Izuku un corazón dividido - Capítulo 54
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 54: EMERGENCIA
El viento de la noche cortaba como cuchillas de hielo, pero a Nejire Hado no le importaba el frío. Volaba a ras de los rascacielos de Tokio a una velocidad que desafiaba sus propios límites. Sus ondas de choque doradas zumbaban con una estridencia desesperada, impulsándola hacia adelante.
En sus brazos, apretado contra su pecho, llevaba el cuerpo inerte de Izuku Midoriya.
-Resiste, Izu-kun… por favor, resiste. Ya casi llegamos -sollozaba Nejire, con la voz rasgada por el viento y el pánico.
Miró el rostro del chico. Estaba pálido como el papel, cubierto de polvo y sangre seca. Su respiración era superficial, casi imperceptible, y el calor de su cuerpo parecía desvanecerse a cada segundo que pasaba. Sus brazos, esos brazos fuertes que hace apenas unas horas la habían abrazado con tanta pasión en la noria, colgaban flácidos, teñidos de un espeluznante color púrpura oscuro, hinchados y con la piel agrietada por haber canalizado una energía que su cuerpo humano aún no estaba preparado para soportar.
El remordimiento carcomía el alma de la heroína. Ella era una de los Tres Grandes de la U.A., una heroína profesional en ascenso, y sin embargo, había tenido que ser salvada. Izuku había destruido su propio cuerpo, se había convertido en un monstruo de pesadilla, solo para protegerla de un golpe que debía haber sido para ella.
A lo lejos, las brillantes luces rojas de la cruz del Hospital Central de Tokio iluminaron la oscuridad.
Nejire no buscó la entrada principal; se dirigió en picada directamente hacia la rampa de emergencias. Aterrizó con un impacto que agrietó el asfalto, sus ondas de choque disipándose de golpe. Las rodillas le fallaron por el agotamiento, pero se obligó a mantenerse en pie, cargando a Izuku.
-¡AYUDA! ¡POR FAVOR, NECESITO AYUDA! ¡ES UNA EMERGENCIA MÉDICA! -gritó Nejire con todas sus fuerzas, un grito desgarrador que hizo eco en todo el pabellón.
Las puertas automáticas se abrieron de golpe. Dos paramédicos y tres enfermeras, alertados por el grito y la llegada supersónica, salieron corriendo con una camilla móvil. Al reconocer a la heroína Nejire Chan y ver el estado crítico del joven que llevaba en brazos, el protocolo de máxima urgencia se activó en segundos.
-¡Es Izuku Midoriya! ¡Héroe en entrenamiento! -gritó Nejire mientras depositaba el cuerpo de Izuku en la camilla con un cuidado extremo, como si estuviera hecho de cristal-. ¡Recibió impactos masivos, absorbió el colapso de un edificio y usó su Don más allá del límite! ¡Sus brazos están destrozados! ¡Tiene pulso débil!
-¡Código rojo! ¡Traigan un respirador y preparen el quirófano tres! -ordenó el médico jefe de urgencias mientras empujaban la camilla a toda velocidad hacia los pasillos iluminados de blanco brillante-. ¡Señorita Hado, quédese aquí, nosotros nos encargamos!
-¡No, quiero ir con él! -suplicó Nejire, intentando seguirlos, pero dos enfermeras la detuvieron suavemente.
-Está en buenas manos, heroína. Usted también está herida, necesitamos revisarla -le dijo una de las enfermeras.
Nejire vio cómo las puertas dobles de la unidad de cuidados intensivos se cerraban de golpe, tragándose la camilla donde yacía el chico que amaba. Se quedó parada en medio del pasillo de emergencias. Lentamente, bajó la mirada hacia sus propias manos y su traje. Estaban manchados de sangre. La sangre de Izuku.
Las piernas de Nejire finalmente cedieron. Se dejó caer de rodillas sobre el frío piso de baldosas blancas, se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar de una manera desconsolada, dejando salir todo el terror, el estrés y el dolor que había acumulado.
A unas cuantas calles de distancia, una figura corría frenéticamente por las frías aceras de Tokio.
AUTOR: SI ESO NO ES AMOR NO SE QUE ES .
Fuyumi Todoroki apenas podía respirar. Sus pulmones ardían como si estuviera tragando fuego y sus piernas, aún adoloridas y temblorosas por la intensa intimidad de la tarde, protestaban con cada paso que daba. Llevaba puesto un grueso abrigo de lana sobre sus pantalones y blusa de pijama, y zapatillas que se había puesto a las prisas.
No le importaba el cansancio. No le importaba el dolor. En su mente solo se repetía en bucle la imagen de los brazos morados de Izuku cayendo del edificio.
-Por favor… por favor, Izuku… tú lo prometiste… -murmuraba Fuyumi entre jadeos, aferrándose al collar con el colgante en forma de copo de nieve que él le había puesto horas atrás.
”Te juro que jamás te voy a dejar”, resonaba la voz ronca de Izuku en su memoria.
Fuyumi cruzó la última calle y vio las luces del Hospital Central. Aceleró el paso, ignorando la punzada en su costado. Entró a la sala de emergencias como un vendaval, con el cabello blanco y rojo completamente alborotado y el rostro bañado en sudor y lágrimas.
-¡Izuku Midoriya! ¡Por favor, busco a Izuku Midoriya! -exclamó Fuyumi, apoyándose en el mostrador de recepción, intentando recuperar el aliento.
La recepcionista la miró con sorpresa.
-S-Señorita, el joven acaba de ingresar por emergencias en estado crítico. Por el momento no se permiten visitas, los doctores están…
Pero Fuyumi no escuchó el resto de la frase. Sus ojos grises habían escaneado la amplia sala de espera de urgencias y se detuvieron en una figura encogida en un rincón.
Allí, sentada en una de las sillas de plástico duro, cubierta de polvo, escombros y manchas oscuras, estaba Nejire Hado. La heroína tenía la cabeza gacha, con las manos entrelazadas apoyadas en sus rodillas, temblando visiblemente mientras lloraba en silencio.
Fuyumi sintió un vuelco en el estómago. La rivalidad que sentía hacia esa chica de cabello azul se evaporó en un nanosegundo. Al verla allí, destrozada, Fuyumi no vio a una rival ni a una heroína famosa; vio a una chica que, al igual que ella, estaba aterrorizada de perder al amor de su vida.
Fuyumi caminó lentamente hacia ella. Sus zapatos hicieron un leve ruido sobre el piso.
Nejire, al escuchar pasos acercándose, levantó la mirada, esperando ver a un doctor. Pero lo que encontró fue a una joven mujer de cabello bicolor, vistiendo ropa de dormir debajo de un abrigo, respirando con dificultad y mirándola con unos ojos cargados de una empatía y un dolor que ella comprendía a la perfección.
-Todoroki… san… -susurró Nejire, su voz quebrada y ronca. Sus grandes ojos azules estaban hinchados y enrojecidos.
Fuyumi no dijo ni una sola palabra. Se acercó a la silla, se arrodilló frente a Nejire y, sin importarle la sangre, el polvo o las diferencias, envolvió a la heroína de cabello azul en un abrazo cálido, fuerte y maternal.
Ese contacto fue todo lo que Nejire necesitaba. El dique de sus emociones se rompió por completo. Nejire se aferró al abrigo de Fuyumi y sollozó amargamente en su hombro.
-Es mi culpa… Fuyumi-san, todo es mi culpa… -lloraba Nejire, apretando la tela-. Él… él me salvó. El golpe del villano lo recibió el y edificio iba a caer sobre mí, y él lo detuvo con su propio cuerpo. Destrozó sus brazos por protegerme. ¡Él iba a morir por mi debilidad! ¡Yo debí haber sido más rápida!
Fuyumi sintió que el corazón se le estrujaba al escuchar el relato. Cerró los ojos y acarició suavemente el cabello de Nejire, consolándola.
-Shhh… no digas eso, Nejire. No fue tu culpa. Conocemos a Izuku. Él jamás dudaría en dar su vida por la persona que ama. Él se habría lanzado aunque fuera contra el mundo entero para protegerte.
Nejire se separó un poco, mirando a Fuyumi a los ojos. Las dos mujeres se observaron fijamente. Fuyumi le había confesado en el vestíbulo del hospital, una semana atrás, que amaba a Izuku y que no se iba a rendir. Nejire le había declarado la guerra. Pero ahora, unidas en la peor de las noches, las palabras que Izuku le había dicho a Fuyumi en la cama resonaban con una verdad absoluta: “Quiero estar con las dos. Las amo a las dos”.
Fuyumi tomó las manos temblorosas y sucias de Nejire entre las suyas.
-Él es muy fuerte, Nejire. Él me hizo una promesa esta tarde. Me prometió que no me dejaría. Y sé que lo más seguro es que a ti también te hizo una promesas. Izuku no rompe sus promesas. Él va a sobrevivir.
Nejire miró las manos de Fuyumi sosteniendo las suyas, y luego notó el hermoso collar con el colgante en forma de casa que descansaba en su cuello. Recordó también su propio peluche de dragón azul en su habitación, el regalo que Izuku le había ganado. Las dos amaban a ese chico con locura, y ese chico se había destrozado por mantenerlas a salvo en un mundo caótico.
-Tienes razón… -susurró Nejire, limpiándose las lágrimas con el dorso de su mano y asintiendo con una nueva determinación frágil-. Él va a despertar. Tenemos que esperarlo.
Fuyumi se levantó y se sentó en la silla junto a ella. Sin soltarse las manos, las dos mujeres que habían conquistado el corazón del héroe más grande de su generación se quedaron mirando las puertas blancas de la sala de cirugías, esperando un milagro.
Una hora después, el silencio de la sala de espera fue roto por un estruendo.
Las puertas automáticas se abrieron violentamente. Enji Todoroki, Endeavor, entró al hospital a grandes zancadas. Su traje estaba sucio de hollín , y las llamas de su rostro ardían con una intensidad amenazante. Detrás de él venían Katsuki Bakugo y Shoto Todoroki.
Bakugo tenía los ojos inyectados en sangre. Había visto la noticia desde su habitación justo después de haber llegado del casino. La rabia y la preocupación lo consumían.
-¡¿DÓNDE ESTÁ EL MALDITO NERD?! -rugió Bakugo, ignorando las normas de silencio del hospital, mirando en todas direcciones.
Endeavor, con su imponente presencia, se dirigió a la recepción.
-Soy el héroe Endeavor. Exijo un reporte inmediato sobre el estado del paciente Izuku Midoriya.
Shoto, por su parte, escaneó la sala y sus ojos heterocromáticos se abrieron con sorpresa al ver a su hermana mayor.
-¿Fuyumi? -Shoto caminó rápidamente hacia ella-. ¿ vistes las noticias ? ¿Y por qué estás en pijama?
Fuyumi, aún sosteniendo la mano de Nejire, miró a su hermano.
-Si vi las noticias, Shoto. Vine en cuanto lo supe. No podía quedarme en casa.
Endeavor y Bakugo se acercaron a donde estaban ellas. Al ver a Nejire en ese estado de shock, Endeavor frunció el ceño profundamente.
-Hado… -habló Endeavor con voz grave-. He recibido el reporte de Ryukyu, ella está estable en otra ala del hospital, tiene varias costillas rotas pero de ahí todo está bien . Me informaron que Midoriya apareció de la nada y masacró al villano. ¿Qué fue lo que pasó exactamente?
Nejire tragó saliva y relató los horripilantes eventos de la pelea. Les contó cómo Izuku había absorbido el golpe del villano y del edificio y cómo, invadido por una furia y un poder oscuro incontrolable, se había convertido en un monstruo para destruir al lagarto, superando cualquier límite seguro de su cuerpo.
Al escuchar el relato, Bakugo apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
-Ese estúpido suicida de mierda… -gruñó Bakugo por lo bajo, apretando los dientes para contener sus propias emociones-. Le dije que tuviera cuidado con su cuerpo y no se rompiera los brazos de nuevo por hacerse el héroe . Cuando despierte, yo mismo lo voy a matar.
A pesar de sus palabras agresivas, todos los presentes sabían que Bakugo estaba aterrorizado por la vida de su amigo. Shoto apoyó una mano en el hombro de Fuyumi, brindándole un apoyo silencioso a su hermana.
Endeavor se cruzó de brazos, mirando las puertas del quirófano. Él era el instructor de Izuku, y ver a su alumno caer de esa manera le generaba una inmensa culpa. No había llegado a tiempo.
Pasaron tres largas y agónicas horas más. Nadie se movió de la sala de espera.
Finalmente, las puertas automáticas de la unidad de cuidados intensivos se abrieron. Salió el Doctor Tanaka, el mismo médico de cabecera que había tratado a Izuku en ocasiones anteriores. Se veía exhausto, quitándose el gorro quirúrgico y la mascarilla.
Inmediatamente, Endeavor, Bakugo, Shoto, Fuyumi y Nejire lo rodearon.
-Doctor… ¿cómo está Izuku? -preguntó Fuyumi, con la voz temblando.
El médico los miró a todos y soltó un largo suspiro, pasándose una mano por el rostro.
-Logramos estabilizarlo. Su vida ya no corre peligro inmediato.
Un suspiro colectivo de alivio monumental inundó el pasillo. Nejire se tapó la boca, llorando nuevamente, pero esta vez de alegría, y Fuyumi se dejó caer contra el hombro de su hermano, agradeciendo al cielo.
-Pero no canten victoria aún -continuó el Doctor Tanaka, adoptando una expresión sumamente severa-. Lo que ese muchacho le hizo a su cuerpo es una aberración médica. Los huesos de ambos brazos sufrieron microfracturas por compresión extrema. Los vasos sanguíneos, capilares y fibras musculares estallaron debido a la presión interna de ese poder que utilizó. Absorbió un impacto que habría aplastado a un tanque.
El doctor miró directamente a Endeavor.
-Si no fuera por esa extraña y milagrosa regeneración celular acelerada que le diagnosticamos hace unos días, habría perdido ambos brazos de forma irreversible. Tuvimos que realizar una cirugía reconstructiva de emergencia en los tendones. Perdió mucha sangre.
-¿Cuáles son las secuelas? -preguntó Bakugo fríamente, yendo al punto.
-Estará inconsciente durante varios días debido a la fatiga extrema y a la anestesia. Y cuando despierte, necesitará 2 semanas de reposo absoluto en el hospital . Nada de entrenamiento, nada de Quirks. Si vuelve a usar ese poder oscuro en su estado actual, sus brazos se convertirán en polvo -sentenció el médico-. Lo hemos trasladado a la habitación de terapia intensiva 402. Solo se permiten visitas de dos en dos, y en completo silencio.
-Yo iré primero -dijeron Nejire y Fuyumi al mismo tiempo.
Las dos mujeres se miraron. Bakugo rodó los ojos y Endeavor simplemente asintió.
-Vayan ustedes dos -dijo Shoto, dando un paso atrás.
Agradeciendo al doctor, Fuyumi y Nejire caminaron juntas por los silenciosos pasillos del hospital hasta llegar a la habitación 402. Al abrir la puerta con lentitud, el inconfundible y frío olor a antiséptico y el rítmico bip, bip, bip del monitor cardíaco las recibió.
La habitación estaba en penumbra. Izuku yacía en la cama de hospital.
Verlo así fue un golpe duro para ambas. Tenía una mascarilla de oxígeno transparente cubriendo su nariz y boca. Su cabeza estaba vendada, y ambos brazos estaban envueltos en gruesas capas de yeso y vendas blancas desde los hombros hasta la punta de los dedos, elevados ligeramente sobre unas almohadas para evitar la inflamación. Estaba conectado a múltiples vías intravenosas que lo hidrataban y le pasaban medicamentos.
Se veía tan frágil y vulnerable, un contraste absoluto con el demonio oscuro e imparable que el mundo había visto en televisión.
Fuyumi se acercó por el lado izquierdo de la cama y Nejire por el derecho.
Nejire extendió su mano y acarició con sumo cuidado los rizos verdes del chico, apartándolos de su frente vendada.
-Eres un tonto, Izu-kun… un tonto maravilloso -susurró Nejire, con una sonrisa triste y aliviada-. Tienes que despertar pronto izu-kun .
Por su parte, Fuyumi miró el brazo vendado de Izuku. Recordó cómo esas mismas manos la habían recorrido con tanta pasión horas atrás , y cómo él le había pedido la oportunidad de demostrar que podía amar a ambas y hacerlas felices.
Fuyumi levantó su mirada y se encontró con los ojos de Nejire sobre la cama del héroe. La profesora esbozó una sonrisa dulce, llena de una madurez y comprensión que solo el amor verdadero podía forjar.
-Hado-san… -habló Fuyumi en un susurro, rompiendo el silencio de la habitación-. Izuku me dijo algo muy importante antes de que él se fuera de mi casa hoy. Me confesó sus sentimientos.
Nejire se tensó ligeramente, esperando escuchar que Izuku la había elegido a ella. Pero Fuyumi negó con la cabeza suavemente.
-Me dijo que nos ama a las dos -reveló Fuyumi.
Nejire abrió mucho los ojos, sorprendida.
-Y me pidió… que le diera la oportunidad de estar con ambas. Que no quería renunciar a ninguna de las dos porque sentiría que le faltaba una parte de su alma -continuó Fuyumi, mirando el rostro durmiente de Izuku-. Yo acepté su egoísmo, porque no puedo imaginar mi vida sin él. Y al ver cómo él dio su vida por protegerte a ti esta noche… sé que él te ama tanto como me lo juró a mí.
Nejire sintió que un nudo se formaba en su garganta. Izuku, en lugar de mentir o de huir, había tenido el inmenso valor de ser honesto con sus sentimientos. Y Fuyumi, la dulce hermana de Todoroki, estaba dispuesta a compartir al amor de su vida con tal de no perderlo.
Nejire bajó la mirada hacia Izuku. Recordó la calidez de sus besos en la noria y la seguridad en sus ojos cuando le dijo que la amaba. Si Izuku Midoriya estaba dispuesto a romper sus propios límites por mantenerlas a salvo, y estaba dispuesto a desafiar a la sociedad para amarlas a ambas… ella no iba a ser menos.
Nejire levantó la mirada y le sonrió a Fuyumi, una sonrisa brillante, decidida y sin ningún rastro de rivalidad tóxica.
-Él es un chico muy codicioso, ¿verdad, Fuyumi-san? -rio suavemente Nejire, secándose una lágrima-. Pero es nuestro héroe codicioso. Y yo tampoco pienso dejarlo ir.
AUTOR: como pueden leer esto será una relación de tres pero , no se preocupen ustedes los lectores más que nadien saben de que manera escribo mi historia y déjenme decirles que tengo muchas ideas de como debe ser una relación de 3 así que esperen los siguientes capítulos no los decepcionare , se los prometo datteballo .
En la penumbra de esa fría habitación de hospital, frente al cuerpo roto del héroe que las había unido, las dos mujeres sellaron un acuerdo silencioso y definitivo. La guerra había terminado. Ahora, ambas lucharían en el mismo bando, por el mismo hombre, dispuestas a construir un futuro donde los tres pudieran ser felices.
Se sentaron en las sillas junto a la cama, una a cada lado, velando su sueño.
Pasaron tres días y tres largas noches. Fuyumi y Nejire apenas se separaron de su lado, turnándose para ir a casa a bañarse o comer algo rápido. Bakugo y Shoto venían todas las tardes, sentándose en silencio y mirando el monitor.
En la madrugada del cuarto dia de inconsciencia de Izuku Midoriya transcurrió en el mundo físico entre el rítmico sonido de las máquinas de soporte vital y la cálida y constante vigilia de Fuyumi y Nejire. Ellas no se habían separado de su lado, sosteniendo sus manos sanas por encima del yeso y esperando pacientemente.
Pero mientras su cuerpo físico descansaba y se curaba en la habitación 402 del Hospital Central, la mente y el espíritu de Izuku estaban muy lejos de allí.
Izuku “despertó” en un lugar que ya conocía, pero que siempre le resultaba abrumador.
Se encontraba flotando en un océano de oscuridad absoluta, salpicado por tenues luces de colores que flotaban como polvo de estrellas. No había cielo ni suelo, solo una inmensidad vacía que se extendía hasta el infinito. Izuku miró sus propias manos. No estaban vendadas, ni rotas, ni moradas; eran translúcidas, formadas por una energía brumosa y fluctuante.
Intentó abrir la boca para llamar a Fuyumi, para preguntar por Nejire, para saber si el villano realmente había sido derrotado, pero ningún sonido escapó de su garganta. Llevó sus manos a su rostro y se dio cuenta del motivo: no tenía boca. La mitad inferior de su cara estaba cubierta por una densa neblina de energía oscura que le impedía articular cualquier palabra. Aún no tenía la fuerza espiritual suficiente para manifestar su voz en ese plano de existencia.
-Tranquilo, Noveno. Ellas están a salvo. Y el villano ha sido capturado.
Una voz grave, fuerte y rasposa resonó en el vacío.
Izuku giró rápidamente en el aire. Frente a él, emergiendo de la oscuridad, comenzaron a materializarse grandes tronos de piedra iluminados por luces de diferentes colores. Sentados en ellos estaban las figuras espectrales de los antiguos portadores del One For All.
El primero en levantarse de su asiento fue un hombre corpulento, calvo y con unas gafas de aviador colgando del cuello. Era Daigoro Banjo, el quinto portador y usuario original del Látigo Negro.
Banjo se cruzó de brazos y lo miró con una mezcla de orgullo y severidad.
-Vaya que te luciste ahí afuera, chico -dijo Banjo, soltando un suspiro pesado-. Dejaste que la ira te controlara por un momento, pero lograste domar mi poder y canalizarlo para proteger lo que te importa. Sin embargo… casi destruyes tu propio recipiente en el proceso. Fuiste demasiado lejos.
Izuku bajó la mirada, avergonzado. Intentó disculparse con la mirada, sus ojos esmeraldas transmitiendo el remordimiento de haber sido tan imprudente, aunque no se arrepentía de haber salvado a Nejire.
-No lo regañes tanto, Banjo. Él hizo lo que un verdadero héroe debía hacer.
Una mujer hermosa, de cabello oscuro atado en un medio moño y una sonrisa maternal y compasiva, se acercó flotando. Era Nana Shimura, la séptima portadora y maestra de All Might. Nana le dedicó a Izuku una sonrisa que irradiaba pura calidez.
-Estamos muy orgullosos de ti, Izuku -le dijo Nana suavemente-. Has demostrado tener un corazón más grande que tu propio poder. Pero te trajimos aquí hoy porque necesitas entender qué es lo que le está pasando a tu cuerpo físico.
Izuku la miró con atención, ladeando la cabeza en señal de curiosidad.
En ese momento, una figura pálida, delgada, con cabello blanco y una mirada serena, se adelantó desde el trono central. Era Yoichi Shigaraki, el primer portador y hermano menor de All For One.
-Noveno -comenzó Yoichi, su voz resonando con una resonancia etérea en todo el espacio-. Seguramente te habrás dado cuenta de que, desde la última vez que te lastimaste, tu cuerpo ha experimentado cambios drásticos. Tu apetito se ha vuelto insaciable, y tu metabolismo parece consumir todo a una velocidad aterradora.
Izuku asintió rápidamente con la cabeza. ¡Por supuesto que lo había notado! Había gastado todos sus ahorros en la cafetería, y en la cita con Nejire y en la casa de Fuyumi, su estómago rugía como un monstruo incluso después de comer montañas de alimentos. Él pensaba que era simplemente la curación natural que había mejorado, pero la seriedad de los portadores indicaba otra cosa.
-Esa hambre voraz no es solo producto del entrenamiento o de la recuperación de tus heridas, chico -explicó el cuarto portador, Hikage Shinomori, asomándose desde las sombras con su característico cabello largo y marcas en el rostro-. Es un síntoma directo de que estás alcanzando la Singularidad.
Los ojos de Izuku se abrieron de par en par. La Singularidad del One For All.
Yoichi levantó una mano, y una pequeña esfera de luz multicolor apareció flotando entre él e Izuku. La esfera comenzó a latir, expandiéndose lentamente.
-El núcleo de nuestro poder ha crecido durante generaciones, acumulando fuerza y energía. Pero ahora, contigo, ha llegado a su punto de ebullición -detalló el Primer Portador-. Para que puedas acceder a los Dones de todos nosotros sin que la presión energética te haga estallar desde adentro, tu cuerpo físico ha comenzado un proceso de reestructuración radical.
-En términos simples, niño -intervino Banjo, señalándolo con un dedo-, tu cuerpo se está moldeando. Tus músculos, tus huesos, tus células… todo se está reescribiendo biológicamente desde cero para convertirse en un recipiente lo suficientemente resistente y amplio como para contener múltiples Dones simultáneamente.
Nana Shimura asintió, mirando la esfera de luz.
-Ese proceso de moldeado celular masivo es la razón de tu hambre. Tu cuerpo te está pidiendo alimento porque necesita una cantidad absurda y astronómica de energía y calorías para poder construir esas nuevas fibras. Estás literalmente mutando para adaptarte al poder de la Singularidad.
Izuku procesó la información asombrado. Todo tenía sentido ahora. Sus músculos no solo se hacían más fuertes por el entrenamiento de Endeavor, sino que el One For All estaba exigiendo combustible para transformar su biología desde adentro. Era una evolución forzada.
Intentó preguntar cuánto tiempo duraría este proceso. Llevó sus manos a su rostro velado y luego señaló hacia la luz fluctuante, haciendo gestos interrogativos con sus manos translúcidas.
Los portadores entendieron su pregunta muda. Yoichi bajó la mirada con una expresión sombría.
-No lo sabemos con exactitud, Izuku -admitió el Primer Portador, suspirando con pesadez-. Ninguno de nosotros alcanzó jamás este nivel. Eres el primero en cruzar la barrera de la Singularidad de esta manera. Podrían ser semanas, podrían ser meses… Tomará mucho, mucho tiempo para que tu cuerpo termine de moldearse por completo y se estabilice.
Banjo cruzó los brazos detrás de su cabeza, flotando hacia atrás.
-Así que tendrás que tener paciencia, chico. Seguirás teniendo el apetito de un batallón entero por un buen tiempo. Pero cuando el proceso termine, no habrá cuerpo en este mundo más fuerte que el tuyo.
Nana se acercó un poco más a Izuku y, aunque no podía tocarlo físicamente, extendió su mano, enviándole una oleada de energía cálida y reconfortante.
-Por ahora, tu única misión es descansar. Tu cuerpo físico está profundamente dañado por el golpe final, y necesita toda esa energía para reparar los huesos de tus brazos antes de seguir con el moldeado de los Dones.
Izuku asintió lentamente, comprendiendo la gravedad de su situación. Tenía que ser más cuidadoso. Prometió mentalmente no volver a ser tan imprudente, no solo por él, sino por las personas que dependían de su supervivencia.
-No te preocupes por el mundo exterior por ahora -le dijo Nana con una sonrisa pícara, guiñándole un ojo-. Tienes a dos chicas maravillosas velando tu sueño allá afuera. Sus corazones laten al mismo ritmo que el tuyo. Se nota que has encontrado tu propia fuerza en el amor, Izuku. Ellas son tus anclas.
Los ojos de Izuku se cristalizaron de emoción en el mundo de los vestigios. Saber que Fuyumi y Nejire estaban juntas y a salvo le dio la paz que su espíritu necesitaba.
-Es hora de que regreses, Noveno -anunció Yoichi, mientras el espacio a su alrededor comenzaba a desvanecerse en un blanco cegador-. Duerme. Come. Sana. El mundo aún no ha terminado contigo.
La luz consumió la oscuridad, y los rostros de los antiguos portadores se difuminaron. Izuku sintió que su consciencia era absorbida por un torbellino cálido, descendiendo lentamente de regreso hacia su cuerpo físico herido, pero con una nueva comprensión de su propio poder y con el fuego de una promesa latiendo en su pecho.
En la mañana del cuarto día, la luz dorada del sol entró por la ventana de la habitación 402, iluminando el rostro pecoso.
El rítmico pitido del monitor cardíaco comenzó a acelerarse ligeramente.
Izuku se sentía como si estuviera flotando en un mar de algodón denso y oscuro. Lentamente, la conciencia comenzó a regresar a su cerebro. Lo primero que sintió fue un dolor sordo, punzante y generalizado en ambos brazos, como si los tuviera envueltos en fuego. Luego, el olor inconfundible a medicina y antiséptico golpeó su nariz.
Intentó mover los dedos, pero estaban inmovilizados por el yeso.
Con un esfuerzo titánico, Izuku obligó a sus pesados párpados a abrirse. Parpadeó varias veces contra la luz blanca del techo, desorientado. La mascarilla de oxígeno le dificultaba un poco la respiración.
Giró la cabeza lentamente hacia la izquierda, y luego hacia la derecha.
Allí estaban.
En el lado izquierdo, Fuyumi estaba dormida, sentada en la silla con la cabeza apoyada en el borde de la cama de Izuku, cerca de su hombro, respirando tranquilamente. En su cuello, el colgante en forma de copo de nieve y hogar brillaba con la luz del sol.
En el lado derecho, Nejire también dormía profundamente, reclinada sobre sus brazos cruzados en el borde de la cama, con su largo cabello azul celeste esparcido por las sábanas blancas y una expresión de paz en su rostro.
Izuku las miró a las dos. Recordó el monstruo, el edificio cayendo, el terror de perder a Nejire, y el Látigo Negro consumiendo su mente. Pensó que lo había perdido todo.
Pero al verlas ahí, a salvo, cuidándolo juntas, durmiendo pacíficamente a su lado, Izuku sintió que una lágrima cálida y gruesa se deslizaba por el borde de su ojo, empapando la venda de su cabeza. Había sobrevivido. Las había salvado. Y ellas estaban ahí para él.
-Fuyumi… Nejire… -susurró Izuku con voz rasposa detrás de la mascarilla, y una sonrisa de pura y absoluta felicidad se dibujó en sus labios, sabiendo que, sin importar lo duro que fuera el camino o el dolor en sus brazos, su futuro estaba justo ahí, a su lado.