Kuchiyuku ōkoku - Capítulo 78
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 78: Capítulo 78 — La Primera Decisión
Capítulo 78 — La Primera Decisión
El viento no había cambiado.
Seguía cortando las calles con la misma indiferencia.
Pero Brisa sí.
Sus pasos ya no eran erráticos.
Ya no corría como una niña rica huyendo de un error.
Corría como alguien que había entendido algo demasiado grande para ignorarlo.
Las calles ardían. No en fuego… sino en caos.
Soldados de los Tops avanzaban como si la ciudad fuera un tablero sin valor.
Un cuerpo cayó a pocos metros de ella.
Brisa se detuvo.
Antes… habría seguido corriendo.
Antes… habría ordenado que alguien limpiara eso.
Ahora no.
Una mujer sostenía a su hijo entre los escombros, paralizada.
Y detrás de ellos, un soldado levantaba su arma.
Brisa sintió algo quebrarse dentro.
No fue rabia.
Fue decisión.
Se movió antes de pensar.
Interceptó el disparo con su propia barrera de energía. El impacto la lanzó varios metros hacia atrás, rompiendo piedra bajo su espalda.
El soldado la reconoció al instante.
—¿Señorita… Brisa?
No había respeto en su voz.
Solo burla.
Más pasos resonaron.
Cinco soldados. Luego diez.
Y detrás de ellos…
Un hombre avanzó con calma.
Armadura negra con bordes carmesí.
Capa larga.
Mirada afilada.
Capitán Dreyv.
Uno de los hombres que ella había humillado cuando tenía doce años.
El mismo al que llamó “mediocre” frente a toda la escuadra.
Él la observó como quien contempla una herida abierta.
—Siempre supe que eras débil —dijo con suavidad cruel—. Solo necesitabas perder el palacio para demostrarlo.
Brisa se levantó con dificultad.
La mujer y el niño seguían detrás de ella.
Podía irse.
Podía escapar ahora.
Pero no lo hizo.
—Váyanse —murmuró sin mirar atrás.
La mujer dudó.
—¡Ahora!
Y esta vez no fue una orden arrogante.
Fue protección.
Dreyv sonrió.
—Miren eso… la niña de oro jugando a heroína.
Los soldados atacaron al mismo tiempo.
Brisa activó su energía con precisión fría.
No como antes — cuando luchaba para dominar — sino para contener.
Desvió ataques.
Bloqueó.
Cubrió.
Un corte atravesó su brazo.
No respondió con violencia desmedida.
Respondió calculando cómo evitar que los escombros cayeran sobre civiles.
Dreyv avanzó lentamente.
—Sigues siendo arrogante —dijo mientras desenvainaba su espada—. Crees que puedes cargar sola con algo que nunca entendiste.
Se lanzó contra ella.
El impacto fue brutal.
Brisa salió despedida, chocando contra un muro que se desintegró.
Sangre en su boca.
Respiración temblorosa.
Podía sentir el peso del pasado aplastándola.
—Todo esto… —escupió Dreyv mientras caminaba hacia ella— lo permitiste. Tu familia firmó cada acuerdo. Son aliados de los Tops. No eres diferente.
Eso dolió más que el golpe.
Porque era verdad.
Brisa intentó levantarse.
Sus piernas temblaban.
Pero cuando miró alrededor…
Vio algo que nunca antes había mirado de verdad.
Personas.
No sirvientes.
No recursos.
No piezas.
Personas con miedo.
Y detrás de un muro roto… el mismo niño la observaba.
No con odio.
Con esperanza.
Eso la rompió.
Pero también la reconstruyó.
Dreyv levantó su espada para el golpe final.
—Muere sabiendo que nunca fuiste más que una herramienta.
La espada descendió.
Brisa giró su cuerpo.
Y en lugar de bloquear para salvarse…
Se lanzó frente al niño que no había logrado huir.
El acero atravesó su hombro.
Un grito mudo vibró en el aire.
Silencio.
Incluso los soldados dudaron.
La sangre cayó lenta sobre la piedra.
Brisa sostuvo la espada con la mano temblorosa para impedir que avanzara más.
—Yo… —su voz era apenas un susurro— elijo…
Sus rodillas cedieron.
Y entonces…
El aire cambió.
No hubo explosión dramática.
No hubo relámpagos.
Solo una presión distinta.
Una presencia.
Dreyv frunció el ceño.
Desde las sombras de un edificio parcialmente destruido, una figura descendió con calma.
Thomas.
No tenía armadura ostentosa.
No irradiaba poder exagerado.
Pero su presencia era firme. Imposible de ignorar.
Miró primero a Brisa.
Luego al niño.
Luego a Dreyv.
—Ahora sí —dijo con voz tranquila— estás lista para elegir.
Dreyv dio un paso atrás involuntariamente.
—Resistencia…
Thomas avanzó sin prisa.
—Capitán Dreyv. Qué curioso verte peleando contra alguien que ya no te pertenece.
Dreyv gruñó.
—Es una traidora.
Thomas negó con la cabeza suavemente.
—No. Es alguien que despertó.
El combate que siguió no fue caótico.
Fue preciso.
Thomas no luchaba para impresionar.
Luchaba para terminar.
En pocos movimientos desarmó a dos soldados.
Inutilizó a tres más.
Desvió el ataque de Dreyv con eficiencia casi quirúrgica.
No lo humilló.
Lo superó.
Dreyv retrocedió, furioso.
—Esto no termina aquí.
—No —respondió Thomas—. Recién empieza.
Los soldados se retiraron.
El silencio regresó lentamente.
Thomas se acercó a Brisa, que apenas se mantenía consciente.
—¿Por qué… esperaste? —susurró ella.
Él la sostuvo antes de que cayera.
—Porque si intervenía antes, nunca sabrías si luchabas por orgullo… o por otros.
Brisa apretó los dientes por el dolor.
Miró su propia sangre.
Y no sintió rabia.
Sintió claridad.
—No quiero… ser lo que fui.
Thomas asintió.
—Entonces deja de huir.
Ella cerró los ojos unos segundos.
Cuando los abrió, algo había cambiado.
No era arrogancia.
No era culpa.
Era responsabilidad.
—Acepto —dijo.
No como una niña rica.
Como una mujer consciente de lo que estaba dejando atrás.
Thomas hizo una señal.
Desde las sombras emergieron miembros de la resistencia.
No con aplausos.
Con respeto silencioso.
Uno tomó al niño y a su madre para llevarlos a un lugar seguro.
Brisa observó eso.
Protección organizada.
Orden sin opresión.
Poder con propósito.
El viento volvió a soplar.
Pero ya no cortaba.
Ahora parecía empujar.
Thomas la ayudó a caminar.
—El camino no será limpio —le advirtió.
—Nunca lo fue —respondió ella.
Miró una última vez la ciudad.
El palacio a la distancia.
Las torres que una vez creyó eternas.
Sabía que su familia la buscaría.
Sabía que los Tops no olvidarían.
Sabía que ya no había retorno.
Y aun así…
No dudó.
Porque esta vez no obedecía a un apellido.
Elegía por sí misma.
Mientras desaparecían entre callejones ocultos, Brisa sintió algo que jamás había sentido en toda su vida de lujo.
Miedo.
Dolor.
Y paz.
El mundo no volvería a ser igual.
Y por primera vez…
Eso no la aterraba.
La preparaba.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com