Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 44
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Capítulo 44: UNA NOCHE CALIDA
Izuku cerró la puerta de su habitación con seguro, apoyando la frente contra la madera por un segundo. Soltó un largo suspiro, deseándole internamente a su explosivo amigo la mejor de las suertes en su cruzada ludópata, aunque sabía que las probabilidades matemáticas de que Kacchan regresara con el dinero eran casi nulas.
Sintiéndose completamente agotado por el torbellino emocional del día, Izuku arrastró los pies hasta su pequeño baño privado. Se quitó la ropa y se metió bajo el chorro de agua tibia, dejando que el cansancio de las misiones y, sobre todo, el estrés de su nueva y caótica vida amorosa, se escurrieran por el desagüe.
Una vez que terminó de ducharse, se secó el cabello con una toalla y se puso su pijama más cómodo, un conjunto holgado de algodón gris. Antes de dejarse caer en la cama, tomó su teléfono móvil de la mesita de noche. Abrió sus aplicaciones de mensajería y tecleó rápidamente.
Izuku a Nejire: Buenas noches, Nejire. Que descanses mucho. Nos vemos el miércoles. ✨
Izuku a Fuyumi: Buenas noches, Fuyumi. Espero que hayas tenido un lindo día en la escuela. Ya me voy a dormir para descansar. Que sueñes con los angelitos. 😴
Satisfecho de haber cumplido con sus deberes de “casi-novio” doble, Izuku bloqueó la pantalla. Al día siguiente era martes, y su plan maestro era absolutamente simple: no salir de la agencia, no meterse en problemas, y dormir todo lo que su cuerpo en curación le exigiera para tener energía de sobra para la gran cita del miércoles.
Se metió bajo las sábanas, cerró los ojos y, en menos de tres minutos, su respiración se volvió lenta y profunda.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, el reloj de pared marcaba exactamente las 10:00 PM.
En la inmensa y silenciosa residencia Todoroki, Fuyumi se encontraba de pie frente al espejo de cuerpo entero de su habitación. La joven profesora estaba increíblemente nerviosa, mordiéndose el labio inferior mientras se miraba de arriba a abajo.
Llevaba puesto su pijama, pero no el habitual conjunto conservador y abrigado que solía usar. Era una blusa de dormir de seda suave y ligera de color vino tinto. Y, siguiendo al pie de la letra los audaces (y peligrosos) consejos de su compañera de trabajo Mika, Fuyumi había tomado una decisión drástica: tenía los tres primeros botones de la blusa completamente desabrochados.
El resultado era innegable. La tela de seda se abría justo en el centro, revelando un escote profundo y generoso que dejaba muy poco a la imaginación, mostrando la hermosa figura que Fuyumi siempre solía esconder debajo de gruesos suéteres de cuello alto.
—«Creéme, los hombres, por más amables o despistados que sean, se vuelven locos si ven a la chica que les gusta usando algo provocativo…»
Las palabras de Mika resonaban en su cabeza como un mantra. Fuyumi tragó saliva, sintiendo que su rostro ardía a mil grados. Estaba a punto de acobardarse y abotonarse la blusa de nuevo, diciéndose a sí misma que esto era demasiado atrevido para ella, cuando un suave ding proveniente de su teléfono la interrumpió.
Fuyumi dio un pequeño saltito, caminó hacia su cama y tomó el aparato. Al ver que el mensaje era de Izuku, una enorme y radiante sonrisa iluminó su rostro. Sin embargo, cuando abrió el chat y leyó el contenido, su sonrisa se borró tan rápido como había aparecido.
“…Ya me voy a dormir para descansar. Que sueñes con los angelitos.”
¡Alarma roja! ¡Código de emergencia!
Fuyumi entró en pánico. ¡Izuku se iba a dormir! Si él se dormía ahora, todo su valor, la blusa de seda, los tres botones desabrochados y su audaz plan de seducción se irían directamente a la basura. ¡No podía permitir que la noche terminara así, no cuando Nejire Hado probablemente estaba ganando terreno!
«¡No te rindas, Fuyumi! ¡Tienes que llamarlo YA!», se ordenó a sí misma.
Movida por una determinación nacida de la pura competencia romántica, Fuyumi saltó sobre su cama. Rápidamente, se acostó boca abajo, apoyándose sobre sus codos. Acomodó un par de mullidas almohadas blancas debajo de su pecho para elevarse un poco. Revisó la cámara frontal de su teléfono: la posición era estratégicamente perfecta. La gravedad y el ángulo hacían que el escote de su blusa desabrochada fuera el centro de atención indiscutible, mostrando una vista privilegiada y absolutamente devastadora de sus “dos personalidades”.
Con el corazón latiéndole tan fuerte que temía que se escuchara por el micrófono, Fuyumi presionó el botón de “Videollamada” en el chat de Izuku.
Tuuu… tuuu… tuuu…
En la oscuridad de la habitación de la agencia, el teléfono de Izuku comenzó a vibrar y a iluminar la mesita de noche, emitiendo su rítmico tono de llamada.
Izuku se removió bajo las sábanas, soltando un quejido adormilado. Su cerebro estaba funcionando a un escaso 1% de su capacidad. Sin abrir los ojos, sacó una mano de la cama, tanteó la madera de la mesa hasta encontrar el aparato y deslizó el dedo por la pantalla de forma automática para contestar, pensando que tal vez era un mensaje de emergencia de Bakugo desde el casino.
Llevó el teléfono frente a su rostro y, parpadeando pesadamente contra el brillo de la pantalla, intentó enfocar la vista.
—¿Mmm…? ¿H-Hola…? —murmuró Izuku, su voz ronca, perezosa y arrastrando las palabras.
En la pantalla, la imagen tardó un segundo en enfocarse debido a la conexión. Pero cuando lo hizo…
—¡Hola, Izuku! Siento mucho llamarte tan tar… —comenzó a decir Fuyumi con una voz dulce y nerviosa.
Pero Izuku no escuchó el resto de la frase.
Su cerebro, que estaba casi en modo de hibernación, recibió la señal visual y, de golpe, pasó del 1% al 10.000% de capacidad en un milisegundo.
La pantalla de su teléfono le mostraba a Fuyumi Todoroki acostada en su cama, con el cabello blanco y rojo cayendo suavemente sobre sus hombros. Pero eso no fue lo que lo paralizó. Fue el ángulo. Fue la seda color vino. Y, sobre todo, fue el generoso, profundo y absoluto escote que reclamaba el 80% de la pantalla, revelando una cantidad de piel que Izuku nunca, ni en sus sueños más salvajes, había visto en la hermana mayor de su mejor amigo.
El tiempo se detuvo.
Izuku sentía que la temperatura de su cuerpo había subido unos diez grados en cuestión de milisegundos.
—I-Izuku… ¿estás ahí? —preguntó de nuevo Fuyumi desde la pantalla. Su voz era suave, con un ligero temblor que delataba sus propios nervios. Al ver que el chico no respondía y tenía los ojos abiertos como platos, se mordió el labio inferior. El rubor comenzó a teñir sus mejillas pálidas. Sabía exactamente a dónde estaba mirando él, y aunque una parte de ella quería cubrirse inmediatamente por la pura vergüenza, las palabras de su amiga Mika resonaron en su cabeza: «Los tendrás comiendo de la palma de tu mano».
Izuku parpadeó varias veces, intentando reiniciar su cerebro. Tragó saliva con tanta fuerza que le dolió la garganta. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, obligó a sus ojos esmeraldas a subir desde el hipnótico escote hasta los ojos grises de la joven profesora.
—A-Ah… E-Ehhh… Y-Yo… ¡F-Fuyumi-san! —fue el único sonido agudo que logró escapar de su garganta. Tosió un par de veces, intentando recuperar su voz normal, aunque su rostro seguía ardiendo como una antorcha—. ¡S-Sí! ¡Estoy aquí! L-Lo siento, es que… el brillo de la pantalla me deslumbró un poco al despertar.
Fuyumi soltó una pequeña risita nerviosa, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja. El simple movimiento hizo que la tela de seda se desplazara ligeramente, amenazando con mostrar aún más piel, lo que obligó a Izuku a clavar su mirada en el techo de su habitación por un microsegundo para mantener la cordura.
—Siento mucho haberte despertado, Izuku —dijo Fuyumi, su tono volviéndose un poco más íntimo—. Leí tu mensaje y… bueno, no quería que la noche terminara solo con un texto. Quería ver tu rostro antes de dormir.
Las palabras, tan directas y llenas de cariño, lograron que el pánico inicial de Izuku disminuyera un poco, siendo reemplazado por una calidez reconfortante en su pecho. Acomodó su propio teléfono, recostándose de lado en su cama, con la pantalla frente a él.
—No te preocupes, Fuyumi-san. Yo… yo también me alegro mucho de verte —respondió Izuku, esbozando una sonrisa tímida, aunque sus mejillas seguían teñidas de un rojo carmesí—. ¿Cómo estuvo tu día? En el mensaje te pregunté, pero preferiría escucharlo de ti.
Fuyumi sonrió, genuinamente feliz de que la conversación fluyera. Se acomodó un poco mejor sobre sus almohadas.
—Fue un día bastante agotador, pero lindo —comenzó a relatar ella, sus ojos grises brillando con esa vocación maternal que tanto la caracterizaba—. Los niños en la escuela estaban incontenibles hoy. Uno de mis alumnos, un niño de siete años llamado Kenji, trajo una pequeña rana que encontró en el jardín de su casa y la soltó en medio del salón durante la clase de matemáticas.
Izuku soltó una carcajada, imaginándose la escena. —¿Una rana? ¡Me imagino el caos!
—¡Fue un desastre! —rio Fuyumi, cubriéndose la boca elegantemente con una mano—. Las niñas gritaban, algunos niños intentaban atraparla, y Kenji lloraba porque decía que la íbamos a lastimar. Tuve que suspender la clase diez minutos para atrapar a la pobre ranita con una caja de zapatos y llevarla al jardín de la escuela. Terminé con el cabello hecho un desastre y tiza por toda mi ropa.
—Eres increíble, Fuyumi. Tienes una paciencia infinita —dijo Izuku, mirándola con profunda admiración—. Yo creo que, si enfrentara a veinte niños de primaria descontrolados, preferiría luchar contra un Nomu. Al menos al Nomu lo puedo golpear con un Smash.
Fuyumi estalló en una carcajada musical que resonó a través del altavoz del teléfono. A Izuku le encantaba ese sonido; era cristalino, lleno de vida y sin una pizca de las sombras que solían rodear a la familia Todoroki.
—Hablando de tiza y de la escuela… —continuó Fuyumi, sonriendo con ternura— hoy tuvimos clase de arte. Les pedí a los niños que dibujaran a su héroe favorito. Obviamente, muchos dibujaron a All Might, a Hawks o a mi padre. Pero… hubo una pequeña niña que hizo un dibujo con muchísimos crayones verdes. Cuando le pregunté quién era, me dijo que era un héroe qué vio hace unas semanas salvando a la gente con una gran sonrisa y que rompe cosas para proteger a todos. Te Dibujó a ti izuku .
Izuku se quedó sin aliento. Sus ojos se cristalizaron ligeramente. Escuchar que una niña pequeña lo veía como su héroe favorito era algo que siempre lograba tocar la fibra más sensible de su corazón.
—¿De… de verdad? —murmuró Izuku, con la voz quebrada por la emoción.
—De verdad —asintió Fuyumi, mirándolo con un amor innegable—. Eres una inspiración para mucha gente, Izuku. Incluso para aquellos que aún son muy pequeños. Estoy muy orgullosa de ti.
Un silencio cómodo y cargado de afecto se instaló entre los dos. Izuku sentía que estaba flotando en una nube. La conexión que tenía con Fuyumi era tan profunda, tan pacífica y sanadora.
Pero, repentinamente, Fuyumi recordó su misión principal. La charla tierna era maravillosa, pero Mika le había dejado claro que, si quería ganar terreno frente a la heroína profesional que rodeaba a Izuku, necesitaba añadirle “fuego” a la relación. Tenía que ser coqueta. Tenía que provocarlo.
Fuyumi tragó saliva, reuniendo todo su valor.
—Oye, Izuku… —dijo Fuyumi, cambiando su tono de voz por uno ligeramente más ronco y juguetón—. Ya que estamos hablando de cosas de la escuela, ¿sabes qué es lo que más me gusta de ser profesora? Que me sé muchísimos chistes malos. ¿Quieres escuchar uno?
Izuku parpadeó, sorprendido por el repentino cambio de tema, pero asintió con entusiasmo. —¡Claro! Me encantan los chistes.
—A ver… —Fuyumi se aclaró la garganta, intentando poner una cara muy seria, lo cual solo la hacía lucir más adorable—. ¿Qué le dice un semáforo a otro semáforo?
Izuku lo pensó por un segundo, frunciendo el ceño. —Mmm… ¿No cruces todavía?
—¡No! —rio Fuyumi—. Le dice: “¡No me mires, que me estoy cambiando!”
Fuyumi estalló en risas por su propio chiste, e Izuku no pudo evitar contagiarse, soltando una carcajada genuina. Era un chiste malísimo, nivel de papá, pero viniendo de Fuyumi, era lo más gracioso del mundo.
—¡Es malísimo, Fuyumi-san! —rio Izuku, agarrándose el estómago.
—¡Lo sé, lo sé! Pero ahora es tu turno. Tienes que contarme uno mejor —lo desafió ella, apoyando el mentón en sus manos y acercando su rostro a la cámara, lo que hizo que la vista del escote de la blusa de seda fuera aún más prominente.
Izuku apartó la mirada rápidamente, su cerebro buscando en su base de datos algún chiste heroico que no fuera tan patético.
—Bien, bien. Aquí va uno —dijo Izuku, aclarando su garganta y adoptando una pose dramática—. ¿Cuál es el colmo de un héroe con Don de agua?
Fuyumi ladeó la cabeza, pensativa. —¿Mmm… no saber nadar?
—¡Ahogarse en un vaso de agua! —remató Izuku, levantando un dedo al aire.
Fuyumi soltó una carcajada fuerte, tapándose la boca. —¡Ese es incluso peor que el mío, Izuku! ¡Es terrible!
—¡Oye, es un clásico en la agencia de manuales de héroes! —se defendió él, riendo junto a ella.
El ambiente se había vuelto increíblemente ligero y divertido. Ambos reían, relajados, disfrutando de la simple y pura compañía del otro a través de la pantalla.
Pero entonces, Fuyumi decidió que era el momento de lanzar el ataque definitivo. El momento de poner en práctica las enseñanzas de Mika.
Lentamente, Fuyumi dejó de reír. Su mirada se volvió un poco más intensa, más oscura, fijándose en los ojos esmeraldas del chico a través de la pantalla. Con un movimiento deliberadamente lento, pasó una mano por su cuello, apartando su cabello blanco y rojo hacia un lado, dejando completamente expuestos su hombro pálido y la clavícula, resaltando el contraste con la seda vino tinto.
—Uff… de repente hace un poco de calor aquí en mi cuarto, ¿no crees? —murmuró Fuyumi, su voz bajando a un susurro seductor.
Izuku, que aún tenía una sonrisa en el rostro por el chiste, se quedó congelado. Notó el cambio de tono de inmediato. Sus ojos bajaron involuntariamente hacia el cuello de Fuyumi, luego hacia el escote que parecía haberse abierto un milímetro más con su movimiento, y finalmente volvieron a sus ojos grises, que lo miraban con una intensidad ardiente.
—Sabes, Izuku… —continuó Fuyumi, deslizando un dedo por el borde de su blusa, rozando peligrosamente su propia piel—. La casa está tan silenciosa a esta hora. Papá y Shoto ya están durmiendo, y Natsuo no está. Mi cama es… demasiado grande para mí sola. Se siente un poco solitaria. A veces desearía tener a alguien aquí… alguien cálido a quien poder abrazar en estas noches frías.
El aire abandonó los pulmones de Izuku. Su cerebro de héroe, que normalmente procesaba mil variables por segundo en combate, se detuvo por completo ante el impacto directo de esa indirecta. No era sutil. No era un comentario inocente. Era una provocación en toda regla.
Fuyumi Todoroki lo estaba seduciendo.
El corazón de Izuku comenzó a martillar contra sus costillas con la fuerza de un motor a reacción. El sudor frío se acumuló en su nuca y su frente. La habitación de la agencia, que hasta hace unos minutos estaba a una temperatura perfecta, de repente se sentía como el interior de un volcán activo.
Izuku se sentía increíblemente caliente. Y no era solo por la temperatura. Ver a la chica que le gustaba, a la mujer a la que había besado con tanta pasión, insinuándose de esa manera tan directa y vistiendo de forma tan provocativa, encendió un fuego salvaje en su interior. Sus hormonas de adolescente, sumadas al profundo amor y deseo que sentía por ella, crearon un cóctel explosivo.
En la pantalla, Fuyumi también estaba librando su propia batalla. Por fuera, mantenía la mirada seductora y la pose atrevida, pero por dentro, estaba a punto de sufrir un colapso nervioso. ¡Nunca en su vida había hecho algo así! ¡Se sentía tan expuesta, tan atrevida! Su propio corazón latía a mil por hora, y un calor se acumulaba en su vientre. Saber que Izuku la estaba mirando con tanto deseo, que sus ojos se oscurecían al ver su escote, la hacía sentir increíblemente poderosa, pero también la ponía sumamente caliente y nerviosa.
Izuku tragó saliva. Su mente analítica comenzó a procesar la situación. Hace unos meses, el antiguo “Deku” habría tartamudeado incontrolablemente, se habría puesto rojo como un tomate maduro, habría soltado alguna excusa patética y habría colgado la llamada por puro pánico.
Pero Izuku había cambiado. Las duras batallas, el enfrentamiento cara a cara con la muerte y, sobre todo, las intensas experiencias de los últimos días con Fuyumi y Nejire, lo habían hecho madurar. Se dio cuenta, con una claridad asombrosa, de lo que estaba pasando. Fuyumi no estaba siendo inocente; estaba marcando territorio. Estaba compitiendo. Estaba ofreciéndole todo de sí misma para ganar su corazón.
Y si ella estaba dispuesta a jugar ese juego de seducción… él no iba a ser un cobarde y huir. Iba a demostrarle que ya no era un niño asustadizo el había madurado .
Izuku respiró hondo, intentando controlar el temblor de sus manos. Enderezó su postura en la cama, apoyándose en la cabecera, y miró fijamente a la cámara con una expresión que Fuyumi rara vez le había visto. No era la mirada dulce e inocente de siempre; era la mirada firme, oscura y decidida del héroe que estaba dispuesto a tomar lo que deseaba.
—Tienes toda la razón, Fuyumi… —dijo Izuku, su voz sonando sorprendentemente grave, áspera y cargada de una intención que hizo que Fuyumi diera un respingo—. De repente hace muchísimo calor. La temperatura subió de golpe.
Fuyumi parpadeó, un poco desconcertada por el repentino cambio en el aura de Izuku. Esperaba que él se sonrojara y balbuceara, no que le respondiera con esa voz tan profunda y varonil. —¿I-Izuku?
—De hecho, hace tanto calor que me estoy asfixiando con esta pijama —continuó Izuku, sin apartar la mirada de la pantalla.
Y entonces, frente a los ojos atónitos de Fuyumi, Izuku Midoriya levantó ambas manos, agarró el dobladillo inferior de su camiseta gris de pijama y, con un movimiento fluido y decidido, se la quitó pasándola por encima de su cabeza, arrojándola a un lado de la habitación.
La respiración de Fuyumi se detuvo en seco. Sus ojos grises se abrieron de par en par, y su boca formó una pequeña ‘O’ de pura y absoluta incredulidad.
El teléfono de Izuku estaba apoyado en sus rodillas, iluminando su torso desnudo. Y la vista que Fuyumi tenía frente a ella era suficiente para volver loca a cualquier mujer.
Bajo la tenue luz de la pantalla, el cuerpo de Izuku Midoriya era una obra maestra esculpida por el sufrimiento, el entrenamiento infernal y el poder bruto. No era el cuerpo de un adolescente normal. Sus hombros eran anchos y poderosos. Sus pectorales estaban firmemente definidos. Su abdomen mostraba un six-pack perfectamente marcado, duro como el acero, que se flexionaba con cada respiración agitada del chico. Sus brazos, especialmente el derecho, estaban surcados por las pálidas cicatrices de sus antiguas batallas, marcas de su valentía y su sacrificio, que, lejos de verse feas, le daban un aire salvaje, masculino y sumamente atractivo.
La musculatura de Izuku estaba en su punto máximo, brillando ligeramente por una fina capa de sudor provocada por el nerviosismo extremo que aún bullía en su interior.
Izuku se pasó una mano por su rebelde cabello verde, despeinándolo aún más, y miró a la cámara.
—Uff… mucho mejor —dijo Izuku, esbozando una sonrisa de medio lado, una sonrisa que tenía un innegable toque de arrogancia coqueta, aprendida involuntariamente de tanto observar a Bakugo—. ¿Te molesta si hablamos así, Fuyumi? Es que, como dijiste… hace demasiado calor esta noche.
El contraataque fue devastador. La mesa se había volcado por completo.
Si Fuyumi pensó que ella tenía el control de la situación con su blusa desabrochada, estaba total y absolutamente equivocada. El cazador se había convertido en la presa.
El rostro de la joven profesora estalló en llamas. Un color escarlata tan profundo que parecía irreal cubrió sus mejillas, su cuello e incluso su escote. Su cerebro sufrió un cortocircuito catastrófico. Sus ojos viajaban frenéticamente desde los definidos abdominales de Izuku hasta las cicatrices de sus brazos, y luego a su rostro, que la miraba con esa intensidad .
Se sentía increíblemente caliente. Jamás en su vida había visto a Izuku sin camisa de esa manera tan íntima. Siempre lo veía con su enorme traje de héroe o con camisetas holgadas que ocultaban el verdadero físico que escondía. Ver a ese dulce chico convertido en un hombre de proporciones tan masculinas y atractivas la dejó sin palabras.
—I-I-Izuku… t-tú… estás… t-te ves… —balbuceaba Fuyumi, incapaz de articular una oración coherente. Llevó ambas manos a su rostro, intentando ocultar su vergüenza, pero dejando un espacio entre sus dedos para seguir mirando sin disimulo—. T-Te ves increíblemente… e-en forma.
Izuku sintió que el corazón le daba un salto de pura victoria y alivio. Por dentro, estaba gritando de pánico: «¡Oh Dios mío, me quité la camisa frente a Fuyumi! ¡¿Qué acabo de hacer?! ¡me mata por exhibicionista!». Pero por fuera, mantenía la compostura, disfrutando de la reacción que había logrado arrancar de la mujer mayor.
—Gracias, Fuyumi. El entrenamiento con Endeavor-san y los combates reales han dado sus frutos —respondió Izuku, inclinándose un poco más hacia la cámara, flexionando involuntariamente sus pectorales—. Aunque… no creo que mi físico se compare con lo hermosa que te ves tú esta noche. Ese color vino tinto resalta maravillosamente con tu piel pálida.
El halago directo, combinado con la vista de su torso desnudo, fue el golpe de gracia para el corazón de Fuyumi. Soltó un pequeño gemido ahogado y se dejó caer de espaldas sobre sus almohadas, apartando la cámara por un segundo para tomar aire, sintiendo que iba a desmayarse allí mismo por la sobrecarga de emociones.
Mika tenía razón en que los hombres enloquecían con la provocación, pero Mika jamás le advirtió que el chico despistado podía contraatacar con un arma de destrucción masiva en forma de un abdomen de acero.
Tras unos segundos de respiración profunda, Fuyumi volvió a tomar el teléfono. Su rostro seguía ardiendo, pero sus ojos brillaban con una mezcla de adoración, deseo puro y una determinación renovada. El juego de seducción había escalado, y ella no iba a retroceder ahora que tenía la atención total y absoluta del héroe que amaba.
Se acomodó de nuevo boca abajo, esta vez un poco más cerca de la cámara. Su blusa se abrió un poco más, pero a ninguno de los dos pareció importarle. La intimidad que compartían en esa videollamada era eléctrica.
—Izuku… —llamó Fuyumi. Su voz aún temblaba un poco, pero estaba cargada de una dulzura y una promesa que hicieron que Izuku se estremeciera—. Eres un chico lleno de sorpresas. No esperaba… no esperaba que hicieras eso. Me dejaste sin aliento.
Izuku tragó saliva, sintiendo que la boca se le secaba. —Tú empezaste, Fuyumi. Solo te estaba siguiendo el ritmo.
Fuyumi sonrió, una sonrisa pequeña, íntima y cargada de afecto. Se mordió el labio inferior, reuniendo el último remanente de valor que su sangre Todoroki le otorgaba. Tenía que cerrar la noche con un movimiento estratégico que asegurara su victoria frente a cualquier plan que Nejire Hado pudiera tener en el futuro.
Había revisado el calendario de la escuela y las fechas de la pasantía de Izuku. Sabía que el tiempo se agotaba.
—Izuku… —comenzó Fuyumi, su mirada fijándose profundamente en los ojos esmeraldas del peliverde—. Quería preguntarte algo muy importante.
—Dime, Fuyumi. Lo que sea —respondió él, acercando su propio rostro a la pantalla, completamente hipnotizado por ella.
—Mi escuela… la escuela primaria donde trabajo, va a cerrar este jueves —explicó Fuyumi, hablando un poco más rápido por los nervios—. Tienen que hacer unas remodelaciones urgentes en el sistema de tuberías de agua y en la calefacción de todo el edificio. Por seguridad, suspendieron las clases. Así que… tengo todo el día libre el jueves.
Izuku asintió lentamente, procesando la información, pero sin entender aún a dónde quería llegar. —Oh, eso suena a un buen descanso para ti. Sé lo agotador que es lidiar con los niños todos los días.
Fuyumi tragó saliva, sus dedos apretando los bordes de su teléfono.
—Sí… pero lo que pensaba es que… el jueves también es el último día de tu descanso médico obligatorio por tus heridas, ¿verdad? El viernes vuelves a las patrullas con mi padre.
Izuku parpadeó. Era cierto. El doctor le había recetado cuatro días. hoy fue el primero y el jueves sería su último día libre antes de volver al infierno del entrenamiento intensivo y las calles peligrosas.
—Sí, así es. El jueves es mi último día libre —confirmó Izuku.
Fuyumi respiró hondo. Este era el momento. El todo o nada.
—Entonces… —Fuyumi bajó la mirada por un segundo, sintiendo que su corazón latía en sus oídos, y luego volvió a mirarlo con una vulnerabilidad y un anhelo que derretirían el hielo más grueso—. Izuku, me gustaría invitarte a mi casa este jueves. Por la mañana.
Izuku se quedó callado, escuchando atentamente.
—Papá y Shoto tienen patrullajes intensivos ese día, no llegarán hasta muy entrada la noche —continuó Fuyumi, su voz bajando a un susurro casi secreto—. Natsuo tiene exámenes finales en la universidad, así que se quedará a dormir en la biblioteca del campus. La casa… la casa estará completamente vacía. Solo estaremos tú y yo.
Las palabras cayeron sobre Izuku con el peso de una tonelada de ladrillos. La casa inmensa. Completamente vacía. Solo él y Fuyumi Todoroki. El jueves. El día justo después de su cita con Nejire. El destino y los horarios parecían estar tejiendo una red de situaciones tan complejas e íntimas que lo dejarían sin escapatoria.
—Y-Yo… —balbuceó Izuku, la confianza de su cuerpo desnudo flaqueando un poco ante la enormidad de la invitación.
—Por favor, Izuku —le suplicó Fuyumi con voz suave, acercando su rostro a la cámara, sus ojos grises brillando con súplica—. Podemos cocinar juntos. Te puedo preparar ese Nikujaga que tanto te gusta para el almuerzo, o puedes enseñarme tu receta secreta. Podemos ver películas en la sala, platicar tranquilos sin que nadie nos interrumpa… y…
Fuyumi se detuvo, mordiéndose el labio y bajando la mirada hacia el escote de su propia blusa de seda antes de volver a mirar el musculoso pecho de Izuku.
—Y tal vez podamos… continuar lo que empezamos hoy en la mañana en mi sofá… pero sin taxis ni bocinas que nos interrumpan.
La bomba atómica había sido lanzada.
El cerebro de Izuku se reinició por tercera vez en la noche. La imagen de Fuyumi besándolo apasionadamente en el sofá, entrelazando sus manos, y la promesa explícita de repetir e incluso avanzar en ese momento íntimo en una casa vacía, fue demasiado para su pobre sistema nervioso.
Un hilo de vapor imaginario pareció salir de las orejas del peliverde. Toda la sangre de su cuerpo se precipitó hacia su rostro (y hacia otras partes de su anatomía que prefirió ignorar desesperadamente).
Fuyumi estaba jugando sus mejores cartas. Mika estaría llorando de orgullo en ese momento. La profesora no solo le estaba ofreciendo un día de paz y comida hogareña, sino también una promesa de intimidad y romance que cualquier chico de la edad de Izuku aceptaría sin pensarlo dos veces.
Izuku miró a la chica en la pantalla. Vio el nerviosismo en sus ojos, el rubor que aún cubría sus mejillas, y el inmenso amor que irradiaba por él. No importaba lo mucho que su corazón estuviera dividido o el caos que se avecinara; Izuku Midoriya jamás podría decirle que no a Fuyumi Todoroki.
Respirando hondo para calmar el latido errático de su corazón, Izuku asintió con firmeza, esbozando la sonrisa más cálida y genuina de la noche.
—Me encantaría, Fuyumi—respondió Izuku, su voz suave pero llena de seguridad—. Iré a tu casa el jueves por la mañana. Pasaremos todo el día juntos. Solo tú y yo.
La respuesta fue mágica. La tensión y el miedo al rechazo abandonaron el cuerpo de Fuyumi al instante. Una sonrisa tan radiante, hermosa y cargada de pura felicidad se dibujó en sus labios, haciendo que a Izuku le doliera el pecho de lo linda que se veía.
Fuyumi sintió que había ganado la lotería. Había asegurado un día entero con él, a solas. Nejire podía tener el miércoles, pero ella tendría el jueves, en el terreno donde era invencible: su propio hogar, ofreciéndole calidez, comida y sus propios sentimientos desbordados.
—¡Es una promesa, Izuku! —dijo Fuyumi, su voz vibrando de alegría—. Te estaré esperando. Prepararé todo para que sea un día perfecto.
—Sé que lo será, Fuyumi—respondió él, sin dejar de mirarla a los ojos.
Ambos se quedaron en silencio por unos segundos, simplemente observándose a través de la pantalla. La tensión sexual de hace unos minutos se había transformado en un cariño profundo y una anticipación electrizante por lo que vendría. Ambos estaban respirando de forma ligeramente agitada, con los corazones latiendo al unísono a kilómetros de distancia.
—Bueno… creo que ya es hora de que intentes dormir, héroe —susurró Fuyumi, con un tono maternal pero acariciador—. Tienes que descansar tu cuerpo para que termines de curarte.
Izuku asintió, aunque la idea de dormir después de tanta adrenalina y con su propio cuerpo tan alterado le parecía imposible.
—Tú también debes descansar, Fuyumi. Tienes clases mañana —dijo Izuku, resistiéndose a la idea de colgar.
—Sí… —Fuyumi suspiró suavemente—. Buenas noches, Izuku. Gracias por… por todo. Eres maravilloso. Y, por cierto…
Fuyumi le dedicó una última mirada cargada de picardía, bajando sus ojos grises hacia la pantalla de su propio teléfono, admirando el físico del chico.
—Deberías dormir sin camisa más seguido. Te queda muy bien. Que sueñes conmigo.
Y, antes de que Izuku pudiera procesar el atrevido comentario o balbucear una respuesta coherente frente a semejante ataque final, Fuyumi lanzó un beso a la cámara y cortó la videollamada.
La pantalla del teléfono de Izuku se volvió negra, reflejando su propio rostro, completamente rojo y estupefacto.
La habitación volvió a sumirse en el silencio y la oscuridad. Izuku dejó caer el teléfono sobre el colchón y se cubrió el rostro con ambas manos. Su respiración era pesada, y su pecho desnudo subía y bajaba con rapidez.
—Por el amor de All Might… —susurró Izuku para sí mismo, sintiendo que la cabeza le daba vueltas.
Se dejó caer de espaldas sobre las sábanas, mirando el techo blanco. Su mente era un caos absoluto de imágenes, sensaciones y planes a futuro.
El miércoles tenía una cita en el acuario y en un parque de diversiones con Nejire Hado, una de las chicas más bellas, enérgicas y poderosas que conocía, y que le había confesado su amor besándolo en una cama.
Y el jueves… el jueves pasaría todo el día encerrado a solas en la enorme residencia Todoroki con Fuyumi, la mujer cálida, amorosa y sorprendentemente seductora que acababa de alterar su cordura por completo a través de una videollamada, y con quien había prometido repetir sus besos.
La guerra por su corazón no solo había comenzado; estaba escalando a niveles nucleares, y ambas combatientes estaban utilizando artillería pesada.
Izuku se pasó una mano por el cabello verde, sintiendo una mezcla de terror absoluto, culpa aplastante, pero también, y no lo podía negar, una felicidad inmensa y una emoción abrumadora.
Se acurrucó en la cama, abrazando la almohada, sabiendo que esa noche sería larga. Entre los nervios por la cita con Nejire, la anticipación por el día a solas con Fuyumi, y la constante preocupación de que Bakugo estuviera en ese mismo instante perdiendo el dinero prestado de Yaoyorozu en la ruleta de un casino clandestino, dormir iba a ser el desafío más difícil de toda su carrera heroica.
Pero mientras cerraba los ojos, una cosa era segura: la vida de Izuku Midoriya jamás volvería a ser aburrida.
AUTOR: puse los mejores chistes que me sabia ,si tienen un buen chiste dejen un comentario para un futuro capitulo
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com