Kaito Kamekura :El juego de las conquistas - Capítulo 11
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11: Capitulo 11 Traje Sirvienta_+18 11: Capitulo 11 Traje Sirvienta_+18 Kaito salió del Edificio Crystal Bloom y se dirigió directamente al estacionamiento subterráneo, donde su Cadillac negro brillaba bajo las luces del techo.
Al abrir la puerta y sentarse en el asiento de cuero, finalmente pudo soltar el suspiro que llevaba retenido durante toda la reunión.
Esa fue una tortura, pensó mientras encendía el motor y salía del espacio de estacionamiento.
Había soportado una hora entera viendo a Reika y Reina juntas en esa sala – dos mujeres espectaculares, con cuerpos que despertaban en él una pasión casi incontrolable.
Durante toda la conversación, había sentido cómo el calor se acumulaba dentro de él, luchando por mantener la compostura de un inversor serio y profesional.
Había visto cómo las tetas grandes y firmes de Reika se movían con cada leve gesto que hacía, sentada frente a él.
Incluso Reina, con su figura más juvenil pero igual de atractiva, había despertado su deseo.
Varias veces había tenido que reprimir la tentación de desviar la mirada hacia aquellos pechos perfectamente perfilados bajo sus ropas – en su lugar, se había mantenido firme, mirándolas siempre a los ojos azules, demostrando seriedad y respeto.
Pero por dentro, su mente no paraba de imaginar cómo lucirían las dos rubias desnudas en su cama – el cuerpo maduro y espectacular de Reika junto al cuerpo joven y curvilíneo de Reina, ambas rendidas ante él.
Reika Kurashiki es simplemente hermosa, pensó con intensidad mientras conducía, ese cuerpo de milf tan espectacular…
y Reina con su arrogancia que pronto se convertirá en sumisión.
Algún día las dos serán mías, sin lugar a dudas.
Eran las 3:00 PM en punto – la reunión había durado exactamente una hora.
Sacó su celular y escribió un mensaje a Nanoha: “Mi amor, acabo de terminar la reunión” Estoy saliendo de las oficinas ahora.
Te necesito mucho – quiero verte lo antes posible.
Dime dónde estás y voy por ti inmediatamente.” PERSPECTIVA DE NANOHA MOMOTA Nanoha caminaba por los pasillos de un exclusivo local de lencería en el centro de la ciudad, llevando en sus manos varias prendas que ella misma había elegido con mucho cuidado.
Se había puesto una lencería de encaje negro debajo de su ropa, pero las opciones que tenía en la cesta eran aún más especiales.
Primero, una pieza de traje de baño del mismo color morado que su pelo – ajustado y elegante, con cortes que resaltaban sus curvas.
Luego, un conjunto de dos piezas blanco con detalles rojos en los bordes: un sostén que realzaba su busto y una tanga a juego, delicada y sensual.
Pero el que más la emocionaba – y al mismo tiempo le causaba vergüenza – era el tercer conjunto que había seleccionado, porque sabía que a Kaito le encantaría.
Se miraba en el espejo del probador con el atuendo puesto: un micro-bikini de estilo sirvienta, diseñado de forma minimalista y provocativa.
El top consistía en dos pequeños triángulos blancos con bordes de volantes morados, sujetos por cordones delgados que se ataban al cuello y la espalda.
La parte inferior era un hilo dental extremadamente reducido, con cordones morados que se lazaban en los costados de sus caderas.
Completaba el conjunto una cofia de sirvienta con volantes blancos, medias largas hasta el muslo con encaje grueso y lazos morados en la parte superior, y guantes largos de color blanco que llegaban hasta los antebrazos.
El diseño jugaba con el contraste entre la temática tradicional de sirvienta y un corte moderno y revelador – y aunque se sentía un poco avergonzada, sabía que Kaito la encontraría irresistible.
Ayer habían pasado casi cuatro horas de pasión ininterrumpida – hasta que ella simplemente no pudo más, agotada por la intensidad del primer encuentro, mientras él parecía tener energía infinita.
Nunca lo había visto cansado, incluso después de que ella lo iso venirse varias veces.
Pero hoy, cuando se habían estaba en la sala de orientación de Kaito, solo habían podido disfrutar de unos diez minutos.
Ella se había quedado completamente insatisfecha, con la necesidad de sentirlo de nuevo, de terminar lo que habían empezado.
Hoy no debo resistir más, pensó mientras ajustaba la cofia en el espejo.
Había venido a este local buscando en serio algo especial – algo que lo hiciera perder la cabeza por completo y que les permitiera disfrutar de todo el tiempo que necesitaban.
Sabía que Kaito tenía mucho trabajo, pero también quería demostrarle cuánto lo deseaba, cuánto la había encantado aquel primer día y cómo anhelaba terminar lo que habían dejado a medias hoy.
No quería arruinar la sorpresa por mensaje, así que decidió simplemente decirle dónde encontrarla.
Su celular vibró en el bolso – era el mensaje de Kaito.
Sonrió de oreja a oreja al leerlo, sintiendo cómo las mejillas se le calentaban.
Rápidamente escribió la respuesta: “Mi amor, estoy en el centro comercial ‘Plaza Shibuya’ – en la Calle Shibuya 234.
He estado haciendo algunas compras.
Ven y espérame en la entrada principal, te estaré esperando en unos minutos.
No te vayas, por favor.” Después de enviarlo, se quitó el conjunto de sirvienta y se vistió de nuevo con su ropa normal, guardando cuidadosamente las prendas elegidas en una bolsa discreta.
Tenía decidido hacerle una sorpresa inolvidable a Kaito – después de la larga jornada que había tenido, sabía que necesitaba relajarse y que ella misma necesitaba sentirlo de nuevo, sin prisas y hasta quedarse completamente satisfecha.
Perspectiva de kaito.
Kaito leyó el mensaje de Nanoha con una sonrisa de satisfacción.
Recordó cómo hoy solo habían podido estar diez minutos juntos en la sala de orientación, antes de que llegara Reina, y el estaba insatisfecho– especialmente después de la pasión intensa que habían compartido ayer, cuando habían estado juntos hasta que ella no pudo más mientras él seguía con toda su energía.
Giró el volante de su Cadillac hacia la Calle Shibuya, acelerando ligeramente el coche mientras sentía cómo la emoción aumentaba con cada kilómetro que avanzaba.
En poco tiempo, pensó mientras manejaba por las calles congestionadas, podré liberar toda esta tensión acumulada con Nanoha y hacerla sentir como ayer, hasta que esté completamente satisfecha.
Y después, cuando el trato con Azure Petal Beauty esté firmado, tendré el camino libre para conquistar a Reina y a Reika.
Una a una, todas estarán en mis manos.
Imaginar esas dos rubias desnudas a mi lado…
ya solo es cuestión de tiempo.
El Cadillac avanzaba velozmente hacia el centro comercial, donde Nanoha lo esperaba con su sorpresa – él estaba listo para disfrutarla al máximo, recargar energías y continuar con su plan para tener a las Kurashiki en sus manos.
Kaito aparcó su Cadillac en la entrada principal del centro comercial “Plaza Shibuya” y salió del coche con paso firme.
Enseguida vio a Nanoha esperándolo cerca de la puerta, con una bolsa en la mano y una sonrisa tímida pero emocionada en el rostro.
– Mi amor, ya llegaste – dijo ella, acercándose a él mientras él la abrazaba con fuerza, depositando un beso largo y apasionado en sus labios.
– Por fin te veo – respondió Kaito, acariciando su rostro con sus dedos –.
La reunión se alargó más de lo esperado, pero mi padre me mandó urgentemente a cerrar un trato con una agencia de cosméticos importante – dijo mintiendo suavemente, sin querer mencionar a Reina ni a su madre.
Nanoha asintió, acurrucándose un poco en su pecho – no necesitaba saber más detalles, solo quería estar con él.
Kaito tomó su mano y la condujo hacia el coche, abriéndole la puerta con cuidado como siempre.
Durante el trayecto hacia su departamento, sus manos no dejaban de tocarse – él pasaba sus dedos por su pierna, ella acariciaba su brazo, intercambiando besos rápidos cada vez que detenía el coche en un semáforo.
Ambos estaban emocionados, sabiendo perfectamente lo que se venía – después de los diez minutos insatisfechos de la mañana y la intensa pasión del día anterior, estaban ansiosos por volver a estar juntos sin prisas.
Al llegar al departamento, Kaito la levantó en brazos justo al cruzar la puerta, haciendo que ella riera entre besos.
Sus manos se volvían cada vez más atrevidas – Kaito desabrochó los botones de su blusa poco a poco, hasta poder tocar sus senos a través del sostén, liberando toda la excitación que había acumulado al ver a Reina y Reika juntas horas antes.
– Te he extrañado tanto – susurró Nanoha entre besos, sintiendo cómo su cuerpo respondía a cada toque de él –.
Hoy por la mañana no fue suficiente…
necesitaba estar completa contigo.
– Yo también, mi amor – respondió Kaito, besando su cuello y sus hombros mientras la llevaba hasta la cama –.
Ahora tenemos todo el tiempo del mundo, no te preocupes por nada más.
Justo cuando Kaito iba a continuar desvistiéndola, Nanoha se apartó suavemente, sonriendo misteriosamente: – Espera un momento aquí, cariño.
Tengo que hacer algo primero – dijo, cogiendo su bolsa de compras y dirigiéndose hacia el baño del cuarto –.
No te muevas, te lo ruego.
Kaito se sentó en la orilla de la cama, desconcertado pero emocionado.
No tenía idea de qué sorpresa le preparaba su novia – pensó que quizás había traído algo para beber o alguna cosa pequeña, pero no imaginaba en absoluto lo que se estaba poniendo en el baño.
Mientras esperaba, se quitó la chaqueta, relajándose un poco mientras su mente volvía brevemente a las Kurashiki antes de centrarse completamente en Nanoha y en lo que vendría a continuación.
Kaito esperó en la cama, quitándose la camisa hasta quedarse en la musculatura definida de su pecho y brazos.
Mientras pasaban los minutos, su excitación iba en aumento – las caricias y besos del camino aún ardían en su piel, y la imagen de Reina y Reika seguía revoloteando en su mente, haciendo que su deseo se intensificara aún más.
De repente, las luces del cuarto se apagaron de golpe, dejando solo la tenue luz que filtraba por la ventana.
Kaito se incorporó ligeramente, sorprendido, justo cuando escuchó el crujido suave de la puerta del baño abriéndose.
Un suave resplandor de luz cálida iluminó el espacio, y allí estaba Nanoha – de pie en el umbral del baño, con la luz detrás de ella que perfilaba cada curva de su cuerpo.
Kaito quedó helado por un instante, sus ojos abriéndose de par en par mientras absorbía cada detalle de lo que veía.
Nanoha llevaba puesto el conjunto de sirvienta que había elegido – los pequeños triángulos blancos del top con bordes de volantes negros dejaban al descubierto sus senos firmes y redondos, mientras los cordones delgados se ataban en su cuello y espalda.
La parte inferior era un hilo dental extremadamente reducido, con lazos negros en los costados que resaltaban la blancura de su piel.
Completaba el atuendo la cofia de sirvienta con volantes blancos, medias largas hasta el muslo con encaje grueso y lazos negros, y guantes largos blancos que llegaban hasta los antebrazos.
– Te lo dije que tenía una sorpresa – susurró Nanoha, avanzando lentamente hacia la cama mientras su voz se llenaba de una dulzura sensual –.
Hoy por la mañana no pudimos terminar…
y quería hacerte sentir bien después de tu día tan largo.
Kaito sintió cómo la sangre se precipitaba por sus venas, su excitación alcanzando un nivel que nunca antes había experimentado.
Se levantó de la cama y se acercó a ella, sus ojos recorriendo cada centímetro de su cuerpo con una mirada hambrienta.
– Nanoha…
– susurró, su voz ronca por la emoción –.
No puedo creerlo…
te ves espectacular.
Al llegar a su lado, pasó sus manos con suavidad por sus brazos cubiertos por los guantes blancos, luego subió hasta sus hombros y finalmente acarició sus senos a través del top de encaje.
La tela era tan delgada que casi podía sentir la piel cálida debajo.
– Te lo preparé especialmente para ti – dijo ella, inclinándose para besarlo –.
Quería que esta vez pudiéramos disfrutar de todo, sin prisas, hasta que estemos completamente satisfechos.
En ese instante, el último rastro de la fachada profesional de Kaito se hizo añicos.
La visión de Nanoha como una “sirvienta” sumisa y provocativa fue el detonante final.
Sin previo aviso, Kaito se abalanzó sobre ella, atrapando sus labios en un beso voraz que cortó cualquier palabra de agradecimiento.
Sus manos se cerraron sobre la cintura de Nanoha con una fuerza posesiva, levantándola ligeramente para sentir la fricción de los volantes contra su pecho desnudo.
Nanoha soltó un jadeo de sorpresa, pero sus manos enguantadas se aferraron instintivamente a la espalda musculosa de Kaito.
Él la llevó de vuelta a la cama con una urgencia que rayaba en lo salvaje.
Al recostarla, ella hizo un ademán de desatarse los cordones morados del cuello, pero Kaito detuvo sus manos de inmediato, sujetándolas contra el colchón.
—No…
no te la quites —gruñó él, su voz vibrando con una lujuria incontrolable—.
No tienes idea de lo encantadora que te ves.
Quiero que te quedes así.
Quiero ver este blanco y estos volantes moviéndose mientras te tomo.
Kaito comenzó a devorar su cuello y sus hombros, marcando su territorio con besos húmedos y mordiscos leves que hacían que Nanoha arqueara la espalda.
Sus manos recorrían frenéticamente las medias de encaje, apretando la carne suave de sus muslos, pero siempre volviendo a la textura de la lencería que se negaba a retirar.
Kaito estaba fuera de sí.
El contraste entre la pureza del blanco de la lencería y el deseo oscuro que bullía en su interior lo estaba volviendo loco.
Con un movimiento rápido y cargado de impaciencia, se apartó apenas unos centímetros para buscar en la mesa de noche.
Sacó un preservativo de tamaño extra grande, el único que realmente le ajustaba debido a su imponente dotación, y se lo colocó con manos temblorosas por la urgencia.
Nanoha, tendida sobre las sábanas con la cofia ligeramente ladeada y los ojos empañados por la lujuria, soltó un suspiro entrecortado al ver la magnitud de lo que estaba a punto de recibir.
Kaito no perdió ni un segundo más.
Se posicionó sobre ella, sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo.
—Vas a ser mía por completo, Nanoha…
—gruñó él, con una voz tan ronca que parecía un rugido animal.
Sin intención alguna de quitarle la lencería que tanto lo excitaba, Kaito usó sus dedos para hacer a un lado el finísimo hilo morado que apenas cubría la intimidad de su novia.
El roce de la tela contra la piel sensible de ambos solo aumentó la electricidad del momento.
Con una presión firme y decidida, comenzó a penetrarla con su miembro grande y grueso, abriéndose paso lentamente mientras disfrutaba de la estrechez de Nanoha.
—¡Ahhh…
Kaito!
—Nanoha soltó un gemido agudo, arqueando la espalda y clavando sus guantes blancos en los hombros de él.
La sensación de plenitud era abrumadora; se sentía reclamada, poseída por un hombre que parecía no tener fin.
Kaito respondió con un gruñido gutural de satisfacción.
Al sentir cómo ella lo envolvía, perdió el poco juicio que le quedaba.
Comenzó a moverse con un ritmo salvaje y profundo, haciendo que los volantes del micro-bikini se agitaran frenéticamente contra su abdomen.
Sus labios se volvieron lascivos, buscando desesperadamente cualquier rincón de piel disponible.
La devoraba por completo: le daba besos voraces en los labios, luego bajaba a su cuello para dejar marcas de posesión y se desviaba hacia sus orejas para susurrarle palabras cargadas de deseo.
—Eres tan encantadora…
mi pequeña sirvienta —murmuraba él entre jadeos, mientras sus manos no dejaban de apretar sus muslos envueltos en encaje.
Nanoha estaba perdida en un mar de sensaciones.
Cada embestida de Kaito la hacía temblar, y ella respondía con besos igual de intensos, buscando su boca para intercambiar el aliento en un duelo de lenguas cargado de pasión.
El sonido de sus cuerpos chocando, unido a los gemidos constantes de ella y los gruñidos dominantes de él, llenaba la habitación de una atmósfera carnal y absoluta.
Kaito no solo la estaba tomando; la estaba consumiendo, decidido a no dejar un solo rincón de su ser sin reclamar bajo su dominio.
La habitación se convirtió en un santuario de pasión desenfrenada donde el tiempo parecía haberse detenido, Kaito estaba en un estado de trance carnal; cada vez que cerraba los ojos, la imagen de las Kurashiki alimentaba su fuego, pero era el cuerpo de Nanoha, vestida de sirvienta, lo que le permitía liberar esa energía.
LA PRIMERA HORA: DESCONTROL Y POSESIÓN Después de penetrarla con una fuerza que hizo vibrar los cimientos de la cama, Kaito no se detuvo.
Sus movimientos eran rítmicos y poderosos, ignorando cualquier cansancio.
Nanoha, con los guantes blancos aferrados a las sábanas, gemía sin descanso mientras sentía cómo el tamaño de Kaito la llenaba por completo.
Tras casi una hora de una intensidad inaudita, Kaito sintió la primera oleada.
Apretando los muslos de Nanoha, se corrió por primera vez, soltando un rugido que retumbó en las paredes mientras descargaba una cantidad impresionante de energía.
Pero lejos de agotarse, su miembro se mantuvo firme y listo para más.
—No hemos terminado…
ni de cerca —susurró él, girándola con una fuerza dominante.
LA SEGUNDA HORA: Cambiaron a la posición de “perrito” (doggy style).
Kaito aprovechó para admirar el pequeño hilo morado que seguía en su lugar, resaltando las curvas de Nanoha.
Desde atrás, sus manos se cerraron sobre sus caderas mientras la penetraba con embestidas profundas que hacían que la cofia de sirvienta terminara por caer al suelo.
Nanoha estaba en un estado de éxtasis total, sus gemidos eran ya súplicas de placer.
Pasaron a la posición del “misionero”, pero con las piernas de ella sobre los hombros de Kaito, permitiéndole a él llegar aún más profundo.
Kaito la devoraba con besos lascivos, succionando su cuello y mordiendo sus labios con una sed insaciable.
Al cumplirse la segunda hora, la tensión acumulada volvió a estallar.
Kaito, encendido y con la piel sudorosa brillando bajo la tenue luz, se corrió por segunda vez, inundando el preservativo con una potencia que hizo que Nanoha se estremeciera en espasmos incontrolables.
LA TERCERA HORA Kaito parecía tener una fuente de energía infinita.
A pesar de llevar dos horas de actividad frenética, su deseo por Nanoha lo mantenía en la cima.
La cargó y la llevó contra la pared en una posición de pie, con ella envolviendo sus piernas en la cintura de él.
Finalmente, regresaron a la cama para la última media hora.
Usaron la posición de “la vaquera”, con Nanoha arriba, tratando de mantener el ritmo, pero sus fuerzas empezaban a flaquear.
Kaito, viendo que ella ya no podía más, la tomó de nuevo por la cintura y la puso debajo de él para el acto final.
En la última hora, justo cuando el reloj marcaba las tres horas de pasión ininterrumpida, Kaito alcanzó su clímax definitivo.
Fue la última y más potente carga, una liberación total de toda la frustración y ambición que llevaba dentro.
Nanoha, con el cuerpo temblando y la lencería de sirvienta totalmente desordenada y empapada en sudor, soltó un último gemido de agotamiento puro.
El Final de la Jornada Kaito se dejó caer a su lado, con el pecho subiendo y bajando, sintiéndose finalmente ligero.
Nanoha, cuya resistencia había llegado al límite absoluto, apenas pudo dedicarle una sonrisa débil antes de que sus ojos se cerraran por el cansancio extremo.
Se quedó profundamente dormida en cuestión de segundos, rendida ante la potencia de un Kaito que la había reclamado hasta la última gota de energía.
Kaito la observó un momento, acomodando un mechón de pelo morado tras su oreja.
Estaba satisfecho.
Había demostrado su dominio y había recargado sus fuerzas para lo que venía.
Tras tres horas de una intensidad que parecía no tener fin, el silencio volvió a reinar en la habitación, roto únicamente por la respiración pesada de Kaito y el susurro casi imperceptible de Nanoha, quien se había hundido en un sueño profundo por el agotamiento.
Eran las 6:30 PM.
Kaito se incorporó sobre sus codos, observando el cuerpo de su novia.
El conjunto de sirvienta seguía ahí, aunque ahora estaba desordenado y húmedo por el sudor de ambos; las medias de encaje se habían deslizado un poco y el top blanco apenas se mantenía en su lugar.
Se veía tan vulnerable y, al mismo tiempo, tan entregada, que Kaito sintió una punzada de orgullo posesivo.
Había cumplido su palabra: la había dejado completamente satisfecha, drenando hasta su última gota de energía.
—Descansa, mi pequeña —susurró, dándole un beso suave en la frente, cuidando de no despertarla.
Decidió que le daría media hora de tregua.
Sabía que Nanoha necesitaba recuperar un poco de fuerza antes de que él la llevara de regreso a su casa, repitiendo la rutina de protección y caballerosidad que tanto le gustaba mantener ante los demás.
Kaito se levantó con una agilidad sorprendente, como si las tres horas de sexo salvaje no hubieran hecho mella en él, sino que lo hubieran recargado de una energía oscura y vibrante.
Se dirigió al baño para limpiarse, sintiendo cómo sus músculos aún estaban tensos.
Mientras el agua recorría su cuerpo, su mente, ahora fría y calculadora de nuevo, volvió al tablero de ajedrez que era su vida profesional.
“Azure Petal Beauty…
Reika…
Reina”, pensó mientras se secaba y comenzaba a vestirse con su impecable traje.
“Esta noche ha sido para Nanoha, pero mañana el mundo volverá a ser mi objetivo”.
A las 7:00 PM en punto, Kaito se acercó de nuevo a la cama.
Nanoha apenas se movió cuando él comenzó a despertarla con caricias lentas y profundas en sus piernas, aún enfundadas en el encaje.
—Nanoha, mi amor…
es hora de irnos —le dijo al oído con voz suave pero firme.
Ella abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso delicioso del cansancio en sus extremidades.
Ver a Kaito ya vestido, luciendo tan imponente y profesional como siempre después de lo que acababan de compartir, la hizo sonreír con timidez.
Con movimientos lentos, comenzó a quitarse el atuendo de sirvienta para ponerse su ropa normal, mientras Kaito la observaba en silencio, guardando cada detalle de su figura en su memoria.
Minutos después, bajaron al estacionamiento.
El Cadillac negro esperaba en las sombras, imponente.
Kaito le abrió la puerta a Nanoha con la elegancia de un caballero, y mientras arrancaba el motor para dirigirse a la casa de ella, la ciudad de Shibuya empezaba a encender sus luces de neón, reflejándose en el parabrisas.
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