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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 Curiosidad y Cenas Incómodas
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4: Curiosidad y Cenas Incómodas 4: Curiosidad y Cenas Incómodas La luz de la mañana iluminaba el comedor de la agencia de Ryukyu, pero para Nejire, el mundo exterior parecía distante.

Estaba sentada frente a su desayuno —tostadas francesas y frutas—, pero apenas había tocado la comida.

Su tenedor daba vueltas distraídamente sobre un trozo de fresa mientras su mente seguía atrapada en las sábanas de su cama, repitiendo en bucle aquel sueño.

“¿Por qué Izuku-kun?”, se preguntó internamente, mordiéndose el labio inferior.

Nejire Hado siempre había sido “demasiado”.

Demasiado curiosa, demasiado energética, demasiado preguntona.

Durante su adolescencia en la secundaria, antes de UA, los chicos solían evitarla porque les daba dolor de cabeza con sus interrogatorios infinitos, o peor aún, se acercaban a ella con sonrisas falsas, ignorando sus palabras y fijándose únicamente en su físico desarrollado.

Al entrar a la UA, encontró a Mirio y a Tamaki.

Ellos eran su refugio, sus mejores amigos, casi hermanos.

Pero nunca hubo una chispa romántica; Mirio era como un sol radiante que la guiaba, y Tamaki era como una sombra reconfortante a la que había que cuidar.

Pero Izuku…

Izuku Midoriya era una ecuación completamente diferente.

Él no la miraba como si fuera una molestia.

Tampoco la miraba como un trofeo visual.

Cuando ella le lanzaba una ráfaga de diez preguntas por minuto sobre su Don, sus cicatrices o sus zapatillas rojas, él no solo respondía, sino que se emocionaba.

“¡Ah, Nejire-senpai!

¡Eso es fascinante!

¡Nunca lo había pensado así!”, solía decir él, sacando una libreta para murmurar y anotar cosas a una velocidad que rivalizaba con la de ella.

Eran iguales.

Dos almas curiosas obsesionadas con entender el mundo de los héroes.

Nejire sintió que el calor subía por su cuello al recordar la sensación de los brazos de Izuku en su sueño.

“Tal vez…

tal vez son mis hormonas”, pensó, cubriéndose la cara con las manos.

“Nunca he tenido novio.

Siempre he estado tan ocupada siendo una heroína que reprimí todo eso…” Recordó fugazmente aquella vez, hacía un par de meses, que por pura curiosidad científica (o eso se dijo a sí misma) había ojeado una de esas revistas para adultos que le presto una de sus compañeras de clase, En ese momento se avía a avergonzado mucho al ver la revista, pero ahora, con la imagen de los ojos verdes de Izuku clavados en ella, su cuerpo reaccionaba de una manera que ninguna revista había logrado.

—Nejire…

Nejire…

¡NEJIRE!

La voz de Ryukyu rompió su burbuja de fantasía como si fuera un globo de chicle.

—¿Eh?

¿¡Qué!?

—Nejire dio un salto en su silla, casi tirando el jugo de naranja.

Sus mejillas estaban tan rojas que combinaban con las fresas de su plato.

Ryukyu la miraba desde el otro lado de la mesa con una mezcla de preocupación y sospecha maternal.

—Nejire, ¿estás bien?

Te he estado hablando durante cinco minutos sobre las rutas de patrullaje y has estado mirando esa tostada como si fuera el secreto del universo.

Estás totalmente ida.

—¡S-Sí, sensei!

—chilló Nejire, forzando una sonrisa brillante, aunque el sonrojo no bajaba—.

¡Solo estaba…

pensando!

¡Reflexionando sobre la aerodinámica de las aves !

¡Sí, eso!

Ryukyu arqueó una ceja, claramente no convencida, pero decidió no presionar a su alumna estrella tan temprano.

—Está bien…

Si tú lo dices.

Prepárate, salimos a patrullar en diez minutos.

Necesitas despejar esa mente.

—¡Sí, sensei!

—Nejire se levantó de la silla como un resorte y salió corriendo hacia los vestuarios, agradecida por la distracción, aunque sabiendo que ni todo el aire fresco de la ciudad podría enfriar lo que sentía.

La Cena en la Boca del Lobo Mientras tanto, la noche cayó sobre la ciudad como un manto pesado.

El coche de lujo de Endeavor se deslizaba por las calles iluminadas, pero dentro del vehículo, el ambiente era tan denso que se podía cortar con un cuchillo.

Izuku estaba sentado en el asiento trasero, en el medio.

A su derecha, Bakugo roncaba suavemente con la cabeza apoyada contra la ventana, ajeno al infierno social que se vivía a su lado.

A su izquierda, el asiento estaba vacío, pero Izuku sentía la presión de dos miradas clavadas en él desde el frente.

Endeavor conducía en silencio, sus ojos turquesas vigilando a Izuku a través del espejo retrovisor cada vez que el coche se detenía en un semáforo.

Shoto, en el asiento del copiloto, no decía nada, pero su postura rígida indicaba que seguía procesando la “información” falsa que Bakugo había plantado sobre los sentimientos de Izuku hacia su hermana.

Izuku optó por la estrategia más segura: mirar fijamente las alfombras del piso del coche y contar las fibras, rezando para llegar rápido y salir vivo.

Treinta minutos después, el vehículo se detuvo frente a la imponente residencia de estilo tradicional japonés de la familia Todoroki.

—Hemos llegado —anunció Endeavor con su voz grave.

—¡Despierta, bella durmiente!

—le dijo Shoto a Bakugo, dándole un pequeño empujón (quizás con un poco de hielo para despertarlo de golpe).

—¡¿EH?!

¡¡NO ME TOQUES, MITAD-MITAD!!

¡TE MATARÉ!

—Bakugo despertó con su habitual encanto explosivo, rompiendo el incómodo silencio.

Al entrar en la casa, el aroma a comida casera —dashi, miso y arroz recién hecho— inundó sus sentidos, relajando un poco los nervios de Izuku.

—¡Bienvenidos!

—Fuyumi Todoroki apareció en el genkan, secándose las manos en un delantal.

Su sonrisa era cálida y acogedora, un contraste total con los hombres de su familia—.

Me alegra mucho que hayan podido venir.

—G-Gracias a ti por invitarnos, Fuyumi-san —dijo Izuku, haciendo una reverencia respetuosa mientras se quitaba los zapatos rojos—.

De verdad, somos nosotros los que deberíamos agradecerte.

Tu comida siempre es la mejor, es como…

un abrazo para el estómago.

Izuku se dio cuenta tarde de que su cumplido había sonado quizás demasiado íntimo dadas las circunstancias actuales, pero era sincero.

Fuyumi se sonrojó levemente y se ajustó las gafas, complacida.

—Vaya, muchas gracias, Midoriya-kun.

Siempre eres tan amable.

Por cierto…

—su expresión cambió a una de preocupación genuina—.

Vi las noticias ayer.

Ese incidente en el almacén…

vi cómo te lanzaste para proteger a esa chica, Usaste tu cuerpo como escudo humano.

Fuyumi dio un paso inconsciente hacia él, examinándolo con la mirada.

—Me preocupé cuando lo vi en la televisión.

Parecía un impacto terrible contra esa pared.

¿De verdad estás bien?

No tienes ninguna fractura oculta, ¿verdad?

Izuku, que no estaba acostumbrado a que chicas mayores (y hermanas de sus amigos) se preocuparan tan abiertamente por él, sintió que el calor subía a su cara.

La miró a los ojos, conmovido por su gentileza.

—M-Muchas gracias por preocuparte, Fuyumi-san.

Pero estoy bien, de verdad.

Mi cuerpo es muy resistente gracias al entrenamiento…

y bueno, estoy acostumbrado a romperme cosas, así que esto fue leve —dijo con una sonrisa nerviosa, rascándose la nuca.

Estaban en su propia pequeña burbuja de amabilidad mutua.

Izuku sonriendo tímidamente y Fuyumi mirándolo con alivio .

¡COF, COF!

Una tos, que sonó más como el rugido de un dragón con bronquitis, rompió el momento.

Endeavor estaba de pie detrás de Izuku, con los brazos cruzados y una vena palpitando peligrosamente en su sien.

A su lado, Shoto miraba la interacción con los ojos entrecerrados, analizando cada micro-gesto.

Bakugo, que ya se había quitado los zapatos, pasó caminando por el medio de Izuku y Fuyumi, rompiendo la atmósfera con su habitual falta de tacto.

—Oigan, par de tortolitos.

Dejen de coquetear en la entrada y vamos a comer de una maldita vez.

Me muero de hambre y no vine aquí a ver una telenovela barata.

El efecto fue inmediato.

—¡¿EHH?!

—Izuku se puso rojo brillante, agitando las manos—.

¡K-Kacchan!

¡No es…!

—¡Bakugo-kun!

—exclamó Fuyumi, llevándose las manos a las mejillas, que ahora ardían del mismo color que las de Izuku—.

¡N-No estamos…!

¡Solo estaba…!

—Hmph —bufó Endeavor, pasando de largo hacia el comedor con un aura de fuego invisible—.

Vamos.

La comida se enfría.

Shoto pasó al lado de Izuku y le dio una palmada en el hombro.

No fue una palmada amistosa.

Fue una palmada de “te estoy vigilando”.

—Vamos a comer, Midoriya.

Siéntate…

lejos de Fuyumi.

Izuku tragó saliva, deseando tener el don de teletransportación, o quizás, extrañamente, deseando estar de vuelta atrapado en la brea con Nejire.

Al menos allí, el único peligro era el calor de una chica linda, y no la ira de una familia entera.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Daoist3kPYhE Soy nuevo en escribir historias este es el primer Fanfics que escribo, dejen sus reseñas y dígame si la todo va muy rápido o falta profundizar la relación etc.

Me alegraría dieran su opinión ya que eso me ayuda a crecer y poder escribir mejores historias en el futuro .

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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