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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 39

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  3. Capítulo 39 - 39 Un Nuevo Día y Una Media Verdad
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39: Un Nuevo Día y Una Media Verdad 39: Un Nuevo Día y Una Media Verdad CUENTA REGRESIBA PARALA GUERRA 29 DIAS  —¡YA ESTOY AQUÍ…

PARA DESPERTARTE!

La estruendosa y entusiasta voz pregrabada de All Might resonó en la pequeña habitación de Izuku.

El peliverde sacó rápidamente una mano de debajo de las sábanas y golpeó el botón del despertador para silenciarlo.

Parpadeó pesadamente, acostumbrándose a la luz de la mañana que se filtraba por la ventana.

Eran las 7:30 a.m.

Faltaban exactamente treinta minutos para que Endeavor, el Héroe Número Uno, llegara a la agencia para iniciar su jornada habitual.

Izuku se sentó en el borde de la cama, repasando mentalmente el plan del día.

Tenía una misión crítica: cocinar el Nikujaga perfecto y entregarlo.

Se levantó de un salto y se dirigió al baño.

Tras una ducha rápida, abrió su armario y sacó uno de los conjuntos de ropa de diseñador que había comprado gracias a la nada amable pero efectiva asesoría de Bakugo.

Se puso unos pantalones de color azabache que se ajustaban perfectamente a sus piernas, zapatos estilo Oxford también negros y, para rematar, un elegante suéter rojo de cuello de tortuga que contrastaba de manera increíble con sus ojos y su cabello esmeralda.

Tomó un poco de fijador de cabello y trató de domar sus indomables rizos, dándoles un aspecto un poco más ordenado aunque manteniendo su esencia rebelde.

Se miró en el espejo de cuerpo entero y tragó saliva.

Realmente se veía muy diferente; ya no parecía el típico adolescente nervioso con camisetas que decían “Pantalón”, sino un joven mucho más maduro y seguro de sí mismo.

Respiró hondo y salió de su habitación.

Sin embargo, apenas dio dos pasos en el pasillo, se congeló.

Frente a él, saliendo de su propia habitación y sosteniendo una botella de agua, estaba Katsuki Bakugo.

El rubio cenizo se detuvo en seco al ver a Izuku.

Sus ojos carmesí escanearon al peliverde de pies a cabeza con una mirada cargada de extrañeza y un juicio severo.

—Hola, Kacchan…

—saludó Izuku, frotándose la nuca con nerviosismo bajo el escrutinio de su amigo de la infancia.

Bakugo entrecerró los ojos y fue directo al grano, sin filtros.

—¿Vas a tener otra maldita cita, nerd?

—preguntó, cruzándose de brazos.

—¡N-No!

¡Claro que no!

—respondió Izuku rápidamente, agitando las manos frente a él para defenderse—.

S-Solo voy a ir a ver a Fuyumi y luego a Nejire para…

entregarles algo.

No es una cita.

Bakugo resopló con una mezcla de burla y exasperación.

—Y así me dices, y te niegas a aceptar que te has convertido en un maldito mujeriego —sentenció Bakugo, negando con la cabeza—.

Bueno, ese ya es tu problema.

Trata de no morir .

Sin decir una palabra más, Bakugo le dio la espalda y caminó hacia la sala de entrenamiento , dejando a un Izuku con una gota de sudor frío resbalando por su frente.

Intentando ignorar el comentario de Kacchan, Izuku no perdió más tiempo y bajó rápidamente a la recepción de la agencia.

El inmenso vestíbulo ya tenía actividad de varios héroes y personal administrativo.

Se acercó al mostrador principal.

—Disculpe, buenos días —llamó Izuku—.

¿Sabe si el señor Endeavor ya llegó?

La recepcionista levantó la vista de su computadora y le dedicó una sonrisa amable al chico.

—Buenos días, Midoriya-kun.

Sí, el señor Endeavor llegó un poco más temprano hoy.

Ya se encuentra en su oficina revisando papeleo.

—¡Muchas gracias!

—Izuku hizo una rápida reverencia y se dirigió a los ascensores.

Su corazón latía con fuerza mientras caminaba por el pasillo del piso superior.

Llegó frente a la imponente puerta de caoba de la oficina de Endeavor.

Tomó aire, apretó los puños para darse valor y tocó un par de veces con los nudillos.

Desde adentro, Endeavor, que efectivamente se encontraba sentado en su silla rellenando y firmando pilas de documentos importantes, alzó ligeramente la mirada.

—Pase —ordenó con su voz profunda y autoritaria.

Al escuchar la confirmación, Izuku giró el pomo y entró a la oficina, cerrando la puerta a sus espaldas con cuidado.

Endeavor detuvo su bolígrafo en el aire.

Sus penetrantes ojos azules se posaron en su alumno, notando de inmediato la ropa elegante, el cabello peinado y el porte inusualmente arreglado del chico.

—Izuku…

—murmuró Endeavor, arqueando una ceja—.

Dime, ¿a qué se debe esa ropa?

¿Y por qué vienes a verme tan temprano en tu día libre?

Izuku se paró firme frente al escritorio, juntando las manos detrás de su espalda.

—Buenos días, Endeavor-san.

Verá, quería pedirle un favor muy especial…

¿Me permitiría utilizar la cocina principal de la agencia esta mañana?

Endeavor lo miró con evidente confusión.

Dejó el bolígrafo sobre el escritorio y entrelazó sus enormes dedos.

—¿Por qué quieres que te dé permiso para usar la cocina de la agencia?

La cafetería ya está sirviendo el desayuno.

Izuku ya había pensado en esto.

Sabía que no podía mencionar a Fuyumi; si Endeavor se enteraba de que el peliverde le estaba cocinando a su amada hija mayor, probablemente lo carbonizaría ahí mismo.

Así que optó por una media verdad.

—Es que…

—Izuku fingió un poco de vergüenza, desviando la mirada— quiero cocinarle algo especial para Nejire…

mi novia.

Quería darle una sorpresa hecha por mí.

Endeavor se quedó en silencio, observando a Izuku por unos largos segundos.

El fuego de su barba crepitó suavemente.

Finalmente, la dureza de su expresión se suavizó un poco, casi pareciendo comprensivo.

—Al parecer eres un chico muy detallista, Midoriya —comentó Endeavor con un ligero asentimiento de aprobación, pensando que Izuku realmente se tomaba en serio su relación con la heroína de los Tres Grandes—.

Está bien, te daré permiso para utilizar la cocina de la agencia.

Pero eso sí: todo lo que ensucies, lo dejas impecablemente limpio.

No quiero quejas del personal de cocina.

—¡Muchas gracias, Endeavor-san!

¡Le prometo que limpiaré todo!

—respondió Izuku, inclinándose en una profunda reverencia.

Aliviado de haber sobrevivido a la interacción, Izuku giró sobre sus talones, listo para marcharse a empezar su labor culinaria.

Pero antes de que pudiera alcanzar el pomo de la puerta, la voz del Héroe Número Uno lo detuvo.

—Espera, Midoriya.

Izuku se giró de nuevo.

—Ya que vas a ir a ver a Nejire a la agencia de Ryukyu hoy, esto me ahorra un problema de logística —Endeavor señaló una pila de carpetas selladas en la esquina de su escritorio—.

Tengo unos documentos clasificados que necesito que le des directamente a Ryukyu en sus manos.

No confío en las redes cibernéticas en este momento.

Necesito que vengas a mi oficina en una hora y media para darte los documentos finales y te los lleves.

¿Entendido?

—Sí, señor.

Estaré aquí en una hora y media —confirmó Izuku con firmeza.

Salió de la oficina soltando un largo suspiro de alivio.

Había conseguido la cocina y, como bono, tenía una excusa perfecta y oficial para presentarse en la agencia de Ryukyu sin parecer sospechoso.

¡El plan marchaba a la perfección!

Izuku no perdió el tiempo y corrió hacia el área de la cocina.

Al llegar, se encontró con una despensa industrial que era el sueño de cualquier cocinero.

se arremangó cuidadosamente el suéter rojo de cuello de tortuga para no mancharlo, se puso un delantal blanco y se lavó las manos.

Antes de empezar, sacó su teléfono del bolsillo del pantalón.

Necesitaba coordinar la entrega con Fuyumi.

Abrió su chat y comenzó a teclear rápidamente.

Izuku: ¡Hola, Fuyumi!

¿Cómo estás?

Quería preguntarte, ¿a qué hora sales de tu casa para ir a la escuela hoy?

Envió el mensaje y dejó el celular sobre la isla de metal de la cocina, con el volumen alto para escuchar cuando llegara la respuesta.

Mientras esperaba que Fuyumi le contestara, Izuku se puso manos a la obra.

Sacó papas, zanahorias, cebollas y unos hermosos cortes de carne de res de los refrigeradores.

Tomó un cuchillo afilado y, con una sonrisa nostálgica recordando las lecciones de su madre, comenzó a picar las verduras.

El rítmico tac, tac, tac del cuchillo resonó en la cocina vacía.

Pronto, el olor a salsa de soja, mirin y azúcar comenzaría a impregnar el aire.

Estaba cocinando su plato más personal, su amado Nikujaga, con el corazón dividido, pero poniendo todo su cariño en cada porción que Fuyumi y Nejire recibirían.

Mientras Izuku comenzaba a preparar los ingredientes, el rítmico sonido de su cuchillo contra la tabla de picar fue interrumpido por el característico ding de su teléfono.

Era una notificación.

Izuku dejó el cuchillo sobre la mesa, se limpió rápidamente las manos en el delantal y se acercó al teléfono.

Al ver que la notificación era de Fuyumi, su corazón dio un pequeño vuelco.

Desbloqueó la pantalla con cierta prisa para leer el mensaje.

Fuyumi: ¡Muy buenos días, Izuku!

Salgo a las 9:15 a.m.

para la escuela.

¿Por qué la pregunta?

Izuku levantó la vista hacia el reloj de pared de la enorme cocina industrial.

Eran exactamente las 8:10 a.m.

Sus engranajes mentales empezaron a girar a toda velocidad; el tiempo estaba en su contra, pero si se movía rápido, podría lograrlo.

Sus dedos volaron sobre el teclado táctil para responderle.

Izuku: Quería darte un pequeño regalo.

Como hoy tengo el día libre, quería dártelo ahora en la mañana antes de que te vayas.

Envió el mensaje y se mordió el labio inferior, esperando.

A los pocos segundos, los tres puntos suspensivos aparecieron en la pantalla, seguidos de la respuesta de Fuyumi.

Fuyumi: ¿En serio, Izuku?

Qué lindo…

muchas gracias por el gesto.

Te estaré esperando aquí en mi casa entonces.

Izuku sonrió al leer el texto, sintiendo una inyección de adrenalina.

Izuku: ¡Ahí estaré antes de las 9:15 a.m.!

Dejando el teléfono a un lado, Izuku activó su modo héroe, pero esta vez aplicado a las artes culinarias.

Se movió por la cocina con una agilidad y precisión envidiables.

Sofrió la carne, añadió las papas, las zanahorias y la cebolla, y vertió la mezcla exacta de salsa de soja, mirin, sake y azúcar que su madre le había enseñado.

Tardó alrededor de 35 minutos en cocinar a la perfección, empaquetar todo cuidadosamente y lavar absolutamente todos los utensilios que había ensuciado para cumplir su promesa con Endeavor.

Dividió el estofado en dos hermosas cajas de bento.

Tomó la primera, destinada a Nejire, y la guardó en una de las alacenas de la cocina , pegando encima una nota muy clara con marcador rojo: “Propiedad de Izuku Midoriya.

POR FAVOR NO TOCAR (¡Especialmente tú, Kacchan!)”.

Sin perder un segundo más, tomó el segundo bento, que aún irradiaba un calor reconfortante, y salió disparado de la agencia.

En la calle, levantó la mano y detuvo un taxi, dándole al conductor la dirección de la residencia Todoroki con urgencia.

Después de media hora de viaje atravesando el tráfico matutino de la ciudad, el taxi finalmente se detuvo frente a los imponentes muros tradicionales de la casa de Fuyumi.

Izuku miró su reloj.

Faltaban exactamente 10 minutos para que ella tuviera que irse.

Había llegado a tiempo.

Pagó al conductor, se bajó del vehículo y caminó hacia la entrada.

Su corazón latía tan fuerte que casi podía escucharlo en sus oídos.

Se paró frente a la gran puerta de madera y, tomando una respiración profunda, tocó el timbre.

Pasaron varios segundos de silencio que a Izuku le parecieron horas.

Finalmente, escuchó pasos ligeros acercándose desde el interior y el sonido del seguro deslizándose.

La puerta se abrió.

Allí estaba Fuyumi.

Llevaba puesto su elegante y recatado atuendo de profesora: una falda tubo de color gris, una blusa blanca impecable y un abrigo ligero.

Su cabello blanco con motas rojas estaba perfectamente peinado.

Fuyumi le sonrió cálidamente, pero de inmediato, sus ojos grises se abrieron con sorpresa al detallar a Izuku.

Iba vestido con la misma elegancia que en su cita del día anterior, pero el color rojo intenso de su suéter de cuello de tortuga y sus pantalones oscuros de diseñador le daban un aire increíblemente maduro y apuesto.

Se veía tan diferente al chico de las camisetas estampadas, tan guapo, que a Fuyumi se le calentaron las mejillas casi de inmediato, tiñéndose de un suave color carmín.

—Hola, Izuku…

te ves muy bien —saludó Fuyumi, su voz un poco más aguda por los nervios.

—¡H-Hola, Fuyumi!

Tú también te ves hermosa —respondió Izuku, igual de sonrojado.

Acto seguido, alzó su mano, mostrándole el bento envuelto en una tela tradicional—.

Ayer en el supermercado me dijiste que querías probar mi comida…

así que quise darte una sorpresa.

Lo preparé hoy temprano y te lo traje.

Fuyumi se quedó sin aliento.

Extendió las manos y tomó el bento.

Aún estaba calientito.

Un sentimiento abrumador de calidez y ternura recorrió su pecho, instalándose en su corazón.

Ella era la hermana mayor, la que siempre cocinaba, la que siempre cuidaba de su padre y sus hermanos.

Esta era la primera vez en muchísimo tiempo que alguien se despertaba temprano única y exclusivamente para prepararle comida a ella.

El sentimiento era un poco extraño, inusual, pero increíblemente dulce y reconfortante.

Sus ojos se cristalizaron un poco por la emoción.

—Izuku…

esto es…

muchísimas gracias.

Es el gesto más hermoso que han tenido conmigo en mucho tiempo —dijo Fuyumi con una sonrisa que derretiría un glaciar.

Luego, se hizo a un lado y abrió la puerta un poco más—.

Puedes pasar adentro de la casa.

No hay problema, ahorita estoy yo sola.

Natsuo ya salió hacia su universidad hace media hora, y papá y Shoto se fueron temprano a la agencia.

Izuku tragó saliva sonoramente.

Las veces que había entrado a la imponente residencia de la familia Todoroki había sido por invitaciones a cenar, rodeado del tenso silencio de Endeavor y la presencia protectora de Shoto.

Pero ahora…

iba a estar en esa enorme casa a solas con Fuyumi.

Con la chica a la que había besado bajo la luz de las farolas apenas la noche anterior.

Sintió que el corazón se le aceleraba a un ritmo peligroso, bombeando pura adrenalina y nerviosismo por sus venas, pero no se negó.

Asintió, se quitó los zapatos en el genkan y entró.

Guiado por Fuyumi, Izuku caminó por los amplios y silenciosos pasillos de madera.

—Tenemos muy poco tiempo, ya que el taxi que pedí para ir a la escuela llegará en unos 10 minutos —le explicó Fuyumi mientras caminaban, lanzándole una mirada tímida por encima del hombro—, pero podemos charlar mientras tanto en la sala.

Mientras ella hablaba, Izuku observaba la casa.

Se sentía muy diferente.

Sin la presencia aplastante de Endeavor ni el bullicio de Natsuo o Shoto, la residencia parecía mucho más íntima, casi privada.

Solo estaban ellos dos en ese inmenso lugar.

Llegaron a la sala principal.

Izuku tomó asiento en uno de los cómodos muebles tradicionales, sintiéndose extrañamente tieso.

Fuyumi, sosteniendo el bento en su regazo como si fuera un tesoro invaluable, se sentó justo al lado de él.

Bastante cerca.

Y entonces, el silencio cayó sobre ellos.

Fue un silencio pesado, y un poco incómodo.

Ambos se miraban de reojo, sus mentes viajando inevitablemente hacia la noche anterior.

Los pasillos del supermercado, las miradas compartidas, la confesión a medias de Izuku y, sobre todo, el beso apasionado de sus labios y el segundo beso robado de parte de izuku y el tercero de ella .

Izuku apretó las manos sobre sus rodillas, sus mejillas ardiendo en un rojo intenso.

Fuyumi jugueteaba nerviosamente con el nudo de la tela que envolvía el bento, igual de sonrojada, mordiéndose el labio inferior.

Allí estaban, a solas en una casa vacía, los dos incapaces de encontrar las palabras para iniciar una conversación después de todo el torbellino de emociones que habían desatado la noche anterior.

El silencio en la inmensa sala de la residencia Todoroki era tan espeso que casi podía cortarse con un cuchillo.

Sentados uno al lado del otro en el sofá, Izuku y Fuyumi evitaban mirarse directamente, abrumados por la repentina soledad de la casa y el peso de los recuerdos de la noche anterior.

El sonido del reloj de pared parecía marcar los segundos con demasiada fuerza.

Fuyumi miró sus propias manos, que descansaban sobre la tela del bento.

Su corazón latía desbocado.

Sabía que el taxi llegaría pronto y que, si no hacía algo ahora, Izuku se iría y el momento perfecto se desvanecería.

Recordó la valentía que había sentido anoche en la calle.

No podía acobardarse ahora.

Lentamente, con un movimiento casi imperceptible, Fuyumi soltó la tela del bento y deslizó su mano derecha sobre el cojín del sofá, acortando la distancia entre ellos.

Sus dedos rozaron tímidamente los nudillos de Izuku.

El peliverde dio un pequeño respingo ante el contacto, pero en lugar de apartarse, instintivamente abrió su mano.

Fuyumi no dudó; deslizó sus dedos entre los de él, y Izuku respondió cerrando su mano, entrelazando sus dedos con una firmeza que le dio a ella el valor que necesitaba.

Fuyumi giró su rostro hacia él.

Sus mejillas estaban teñidas de un carmesí profundo, pero sus ojos grises brillaban con una determinación innegable.

—Izuku…

—susurró, su voz apenas más alta que un soplo—.

¿Recuerdas lo que te dije anoche, antes de subir al taxi?

Izuku giró lentamente la cabeza para mirarla, sintiendo que el aire se atoraba en sus pulmones.

El rostro de Fuyumi estaba a escasos centímetros del suyo.

Podía ver cada pestaña, el ligero temblor de sus labios y ese brillo embriagador en su mirada.

—T-Te refieres a…

—balbuceó Izuku, su mente trabajando a mil por hora.

—Te dije…

que podías besarme cuando quisieras —completó Fuyumi, su voz bajando a un tono suave, íntimo y cargado de una invitación que no dejaba lugar a dudas ,si la estrategia ya había funcionada ayer porque no funcionaria hoy .

Izuku la miró a los ojos.

La timidez intentó detenerlo, pero al ver la vulnerabilidad y el anhelo en el rostro de la mujer frente a él, el héroe que llevaba dentro tomó el control.

No iba a desperdiciar esta oportunidad ni a rechazar los sentimientos que ella le ofrecía de forma tan abierta.

Sin decir una palabra más, Izuku se inclinó hacia adelante y presionó sus labios contra los de Fuyumi.

Ella correspondió al instante, cerrando los ojos y dejándose llevar.

Lo que comenzó como un beso tierno y cauteloso se transformó rápidamente en algo mucho más profundo.

La tensión acumulada estalló.

Izuku movió sus labios con una seguridad que sorprendió a ambos, saboreando la dulzura de la joven.

El tiempo pareció detenerse en la sala de estar; solo existían el calor del otro, el roce de sus pieles y el sonido de sus respiraciones agitadas.

Se besaron sin descanso durante casi un minuto, perdiéndose el uno en el otro, hasta que la falta de oxígeno se hizo insoportable.

Se separaron muy despacio, jadeando en busca de aire, con los labios hinchados y los ojos entrecerrados.

Izuku la miró, hipnotizado.

Pero Fuyumi no había terminado.

Con su mano libre, tomó rápidamente la caja del bento que estaba en su regazo y la dejó a un lado, sobre la mesa de centro, asegurándose de que no estorbara.

Una vez con ambas manos libres, tomó el rostro de Izuku y volvió a unir sus labios en un segundo beso, aún más urgente y apasionado que el primero.

Izuku no dudó en corresponder, dejándose llevar por la embriagadora sensación.

Estaban a punto de cruzar una línea de la que no habría retorno, perdidos en la intensidad de las caricias y el calor de sus cuerpos.

Fuyumi dejó escapar un suspiro tembloroso mientras Izuku seguía hipnotizado por la suavidad de sus manos.

El ambiente en la sala estaba a punto de estallar en llamas.

Y entonces…

—¡PÍÍÍÍÍ!

¡PÍÍÍÍÍ!

El estridente pitido de la bocina de un auto resonó desde la calle, seguido inmediatamente por el agudo ¡Ding, ding!

del teléfono de Fuyumi sobre la mesa.

El sobresalto fue mayúsculo.

Ambos pegaron un salto, separándose como si hubieran tocado un cable de alta tensión.

El aire frío de la sala golpeó sus rostros acalorados, devolviéndolos de golpe a la realidad.

Fuyumi parpadeó varias veces, su respiración aún errática, y miró por la ventana.

Sabía perfectamente qué era ese sonido.

El taxi que había pedido había llegado a la puerta.

Mirando el rostro rojo y desorientado de Izuku, Fuyumi sintió una ola de vergüenza (y una pizca de decepción) la invadía.

Con un movimiento ágil pero un poco torpe se levanto del mueble, intentando recuperar un poco de su compostura de maestra.

—I-Izuku…

creo que…

creo que me tengo que ir —tartamudeó Fuyumi, sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos, sintiendo que su rostro ardía a mil grados.

Izuku se levantó del mueble casi de un salto, arreglándose el suéter rojo a toda prisa.

Su cara competía en color con la prenda que llevaba puesta.

—¡S-Sí!

¡C-Claro!

¡El taxi!

—respondió él, moviendo los brazos de forma robótica.

Fuyumi tomó la caja del bento que Izuku le había traído y, juntos, caminaron apresuradamente hacia la entrada de la casa.

Se pusieron los zapatos en el genkan en un silencio denso pero cargado de electricidad.

Salieron de la residencia Todoroki.

El taxista los esperaba pacientemente junto al auto amarillo.

Fuyumi caminó hacia la puerta del vehículo, pero antes de subir, se giró para despedirse.

Izuku, movido por su instinto natural de cuidar a los demás, dio un paso al frente.

Le acomodó suavemente el cuello del abrigo a Fuyumi y la miró con esa expresión de preocupación y ternura tan característica de él.

—Que te vaya muy bien en el trabajo hoy, Fuyumi —le dijo Izuku con voz suave y protectora—.

Por favor, ten cuidado en el camino si aparece un villano, el bento que te di te dará la energía para todo el día .

¡Ah!

Y si tienes algún problema , llámame.

Fuyumi se quedó paralizada con la mano en la manija de la puerta del taxi.

Parpadeó, procesando la escena.

Izuku, posiblemente el próximo Héroe Número Uno, el chico capaz de destruir edificios con un puñetazo, estaba parado en la entrada de la casa, arreglándole la ropa y dándole instrucciones sobre su almuerzo.

De repente, a Fuyumi le hizo clic.

Durante toda su vida de adolescente soltera, había soñado con el momento de casarse.

Soñaba con ser ella quien se quedara en la puerta de la casa, despidiendo a su trabajador esposo, entregándole un bento preparado con amor y deseándole un buen día.

Pero la ironía del destino era simplemente maravillosa.

Aquí estaba ella, tomando el papel del “esposo” que iba a trabajar a la escuela, mientras que Izuku, con su suéter y su actitud cariñosa, estaba tomando el papel de la “esposa” devota y preocupada que la despedía desde la puerta y le había preparado la comida.

Fuyumi no pudo contenerse.

Una carcajada limpia, musical y llena de alegría escapó de sus labios.

Se tapó la boca con la mano libre, riendo con tantas ganas que se le formaron pequeñas lágrimas en los ojos.

Izuku la miró, confundido y un poco asustado.

—¿D-Dije algo malo?

—No, no, para nada…

—respondió Fuyumi, secándose una lagrimita, mirándolo con un amor que desbordaba su pecho—.

Es solo que…

eres perfecto, Izuku.

Eres el mejor chico del mundo.

Acortando la distancia entre ellos con un pasos rápidos, Fuyumi lo tomó por las solapas de su suéter rojo, se paró de puntillas y le plantó un beso profundo y seguro en los labios, antes de que izuku pudiera procesar el beso fuyumi, fuyumi se separo .

—Me comeré todo el bento, lo prometo.

Nos vemos luego, héroe —le susurró ella contra sus labios.

Fuyumi se separó con una sonrisa radiante, se subió al taxi y cerró la puerta.

El auto arrancó, dejando a un Izuku atontado en la acera, tocándose los labios con la punta de los dedos mientras la veía alejarse.

Una vez que el taxi desapareció de su vista, Izuku sacudió la cabeza, dándose un par de palmaditas en las mejillas para despertar.

¡Aún tenía una misión!

Caminó hasta la avenida principal y logró conseguir otro taxi que iba en dirección contraria, de regreso a la agencia de Endeavor.

El viaje fue rápido.

Al llegar a la agencia, corrió hacia la cocina, abrió el refrigerador y tomó la segunda caja de bento que tenía su enorme nota de advertencia (afortunadamente, Bakugo no había atacado).

Luego, subió apresuradamente al último piso.

Llegó a la oficina de Endeavor justo a la hora acordada.

El imponente héroe de fuego le entregó un maletín metálico sellado.

—Entrégale esto a Ryukyu en sus propias manos, Midoriya.

No te detengas por nada —ordenó Endeavor con voz grave.

—¡Sí, señor!

—asintió Izuku, tomando el maletín en una mano y sosteniendo la bolsa térmica con el bento en la otra.

Salió de la agencia y emprendió su camino hacia el territorio de la heroína Dragón.

Mientras tanto, en la oficina principal de la Agencia de Ryukyu, el ambiente no era de acción ni de heroísmo.

Era de pura, absoluta y aplastante burocracia.

Pilas y pilas de carpetas cubrían el enorme escritorio de madera.

Ryuko Tatsuma (Ryukyu) suspiraba pesadamente mientras firmaba documento tras documento.

A su lado, sentada en una silla giratoria, Nejire Hado estaba librando una batalla a muerte contra el aburrimiento.

La heroína del cabello celeste estaba reclinada hacia atrás, con la cabeza colgando por el respaldo de la silla, haciendo girar un bolígrafo entre sus dedos con evidente apatía.

—Ryukyu-senpaaaaaai…

—se quejó Nejire, estirando las vocales—.

¿Por qué los héroes tenemos que llenar tantos formularios?

¡Solo atrapamos a tres ladrones ayer!

¿Por qué hay catorce páginas de daños a la vía pública?

Me aburrooooo…

quiero salir a volar.

Ryukyu esbozó una sonrisa cansada, sin dejar de escribir.

—Es parte del trabajo, Nejire.

La responsabilidad civil es tan importante como el trabajo de campo.

Termina tu reporte de incidentes, por favor.

Nejire soltó un quejido dramático, dejando caer la cabeza sobre el escritorio con un golpe sordo.

Estaba a punto de suplicar piedad cuando tres suaves golpes sonaron en la puerta de la oficina.

Toc, toc, toc.

Ryukyu levantó la vista de sus papeles.

—Adelante, pase.

El pomo giró y la puerta se abrió lentamente.

La persona que entró no era la secretaria ni otro compañero de la agencia.

Era un joven alto, vestido con una elegancia que quitaba el aliento.

Un suéter de cuello de tortuga de un intenso color rojo que se ajustaba a su torso tonificado, pantalones oscuros de corte impecable y zapatos relucientes.

Su cabello estaba peinado, dándole un aire sofisticado, pero unos cuantos mechones rebeldes caían sobre su frente de forma atractiva.

Nejire, que apenas había levantado la cabeza del escritorio, parpadeó varias veces, confundida.

¿Un modelo había entrado por error a la agencia?

¿Un joven ejecutivo?

Ryukyu frunció el ceño ligeramente, sin reconocerlo de inmediato por el cambio radical de vestuario.

Pero entonces, ambas mujeres notaron los detalles inconfundibles.

Esos enormes y expresivos ojos color esmeralda, las pecas esparcidas como constelaciones por sus mejillas, y el color verde bosque de su cabello.

Las pupilas de Nejire se dilataron a un tamaño casi inhumano.

Izuku entró a la oficina, sosteniendo un maletín en una mano y una bolsa en la otra.

Al ver que ambas lo miraban como si fuera un extraterrestre, se rascó la nuca tímidamente, sintiendo que sus mejillas se calentaban.

AUTOR: si se preguntan como se rasco la nuca bueno le salió un tercer brazo ajajajajaj —H-Hola, Ryukyu-san…

Hola, Nejire…

—saludó Izuku, su voz sonando un poco más profunda por los nervios.

—¿…Midoriya?

—preguntó Ryukyu, genuinamente atónita, soltando el bolígrafo.

Pero Nejire no se quedó sentada.

El aburrimiento desapareció de su sistema en un milisegundo.

Impulsada por su don, la chica de cabello azul saltó de la silla y salió flotando por los aires, acercándose a Izuku a la velocidad de la luz.

Comenzó a volar en círculos a su alrededor, mirándolo con un detenimiento depredador.

Evaluó cada centímetro de su cuerpo.

El cuello alto que resaltaba su mandíbula, cómo la tela del suéter se adhería a sus hombros anchos forjados por el entrenamiento infernal de Endeavor, la seguridad y madurez que irradiaba con ese conjunto.

El cerebro de Nejire hizo un cortocircuito.

Ella siempre lo había admitido: Izuku era adorable, tierno, como un conejito verde al que querías abrazar.

Pero ahora…

con ese cambio de vestuario y esa aura…

«Santo cielo…» pensó Nejire, sintiendo que el corazón le martillaba en los oídos.

«Está muy…

pero MUY guapo…

y caliente».

Izuku la seguía con la mirada mientras ella daba vueltas a su alrededor, mareándose un poco.

—¿N-Nejire?

¿Pasa algo?

¿Tengo algo en la cara?

Nejire se detuvo justo frente a él, flotando a escasos centímetros de su rostro.

Sus grandes ojos azules estaban clavados en los esmeraldas de Izuku.

Inconscientemente, la heroína se mordió el labio inferior, una chispa salvaje y posesiva encendiéndose en su interior.

Ya no le importaban los reportes, ni los daños a la vía pública.

Su atención absoluta, y todos sus instintos femeninos, estaban ahora enfocados única y exclusivamente en el increíble chico que tenía enfrente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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