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Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 74

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Capítulo 74: Capítulo 74 — Desgaste Invisible

Capítulo 74 — Desgaste Invisible

La Base Norte no declaró alerta.

Pero el silencio cambió de textura.

No fue algo que pudiera medirse en un panel táctico.

No apareció en gráficos.

No activó sirenas.

Fue más sutil.

Los turnos comenzaron a extenderse “temporalmente”.

Convoyes de suministros llegaron con retrasos menores.

Territorios aliados reportaron interferencias intermitentes en sus canales de comunicación.

Nada grave.

Pero demasiado frecuente.

Thomas caminaba por el pasillo central con los brazos cruzados cuando Emily lo alcanzó sin hacer ruido.

—Tres convoyes desviados en cuarenta y ocho horas.

—Retrasos logísticos acumulados: nueve por ciento.

—Patrullas fronterizas reportan presencia no identificada… pero nunca contacto directo.

Thomas no respondió de inmediato.

Nueve por ciento.

No era emergencia.

Pero tampoco era casualidad.

—¿Reacciones internas? —preguntó.

Emily deslizó una tablet hacia él.

—Irritabilidad creciente en las unidades de turno nocturno.

—Dos discusiones formales entre capitanes por asignación de recursos.

—Nada disciplinariamente grave.

Thomas asintió una sola vez.

Eso era lo peligroso.

No era crisis.

Era desgaste.

En el área de entrenamiento, Eiden golpeaba el poste reforzado con respiración controlada.

Golpe.

Exhalar.

Golpe.

Exhalar.

No entrenaba fuerza bruta.

Entrenaba constancia.

Azu lo observaba desde la sombra del muro lateral.

—Tu ritmo cambió.

Eiden no se detuvo.

—No.

—Sí.

Silencio entre impactos.

Azu cruzó los brazos.

—No es tu fuerza. Es tu mente. Estás escuchando cosas que no están frente a vos.

Golpe.

Esta vez el sonido fue más seco.

Eiden se detuvo.

No estaba preocupado.

Pero algo… se sentía diferente.

No era miedo.

No era presión directa.

Era como si el aire estuviera más pesado.

—Los informes están llegando —dijo finalmente.

Azu no fingió ignorancia.

—No es tu campo.

—Pero es mi gente.

Ella caminó hasta quedar frente a él.

—Y por eso mismo no vas a salir corriendo a resolver algo que todavía no explotó.

Eiden bajó la mirada apenas.

No por sumisión.

Por análisis.

Esa noche, en la sala de mando, Kael observaba el mapa proyectado.

Los puntos aliados seguían encendidos.

Pero algunos parpadeaban con intermitencia irregular.

—Presión psicológica —murmuró.

Thomas estaba de pie detrás.

—Lo sé.

—Si respondemos fuerte, confirmamos que funciona.

—Si no respondemos, el desgaste continúa.

Emily intervenía desde la consola.

—Recomiendo refuerzo silencioso en sectores clave. Sin movilización visible.

Thomas tardó tres segundos en responder.

—Aprobado.

Era un juego incómodo.

Porque nadie estaba atacando de frente.

Y aun así, estaban siendo empujados.

En los dormitorios de la unidad sur, un soldado dejó caer su bandeja con más fuerza de la necesaria.

—Siempre falta algo ahora —gruñó—. Primero combustible, ahora repuestos. ¿Qué sigue?

Otro respondió sin levantar la vista.

—Relajá. No estamos en guerra.

El primero apretó la mandíbula.

—Eso dicen.

Pequeñas grietas.

Nada grande.

Pero reales.

Eiden no durmió esa noche.

Se sentó en el borde del edificio auxiliar, observando el horizonte oscuro.

El viento soplaba distinto.

No más fuerte.

Distinto.

Cerró los ojos.

Recordó la primera vez que había cruzado un límite por desesperación.

El dolor.

El vacío.

El costo.

Exhaló lentamente.

No.

No iba a caminar otra vez por impulso.

Abrió los ojos.

Y decidió entrenar al amanecer.

Sin que nadie se lo pidiera.

Sin que nadie lo presionara.

Solo decisión.

Tres días después, el Territorio 21 reportó cortes energéticos intermitentes.

No destrucción.

Interferencia.

Thomas escuchó el informe sin cambiar expresión.

—¿Rastro identificable?

—No —respondió Emily—. Es demasiado limpio.

Kael habló bajo.

—Quieren que nos movamos.

Thomas asintió.

—No lo haremos.

Pero esta vez, incluso él sintió algo incómodo en el estómago.

Porque el enemigo no estaba rompiendo estructuras.

Estaba midiendo resistencia.

En el campo de entrenamiento, Eiden cayó de rodillas después de una secuencia de control de energía prolongada.

No por falla.

Por cansancio acumulado.

Azu se acercó.

—Estás cargando cosas que todavía no son tuyas.

Eiden respiró profundo.

—Si no me preparo ahora… voy a reaccionar mal después.

Azu lo observó largo rato.

Y por primera vez en días, sonrió apenas.

—Esa respuesta… me gusta más.

En la Base Norte, el porcentaje de retrasos subió a once.

Nada alarmante.

Pero constante.

Thomas cerró el informe.

—Sostener.

Emily lo miró.

—¿Cuánto tiempo?

Thomas respondió sin vacilar.

—El que haga falta.

Porque si el enemigo quería ver colapso…

No lo obtendría.

Esa noche, muy lejos de allí, una proyección táctica registró un dato nuevo.

No fue una activación.

No fue una explosión.

Fue estabilidad sostenida bajo presión creciente.

El dato fue archivado.

Nada más.

En la Base Norte, Eiden volvió a ponerse de pie.

El viento volvió a cambiar.

Esta vez, él sí lo notó.

No había guerra abierta.

No había batalla.

Pero el tablero se estaba moviendo.

Y por primera vez,

él no sentía urgencia.

Sentía claridad.

Y eso…

era más difícil de quebrar que cualquier mura

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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