose como el idiota más grande del universo.
—P-Pero no tengo absolutamente nada más, Kacchan…
—dijo Izuku con voz lastimera y derrotada—.
Mi mamá siempre me compraba la ropa cómoda…
y desde que entré a la U.A., solo he usado el uniforme escolar o mi traje de héroe…
Nunca he ido a una cita de verdad en mi vida.
No tengo ni la más remota idea de qué se pone la gente normal para impresionar a alguien…
Bakugo se quedó mirando la figura encorvada y patética de su rival.
Suspiró profundamente, frotándose la cara con ambas manos para calmar sus instintos asesinos.
Pateó la asquerosa camiseta de vuelta al armario con profundo asco.
Era un trabajo sucio, un trabajo que nunca pidió, pero alguien tenía que hacerlo.
No iba a permitir, bajo ninguna circunstancia, que el noveno portador del Don de All Might humillara el prestigio de la clase 1-A de la U.A.
vistiendo como un espantapájaros de saldo de temporada.
Miró la pantalla de su teléfono móvil con irritación: 9:00 AM.
La cita de Izuku en el cine de la estación central era a las 2:00 PM.
—Tenemos exactamente cinco horas, maldita sea —dijo Bakugo, girándose sobre sus talones y caminando hacia la puerta de la habitación con paso decidido—.
El maldito centro comercial del distrito de Roppongi ya debe estar abriendo sus puertas.
—¿Qué?
¿A dónde vamos?
—preguntó Izuku, levantando la vista, totalmente confundido por el repentino cambio de actitud.
—¡A comprarte ropa nueva de pies a cabeza para que parezcas un maldito ser humano decente y no un vagabundo nerd que acaba de salir de un refugio!
—ladró Bakugo, deteniéndose en el umbral y fulminándolo con la mirada—.
Toma tu billetera, tus tarjetas y todos tus ahorros, Deku.
Hoy voy a hacer un milagro táctico más grande e imposible que derrotar al maldito All For One voy a arreglar tu asqueroso y puto sentido de la moda, a la fuerza si es necesario.
¡Y tú vas a pagar por cada maldita prenda que yo elija!
¡Muévete!
Izuku, aterrorizado por la inminente furia fashionista dictatorial de su amigo de la infancia, pero increíblemente aliviado y agradecido en el fondo de su corazón de no tener que enfrentarse a este dilema solo, agarró su billetera de All Might del escritorio.
Los dos héroes en entrenamiento salieron de la agencia de Endeavor, embarcándose en una misión de compras de emergencia a contrarreloj que amenazaba con ser más estresante, agotadora y destructiva que cualquier batalla que hubieran librado contra la Liga de Villanos jamás.
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