Izuku un corazón dividido - Capítulo 55
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Capítulo 55: UN NUEVO COMIENZO
AUTOR: estoy enfermo y hasta que me recupere este es el último capítulo que subiré por el momento. Helicobacter pylori ten por seguro que te daré un smahs de antibióticos .
Habían pasado exactamente seis días desde que Izuku Midoriya finalmente abrió los ojos y salió de su estado de coma en la habitación 402 del Hospital Central de Tokio.
El ambiente en la habitación había cambiado drásticamente. Las máquinas de soporte vital más invasivas habían sido retiradas, y el constante pitido del monitor cardíaco ahora marcaba un ritmo tranquilo y estable. Sin embargo, Izuku seguía postrado en la cama. Sus dos brazos permanecían envueltos en gruesas capas de yeso y vendas blancas, inmovilizados y apoyados sobre almohadas para facilitar la curación de los músculos y huesos destrozados.
El dolor físico era constante, pero el joven héroe apenas le prestaba atención. Su mente y su cuerpo estaban lidiando con otro “problema” mucho más ruidoso: el proceso de Singularidad del *One For All* que los vestigios le habían explicado en sus sueños.
El apetito de Izuku se había vuelto absolutamente monstruoso. La comida regular del hospital parecía desaparecer en su estómago como si fuera aire. Afortunadamente para él, no tenía que depender de la gelatina sin sabor ni de las sopas desabridas del centro médico, porque ahora tenía a dos mujeres maravillosas que se aseguraban de que su corazón y su estómago estuvieran siempre llenos.
Debido a sus responsabilidades en el mundo exterior, Fuyumi y Nejire habían establecido, mediante un acuerdo silencioso y lleno de madurez, un horario de visitas que se adaptaba a la perfección a la nueva y peculiar vida de Izuku.
Las tardes pertenecían exclusivamente a Fuyumi Todoroki.
A las 3:30 p.m., puntual como un reloj, la puerta de la habitación se abría con suavidad. Fuyumi, vistiendo sus elegantes faldas de tubo y blusas de profesora, entraba trayendo consigo el aroma a hogar y tranquilidad. Apenas terminaba de dar sus clases en la escuela primaria, corría al supermercado, cocinaba a una velocidad récord y tomaba un taxi directo al hospital.
-Buenas tardes, mi héroe -saludaba Fuyumi, cerrando la puerta y acercándose a la cama con una sonrisa que iluminaba toda la habitación.
-¡Fuyumi! -los ojos esmeraldas de Izuku brillaban de inmediato al verla-. ¿Cómo te fue hoy en la escuela?
Fuyumi se acercaba, dejaba las enormes bolsas térmicas sobre la mesita y se inclinaba para darle un beso tierno y prolongado en los labios.
-Los niños estuvieron un poco más tranquilos hoy, aunque Kenji sigue preguntando cuándo el héroe de los rayos verdes irá a visitarlos -reía ella suavemente, acariciando los rizos del chico-. Pero lo más importante ahora es que tú comas. El doctor Tanaka me dijo que tu cuerpo está consumiendo calorías a una velocidad aterradora.
Como los brazos de Izuku estaban completamente inutilizados por los yesos, él dependía totalmente de los demás para tareas básicas. Fuyumi, con su vocación maternal y su inmenso amor, asumió la tarea con una alegría indescriptible.
Sacaba los recipientes térmicos, que contenían cantidades industriales de arroz, Katsudon, Nikujaga y pescado. Fuyumi tomaba los palillos, soplaba suavemente la comida para no quemarlo y se la llevaba a la boca.
-Di “ahh”… -decía Fuyumi, con un leve rubor en las mejillas, disfrutando de ese nivel de intimidad y cuidado.
Izuku abría la boca obedientemente, masticando con felicidad.
-Fuyumi, de verdad, no tenías que cocinar tanto… debes estar exhausta después del trabajo -murmuraba Izuku entre bocados, sintiéndose un poco culpable por darle tanto trabajo.
-Tonterías -lo interrumpía ella, limpiándole la comisura de los labios con una servilleta de papel-. Cocinar para ti es mi momento favorito del día. Además, me prometiste que te recuperarías rápido, y para eso necesitas mis nutrientes.
Las tardes con ella eran un oasis de paz. Mientras Izuku comía, Fuyumi le leía libros, le contaba historias sobre sus alumnos o simplemente se recostaba en el borde de la cama, apoyando su cabeza con cuidado en el pecho del chico, escuchando su corazón mientras él le hablaba sobre teorías de héroes. Era momentos cálidos, un amor maduro y reconfortante.
Cuando el reloj marcaba las 7:00 p.m., el sol comenzaba a ocultarse y Fuyumi sabía que su turno estaba por terminar. Debía regresar a casa para preparar la cena de su padre y hermanos.
Antes de irse, Fuyumi siempre dejaba un pequeño recipiente extra en la mesita de noche, junto con una nota adhesiva de color pastel. Se inclinaba, le daba un último y apasionado beso a Izuku, acariciaba su mejilla y se despedía con la promesa de volver al día siguiente.
Apenas una hora después, la tranquilidad de la habitación era reemplazada por un huracán de energía y vibraciones positivas.
Las noches se iluminaban con el azul celeste de Nejire Hado.
A las 8:15 p.m., la puerta no se abría suavemente; se abría con un pequeño empujón entusiasta. Nejire entraba flotando literalmente un par de centímetros sobre el suelo, vistiendo su traje de heroína con algunos rasguños del deber, o a veces ropa deportiva cómoda, pero siempre con una sonrisa deslumbrante.
-¡Tararí, tarará! ¡Llegó la heroína de la noche! -anunciaba Nejire, aterrizando junto a la cama.
-¡Nejire! -Izuku sentía que una inyección de adrenalina le recorría el cuerpo entero con solo escuchar su voz-. ¿Cómo estuvo la patrulla hoy? ¿Estás herida?
Nejire ignoraba sus preguntas por un segundo. Se acercaba rápidamente, tomaba el rostro de Izuku entre sus manos y lo besaba con una urgencia y una pasión que le cortaban la respiración al peliverde, recordándole a ambos que estaban vivos y juntos.
-¡Estoy perfecta, Izu-kun! -respondía Nejire al separarse, sentándose en el borde de la cama, cuidando de no rozar los brazos enyesados-. ¡Hoy detuvimos a una banda de ladrones de bancos en el distrito este! Ryukyu-senpai se transformó y les bloqueó la salida, y yo me encargué de desarmar los vehículos de escape con mis ondas. ¡Fue increíble!
La energía de Nejire era contagiosa. A Izuku le encantaba escucharla hablar con tanta pasión sobre su trabajo. Ella traía el mundo exterior a las cuatro paredes blancas del hospital.
Nejire notaba inmediatamente el recipiente que Fuyumi había dejado en la mesita. Leía la nota pastel que decía: “Hado-san, dejé una porción extra de tempura y arroz. Trabajas muy duro en las noches y necesitas energías. Cuida de nuestro héroe. – Fuyumi”.
Nejire sonreía con sinceridad al leerla. La rivalidad tóxica había desaparecido por completo, dejando paso a un profundo respeto mutuo.
-¡Fuyumi-san es la mejor! -decía Nejire, abriendo el recipiente-. ¡Me moría de hambre!
Nejire compartía la comida con Izuku, dándole los últimos bocados de la noche mientras le hacía miles de preguntas.
-¿Qué te dijo el doctor hoy? ¿Te pica el yeso? ¿Qué soñaste anoche? ¿Creés que cuando salgas podamos ir a la playa? ¡Quiero verte nadar!
Izuku respondía pacientemente a cada una de sus curiosidades, riendo de sus ocurrencias. A medida que la noche avanzaba y las luces del hospital se apagaban, el ambiente se volvía más íntimo.
Nejire se quitaba los zapatos, se subía a la cama y se acurrucaba con extremo cuidado en el espacio libre al costado izquierdo de Izuku. Apoyaba su cabeza en el hombro del chico, entrelazando sus dedos con los de la mano inmovilizada de él.
-Extraño salir contigo, Izu-kun… -susurraba Nejire en la penumbra de la habitación, su voz perdiendo la energía arrolladora para volverse suave y vulnerable-. Cuando vi que caías de ese edificio… sentí que me moría. No vuelvas a asustarme así, ¿me lo prometes?
Izuku giraba un poco la cabeza para besar la coronilla de su cabello azul.
-Te lo prometo, Nejire. Me haré más fuerte. Mi cuerpo se está curando , y cuando salga de aquí, nadie volverá a lastimarnos.
Nejire levantaba la mirada, sus ojos azules brillando bajo la luz de la luna que entraba por la ventana.
-Más te vale, héroe codicioso -ronroneaba ella con una sonrisa pícara, acercándose para robarle un último y lento beso de buenas noches-. Porque cuando salgas de estos yesos y te den de alta , tenemos algo pendiente que terminar… y Fuyumi-san y yo no te vamos a dar descanso.
Izuku tragaba saliva, sintiendo un escalofrío de anticipación y un leve sonrojo en las mejillas. Su vida se había convertido en un caos hermoso y demandante.
Cada tarde recibía la paz, la madurez y la calidez del hogar a manos de Fuyumi.
Cada noche recibía la aventura, la pasión y la energía inquebrantable a manos de Nejire.
Mientras Nejire se quedaba dormida a su lado, velando su sueño hasta que las enfermeras la obligaran a irse en la madrugada, Izuku cerraba los ojos, agradeciendo al destino. Su cuerpo estaba roto y el camino hacia la Singularidad apenas comenzaba, pero rodeado del amor de esas dos mujeres increíbles, sabía que podía soportar cualquier prueba que el universo le pusiera enfrente.