La Bruja Luna del Alfa Maldito - Capítulo 60
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Capítulo 60: Lyra: No sangran
—Deja de dar vueltas, Lyra. Me estás estresando. —El Abuelo se mete un puñado de palomitas en la boca mientras sigue viendo su programa.
—Cyrus no me ha mandado ningún mensaje desde que llegó. ¿Crees que todo está bien? —Me dejo caer a su lado y echo la cabeza hacia atrás.
—Seguro que todo va bien. ¿No decías que la Piedra Lunar está llena de hombres lobo fuertes y gigantes? Saben defenderse de sobra. —Coge una lata de refresco y se la bebe de un trago, sin apartar los ojos del televisor.
—¿Puedo preguntarte algo? —giro la cabeza hacia él, con los párpados pesados de sueño.
—No —responde, molesto.
—Venga. Es solo una pregunta —pataleo, quejándome.
—Lyra, lo único que quiero es ver mi programa en paz durante una hora. Déjame. En. Paz —refunfuña antes de subir el volumen.
Lo fulmino con la mirada, haciendo un puchero. —Seguro que soy adoptada, joder. Siempre me haces de menos.
El Abuelo cierra los ojos y respira por la nariz antes de silenciar el televisor. Suspira ruidosamente y se vuelve hacia mí. —¿Qué quieres preguntar? Y que sea rápido.
Sonrío triunfante y me enderezo. —¿El Abuelo Chris llegó a descubrir por qué podía ver cosas que los demás no?
El Abuelo piensa un momento. —Algunas sí que las encontró.
—¿Cómo cuáles? —insisto.
Los ojos del Abuelo se apartan de mi cara mientras intenta hacer memoria. —Sobre su don. Al parecer, provenía de un linaje de brujas. Sus antepasados, o alguien de su familia, practicaban la brujería y, con el tiempo, su magia se impregnó en su sangre, y algunas de sus habilidades se transmitieron a sus hijos. La madre de Chris no era una bruja, pero su bisabuela sabía algunas cosas de brujería. Así que concluyó que sus visiones provenían de ella.
—¿Alguien más en su familia compartía los mismos rasgos? —mantengo la voz baja para no romper su concentración.
—No los mismos rasgos. Sin embargo, tenía un primo por parte de madre que podía leer la mente. Ese primo suyo se distanció de todo el mundo más tarde, porque no podía soportar el ruido en su cabeza. —El Abuelo suspira profundamente.
—Estos poderes son más una maldición que una bendición. Por eso tu abuelo y yo hicimos todo lo posible por mantenerte alejada de ese tipo de vida. ¡Pero ay! Fracasamos. No solo la estás viviendo, sino que estás en el centro de todos estos poderes, hechizos y magia. —Sus ojos muestran dolor mientras me mira fijamente.
Apoyo la cabeza en su hombro para intentar consolarlo. En el fondo, sé que mi abuelo desearía poder sacarme de esa parte del mundo, pero sabe que no puede, y eso le duele.
—¿El primo de mi abuelo sigue vivo? —pregunto en voz baja.
—Debe de estarlo. Aunque es primo de tu abuelo, es mucho más joven que nosotros. Más de una década, de hecho. —El Abuelo apoya su cabeza sobre la mía.
—¿El Abuelo volvió a verlo después de que el primo se distanciara? —bostezo a media frase, sintiéndome agotada.
Siento cómo asiente. —Lo vio una vez, pero se negó a hablar de ello conmigo. Y yo no insistí.
El teléfono fijo suena, rompiendo el silencio, y doy un respingo. Parece una película de terror, jolín.
El Abuelo se levanta para contestar. —¿Hola?
Se queda en silencio, pero veo cómo se le tensan los hombros. Escucha en silencio lo que dice la persona al otro lado. ¿Quién es? ¿Y a qué viene tanto suspense?
—Entendido. ¡Gracias por avisar! —Cuelga y se frota la frente.
—¿Quién era? —mi voz suena vacilante mientras intento leer su expresión.
—Ha llamado Linda, la vecina. Dice que nuestro patio trasero está lleno de perros. Ha sugerido que llamemos a la policía, porque los perros parecen rabiosos. —Frunzo el ceño ante su respuesta.
¿Por qué llamar a la policía por unos perros rabiosos? El control de animales es mejor opción, ¿no?
—¿Por qué no al control de animales? —ladeo la cabeza.
El Abuelo ignora mis palabras y se dirige a su habitación. Minutos después, sale con su arma corta y le acopla un silenciador.
Se me abren los ojos como platos, me levanto de golpe del sofá y me acerco a él. —¿Quieres ir a la cárcel a tu edad? ¿Por qué le sacas un arma a unos animales callejeros?
—Todavía no he sacado nada, y no son perros. Son lobos. Hombres lobo, para ser exactos. —Se cuelga el arma al hombro antes de abrir la persiana de la ventana.
Voy derecho a la ventana y miro por el hueco de la persiana, solo para encontrar a los hombres lobo con ojos brillantes, gruñendo hacia nuestra casa.
Y no son unos lobos cualquiera, son de Medianoche.
Bien jugado, Tom Chester. Qué bien has jugado, cabrón.
Me ha engañado para dejarme sola con mi abuelo porque sabía que Cyrus no permitiría que me hicieran ni un solo rasguño.
—Quédate atrás. Yo me encargaré de ellos. —El Abuelo me empuja hacia atrás, y yo resoplo.
—Es muy osado por tu parte creer que puedes con ellos tú solo. Tú haz lo que puedas. Déjame a mí hacer mi parte. —Me señalo con el dedo y él duda.
Un aullido colectivo resuena en el aire antes de que los lobos carguen contra nuestra casa. Sorprendentemente, los aullidos solo los oigo yo, porque el Abuelo se limita a fruncir el ceño al verlos abrir la boca.
—¿No los oyes? —pregunto al ver su confusión.
—No. ¿Tú sí? —pregunta a su vez justo cuando dispara la primera bala, alcanzando la pata de uno de los lobos, que rueda por el suelo de dolor.
—Nuestra casa está cubierta por un escudo insonorizado, probablemente para evitar la atención de los humanos. Solo yo puedo oírlos. —Abro un lado de la ventana.
Repelo al primer grupo de hombres lobo que carga con un rápido movimiento de la mano antes de girarla y dejarla caer.
Los hombres lobo caen al suelo con el mismo movimiento exacto que acaba de hacer mi mano.
—Buena jugada —comenta mi abuelo antes de disparar otra vez a la extremidad de un hombre lobo. El hombre lobo en cuestión pierde el paso antes de tropezar y caer de lado.
Los hombres lobo empiezan a destrozar nuestra propiedad en masa. Rompen las vallas, las macetas, las luces, el banco, las sillas, la mesa… todo.
El Abuelo sigue disparando al azar, evitando los puntos vitales. Yo los empujo y los retuerzo, pero, por alguna razón, no parecen afectados.
Caen o se hieren, pero se recuperan rápidamente; más rápido que cualquier hombre lobo que haya visto. ¿Qué está pasando?
—Esto es extraño —me vuelvo hacia mi abuelo.
La frente del Abuelo se arruga y sus labios se aprietan en una fina línea antes de apretar el gatillo directo al cuello de un hombre lobo.
Mis ojos se abren de par en par ante la escena. El hombre lobo solo se detiene un instante antes de volver a gruñir y enseñar los dientes. Ni siquiera sangra por el disparo.
Retrocedo tambaleándome y tiro de la mano del Abuelo. —No podemos luchar contra ellos. No se les puede herir y no pueden morir. No podemos ganar esta pelea.
—No pierdas la esperanza. Nunca te he enseñado eso. —El Abuelo sigue disparando; incluso apunta a sus ojos, pero es inútil.
El hombre lobo salta sobre nuestra puerta y empieza a destrozar la madera. Justo entonces, un lobo —una loba— aparece de la nada y aúlla con fuerza.
Esto llama la atención de los hombres lobo de Medianoche, que se giran para mirarla. Entonces, la loba no pierde ni un segundo y empieza a correr entre la manada de lobos, lanzando tarascadas, mordiendo, arañando y desgarrándolos.
Consigue derribar a algunos antes de que empiecen a acorralarla entre todos. Ella sigue luchando, con los ojos brillando por una mezcla de adrenalina y rabia. Intento ayudarla, pero no sale nada de mis manos.
¿Pero qué…?
Me toco el cuello y mi guardapelo no está por ninguna parte. ¡Vaya momento!
El Abuelo dispara más veces y rompe momentáneamente la formación de la manada a su alrededor, pero no se distraen por mucho tiempo.
El lobo más grande de todos inmoviliza a la loba en el suelo, enseña los dientes y levanta las zarpas para atacarla. Pero antes de que pueda hacerlo, un gruñido bajo, casi vibrante, llena el aire, poniéndome la piel de gallina.
El gruñido es tan autoritario y controlador que podría poner de rodillas a cualquiera, y así, sin más, los hombres lobo que rodeaban a la loba se dispersan y se apartan de ella, revelando a Grey.
Sus ojos brillan con un tono morado antes de que gruña y se abalance sobre los hombres lobo enemigos. Les parte el cuello con un solo apretón de su mandíbula y caen al suelo con la cabeza inerte. Les arranca las extremidades de sus cuerpos y les da cabezazos tan fuertes que se les caen los dientes.
Los ojos me escuecen por las lágrimas de alivio al verlo. Ha vuelto. Él también debe de haber sentido la trampa.
Todos los hombres lobo se recuperan rápidamente, igual que antes, pero esta vez, su lenguaje corporal transmite miedo. Están claramente intimidados y aterrorizados por Grey. Por Cyrus.
Tomad esa, criaturas. Ese es mi chico.
Todos los hombres lobo salen huyendo en cuanto se recuperan, con el rabo entre las piernas.
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