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Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 7

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7: Dos Caminos 7: Dos Caminos El trayecto de regreso desde la Agencia Ryukyu hasta la gigantesca torre de la Agencia de Endeavor fue un borrón en la mente de Izuku Midoriya.

El tren subterráneo traqueteaba bajo sus pies, pero el único sonido que realmente escuchaba era el eco del latido de su propio corazón retumbando en sus oídos.

Se llevó la mano, temblorosa y cubierta de pequeñas cicatrices, a la mejilla izquierda.

El calor fantasma de los labios de Nejire Hado todavía ardía allí, compitiendo con el recuerdo del roce de los labios de Fuyumi Todoroki en su mejilla derecha la noche anterior.

«¿Qué me está pasando?», pensaba Izuku, mirando su reflejo distorsionado en la ventana del tren.

Su rostro estaba perpetuamente teñido de un rojo carmesí.

«¡Soy un estudiante de primer año!

¡Mi único objetivo debería ser dominar el One For All y convertirme en el Símbolo de la Paz!

¡No…

no estar en el medio de un…

de un…!» Ni siquiera se atrevía a formular la palabra “triángulo amoroso” en su cabeza.

Sonaba demasiado a manga shojo .

Al llegar a la agencia, Izuku pasó su tarjeta de identificación por los torniquetes de seguridad con movimientos robóticos.

Su plan era simple: entregar la respuesta de Ryukyu en la oficina de Endeavor, agachar la cabeza, disculparse por respirar, y encerrarse en el gimnasio hasta que el agotamiento físico silenciara su cerebro.

Pero el universo, y en particular un adolescente rubio y explosivo, tenía otros planes.

A mitad del pasillo principal, dobló una esquina y chocó casi de frente con Bakugo Katsuki.

Bakugo llevaba su traje de héroe sin los guanteletes de granada, con una toalla alrededor del cuello y una botella de agua en la mano.

Venía sudado del entrenamiento y con su habitual expresión de querer asesinar a la primera cosa que se cruzara en su camino.

Esa cosa fue Izuku.

—¡Fíjate por dónde caminas, maldito…

—Bakugo se detuvo en seco.

Sus ojos rojos escanearon a Izuku de arriba abajo.

Izuku estaba rígido.

Su respiración era superficial, sus ojos estaban desorbitados y, lo más revelador de todo, su rostro tenía el color exacto de un camión de bomberos recién pulido.

El cerebro de Bakugo, que era un genio táctico tanto para el combate como para encontrar las debilidades emocionales de Izuku, hizo los cálculos a una velocidad asombrosa.

Izuku había ido a la agencia de Ryukyu.

En la agencia de Ryukyu trabajaba la heroína dragón y su ayudante, la chica de las ondas, la misma con la que Izuku había estado pegado en la brea.

Izuku volvía pareciendo que acababa de correr una maratón desnudo por la calle.

Dos más dos.

Una sonrisa maliciosa, lenta y aterradora comenzó a formarse en el rostro de Bakugo.

Mostró los dientes en una mueca que parecía la de un depredador que acababa de acorralar a su presa.

—Vaya, vaya, vaya…

—arrastró las palabras Bakugo, dando un paso hacia Izuku, quien retrocedió instintivamente hasta chocar su espalda contra la pared—.

¿Qué pasó, nerd?

¿Acaso tuviste otro “accidente de trabajo” con la pitufa peliazul?

—¡K-Kacchan!

¡N-No sé de qué hablas!

¡Solo fui a entregar unos documentos oficiales!

—tartamudeó Izuku, aferrando el sobre de Ryukyu contra su pecho como si fuera un escudo antibalas.

—Claro que sí.

Unos documentos oficiales —se burló Bakugo, apoyando una mano en la pared junto a la cabeza de Izuku, acorralándolo—.

Pero esa cara de idiota que tienes no es por leer papeles.

Te ves peor que ayer cuando la hermana del Mitad-y-Mitad te besuqueó en la entrada.

Dime, Deku, ¿acaso la heroína de pacotilla te dio un “recorrido privado” por la agencia?

¿O se quedaron “atrapados” en el ascensor y tuviste que volver a sentir cómo rebotaba contra ti?

Si era posible, la cara de Izuku alcanzó un nuevo espectro de rojo que la ciencia humana aún no había clasificado.

Humo casi literal comenzó a salir de sus orejas.

—¡¡KACCHAN, CÁLLATE!!

—chilló Izuku, mirando aterrorizado a ambos lados del pasillo, temiendo que algún héroe profesional, o peor aún, Endeavor, los escuchara—.

¡No pasó nada de eso!

¡Ella solo…

ella solo me agradeció!

—¿Te agradeció?

¿Con qué?

¿Con una demostración de resistencia física?

—Bakugo soltó una carcajada ronca —.

¡Eres patético!

Andas por ahí haciéndote el héroe martirizado, pero resulta que eres un maldito donjuán encubierto.

Te lo advierto, nerd, si tu estúpida libido hace que te desconcentres en el entrenamiento o en el campo de batalla, te volaré la cabeza yo mismo.

¡Ya tienes suficiente con intentar dominar el One for All para estar coqueteando con la hermana de mitad y mitad y la chica peliazul!

La mención cruzada de Fuyumi y Nejire en la misma conversación fue demasiado para el sobrecargado procesador central del cerebro de Izuku.

Incapaz de formular una respuesta coherente, Izuku hizo uso de su don.

¡Full Cowl: 25%!

Unos rayos verdes rodearon su cuerpo y, agachándose por debajo del brazo de Bakugo, Izuku salió disparado por el pasillo a una velocidad supersónica, dejando una estela de polvo y balbuceos incomprensibles.

—¡Huye, cobarde!

¡Pero no podrás esconderte de tus propias hormonas!

—le gritó Bakugo por el pasillo, riendo a carcajadas antes de darle un trago a su botella de agua.

Izuku llegó a la oficina de Endeavor, frenó en seco, se arregló el uniforme temblando, y tocó la puerta.

El resto de la tarde fue un castigo autoimpuesto en el gimnasio, intentando golpear sacos de arena hasta olvidar nombres, rostros y números de teléfono.

Los días siguientes en la agencia de Endeavor establecieron una nueva y extraña rutina.

El Héroe Número Uno, satisfecho con la eficiencia de Izuku para realizar entregas rápidas (y probablemente queriendo mantenerlo ocupado y lejos de Fuyumi y su casa el mayor tiempo posible), comenzó a usarlo regularmente como enlace entre su agencia y la de Ryukyu para el caso de la redada de la brea donde todavía falta investigar si había mas cómplices .

Pero mientras los días pasaban, la vida de Izuku se dividió en dos mundos secretos paralelos que amenazaban con colisionar en cualquier momento.

El primer mundo secreto ocurría dentro de los mismos muros de la Agencia de Endeavor, usualmente durante la hora del almuerzo.

Fuyumi Todoroki, en su esfuerzo constante por mantener unidos los pedazos rotos de su familia, visitaba la agencia dos o tres veces por semana.

Traía almuerzos en elaboradas cajas de bento envueltas en telas tradicionales (furoshiki) para su padre y para Shoto.

Sin embargo, desde la desastrosa cena de la cocina, había comenzado a preparar algo más.

Era martes al mediodía.

Izuku estaba en el jardín interior de la agencia, un lugar tranquilo con un estanque koi, intentando vendarse los nudillos tras un entrenamiento infernal.

—Midoriya-kun…

—una voz suave y melodiosa lo llamó desde detrás de un árbol de cerezo.

Izuku se giró y vio a Fuyumi.

Llevaba un vestido primaveral de color crema y unas gafas que le daban un aire intelectual y maduro que siempre lograba que el corazón de Izuku diera un pequeño salto.

—¡Fuyumi-san!

—Izuku se puso de pie rápidamente e hizo una torpe reverencia—.

¿Qué haces aquí?

¿Viniste a ver a Todoroki-kun y a Endeavor-san?

—Sí, acabo de dejarles el almuerzo en la oficina —Fuyumi miró a su alrededor con nerviosismo, como si estuviera cometiendo un crimen, y luego sacó de su bolso de mano una tercera caja de bento, envuelta en una tela verde bosque que combinaba perfectamente con el cabello de Izuku—.

Y…

preparé un poco de más.

Pensé que con el entrenamiento tan duro de mi padre, necesitarías recuperar energías.

Izuku tomó la caja sintiendo el calor de la comida recién hecha a través de la tela.

—F-Fuyumi-san, no tenías que molestarte.

Yo puedo comer en la cafetería…

—No es molestia, Izuku-kun —dijo ella, usando su nombre de pila con esa suavidad que lo derretía.

Ella dio un paso más cerca, acomodándole un mechón de cabello rebelde que caía sobre su frente.

El contacto fue breve, pero eléctrico—.

Además, me gusta cocinar.

Eres el único que siempre me dice lo deliciosa que está la comida con tanta sinceridad.

Shoto solo asiente, y papá…

bueno, papá es papá.

Izuku sintió una punzada de ternura hacia ella.

Fuyumi cargaba con un peso emocional inmenso, y él quería hacer todo lo posible por aligerarlo, aunque fuera solo con palabras de agradecimiento.

— Muchas gracias.

Me lo comeré todo.

Estaban atrapados en esa burbuja de miradas cálidas y sonrisas cómplices, a centímetros el uno del otro, cuando el crujido de una rama rota destruyó la magia.

Ambos giraron la cabeza.

A unos cinco metros de distancia, apoyado contra la pared del edificio y comiendo una barra de proteína, estaba Bakugo Katsuki.

Los miraba con los ojos entrecerrados y una ceja arqueada.

Fuyumi soltó un pequeño jadeo, se cubrió la boca y, completamente avergonzada, hizo una reverencia rápida.

—¡T-Tengo que volver a mi trabajo!

¡Que disfrutes la comida, Midoriya-kun!

¡Hasta luego, Bakugo-kun!

Salió huyendo por el pasillo del jardín como si la persiguiera un Nomu.

Izuku se quedó solo con Bakugo.

El silencio fue sepulcral durante tres segundos, hasta que Bakugo terminó de masticar, tragó, y caminó hacia él.

—Un bento secreto.

En el jardín.

Con la hija del jefe —enumeró Bakugo, señalando la caja verde—.

Eres un hombre muerto, Deku.

Si el viejo o el bastardo de las dos caras se enteran de que la cuatro ojos te está alimentando a escondidas, tus cenizas no cabrán en una urna pequeña.

—¡Kacchan, no es lo que parece!

¡Solo me trajo comida porque soy amable con ella!

—suplicó Izuku, apretando el bento contra su pecho.

Bakugo sonrió.

Fue una sonrisa de puro mal y extorsión capitalista.

—Lo que tú digas, Romeo.

Pero tengo hambre.

Y ese bento huele a que tiene tamagoyaki de primera calidad.

Bakugo se acercó, cruzó los brazos y dictó su sentencia.

—La mitad del tamagoyaki, las salchichas en forma de pulpo y la mitad del arroz con furikake.

Todos los días que ella venga.

O cruzo ese pasillo y le grito a Endeavor “¡SUEGRO!” en tu nombre.

Izuku cerró los ojos, derrotado por el chantaje más bajo de la historia heroica.

—Trato hecho…

pero déjame al menos una salchicha pulpo.

Desde ese día, Izuku tuvo que compartir el amor culinario de Fuyumi con su abusador de la infancia para comprar su silencio, sentándose ambos en el suelo del vestuario a comer a escondidas como criminales.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Daoist3kPYhE bueno sinceramente no se si hacerlo haren o no ,en los siguientes capitulo bakugo tendra que ayudara su amigo a que endeavor no lo deje hecho cenizas .

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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