Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 25
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25: LA CUARTADA PERFECTA 25: LA CUARTADA PERFECTA Bakugo continuó, tejiendo la mentira con la maestría de un agente doble, manteniendo contacto visual con el Número Uno.
BAKUGO : —Nejire Hado.
Al parecer, todo ese estúpido incidente de salvarla y quedar cubiertos de porquería negra hizo que estos dos se enamoraran como en una asquerosa película romántica barata.
Hoy, la chica de tercero finalmente lo invitó a una cita para almorzar e ir al cine en Roppongi.
Endeavor parpadeó, la furia ardiente en sus ojos siendo reemplazada de golpe por una profunda confusión.
ENDEAVOR : —¿Nejire…
Hado?
¿La estudiante de Ryukyu?
BAKUGO : Esa misma —asintió Bakugo, chasqueando la lengua con fastidio—.
Como este inútil es un manojo de nervios y más tímido que una rata asustada, no tenía ni idea de cómo vestirse o actuar.
Me rogó llorando que fuera su supervisor táctico para que no la cagara por completo con una chica mayor.
Por eso gastamos su sueldo en esta ropa elegante.
Bakugo dio un paso al frente, señalando el pecho de Endeavor con su pulgar.
BAKUGO : Y por eso fue que te mentí en el restaurante del centro comercial, viejo.
Yo estaba haciendo guardia de incógnito.
El nerd y la chica del pelo azul estaban comiendo en el italiano que estaba justo más adelante de donde te intercepté.
Conociendo a Deku, si él te hubiera visto patrullando por ahí con esa cara de pocos amigos que siempre te cargas, se habría meado en los pantalones del miedo y habría cagado su cita por completo.
Quería ahorrarle la humillación, así que te desvié con las costillas.
Fin de la historia.
¿Satisfecho con tu interrogatorio, o quieres saber también qué comieron?
La habitación quedó sumida en un nuevo y extraño silencio.
Después de las palabras de Bakugo, pronunciadas con una confianza aplastante y sin un solo titubeo, Endeavor y Shoto se quedaron mirando al rubio por varios segundos, asimilando la información.
La historia…
tenía sentido.
Tenía una lógica interna impecable.
Explicaba la ropa, explicaba la actitud evasiva de Bakugo, explicaba el centro comercial y encajaba perfectamente con la personalidad ansiosa de Midoriya.
Además, la conexión con Hado Nejire era de conocimiento público dentro de la escuela tras el incidente del villano de la brea.
Era un evento canónico que le daba peso a la mentira.
Endeavor volvió su mirada hacia Izuku, escudriñándolo por última vez en busca de fisuras en la historia.
Izuku, aterrorizado de arruinar la brillante táctica de evasión de su amigo, estaba asintiendo con la cabeza tan rápido que parecía que se le iba a desprender del cuello.
No pronunció ni una sola palabra, sabiendo perfectamente que si abría la boca o intentaba hablar, lo más probable es que su voz se quebrara, tartamudeara de forma patética y delatara todo el teatro.
Simplemente asintió, con las mejillas aún rojas por el miedo y la vergüenza, lo cual, irónicamente, encajaba perfecto con la imagen de un adolescente avergonzado por ser atrapado escabulléndose para una cita.
Las llamas de Endeavor comenzaron a disminuir gradualmente hasta volver a su estado base normal.
La temperatura del lobby descendió, y el ambiente sofocante se disipó.
El Héroe Número Uno suspiró pesadamente, frotándose el puente de la nariz.
Había estado a punto de acusar a su pupilo de algo imperdonable por una paranoia infundada.
ENDEAVOR : Ya veo —murmuró Endeavor, su tono volviendo a ser el habitual, severo pero profesional—.
Juventud.
Hormonas.
Pérdida de tiempo.
Pero supongo que, en tu día libre, puedes hacer lo que te plazca, Midoriya, siempre y cuando no interfiera con tu entrenamiento a largo plazo.
Bakugo, al notar que el Número Uno había mordido el anzuelo, la línea y el plomo, supo que era el momento perfecto para asegurar la retirada antes de que Endeavor hiciera preguntas más específicas.
Rápidamente cambió de tema con su agresividad habitual.
BAKUGO : Bueno, ya está resuelto el gran misterio.
Ahora dejen de estorbarnos el paso —espetó Bakugo, cruzándose de brazos de nuevo y mirando a Endeavor y a Shoto de arriba abajo—.
¿Y a dónde van ustedes dos tan arreglados y apurados?
Endeavor lo fulminó con la mirada por su tono irrespetuoso, pero decidió ignorarlo.
ENDEAVOR : Me voy a mi casa.
Hoy mi turno de patrullaje termina temprano y tengo asuntos familiares que atender.
Fuyumi debería estar llegando a casa pronto también.
—Endeavor hizo una pausa, entrecerrando los ojos hacia los dos adolescentes, asegurándose de que entendieran quién mandaba—.
Y ustedes dos…
recuerden la promesa que hicieron para que les concediera este día libre en medio de una semana de alta actividad villana.
Endeavor se inclinó ligeramente hacia adelante, su imponente figura proyectando una sombra sobre ambos.
ENDEAVOR : Desde mañana antes de las 8:00 pm , su castigo por su insolencia de hoy comienza.
Tienen que limpiar absolutamente todas las colchonetas del gimnasio de la agencia.
Quiero que las dejen tan impecablemente limpias que parezcan recién salidas de la fábrica.
Si encuentro una sola mancha de sudor o polvo, les duplicaré el entrenamiento físico hasta que escupan sangre.
¿Entendido?
IZUKU : ¡S-Sí, señor!
—exclamó Izuku de inmediato, haciendo una reverencia profunda.
Bakugo simplemente chasqueó la lengua y asintió secamente, fastidiado—.
Dándoles una última mirada severa pero libre de sospechas, Endeavor dio media vuelta y caminó con pasos pesados hacia las puertas de salida, su imponente figura perdiéndose en la noche de Tokio.
Shoto se quedó atrás por un momento.
Miró a Izuku, su rostro aún inexpresivo, pero sus ojos bicolores reflejaban una genuina, aunque extraña, calidez.
SHOTO : Hado Nejire-senpai es una buena persona.
Aunque habla mucho.
Y muy rápido.
Supongo que hacen buena pareja, Midoriya —dijo Shoto con su característico tono monótono, carente de cualquier tacto—.
Buen trabajo en tu cita.
Nos vemos mañana en el infierno de las colchonetas.
Sin más, Shoto dio media vuelta y siguió a su padre hacia la salida.
El silencio volvió a adueñarse del lobby.
Izuku y Bakugo se quedaron allí, inmóviles, escuchando el zumbido del aire acondicionado, hasta que estuvieron absolutamente seguros de que los Todoroki se habían ido por completo.
Izuku se dejó caer de rodillas sobre el frío suelo de mármol, las manos temblorosas apoyadas en el suelo, tratando de recuperar el ritmo normal de su corazón.
IZUKU : Por Dios…
casi nos mata…
casi nos descubre…
—jadeó Izuku, pálido como un fantasma—.
Bakugo se recargó contra el mostrador de recepción, pasándose una mano por el cabello rubio ceniza.
Por primera vez en el día, se le veía genuinamente tenso.
BAKUGO : Maldición.
Eso estuvo demasiado cerca.
El viejo sabueso tiene buen olfato.
Lo sintió.
De repente, Izuku levantó la cabeza.
El alivio inicial fue rápidamente reemplazado por la comprensión de las ramificaciones de la mentira que los acababa de salvar.
Se puso de pie de un salto y miró a Bakugo con acusación, el pánico volviendo a sus ojos verdes.
IZUKU : ¡Kacchan!
—le reclamó Izuku en un susurro gritado, agitando los brazos cómicamente—.
¡¿Por qué hiciste eso?!
¡¿Por qué le dijiste a Endeavor y a Todoroki-kun que me fui en una cita romántica con Nejire-senpai?!
¡Eso es una mentira enorme!
¡Ahora Shoto cree que estoy saliendo con ella!
¡Si Nejire se entera, o si Ryukyu se entera…
esto se va a volver un problema gigante!
Bakugo lo miró con una mezcla de lástima y profundo desdén, cruzándose de brazos.
—¿Que si eres tonto, Deku?
¿O tu cerebro se frió por completo cuando la chica de hielo te besó?
Piensa por un maldito segundo.
—Bakugo dio un paso hacia él, señalando en la dirección por donde se había ido Endeavor—.
BAKUGO : Endeavor se percató de algo.
Vio tu ropa elegante, vio mi mentira sobre tu entrenamiento.
Tuvo el presentimiento.
Recuerda quién es ese viejo.
Es el Héroe Número Uno.
Es el maldito detective que tiene el récord de más casos criminales resueltos en la historia de Japón.
Su mente no descansa.
Bakugo lo tomó de la solapa del suéter negro, acercándolo.
BAKUGO : Cualquier otra excusa barata que le hubiera dado lo habría hecho sospechar más.
Si le hubiera dicho que fuimos de compras normales, habría preguntado por qué te ocultaba.
Si le hubiera dicho que saliste a pasear solo, habría preguntado por qué me esforcé en alejarlo del ala de restaurantes.
Necesitaba darle una verdad paralela, algo lo suficientemente fuerte, escandaloso y creíble para distraer su atención y que dejara de buscar las piezas que faltaban sobre su propia hija.
Izuku lo miraba con los ojos muy abiertos, asimilando la lógica aplastante de su amigo.
BAKUGO : Nejire Hado era la candidata perfecta —continuó Bakugo, soltándolo y retrocediendo—.
Tienen historia pública con lo del villano de la brea, es mayor que tú, lo que justifica tus nervios y mi ayuda, y no tiene nada que ver con la familia Todoroki.
Le di a su cerebro de sabueso un hueso suculento para masticar.
Y como viste, lo mordió entero.
Problema resuelto.
Salvado de la cremación.
De nada, idiota.
Izuku se quedó de pie allí, en medio del lobby, parpadeando lentamente.
Las palabras de Bakugo tenían todo el sentido táctico del mundo.
Era una estrategia de desvío magistral.
Se dio cuenta, una vez más, de que su amigo de la infancia lo había salvado de un desastre seguro utilizando su rápido pensamiento analítico.
IZUKU : Tienes…
tienes razón, Kacchan —admitió Izuku, bajando la mirada con resignación—.
Era la única forma de que nos creyera sin indagar más.
Fui descuidado al dejar que me viera con esta ropa.
Gracias.
De nuevo.
BAKUGO : Deja de agradecerme, me estás asqueando —gruñó Bakugo, dándose la vuelta y caminando hacia los ascensores—.
Vámonos a dormir.
Estoy agotado de arrear tu incompetencia amorosa y mañana tenemos que que limpiar el sudor reseco de Burnin de esas asquerosas colchonetas.
Izuku asintió en silencio, y juntos subieron en el ascensor hacia el piso de los dormitorios de los residentes.
Ya los dos, resignados por el día increíblemente largo, estresante y emocionalmente agotador que habían tenido, se despidieron con un simple asentimiento en el pasillo y se fueron a sus respectivas habitaciones dentro de la agencia.
Una vez que Izuku cerró la puerta de su habitación, el silencio lo envolvió.
Soltó un largo suspiro, apoyando su espalda contra la madera de la puerta.
A pesar del susto casi mortal con Endeavor, la calidez volvió a su pecho.
Caminó hacia el centro de la habitación y se dejó caer de espaldas sobre su cama.
Miró el techo en penumbra.
Una gran y boba sonrisa se dibujó en su rostro al recordar la magnífica cita que tuvo hoy.
Fuyumi riendo en el cine.
Sus manos entrelazadas en la oscuridad.
Su voz dulce mientras cenaban.
Y ese final…
ese roce en sus labios.
Izuku levantó su mano y se tocó suavemente la comisura de la boca.
Fue real.
Fuyumi Todoroki le correspondía, o al menos, le interesaba lo suficiente como para querer una segunda cita.
Era el chico más feliz del mundo.
Se levantó para comenzar a quitarse su elegante ropa nueva, tratándola con sumo cuidado para colgarla en el armario.
Fue entonces, mientras se quitaba el suéter de cuello de tortuga, que una sacudida de realidad lo golpeó de repente.
La mentira de Bakugo.
La coartada.
Nejire Hado.
La imagen de la chica de tercer año, con su largo y ondulado cabello azul, su energía inagotable y su personalidad abrumadoramente curiosa, se cruzó por su mente como un relámpago.
Izuku parpadeó, sintiendo que una gota de sudor frío bajaba por su nuca.
Se dio cuenta de algo catastrófico.
En toda la preparación frenética de la mañana, la compra de ropa, el pánico del centro comercial, la cita con Fuyumi y el incidente con Endeavor…
en todo el maldito día, no había agarrado su teléfono celular ni una sola vez.
Lo había dejado tirado sobre su escritorio desde la mañana para no distraerse y seguir el consejo de Bakugo de “concentrarse al cien por ciento en la misión”.
Rápidamente, casi tropezando con sus propios pies, Izuku corrió hacia el escritorio donde estaba su mochila.
Rebuscó frenéticamente hasta que sus dedos encontraron el frío metal de su smartphone.
Lo sacó y presionó el botón de encendido.
La pantalla se iluminó en la oscuridad de la habitación.
El corazón de Izuku, que recién se estaba recuperando, dio un vuelco doloroso y comenzó a acelerarse de nuevo, pero esta vez por una razón completamente diferente.
La pantalla de bloqueo estaba saturada.
Tenía varias notificaciones del chat de la clase 1-A, un par de correos spam, pero lo que lo dejó paralizado de terror absoluto fue el bloque de notificaciones que dominaba el centro de la pantalla.
[Line App – 10 Mensajes Nuevos] De: Nejire-senpai 💫 Las manos de Izuku comenzaron a temblar.
Tragó saliva ruidosamente.
El destino parecía querer reírse de él en su cara.
Con el pulgar húmedo por el sudor, desbloqueó el teléfono y abrió la aplicación de mensajería, entrando al chat de la chica de los Tres Grandes.
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