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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 38

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38: PLANES Y LA CUENTA REGRESIVA 38: PLANES Y LA CUENTA REGRESIVA Después de lo que pareció una eternidad, los pulmones de ambos comenzaron a exigir aire.

Lentamente, con una renuencia palpable, separaron sus labios.

Un hilo de saliva brilló por un microsegundo antes de romperse, marcando el fin de ese beso arrebatador.

Izuku abrió los ojos, respirando agitadamente.

Sus mejillas pecosas estaban teñidas de un rojo carmesí intenso, un rubor que se extendía hasta la punta de sus orejas.

Frente a él, el rostro de Fuyumi no estaba muy diferente; un precioso color carmín adornaba sus pómulos, y sus ojos grises brillaban con una luz húmeda y embriagadora.

Pero lo que verdaderamente llenó el pecho de Izuku de una felicidad desbordante, fue la sonrisa que ella le estaba dedicando.

Era una sonrisa genuina, aliviada y cargada de un amor profundo.

El cerebro de Izuku, siempre analítico, comenzó a funcionar a mil por hora.

Abrió la boca, sintiendo la necesidad de disculparse de nuevo, de explicar, de justificar el caos de sus sentimientos.

-Fuyumi, yo…

-empezó a balbucear.

Pero ella se le adelantó.

Con un movimiento suave, levantó una mano y colocó un dedo índice sobre los labios del peliverde, silenciándolo al instante.

-No digas nada, Izuku -susurró ella, con una voz aterciopelada que acarició los oídos del chico-.

Por favor, solo por esta noche, no pienses de más.

Las palabras que Izuku iba a pronunciar murieron en su garganta.

Fuyumi dio un paso al frente y se acurrucó contra él, escondiendo su rostro en el hueco del cuello del pecoso.

Izuku, instintivamente, rodeó sus hombros con los brazos.

Se quedaron allí, abrazados en medio de la fría acera.

El contraste del clima nocturno con el calor corporal que emanaban creaba una burbuja perfecta.

Izuku podía sentir la suave respiración de Fuyumi contra su piel, y en ese silencio cómplice, notó algo mágico: el latido desbocado de sus corazones, latiendo pecho contra pecho, parecía haber encontrado un ritmo único, sincronizándose en una misma melodía.

El drama y la culpa que pesaban sobre los hombros de Izuku parecieron desvanecerse durante esos preciosos segundos, reemplazados por una paz absoluta.

Finalmente, Fuyumi rompió el abrazo con una pequeña risa nerviosa, separándose lo justo para mirarlo a los ojos.

-Deberíamos…

deberíamos recoger las compras -dijo en un susurro juguetón, señalando el desastre en el suelo.

-¡S-sí!

Tienes razón -respondió Izuku, saliendo de su trance y rascándose la nuca con nerviosismo.

Juntos, se agacharon para recoger las cosas.

Una vez todo estuvo en orden, retomaron su camino.

Pero esta vez, las cosas eran diferentes.

Izuku acomodó las dos fundas más pesadas en su mano derecha.

Su mano izquierda, ahora libre, buscó tímidamente la mano derecha de Fuyumi.

Ella respondió al instante, entrelazando sus dedos con los de él con firmeza.

En su mano izquierda, Fuyumi sostenía la funda más ligera.

Caminaron en silencio durante varios minutos.

No necesitaban palabras; el roce de sus manos unidas y el calor que compartían hablaban por sí solos.

El trayecto los llevó hasta unas calles cercanas a la imponente agencia de Endeavor, cuyo logo brillaba en la distancia, devolviéndolos un poco a la realidad de sus vidas.

Se detuvieron en una esquina iluminada por una farola para parar un taxi.

Cuando el vehículo amarillo se detuvo frente a ellos, ambos guardaron las tres fundas en los asientos traseros.

Izuku, demostrando sus modales, abrió la puerta del copiloto para que Fuyumi subiera, pero antes de que ella entrara al auto, se giró para encararlo.

El viento sopló, agitando el cabello de la joven.

Fuyumi lo miró con una expresión que mezclaba vulnerabilidad y una determinación feroz.

-Izuku…

-comenzó, su voz temblando ligeramente por el peso de sus propias palabras-.

Ahora sé que tienes sentimientos por Nejire.

Y, de verdad, gracias por ser tan honesto conmigo y no ocultármelo.

Izuku bajó un poco la mirada, sintiendo una punzada de culpa, pero ella le apretó la mano que aún sostenía, obligándolo a mirarla.

-Pero…

-continuó Fuyumi, y esta vez, un rubor furioso le subió hasta las orejas, tiñendo todo su rostro-.

También te agradezco muchísimo que me hayas dicho que me ves…

que me ves como a una mujer.

No solo como la hermana de tu amigo, o una cuidadora.

Izuku tragó saliva, hipnotizado por la belleza de Fuyumi bajo la luz de la calle.

-Y…

-Fuyumi esbozó una sonrisa traviesa, bajando el tono de voz a un susurro casi seductor-.

El beso de hace unos momentos…

si te gustó, podemos repetirlo en cualquier momento.

Si tú quieres, claro.

El corazón de Fuyumi latía a mil por hora.

Era una estrategia arriesgada.

Ella había dado el primer paso demasiadas veces , y necesitaba saber si él estaba dispuesto a luchar por ella también.

Quería, necesitaba, que Izuku fuera más proactivo.

El efecto fue inmediato.

Izuku se quedó congelado, su rostro adoptando el color de un tomate maduro.

Miró los ojos grises de Fuyumi y vio el profundo anhelo que transmitían, la invitación silenciosa.

Su mente le gritaba que era peligroso, que su corazón estaba dividido entre la tierra y el cielo, pero su cuerpo y sus emociones tomaron el control.

Con una valentía temeraria que no sabía de dónde había sacado, Izuku no retrocedió.

Dio un paso firme hacia adelante, tomó el rostro de Fuyumi con su mano libre y unió sus labios en un beso.

No fue un beso profundo y desesperado como el primero; fue un beso rápido, firme y cargado de una promesa silenciosa.

Fuyumi abrió los ojos de par en par, genuinamente sorprendida de que su pequeña provocación hubiera surtido efecto tan rápido.

Cuando Izuku se separó, aún rojo pero con la mirada firme, una sonrisa radiante se formó en los labios de la joven.

Levantó una mano y apoyó suavemente su dedo índice en el firme pecho de Izuku, justo sobre su corazón.

-Izuku…

sé que no soy la única en tu corazón en este momento -dijo Fuyumi, con un tono dulce pero teñido de un ligero drama melancólico-.

Pero sé que estoy en tu corazón.

Y eso, por ahora, es suficiente para mí.

Esta fue una noche magnífica…

espero que sigamos teniendo momentos así en el futuro.

Izuku tragó saliva, sintiendo el peso de la devoción de aquella increíble mujer.

-Bueno, héroe -suspiró ella -.

Me tengo que ir a casa para preparar la cena para mis hermanos y mi padre.

Ten una bonita noche…

pero antes, quería darte un regalo más.

Aprovechando la cercanía, Fuyumi se paró de puntillas, le robó un último y fugaz beso en los labios, y con una risita cristalina, se metió ágilmente al taxi.

Izuku, moviéndose casi en piloto automático por el shock del momento, cerró la puerta del auto.

El taxi aceleró de inmediato, perdiéndose en la avenida.

Mientras miraba las luces rojas traseras girar en una esquina y desaparecer, Izuku sintió un extraño déjà vu, una sensación cálida en el pecho de haber vivido una despedida similar, pero esta se sentía definitiva, como el inicio de algo monumental.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la residencia de la agencia de Endeavor.

No podía borrar la enorme sonrisa de tonto enamorado que adornaba su rostro.

Llevaba una mano sobre sus labios, recordando el sabor de Fuyumi.

Mientras caminaba, se dio cuenta de algo innegable: sus sentimientos por ella se habían profundizado a niveles que lo aterraban y lo emocionaban a partes iguales.

La competencia en su corazón acababa de volverse ferozmente real.

Finalmente, llegó a su habitación.

Cerró la puerta tras de sí, soltando un largo suspiro, y se dejó caer de espaldas sobre su cama.

Miró el techo, preparándose mentalmente para reflexionar sobre la locura que había sido su vida desde la tarde hasta ese preciso instante.

Estaba a punto de sumergirse en un mar de pensamientos sobre Fuyumi y Nejire, cuando de repente…

GRRRRRRRR…

Un ruido estruendoso resonó en la habitación silenciosa.

Izuku parpadeó, bajando la mirada hacia su abdomen.

Su estómago acababa de rugir con la furia de una bestia salvaje, recordándole de la forma menos romántica posible que, entre ir al supermercado, confesiones y besos apasionados, no había probado un solo bocado en toda la noche.

Izuku se levantó de un salto de la cama, frotándose el estómago que acababa de lanzar otro rugido feroz, exigiéndole atención inmediata.

El drama romántico tendría que esperar; la supervivencia básica era la prioridad ahora mismo.

Pensó por un momento.

La agencia de Endeavor era masiva y, afortunadamente, contaba con su propia cafetería abierta las veinticuatro horas para los héroes que hacían turnos nocturnos o regresaban de patrullajes largos.

Decidido, salió de su habitación y bajó por los silenciosos pasillos hasta llegar al área de comidas.

Una vez en la cafetería, que a esa hora estaba prácticamente casi desierta, la bandeja de Izuku se llenó rápidamente.

Últimamente, desde que salió del hospital después de la gran pelea, su metabolismo parecía haber entrado en una marcha superior; había comenzado a tener un apetito voraz, casi insaciable.

Compró un tazón gigante de ramen, dos porciones de katsudon (su favorito, por supuesto), una ensalada para intentar equilibrar las cosas, y 2 jugos .

Al llegar a la caja registradora, la cruda realidad lo golpeó de frente.

Sacó su cartera para pagar y, al abrirla, un escalofrío le recorrió la espalda.

Estaba alarmantemente delgada.

Izuku soltó un largo y cansado suspiro.

Lo peor de todo no era su nuevo apetito monstruoso, sino el agujero negro que había dejado en sus finanzas la reciente “actualización de vestuario” que había tenido que hacer.

Cinco conjuntos completos de ropa de diseñador y aquel perfume carísimo de la cual empezaba a arrepentirse habían vaciado casi por completo sus ahorros de héroe novato.

Su cartera ahora era un paisaje desolador.

Pagó con dolor las bandejas llenas de comida y se sentó en una mesa apartada, cerca de un ventanal que daba a la ciudad iluminada.

Mientras comenzaba a devorar el primer tazón de katsudon con una velocidad que asustaría a cualquiera, su mente, ahora alimentada, volvió a sumergirse en la tormenta de emociones que lo había estado ahogando durante toda la noche.

Los rostros de Fuyumi y Nejire se intercalaban en su cabeza como flashes de una cámara fotográfica.

Se acordó del beso.

No, de los besos.

Recordó la sensación de los labios de Nejire en el tren, un beso sorpresivo, dulce y eléctrico que lo había dejado flotando en las nubes.

Y luego, el contraste abrumador de Fuyumi hace apenas una hora: un beso profundo, desesperado, lleno de madurez y una devoción inquebrantable.

Y lo peor de todo…

él le había devuelto el beso a Fuyumi.

No solo eso, él había tomado la iniciativa en el segundo beso rápido antes de que ella subiera al taxi.

Izuku se detuvo en seco con los palillos a medio camino de su boca.

-Soy el mayor bastardo del mundo mundial…

-murmuró para sí mismo, sintiendo que la culpa le revolvía el estómago recién lleno.

¿Cómo había llegado a esto?

Él, Izuku Midoriya, el chico que no podía hablar con una chica sin tartamudear hasta hace poco, ahora estaba envuelto en un triángulo amoroso con dos de las mujeres más increíbles que conocía, y sentía que estaba engañando a ambas de alguna forma retorcida.

Intentando calmar su ansiedad, comenzó a repasar mentalmente su tarde con Fuyumi en el supermercado.

Recordó cómo ella se movía entre los pasillos, cómo su rostro se iluminaba al hablar , y cómo se sentía tan…

correcto estar a su lado.

De repente, un detalle específico cruzó su mente, cortando su tren de pensamiento de golpe.

«Fuyumi dijo que quería probar mi nikujaga…» Izuku dejó los palillos sobre la mesa, la comida olvidada por un momento.

Su mente comenzó a trabajar en un plan.

Tal vez…

tal vez sería una buena idea prepararle su nikujaga.

Un gesto de disculpa por la confusión de sus sentimientos, y a la vez, una forma de agradecerle la hermosa noche que habían pasado.

Un plato casero, hecho con sus propias manos, sería el detalle perfecto.

Pero había un problema logístico masivo: ¿Dónde iba a cocinar?

Las habitaciones de los residentes no tenían cocina, y él no podía simplemente invitarse a la casa de la familia Todoroki a usurpar la cocina de Fuyumi.

Izuku se rascó la barbilla, frunciendo el ceño en concentración, hasta que una idea iluminó su rostro.

¡La cocina de la agencia!

Era enorme, de nivel industrial, y estaba impecablemente equipada.

Cuando Endeavor llegara por la mañana a la agencia, Izuku tendría que armarse de valor y pedirle permiso para utilizar la cocina.

La sola idea de pedirle un favor personal al imponente Héroe Número Uno (y padre de la chica a la que acababa de besar) lo hacía sudar frío, pero no veía otra forma de lograrlo.

Valdría la pena enfrentar la mirada ardiente de Endeavor si lograba ver la sonrisa de Fuyumi de nuevo.

Y entonces, como un relámpago, otra imagen asaltó su mente.

El cabello azul celeste y los grandes ojos curiosos de Nejire Hado.

«Si voy a cocinar…

también debería prepararle algo a Nejire» El pensamiento fue automático.

No quería que ella se sintiera dejada de lado.

Si iba a hacer un gesto cariñoso, su corazón dividido le exigía ser justo con ambas.

La logística se complicaba, pero la determinación de Izuku se fortaleció.

Tenía una misión para el día siguiente.

Con el plan trazado en su mente, Izuku retomó sus palillos y terminó el resto de su enorme cena con renovada energía.

El reloj ya marcaba las 8:00 pm cuando recogió sus bandejas vacías.

Se dirigió de regreso a su cuarto, sintiendo el cansancio acumulado de la batalla, las confesiones y el torbellino emocional cayendo sobre sus hombros como una manta de plomo.

Al entrar a su habitación, se desvistió rápidamente y se metió bajo la ducha.

El agua caliente ayudó a relajar sus músculos tensos.

Mientras se secaba el cabello con la toalla y se ponía el pijama, una extraña sensación comenzó a picar en la parte posterior de su cabeza.

Izuku se sentó en el borde de la cama, frunciendo el ceño hacia la pared vacía.

Sentía que se olvidaba de alguien.

Era una sensación molesta, como tener una palabra en la punta de la lengua.

Había pasado la tarde con Fuyumi, había pensado en Nejire, iba a hablar con Endeavor mañana…

todo parecía estar en orden.

Pero esa espinita en su cerebro no desaparecía.

¿Un reporte pendiente?

¿Un mensaje que no contestó?

Izuku bostezó, sus ojos pesados por el sueño luchando por mantenerse abiertos.

-Seguro no es nada importante…

-murmuró, su voz arrastrándose por el cansancio.

Se dejó caer de espaldas sobre el colchón, hundiéndose en las sábanas.

Cerró los ojos y, en cuestión de segundos, la respiración de Izuku Midoriya se volvió lenta y rítmica.

Cayó en un sueño profundo.

Mientras Izuku caía presa del agotamiento en su pequeña habitación de la agencia, ajeno al mundo y a la persona que había olvidado, a varios kilómetros de allí, en la imponente y tradicional residencia Todoroki, el ambiente era radicalmente distinto.

La cocina, amplia y pulcramente limpia, estaba inundada por una luz cálida y el rítmico sonido de un cuchillo golpeando velozmente contra una tabla de picar.

Tac, tac, tac, tac.

Fuyumi Todoroki estaba frente a la encimera, cortando zanahorias, cebollas y patatas con una precisión profesional.

Llevaba puesto un delantal sencillo sobre su ropa de estar por casa, y en su rostro bailaba una sonrisa tan brillante que parecía iluminar toda la habitación.

No podía dejar de pensar en él.

Cada vez que cerraba los ojos, revivía la sensación de los labios de Izuku sobre los suyos.

La firmeza con la que él la había tomado de la cintura, la forma en que su corazón latía desbocado contra su pecho, y, sobre todo, ese segundo beso rápido, torpe y maravillosamente proactivo que él le había robado antes de que ella subiera al taxi.

Suspiró, un sonido soñador y enamorado que se perdió entre el burbujeo del agua caliente en la estufa.

La noche había sido perfecta, desde las compras mundanas en el supermercado hasta esa confesión tan dolorosamente honesta bajo la farola.

Su padre, Enji Todoroki (Endeavor), y su hermano menor, Shoto, acababan de llegar a casa después de un largo día en la agencia .

Fuyumi lo sabía porque había escuchado el pesado abrir y cerrar de la puerta principal hace unos minutos, pero estaba demasiado inmersa en su propia burbuja de felicidad como para salir a recibirlos de inmediato y Natsuo llegaría un poco mas tarde.

ella quería tener la cena lista para consentirlos.

Mientras el cuchillo seguía su rápido baile sobre la tabla (tac, tac, tac), una imagen intrusa se coló en la mente de Fuyumi.

Cabello azul celeste cayendo en cascada.

Ojos grandes y curiosos.

Una figura escultural y una personalidad arrolladora.

Nejire Hado.

Fuyumi detuvo el cuchillo por un segundo, frunciendo ligeramente el ceño.

Sabía, porque el propio Izuku que tenia sentimientos por nejire hado , Nejire era una rival formidable.

Una heroína de élite, hermosa y deslumbrante.

nejire le había dicho que había besado a izuku en el tren.

La profesora de primaria apretó un poco los labios.

Nejire era astuta, de eso no había duda.

Había dado el primer golpe.

Pero entonces, el ceño fruncido de Fuyumi se desvaneció, reemplazado por una sonrisa enorme, triunfal y casi felina.

«Sí, Nejire lo besó primero…» pensó Fuyumi, retomando su labor de picar con renovada energía.

«Pero Izuku se había quedado congelado.

y nejire Nunca dijo que izuku le hubiera correspondido el beso en ese momento.» La sonrisa de Fuyumi creció tanto que casi le dolieron las mejillas.

«En cambio…» razonó, sintiendo un calor abrumador en el pecho.

«A mí sí me correspondió.

Me abrazó, profundizó el beso…

¡y luego me besó él por su propia voluntad!» Una serie de pequeñas y cristalinas risitas escaparon de sus labios.

La victoria, aunque fuera parcial, sabía increíblemente dulce.

Fuyumi bajó la mirada hacia la tabla de picar.

Allí, una inocente e indefensa cebolla blanca esperaba su turno.

Por un instante, la mente de Fuyumi, nublada por la competencia romántica, superpuso la imagen del cabello azul de Nejire sobre las capas de la pobre cebolla.

-Lo siento, Hado-san…

pero no pienso perder -murmuró Fuyumi con un tono extrañamente dulce pero letal.

Agarró el cuchillo con más firmeza y comenzó a cortar la cebolla con un entusiasmo feroz, casi maníaco.

¡TAC, TAC, TAC, TAC, TAC, TAC!

El sonido en la cocina pasó de ser un rítmico corte de verduras a parecer una escena de película de acción culinaria.

En ese preciso momento, la inmensa figura de Endeavor apareció en el marco de la puerta corrediza de la cocina.

Había ido a preguntarle a su hija qué iba a preparar para la cena, ya que el olor no terminaba de delatar el plato.

Sin embargo, el Héroe Número Uno se quedó petrificado en la entrada.

Allí estaba su hija mayor, la dulce y pacífica Fuyumi, cortando vegetales con una ferocidad y una pasión desmedidas que él solo solía ver en villanos acorralados .

Lo más inquietante no era la velocidad del cuchillo, sino las pequeñas y casi oscuras risitas (Ji, ji, ji…) que acompañaban cada tajo, mientras ella sonreía de oreja a oreja.

Endeavor, el hombre que había enfrentado a Nomus de Alta Gama sin pestañear, sintió una gota de sudor frío recorrer su nuca.

Un instinto de supervivencia le advirtió que intervenir en ese momento era una pésima idea.

Lentamente, y en absoluto silencio, el gigante de fuego dio un paso atrás, luego otro, hasta desaparecer del marco de la puerta sin haber pronunciado una sola palabra.

Era mejor no hacer preguntas.

Decidió dirigirse a la sala de estar principal.

Allí encontró a Shoto, ya con ropa cómoda, sentado en el largo sofá tradicional, mirando distraídamente la pantalla de su teléfono móvil.

Endeavor carraspeó, intentando recuperar su compostura autoritaria.

-Shoto…

-comenzó Enji, su voz grave resonando en la amplia sala-.

¿Sabes…

sabes por casualidad por qué tu hermana está tan…

enérgica esta noche en la cocina?

Shoto levantó la mirada de su teléfono, sus ojos heterocromáticos parpadeando con su habitual expresión en blanco.

Al escuchar la pregunta de su padre, la mente del chico del medio frío y medio caliente viajó inmediatamente a los eventos de la tarde anterior.

Recordó a Fuyumi sentada en ese mismo sofá, con el rostro rojo como un tomate, confesándole a él, a su hermano menor, que estaba perdidamente enamorada de su mejor amigo, Izuku Midoriya.

y que nejire y izuku no estaban saliendo eran una pareja falsa para tapar el hecho de que izuku y ella tuvieron una cita ese día ,también Recordó cómo ella le había pedido consejo sobre cómo acercarse a él, y cómo él, sin saber muy bien qué hacer, simplemente le había dicho que fuera honesta y que lo apoyaba ,fuyumi esta muy feliz .

Shoto miró a su padre, luego desvió la mirada hacia el pasillo que llevaba a la cocina, desde donde aún se escuchaba el violento tac, tac, tac y las risitas felices.

-no…

-respondió Shoto finalmente, volviendo su atención a la pantalla de su celular con una calma pasmosa-.

no tengo idea de por qué está así.

Y allí, en el sofá de la casa Todoroki, mientras Shoto decidía que era mejor mantener el secreto de su hermana (y la integridad física de su amigo Izuku) a salvo de las llamas de su padre, se negó a decir algo.

Endeavor miró a shoto por unos segundos negó con la cabeza y se fue a su oficina cerró la puerta de su oficina privada con un clic sordo que pareció resonar en el silencio de la casa, un sonido que marcaba la frontera entre su fracasada vida familiar y su asfixiante deber como Héroe Número Uno.

Se sentó frente a su escritorio de madera maciza, donde las pilas de documentos físicos lo esperaban como una montaña que se negaba a ser escalada.

Tras la respuesta de Shoto, una extraña inquietud le recorría la nuca; sentía que su hijo le ocultaba algo, pero las sombras de la guerra que se avecinaba no le dejaban espacio para adivinanzas domésticas.

Sus manos, grandes y callosas, tomaron una pluma estilográfica de plata.

Mientras leía los informes de Hawks, sus dedos tamborileaban rítmicamente sobre la madera, un gesto nervioso que rara vez mostraba en público y que delataba una ansiedad creciente.

La información era crítica: el hospital Jaku, el doctor Garaki, la ubicación exacta de la liga de villanos, Shigaraki y los laboratorios subterráneos.

Cada palabra escrita en esos papeles era una sentencia de muerte o una oportunidad de salvación para la sociedad de héroes.

Endeavor frunció el ceño, las líneas de su expresión se profundizaron bajo la luz de la lámpara de escritorio.

Se frotó las sienes con el dedo índice y el pulgar, cerrando los ojos por un segundo para tratar de disipar la migraña tensional que lo acechaba.

La presión era asfixiante.

Treinta días.

Solo treinta días para convertir a Midoriya, Bakugo y Shoto en armas capaces de resistir el colapso que se avecinaba.

No solo debía pulir sus dones, sino templar sus voluntades para una batalla donde la moralidad sería puesta a prueba por la sangre.

Sus dedos se cerraron en un puño repentino, arrugando inconscientemente la esquina de un informe detallado sobre los Nomus de “Alta Gama”.

El calor que emanaba de su cuerpo, producto de su agitación interna, hizo que el aire en la habitación se volviera pesado, seco y cargado de estática; una pequeña llama vacilante, azulada en su núcleo, nació en la punta de sus dedos, consumiendo una pizca de oxígeno antes de que él la extinguiera con un suspiro de frustración.

Tenía que ser perfecto.

No podía permitirse fallarles de nuevo a esos jóvenes, ni como el símbolo de la paz que intentaba ser, ni como el instructor que cargaba con el futuro de Japón sobre sus hombros.

Endeavor suspiro intentando relajarse tenía varios documentos con información de la liga de villanos que necesitaban enviar a Ryukyu y solo tenía a una persona en mente y era su alumno izuku midoriya estas semanas, el había enviado a izuku varias veces a la agencia de Ryukyu con información importante no tenían otra opción La sola idea de que el “hacker” de la Liga pudiera interceptar los documentos que se envíaban por Internet le hacía doler la cabeza así que estos documentos tenían que mandar todo en hojas físicas , sus ojos escaneando cada estrategia de evacuación civil con una intensidad feroz Endeavor se quedo así hasta que Fuyumi lo llamo para comer .

A kilómetros de allí, en la residencia de la agencia de Ryukyu, el ambiente era radicalmente distinto, aunque no menos intenso en su propia naturaleza.

Nejire Hado se encontraba bajo el chorro de agua caliente de su ducha, buscando refugio del caos del mundo exterior.

El vapor llenaba el cuarto de baño, creando una atmósfera onírica, privada y densa que aislaba sus pensamientos.

Cerró los ojos, dejando que el agua recorriera su largo y ondulado cabello celeste, que se pegaba a su espalda y hombros como seda húmeda y pesada.

El líquido descendía en cascadas por su cuello, trazando líneas invisibles sobre su piel clara y bajando por las curvas de su cuerpo, llevándose consigo el polvo y el cansancio acumulado de las extenuantes patrullas diarias.

Nejire soltó un suspiro de profunda satisfacción, arqueando ligeramente la espalda para disfrutar de la caricia térmica que relajaba sus músculos tensos.

Sin embargo, en el punto más alto de su relajación, algo cambió drásticamente.

Una punzada aguda, un espasmo eléctrico casi místico, le recorrió el pecho, justo donde late el corazón con más fuerza.

Sus ojos se abrieron de golpe, sus pupilas dilatándose mientras las gotas de agua seguían golpeando sus párpados.

No era un dolor físico ni un síntoma de agotamiento; era ese instinto primordial, ese “sexto sentido” que solo una mujer que ha empezado a amar de verdad parece poseer.

-¿Qué fue eso…?

-susurró para sí misma, su voz suave pero cargada de una extraña urgencia, compitiendo con el rítmico repiqueteo del agua contra los azulejos de cerámica.

Sintió una perturbación en su “sentido de mujer”, una vibración de alarma en su plexo solar.

Era como si el universo le enviara un mensaje codificado advirtiéndole que el terreno que creía seguro estaba siendo invadido.

Alguien, en algún lugar, estaba moviendo sus fichas demasiado rápido; alguien se le estaba adelantando en el silencioso camino hacia el corazón de su peliverde favorito.

Nejire frunció el ceño con una determinación inusual, sus labios se apretaron formando una línea recta de molestia competitiva.

La imagen de Fuyumi o quizás alguna otra chica cruzó fugazmente por su mente, pero lo más seguro era que era Fuyumi , encendiendo una chispa de celos que el agua no podría apagar.

Salió de la ducha con movimientos decididos y comenzó a secarse con toques rápidos y llenos de energía.

Mientras pasaba la toalla por su piel aún rosada por el calor, la imagen de Izuku Midoriya -su timidez, sus ojos brillantes llenos de justicia y su voluntad inquebrantable- inundó cada rincón de su mente.

Recordó cómo le había prometido tener una celebración especial por su recuperación, una promesa que ahora sentía que debía cumplir de inmediato para marcar territorio.

Mientras se ponía su ropa interior de encaje sencillo y se deslizaba dentro de su pijama para dormir cómoda , Nejire se sentó en el borde de su cama comenzó a pensar en su plan maestro.

Mañana “Después del almuerzo”, pensó mientras se miraba fijamente al espejo y ajustaba un mechón rebelde de su cabello, “iré directamente con Ryukyu”.

le pediría la tarde libre con la promesa que haría patrullaje nocturno , y ese tiempo libre lo dedicaría exclusivamente a su Izuku.

Necesitaba fortalecer esa conexión, ese hilo invisible que los unía, y dejar claro a cualquier “intrusa” que el héroe de la mirada esmeralda ya tenía a alguien velando por él.

Con un brillo de picardía mezclado con una ferocidad protectora en sus ojos azules, Nejire terminó ponerse su pijama para dormir, lista para dormir y prepararce para la batalla del corazón que se libraría mañana .

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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