Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 8
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8: Confesiones de Medianoche 8: Confesiones de Medianoche A pesar del chantaje de Bakugo, el vínculo con Fuyumi no se limitaba a los almuerzos furtivos.
El papel con su número de teléfono se había convertido en un portal a largas horas de insomnio.
Cada noche, alrededor de las 10:00 PM, cuando el cuerpo de Izuku exigía descanso, su teléfono vibraba.
Y comenzaba el ritual.
Fuyumi (22:15): Hola, Izuku-kun.
¿Fue muy duro el entrenamiento hoy?
Papá regresó a casa de muy mal humor, supuse que fue un día pesado en la agencia.
Izuku (22:17): ¡Hola, Fuyumi-san!
Sí, estuvimos practicando rescate en estructuras colapsadas con fuego simulado.
Pero estoy bien.
¿Qué tal tu día en la escuela?
Las conversaciones, que al principio eran torpes y llenas de disculpas por tardar en responder, evolucionaron hacia una profundidad que sorprendió a Izuku.
Nunca había tenido una amiga con la que pudiera hablar de cosas que no fueran quirks, análisis de villanos o estrategias de combate.
Fuyumi no era una heroína; era una maestra de escuela primaria.
Su mundo estaba lleno de niños, tizas, planificaciones y el constante y pesado silencio de la casa Todoroki.
Después de 2 semanas de escribirse ,Una noche, cerca de la 1:00 AM, la conversación tomó un giro más íntimo.
Fuyumi (00:45): A veces siento que mi vida está estancada, Izuku-kun.
Shoto se convertirá en un gran héroe.
Natsuo está en la universidad haciendo su vida.
Papá es el Número Uno.
Y yo…
yo solo estoy aquí, intentando mantener un comedor donde todos se sienten juntos a comer, sabiendo que en el fondo nadie quiere estar ahí.
¿Suena muy egoísta querer algo más?
Izuku leyó el mensaje iluminado por la pantalla de su teléfono en la oscuridad de su habitación.
Sintió un pinchazo en el corazón.
Él entendía lo que era sentirse inútil, lo que era ser ignorado en un mundo de superhéroes.
Se sentó en la cama y comenzó a teclear con ambas manos.
Izuku (00:52): No es egoísta, Fuyumi-san.
En absoluto.
Creo que tu trabajo es igual de heroico.
Estás moldeando las mentes de los niños antes de que el mundo los endurezca.
Y en cuanto a tu familia…
estás intentando curar heridas que llevan años abiertas.
Eres el pegamento que evita que todo se rompa del todo.
Pero tienes derecho a querer tu propia felicidad, tus propios sueños.
Eres una persona increíble, Fuyumi-san, no solo “la hermana de Shoto” o “la hija de Endeavor”.
Del otro lado de la ciudad, Fuyumi leyó el mensaje y una lágrima silenciosa rodó por su mejilla, cayendo sobre la pantalla.
Nadie, en toda su vida, le había dicho palabras tan validadoras.
Nadie la había visto a ella de esa manera.
Fuyumi (01:05): Gracias, Izuku.
No sabes cuánto significan esas palabras para mí.
Contigo me siento en paz.
Buenas noches, descansa.
Izuku se durmió esa noche con una sonrisa boba en el rostro.
Su relación con Fuyumi se estaba convirtiendo en un refugio emocional, un ancla de paz y madurez en medio de su caótica vida de héroe en entrenamiento.
Pero su corazón, caprichoso y adolescente, no se conformaba con la paz.
También buscaba la tormenta.
El segundo mundo secreto de Izuku se desarrollaba bajo la brillante luz del sol, en los altos pisos de cristal de la Agencia de Ryukyu.
Cada vez que Endeavor lo enviaba a entregar documentos, los reportes nunca llegaban directamente a las manos de Ryukyu.
Siempre, sin falta, Nejire Hado lo interceptaba.
Y la relación entre ellos estaba avanzando a una velocidad vertiginosa, impulsada por la personalidad arrolladora de Nejire y su total falta de respeto por las convenciones del espacio personal.
Era un jueves por la tarde.
Izuku caminaba por el pasillo del piso 40, buscando la oficina de archivos, cuando sintió una ráfaga de viento sobre su cabeza.
Antes de que pudiera alzar la vista, sintió un peso extra sobre su espalda, unas piernas envolviéndose alrededor de su cintura y unos brazos rodeando su cuello desde atrás.
—¡Adivina quién soy!
—exclamó una voz enérgica junto a su oído izquierdo.
Izuku se tambaleó, su rostro estallando en llamas.
Podía sentir la suavidad del traje de héroe de Nejire presionado contra su espalda, recordando vívidamente el incidente de la brea.
—¡N-N-Nejire-senpai!
¡E-Eres tú!
—¡Ding, ding, ding!
¡Acertaste, Izuku-kun!
—Nejire flotó hacia arriba, soltándolo, pero en lugar de alejarse, se quedó suspendida frente a él, boca abajo, con su rostro a la altura del de Izuku.
Su largo cabello azul caía como una cascada sobre los hombros del chico.
—¡Hola!
¿Trajiste más papeles aburridos del viejo de fuego?
—preguntó ella, extendiendo una mano y tocando con curiosidad las cicatrices de la mano derecha de Izuku—.
Oye, la otra vez estuvimos hablando de cómo controlas tu energía, pero nunca te pregunté por estas marcas.
¿Te duele cuando usas tu Don al cien por ciento?
¿Se sienten rígidas en invierno?
¿Te aplicas crema hidratante o necesitas un ungüento médico especial?
Izuku tragó saliva.
La cercanía de Nejire siempre lo desarmaba.
Era como un huracán de energía positiva y curiosidad infantil, pero empaquetada en el cuerpo de una mujer joven, atlética y despampanante.
—B-Bueno, ya no me duelen tanto, Nejire-senpai.
Recovery Girl me ayudó mucho.
Y…
sí, se ponen un poco rígidas con el frío.
Nejire, todavía flotando boca abajo, tomó la mano derecha de Izuku entre las suyas.
Las manos de ella eran suaves pero firmes.
Las acercó a su rostro y las observó detenidamente, trazando las líneas de las cicatrices con el pulgar.
—Es el mapa de todas las personas que has salvado —dijo ella, su tono juguetón desapareciendo repentinamente, reemplazado por una admiración genuina—.
Eres increíble, Izuku-kun.
Te rompes a ti mismo para que otros no se rompan.
Izuku se quedó sin aliento.
Cuando Nejire lo miraba con esos ojos azules, tan grandes, tan profundos y exentos de cualquier burla o lástima, Izuku sentía que podía volar sin necesidad de One For All.
La relación física entre ellos se volvió natural de forma aterradora.
Nejire, que por lo general trataba a todos con una curiosidad clínica, había encontrado en Izuku algo diferente.
Empezó a buscar excusas para tocarlo.
Si estaban revisando un mapa, ella apoyaba su barbilla en el hombro de Izuku.
Si él se sentaba a esperar a Ryukyu, ella se sentaba a su lado en el sofá, pegando su muslo al de él, jugando distraídamente con los rizos verdes de su nuca.
Izuku, que había crecido siendo evitado y molestado, se sentía abrumado por este tsunami de afecto físico y atención.
Y lo más peligroso de todo: se estaba acostumbrando a ello.
Le estaba gustando demasiado.
El punto de inflexión con Nejire llegó 2 semanas después una tarde de viernes.
La primavera estaba en su apogeo.
Izuku había entregado un pesado informe sobre las operaciones de patrullaje conjuntas y Ryukyu le pidió que esperara mientras firmaba las actas.
—¡Izuku-kun, ven conmigo!
¡Tengo algo que enseñarte!
—Nejire apareció de la nada, lo tomó de la muñeca (un agarre firme y cálido) y comenzó a tirar de él hacia las escaleras de emergencia.
—¡P-Pero senpai, Ryukyu-san dijo que esperara aquí!
—¡Bah, ella tardará una hora leyendo eso!
¡Sígueme!
Subieron cinco pisos corriendo hasta llegar a la puerta metálica que daba a la azotea.
Nejire la empujó con el hombro y salieron al exterior.
El viento sopló con fuerza, agitando el cabello de ambos.
La azotea de la Agencia Ryukyu era inmensa y estaba decorada con jardines de techo y luces esféricas.
Pero lo que realmente cortaba la respiración era la vista.
El sol se estaba poniendo sobre el horizonte de la ciudad, tiñendo el cielo de un espectáculo de colores: violetas, naranjas intensos, dorados y un azul profundo que se resistía a desaparecer.
—Wow…
—susurró Izuku, caminando hacia la barandilla de cristal y apoyando las manos en ella—.
Es hermoso.
Nejire caminó hasta su lado.
Por una vez, no estaba flotando.
Estaba de pie sobre el concreto firme, a su lado.
Se apoyó en la barandilla y miró la ciudad bañada en luz dorada.
—Este es mi lugar secreto.
Vengo aquí cuando mi cabeza da demasiadas vueltas.
Cuando siento que mis propias ondas me marean.
Izuku la miró de reojo.
Era raro ver a Nejire tan quieta, tan reflexiva.
El viento movía su cabello celeste, y la luz del atardecer le daba a su piel un brillo etéreo.
Parecía una diosa descendida de los cielos.
—¿Tu cabeza da vueltas seguido, senpai?
—preguntó Izuku en voz baja, sin querer romper la magia del momento.
Nejire suspiró, un sonido melancólico que no encajaba con su personalidad pública.
—Todo el tiempo.
La gente cree que soy solo una chica boba y alegre que hace preguntas molestas.
O peor…
—Nejire se cruzó de brazos, frunciendo el ceño levemente—.
desde la secundaria hasta ahora, los chicos solo se acercaban a mí por mi cuerpo desarrollado .
Me miraban de arriba abajo, sonreían tontamente cuando yo hablaba, pero sus ojos nunca estaban en mi cara.
Nunca les importó lo que yo pensaba o lo que yo quería saber.
Yo era solo un…
un premio visual.
Izuku sintió que la sangre le hervía.
La idea de que alguien redujera a Nejire Hado, una heroína brillante, poderosa y con un corazón gigantesco, a un simple objeto, lo enfurecía.
—Ellos eran unos idiotas —dijo Izuku, su voz sonando mucho más firme y grave de lo habitual.
Nejire lo miró, sorprendida por la intensidad en su tono.
Izuku se giró hacia ella, mirándola directamente a los ojos, sin apartar la vista a pesar del rubor en sus mejillas.
—Eres una de las personas más inteligentes y perceptivas que conozco, Nejire-senpai.
Tu curiosidad no es molesta, es tu superpoder más grande después de tus ondas.
Te importa el mundo.
Te importan las personas.
Cuando hablo contigo, siento que…
siento que realmente me escuchas.
No me ves como un chico raro, ni como el chico que se rompe los huesos.
Me ves a mí.
Los ojos azules de Nejire se abrieron mucho, brillando bajo la luz del ocaso.
Sus pupilas temblaron.
De repente, la barrera entre la senpai inalcanzable y la chica vulnerable se derrumbó.
Sin decir una palabra, Nejire acortó la distancia entre ellos.
Dejó caer su cabeza sobre el hombro izquierdo de Izuku.
Izuku se tensó por una fracción de segundo, pero luego, llevado por un instinto que no sabía que tenía, levantó su brazo derecho y lo pasó por la espalda de Nejire, abrazándola suavemente, atrayéndola un poco más hacia él.
Ella suspiró, acomodándose contra su pecho, rodeando la cintura de Izuku con su brazo.
Se quedaron así, abrazados bajo el cielo anaranjado de la ciudad, escuchando la respiración del otro.
No era la urgencia pegajosa de la brea, ni la adrenalina del peligro.
Era una intimidad pura, cómoda y profundamente romántica.
Después de unos minutos que parecieron horas, Nejire levantó la cabeza.
Sus rostros estaban escandalosamente cerca.
Izuku podía sentir su aliento tibio.
Ella sonrió, una sonrisa pequeña y secreta, exclusiva para él.
—Dame tu teléfono, Izuku-kun.
Izuku, hipnotizado, sacó su teléfono del bolsillo con la mano libre y se lo entregó, olvidando que ni siquiera lo tenía bloqueado.
Nejire manipuló la pantalla ágilmente durante unos segundos.
Se lo devolvió y luego dio un paso atrás, flotando lentamente en el aire, volviendo a su elemento.
—Guárdalo.
Y asegúrate de mirar los contactos esta noche.
—¿Qué hiciste?
—preguntó Izuku, confundido, mirando el aparato.
—¡Un secreto!
—Nejire guiñó un ojo, su energía habitual regresando a ella con una chispa extra de picardía—.
¡Vuelve abajo, el viejo Endeavor se va a enojar si tardas más!
¡Nos vemos, Izuku-kun!
Salió volando por encima del borde del edificio, dando piruetas en el aire con sus ondas doradas.
Esa noche, cuando Izuku revisó su teléfono en su habitación, encontró un nuevo contacto guardado.
Nombre: Nejire-chan 💙 (¡No olvides escribirme!) Izuku se dejó caer de espaldas en la cama, cubriéndose la cara con la almohada para ahogar un grito de emoción.
Tenía el número de Fuyumi y ahora el de Nejire.
Su vida amorosa había pasado de cero a cien kilómetros por hora, y él no sabía dónde estaban los frenos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Daoist3kPYhE Tu regalo es la motivación para mi creación.
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