Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 45
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Capítulo 45: Una Propuesta Inesperada
El sol de la mañana se filtró por las rendijas de la persiana, golpeando suavemente el rostro de Izuku. El peliverde abrió los ojos pesadamente y giró la cabeza hacia el reloj de su mesita de noche. Eran las 8:05 a.m.
-Ya es martes… -murmuró para sí mismo, desperezándose en la cama-. Mañana es miércoles. La cita con Nejire… y el jueves con Fuyumi.
Un escalofrío que mezclaba nerviosismo y pura emoción le recorrió la espalda. Pero hoy no era día de citas, hoy era día de mantenerse al margen y recuperarse. Izuku se levantó, se dio una ducha rápida y se puso ropa deportiva cómoda. Aunque el doctor le había ordenado descanso absoluto de su Don, nadie le había prohibido observar. Su instinto analítico le pedía a gritos ir a ver el entrenamiento matutino.
Salió de su habitación y bajó por los pasillos hasta llegar a la inmensa sala de entrenamiento subterránea de la agencia. Las paredes de metal reforzado y el suelo acolchado estaban diseñados para soportar impactos catastróficos.
Al abrir las pesadas puertas, el calor del lugar lo golpeó de inmediato. En el centro de la sala, Katsuki Bakugo y Shoto Todoroki ya estaban haciendo estiramientos, vistiendo sus trajes de héroe. Frente a ellos, imponente como una montaña de fuego, se encontraba Endeavor, con las llamas de su rostro y hombros ardiendo con intensidad.
-¡Buenos días! -saludó Izuku, entrando con cautela.
Bakugo chasqueó la lengua a modo de saludo, Shoto le dedicó un leve asentimiento, y Endeavor apenas lo miró de reojo.
-Siéntate en la esquina, Midoriya. Y no te metas, no quiero que vuelvas a abrirte las heridas -gruñó el Héroe Número Uno.
-¡Sí, señor! -Izuku trotó hacia una esquina segura, sacando rápidamente de su bolsillo una pequeña libreta de apuntes que siempre llevaba consigo y un bolígrafo.
El entrenamiento comenzó sin previo aviso. Fue brutal.
Izuku observó, fascinado y aterrorizado a partes iguales, cómo Endeavor les daba una paliza unilateral a los dos prodigios de la Clase 1-A. La diferencia de experiencia y poder bruto era abismal. Bakugo se impulsaba por el aire con sus explosiones, intentando acorralar al héroe de fuego con ataques veloces y agresivos, pero Endeavor bloqueaba o esquivaba cada golpe con una facilidad pasmosa. Shoto, por su parte, intentaba crear aperturas con ráfagas de hielo gigantescas y columnas de fuego, pero su padre atravesaba los ataques como si fueran de papel.
En un momento de pura intensidad, Bakugo logró acercarse por un punto ciego.
-¡MUÉRETE! -rugió el rubio, preparando una explosión masiva con su mano derecha.
Pero los reflejos de Endeavor eran superiores. Antes de que Bakugo pudiera liberar la energía, Endeavor giró sobre su propio eje y le conectó un derechazo brutal en el pecho. El impacto sonó como un cañonazo. Bakugo salió volando por los aires, recorriendo varios metros antes de estrellarse violentamente contra una de las paredes de metal, cayendo al suelo con un gruñido ahogado.
Shoto, viendo que su padre había bajado la guardia por una fracción de segundo al golpear a Bakugo, intentó aprovechar la oportunidad. Con un movimiento fluido de su lado derecho, lanzó una gigantesca y afilada marea de hielo directamente hacia Endeavor.
Pero no le dio tiempo.
Las llamas de Endeavor se intensificaron, derritiendo la punta del glaciar en un parpadeo. Con una velocidad que desafiaba su inmenso tamaño, el héroe acortó la distancia entre él y su hijo menor. Shoto abrió los ojos con sorpresa e intentó dar un salto hacia atrás para tomar distancia, pero fue demasiado lento.
Endeavor lo alcanzó y, sin dudarlo, hundió un poderoso izquierdazo directamente en el estómago del chico bicolor. El aire abandonó los pulmones de Shoto al instante, y al igual que su compañero, salió despedido por la fuerza del impacto, rodando por el suelo acolchado varios metros hasta detenerse.
Desde su esquina, Izuku apretó los dientes, haciendo una mueca de dolor puro y cerrando los ojos por reflejo, encogiéndose como si el izquierdazo de Endeavor y el derechazo a Bakugo se los hubieran dado a él.
-Ay… eso tuvo que doler… -susurró Izuku, anotando frenéticamente en su libreta la increíble capacidad de reacción del Héroe Número Uno.
Y así continuó la masacre durante horas. El sonido de explosiones, hielo rompiéndose y llamas rugiendo llenó la sala sin cesar.
Finalmente, el reloj de la pared marcó las 11:00 a.m.
-Es suficiente por hoy -dictaminó Endeavor, apagando el fuego de su traje y secándose una diminuta gota de sudor de la frente. Miró a los dos adolescentes que estaban tirados en el piso, jadeando buscando aire, y farfulló algo ininteligible por lo bajo sobre “falta de resistencia” antes de girarse y salir de la sala de entrenamiento rumbo a su oficina.
Apenas la puerta se cerró, Izuku corrió hacia sus compañeros.
Ayudó a Bakugo a sentarse. El rubio ceniza estaba tosiendo, con rasguños por todas partes, y apretaba los puños con frustración.
-¡Maldito viejo de mierda…! -maldecía Bakugo entre jadeos, escupiendo a un lado-. ¡La próxima vez le voy a volar esa maldita barba de fuego!
Luego, Izuku se acercó a Shoto, quien también estaba en el suelo. A diferencia de Bakugo, Shoto mantenía su habitual mirada estoica y carente de emociones, aunque su respiración agitada y la forma en que se sujetaba el estómago delataban el dolor del golpe.
-¿Estás bien, Todoroki-kun? -preguntó Izuku, tendiéndole una mano.
-Sí. Ha sido un entrenamiento productivo -respondió Shoto con total neutralidad, aceptando la mano de su amigo para ponerse de pie.
Ambos se tomaron media hora para descansar, beber agua y cambiarse los trajes destrozados por ropa casual. Una vez que recuperaron un poco de energía, los estómagos de Bakugo y Shoto comenzaron a rugir al unísono, haciendo eco con el ya habitual y voraz apetito que Izuku cargaba desde su alta médica.
-Vamos a tragar, estoy muerto -gruñó Bakugo, frotándose el hombro.
Los tres caminaron hacia la cafetería de la agencia. Al llegar y ver las opciones de comida, Bakugo sacó su billetera, soltando un chasquido de lengua al recordar que anoche había vuelto a perder miserablemente en el casino.
Fue entonces cuando Shoto metió la mano en su bolsillo y sacó una elegante tarjeta negra, con las palabras “ENJI TODOROKI” grabadas en brillantes letras doradas. Izuku la reconoció al instante; era exactamente la misma tarjeta (o una copia autorizada) que Fuyumi había usado en el supermercado para pagar la exorbitante cuenta de la cena.
-Yo pago hoy -anunció Shoto con su voz monótona-. Mi padre nos dio una golpiza unilateral. Lo mínimo que puede hacer es financiar nuestras calorías recuperativas con su tarjeta corporativa.
Al escuchar que Shoto iba a usar el dinero de Endeavor, una enorme, sádica y vengativa sonrisa se dibujó en el rostro de Bakugo.
-Oh, ¿conque invita el viejo? -sonrió el rubio con sorna, guardando su propia billetera-. Entonces voy a pedir hasta vaciar las reservas de este maldito lugar.
-¡M-Muchas gracias, Todoroki-kun! -agradeció Izuku, haciendo una pequeña reverencia.
Al ver la gratitud de su amigo, Shoto asintió y una pequeña, casi imperceptible sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
Pasaron por la barra y los chefs casi entran en pánico. Bakugo pidió los cortes de carne picante más caros del menú y cinco platos de curry. Shoto pidió varios tazones inmensos de soba frío y tempura premium. Pero Izuku se llevó el premio: su bandeja parecía una montaña inestable. Tazones de arroz, katsudon, pescado, pollo frito, ensaladas y postres se apilaban desafiando la gravedad.
Cuando llegaron a la mesa y se sentaron, Shoto y Bakugo detuvieron sus palillos en el aire. Ambos se quedaron mirando fijamente la montaña de comida que ocultaba casi por completo el rostro de Izuku.
Sintiendo el peso de ambas miradas escrutadoras, Izuku se sonrojó, rascándose la nuca nerviosamente.
-E-Es que… el doctor dijo que mi metabolismo celular está trabajando el triple para curar las heridas y… necesito mucha energía… -se justificó el peliverde, riendo torpemente.
Bakugo rodó los ojos y Shoto simplemente asintió como si esa fuera la explicación médica más lógica del mundo. Después de eso, los tres se centraron en lo verdaderamente importante: devorar la comida.
El almuerzo transcurrió en un silencio relativo. Bakugo comía con furia, imaginando que la carne era la cara de Endeavor, mientras Izuku hacía desaparecer platos a una velocidad aterradora.
Al cabo de veinte minutos, cuando finalmente estaban terminando, Shoto dejó sus palillos sobre la mesa. Limpió su boca con una servilleta, miró fijamente a Izuku y, con la misma naturalidad con la que preguntaría la hora, soltó una pregunta que congeló el tiempo.
-Midoriya… -habló Shoto con tono calmado-. ¿A ti te parece guapa mi hermana?
Izuku, que en ese preciso instante estaba tomando un largo trago de agua de su vaso, abrió los ojos de par en par.
¡COF, COF, PFFFFT!
Izuku se atragantó violentamente, tosiendo con tanta fuerza que casi escupe el agua sobre la cara de Bakugo. Se golpeó el pecho varias veces, con el rostro completamente rojo, intentando recuperar el aire mientras el pánico se apoderaba de su sistema nervioso. ¿Por qué Shoto le preguntaba eso de repente? ¿Acaso se había enterado de los besos? ¿Fuyumi le había dicho algo?
Una vez que logró calmar su ataque de tos, Izuku, con los ojos llorosos por el esfuerzo, miró desesperadamente hacia Bakugo, enviándole una señal de S.O.S. silenciosa. «¡Kacchan, ayúdame, por favor!», gritaban sus ojos esmeraldas.
Pero Bakugo, el autoproclamado estratega y conocedor de toda la situación amorosa de Izuku, tomó su vaso de jugo, giró la cabeza hacia la ventana y se hizo el sordo y el ciego, bebiendo lentamente e ignorando por completo la mirada de auxilio de su amigo de la infancia. «Es tu problema, bastardo suertudo. Resuélvelo tú», pensó el rubio con fastidio.
Viendo que su “amigo” lo había abandonado a su suerte en el campo de batalla, Izuku tragó saliva. Volvió su mirada hacia Shoto, quien seguía esperando la respuesta con una paciencia inquietante. El peliverde sabía que mentirle a Shoto era inútil, además, sus sentimientos por Fuyumi eran genuinos.
-E-Este… y-yo… -balbuceó Izuku, jugando nerviosamente con sus dedos sobre la mesa-. Sí, Todoroki-kun. Tu hermana, Fuyumi… es una chica muy, muy linda. De verdad me parece muy guapa.
Shoto escuchó la respuesta sincera del peliverde. No mostró ninguna emoción inmediata. Simplemente cerró sus ojos heterocromáticos y se sumió en sus pensamientos. Levantó su mano derecha y comenzó a masajearse el mentón lentamente, acariciando una barba imaginaria con la concentración de un filósofo resolviendo el mayor misterio del universo.
En la mente de Shoto, los engranajes giraban. Su hermana Fuyumi le había confesado estar enamorada de Izuku. Ahora, Izuku le acababa de confirmar que Fuyumi le parecía una chica hermosa. La ecuación era simple y perfecta. Su hermana se merecía la felicidad más que nadie en esa familia rota, e Izuku era el chico más bueno, fuerte y noble que Shoto conocía. Era su deber como hermano menor asegurar que esa unión se concretara, cortando cualquier rodeo innecesario.
Shoto dejó de masajearse la barba inexistente, abrió los ojos y miró a Izuku con una seriedad absoluta.
-Comprendo -dijo Shoto, asintiendo lentamente-. Si te parece guapa y tienes un buen concepto de ella… ¿Qué te parecería casarte con mi hermana?
El silencio que siguió a esas palabras fue tan denso que podría haber asfixiado a un elefante.
Izuku Midoriya se quedó literalmente congelado en el tiempo, como si el Don de hielo de Shoto lo hubiera impactado de lleno. Su cerebro dejó de funcionar. Su alma parecía haber abandonado su cuerpo por la impresión. ¡El hermano menor de Fuyumi le acababa de proponer matrimonio en su nombre!
A su lado, Katsuki Bakugo, que había estado fingiendo ignorar la conversación, escupió su jugo de vuelta al vaso. Los ojos carmesí del rubio explosivo se abrieron hasta límites inhumanos. Bakugo miró a Shoto con la mandíbula desencajada y una expresión de asombro y puro terror.
Bakugo no podía creerlo. ¡El bastardo mitad-y-mitad le estaba ofreciendo a su propia hermana en bandeja de plata al maldito nerd! Esto superaba cualquier maldito límite lógico que Bakugo hubiera calculado en sus estrategias. ¡El nivel de suerte y surrealismo en la vida amorosa de Izuku era, simple y sencillamente, un asombro total!
La Determinación de un Héroe
El silencio en la mesa de la cafetería era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo. Izuku Midoriya se quedó completamente congelado, con el vaso de agua a medio camino de sus labios.
«¿Qué te parecería casarte con mi hermana?». La pregunta de Shoto resonaba en su cabeza haciendo eco.
Izuku tragó saliva con fuerza, sintiendo un nudo en la garganta. Nunca en sus dieciséis años de vida se había puesto a pensar seriamente en el matrimonio, y mucho menos con Fuyumi Todoroki. Sabía que ella le gustaba, de eso estaba cien por ciento seguro. Que la amaba ya lo tenía tan claro como el agua pura en el fondo de su corazón. Pero ¿casarse con ella? Eso era un salto gigantesco hacia un futuro que apenas estaba empezando a vislumbrar.
Su mente, siempre analítica, comenzó a trabajar a la velocidad de la luz. Por un lado, tenía a Fuyumi, su refugio de paz, la mujer que lo había besado con devoción en el sofá de su casa y que le había prometido un jueves inolvidable. Por otro lado, estaba Nejire, la heroína deslumbrante que lo hacía sentir que podía volar, que le había confesado su amor en una cama y con la que tendría una cita en menos de veinticuatro horas.
Izuku apretó los puños bajo la mesa. Su corazón no le mentía: amaba a las dos. No era una simple atracción pasajera, ni un capricho adolescente. Las dos eran mujeres increíbles, maduras, fuertes, y cada una era especial a su manera. Ambas se habían metido en lo más profundo de su corazón y habían echado raíces allí.
Fue en ese preciso instante, bajo la mirada impasible de Shoto y la mirada aterrorizada de Bakugo, que Izuku Midoriya tuvo una epifanía. Se dio cuenta de algo crucial: no podía seguir huyendo. Estar con las dos en esta especie de limbo era increíble, sí, pero era una bomba de tiempo. Si seguía dejando que las cosas simplemente “fluyeran” por su propia indecisión, la bomba explotaría en cualquier momento y todos iban a salir lastimados.
No quería que Nejire sufriera. No quería ver a Fuyumi llorar. Y sabía que la única forma de evitarlo no era eligiendo y rompiéndole el corazón a una, sino teniendo el valor de ser absolutamente sincero consigo mismo y con ellas. Ya no huiría más. Iba a darles todo el amor que sentía a las dos, iba a enfrentar los problemas que eso conllevara de frente. Había sido pasivo durante mucho tiempo, dejando que ellas dieran el primer paso. Pero esta vez, él daría dos pasos hacia adelante.
Izuku dejó el vaso sobre la mesa. Su expresión asustadiza y nerviosa se desvaneció por completo. Levantó la vista y miró a Shoto a los ojos con una determinación tan fiera y brillante que hizo que tanto Shoto como Bakugo se enderezaran en sus asientos.
—Todoroki-kun —habló Izuku, su voz sonando profunda, segura y sin un solo tartamudeo—. Me parecería algo increíble. Casarse con Fuyumi sería un honor para cualquier hombre. Es una chica sumamente amable, una mujer increíblemente fuerte y hermosa, y su comida es la más deliciosa que he probado. Cualquiera sería el hombre más afortunado del mundo al estar a su lado.
Al terminar de hablar, no apartó la mirada. Estaba diciendo la verdad absoluta desde el fondo de su alma.
Shoto, escuchando las palabras cargadas de sinceridad de su amigo, cerró los ojos y una pequeña, casi imperceptible sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios. Su plan estaba funcionando a la perfección. Izuku no era indiferente hacia su hermana, al contrario, la valoraba muchísimo. Shoto decidió internamente que, cuando llegara a casa esta noche, le contaría cada palabra de esta conversación a Fuyumi; sabía que eso la haría inmensamente feliz.
A un lado, Katsuki Bakugo tenía una cara de confusión tan grande que parecía que su cerebro había sufrido un reinicio forzado. Miraba a Izuku con la boca ligeramente entreabierta. ¡¿Qué demonios acababa de pasar?! En cuestión de segundos, el nerd llorón había desaparecido y había sido reemplazado por un hombre seguro de sí mismo, capaz de responder a una propuesta de matrimonio de forma estoica y madura. Bakugo parpadeó varias veces, genuinamente asombrado por el crecimiento repentino de su amigo.
Sabiendo que había dejado las cosas claras, Izuku sonrió suavemente y, con una habilidad social que no poseía hace un mes, cambió de tema con naturalidad. —Por cierto, Kacchan, ¿cómo van las mejoras de tus guanteletes con el equipo de soporte de la agencia?
Y así, Izuku, Bakugo y Shoto continuaron almorzando, hablando de trajes, estrategias y varios temas más, disipando la tensión de la mesa.
El tiempo pasó volando. A las 2:30 p.m., Endeavor apareció en el vestíbulo con su traje de héroe en llamas, exigiendo a Bakugo y Shoto que se movieran. Los tres salieron por las puertas de cristal para comenzar su patrullaje vespertino por la ciudad.
Izuku, por su parte, se quedó en la agencia. Como aún estaba bajo descanso médico, decidió aprovechar el tiempo en lo que mejor sabía hacer. Sacó su libreta número quince y se dirigió a las salas de descanso de los héroes profesionales de la agencia. Llevaba varios días sin analizar dones, entre las batallas y el caos romántico, y ya le picaban las manos por escribir.
Pasó toda la tarde charlando animadamente con los sidekicks de Endeavor, como Burnin y otros héroes. Izuku analizaba sus Quirks con una velocidad aterradora, murmurando entre dientes y sugiriéndoles nuevas formas de aplicar sus poderes, ángulos de ataque que no habían considerado y mejoras para sus trajes. Los héroes profesionales lo escuchaban entre fascinados y un poco asustados por el nivel de detalle del joven peliverde. Fue una tarde productiva y relajante que le sirvió para despejar la mente de su alborotado corazón.
El reloj de la recepción marcó las 6:00 p.m.
Izuku estaba sentado en uno de los sofás del vestíbulo principal, esperando a que sus amigos regresaran del patrullaje para ir a cenar. De repente, las puertas automáticas se abrieron de golpe.
Endeavor, Bakugo y Shoto entraron al vestíbulo. Sin embargo, algo andaba terriblemente mal.
Los tres estaban cubiertos de pies a cabeza por algún tipo de pintura de colores extremadamente vibrantes. Había manchas amarillas y verdes, pero el color que dominaba absolutamente todo era un rosa chicle neón.
Endeavor tenía su llameante barba empapada en pintura rosa que misteriosamente no se quemaba; Bakugo tenía el cabello puntiagudo teñido de fucsia y goteando; y Shoto… bueno, Shoto seguía teniendo su cara impasible de siempre, aunque ahora la mitad de su rostro parecía un helado de fresa derretido.
La expresión de Endeavor y Bakugo era de pura furia homicida. Parecían querer tirar a alguien desde un tercer piso.
Todos los héroes, oficinistas y recepcionistas que estaban en el inmenso vestíbulo giraron la cabeza al unísono para ver a su imponente jefe y a sus dos prodigiosos pasantes convertidos en obras de arte moderno.
Endeavor notó las miradas. Una vena gruesa y palpitante le brotó en la frente manchada de rosa. —¡¿QUÉ ESTÁN MIRANDO?! —rugió el Héroe Número Uno con una voz que hizo temblar los ventanales—. ¡SIGAN CON SU TRABAJO INMEDIATAMENTE!
Como si hubieran ensayado, todos los presentes giraron la cabeza violentamente, tecleando en computadoras apagadas o mirando fijamente la pared, fingiendo que no habían visto absolutamente nada.
El trío colorido pasó justo por el lado del sofá donde estaba Izuku, caminando a paso pesado hacia los ascensores. Izuku, con los ojos muy abiertos por la curiosidad y la sorpresa, se levantó e intentó preguntar: —Kacchan, ¿qué les pa…?
Pero antes de que pudiera terminar la frase, Bakugo giró lentamente la cabeza hacia él. Sus ojos carmesí brillaban con una sed de sangre tan intensa que Izuku sintió un escalofrío. La mirada de Bakugo decía claramente: “Si valoras tu vida, no preguntes ni una maldita palabra”.
Izuku cerró la boca de golpe y asintió militarmente. Se quedó parado en silencio, viendo cómo los tres subían al ascensor, dejando un rastro de huellas rosas en el suelo pulido. Lo más seguro era que se dirigían a los baños de la agencia para intentar quitarse ese desastre con litros de solvente.
Después de ese cómico incidente, Izuku decidió que su día en las áreas comunes había terminado. Pasaron un par de horas; fue a su habitación, se dio una ducha relajante y se puso su pijama, dejándose caer en la suave cama.
Antes de dormir, tomó su teléfono móvil de la mesita de noche. El ícono de notificaciones estaba a reventar. Tenía mensajes del grupo de la Clase 1-A y varios mensajes personales de Fuyumi y de Nejire.
Primero abrió el chat grupal de la Clase 1-A. El chat era un caos; todos estaban mandando fotos de sus respectivas pasantías. Uraraka posaba con mina . Iida mandaba reportes formales de sus entrenamientos, y Kirishima enviaba selfies con Fatgum comiendo takoyaki. Izuku sonrió al ver a sus amigos bien. Escribió unas cuantas cosas, contándoles brevemente que se estaba recuperando y les deseó a todos el mejor de los éxitos y que se cuidaran mucho. Varios del grupo, incluyendo a Uraraka y a Iida, le respondieron deseándole una pronta recuperación.
Satisfecho, Izuku salió del grupo y abrió el chat de Fuyumi.
La profesora le había mandado varios mensajes preguntando cómo había estado su día, pero lo que hizo que el mundo de Izuku se detuviera fue la imagen adjunta.
Era una foto de Fuyumi en la cocina de su casa. Llevaba puesto un bonito delantal sobre su ropa, y estaba cortando verduras en una tabla. Sin embargo, no estaba mirando lo que hacía; estaba mirando directamente a la cámara. Tenía una sonrisa tan inmensa, cálida y una mirada tan llena de amor genuino, que Izuku sintió que el corazón se le derretía en el pecho.
Una profunda calidez lo inundó al verla. Se quedó contemplando la imagen por un largo rato, memorizando cada detalle de su rostro feliz. Pero entonces, su mente analítica notó un detalle: las dos manos de Fuyumi estaban ocupadas con el cuchillo y la verdura, y el ángulo de la foto era desde un lado. Ella no se había tomado una selfie. Alguien la había ayudado a tomar la foto.
«Lo más seguro es que haya sido Shoto…» dedujo Izuku, recordando la pequeña sonrisa de su amigo en la cafetería. ¿Shoto le habría contado a su hermana lo que dijo en la cafetería?.
Con el pecho lleno de cariño, Izuku tecleó su respuesta, contándole que su día había estado tranquilo, agradeciéndole por la hermosa foto y deseándole una muy bonita noche, recordándole cuánto ansiaba que llegara el jueves.
Finalmente, cerró el chat de Fuyumi y, con un suspiro de anticipación, abrió el chat de Nejire Hado.
Apenas entró, una auténtica avalancha de mensajes inundó la pantalla.
Nejire: ¡Izu-kun! ¡Izu-kun! ✨ Nejire: ¿Cómo estás? ¿Ya cenaste? Nejire: Oye, ¡no me has dicho qué tienes planeado para mañana! Nejire: ¿A dónde iremos? ¿Qué me pongo? ¿Llevo ropa deportiva o algo casual? Nejire: ¡Dimeeee, me muero de curiosidad! 😆
Izuku rió por lo bajo. Podía sentir la vibrante energía de la chica azul saliendo a través de la pantalla. Leyó todos los mensajes, bajando hasta el final, donde encontró una foto.
Era una imagen de Nejire volando en lo alto del cielo de la ciudad. Estaba haciendo una pose súper divertida y dinámica, flotando en el aire. Sus grandes ojos azules estaban llenos de esa inagotable energía y curiosidad por el mundo, y tenía una sonrisa tan brillante que, sin darse cuenta, hizo que Izuku también sonriera de oreja a oreja.

Al ver esa foto, que capturaba perfectamente la esencia salvaje, libre y hermosa de Nejire Hado, el corazón de Izuku comenzó a acelerarse con fuerza. Era un sentimiento diferente a la paz que le daba Fuyumi; Nejire era adrenalina pura, un fuego que lo impulsaba a ser mejor.
Sus dedos volaron sobre el teclado para responderle a todos sus mensajes. Le dijo que había cenado bien, que usara ropa muy cómoda y zapatos para caminar mucho, pero, fiel a la sorpresa que había planeado con Bakugo, no le reveló el destino.
Izuku: A dónde iremos mañana… ¡es un secreto! 😉 Prepárate para divertirte mucho. Buenas noches, Nejire.
Apenas Izuku envió el mensaje, vio en la parte superior de la pantalla el indicador: “Nejire está escribiendo…”. Ella tenía el teléfono en la mano en ese preciso instante. La emoción burbujeó en el estómago de Izuku; la cuenta regresiva para la gran cita oficial había comenzado.
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