La Bruja Luna del Alfa Maldito - Capítulo 63
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Capítulo 63: Lyra: La primera cita
—¿Vamos? ¿No tienes tu propia casa? —entrecierro los ojos al mirarlo.
—No me gusta estar allí. Es solo un apartamento solitario con pocos muebles. Me gusta tu apartamento y la casa del Abuelo, y tengo la sensación de que también me va a gustar tu nueva casa —divaga, y se me derrite el corazón.
¿Acaba de llamar suyo a mi abuelo? Es tan increíblemente adorable.
—¿Por qué? —pregunto en voz baja, a la espera de su respuesta.
—Porque tú estás allí. Tú eres mi hogar, Lyra Winters —dice Cyrus, deteniéndose para mirarme fijamente, con sus ojos brillantes y claros.
Mi rostro se suaviza justo cuando siento mariposas en el estómago. Evito su mirada y sigo caminando, haciendo que él también se mueva. —Suenas como un cazafortunas.
Se ríe a carcajadas. —¡Oh! Lo soy. Tengo una novia rica, así que más me vale aprovecharme.
Intento ocultar mi sonrisa, pero no lo consigo. Lleva mi mano a sus labios y la besa.
Primero lo llevé a un parque de atracciones. Allí compro una cantidad demencial de dulces y refrescos, casi hasta darme un subidón de azúcar. Luego arrastro a Cyrus a casi todas las atracciones, esperando que se asustara, pero ni siquiera se inmuta. Es más, en esas atracciones parece un hombre absolutamente hermoso, con el pelo al viento y sus ojos profundos ligeramente entrecerrados por el aire.
¿Y yo? Grité en todas y cada una de ellas, clavándole las uñas en las manos. Lo peor de todo es que vomité después de bajarme de esas atracciones. Cyrus me sujetó el pelo y me frotó la espalda con cara de preocupación, sin mostrarse molesto o asqueado ni una sola vez.
Paramos en un food truck por insistencia de Cyrus. Por lo visto, debía comer porque había vomitado; si no, me debilitaría.
De hecho, me compró todo tipo de porquerías, que a él normalmente no le gustan, para que recuperara la energía. Y funcionó. Ahora me siento mucho mejor. Por eso, ahora mismo estamos en un cine.
Elegí la película más horrenda que jamás ha existido, porque no tenía ni idea de que alguien pudiera producir algo tan atroz. Ni siquiera recuerdo su nombre. Lo único bueno es el actor que está buenísimo y todas las veces que sale desnudo.
—No soy mejor que los hombres —murmuro antes de meterme un puñado de palomitas en la boca.
El actor buenísimo está ahora mismo liado con la protagonista, que es mayor que él, y, madre mía, cómo besa. Probablemente sea uno de los que mejor besan entre los nuevos actores de hoy en día.
Una mano enorme, gigantesca, me tapa los ojos, impidiéndome ver la pantalla. Hago un sonido de fastidio antes de apartar las manos de Cyrus de un manotazo.
—¡Para ya! —lo regaño.
—Cariño, esto es porno —comenta Cyrus, con la voz llena de arrepentimiento.
—He visto porno —digo con indiferencia, y siento cómo Cyrus me taladra el lado de la cabeza con la mirada.
—¡¿Perdona?! —suena totalmente desconcertado.
¿Qué tiene de increíble? Soy una persona normal y en algún momento me entró la curiosidad.
—¿Qué? ¿Vas a juzgarme? —lo fulmino con la mirada, y él cierra los ojos.
—No. Solo estoy sorprendido —dice, reclinándose en su asiento.
Tras otros quince minutos de tortura, la película por fin termina, y salgo disparada por la puerta del cine, arrastrando a Cyrus conmigo.
—Un desperdicio de dinero. Menuda mierda de película. ¡Qué película más asquerosa! —me quejo durante todo el camino, y Cyrus vuelve a cogerme la mano.
—Podríamos habernos ido si no querías verla —me recuerda.
—Podríamos haberlo hecho. Pero te gastaste el dinero. Estaba decidida a aguantar hasta el final; afortunadamente, el actor ayudó —digo, levantando las cejas de forma pícara, y él se limita a negar con la cabeza.
—Nunca me has mirado como lo mirabas a él —se enfurruña, y yo le doy un tironcito en la mano.
—Te miro con más atención y con una mayor variedad de emociones. Eso es mejor que simplemente comerte con los ojos —digo, suavizando el tono.
—Pero me gustaría que me comieras más con los ojos —dice, mirándome fijamente a los ojos, lo que hace que mis mejillas se sonrojen.
—Lo hago. Solo que no lo ves —intento defenderme.
A ver, no quiero que piense que soy una especie de pervertida que solo lo mira con deseo. Pero como él mismo lo quiere, no me da vergüenza admitirlo.
—Entonces, demuéstramelo la próxima vez. Si alguna vez me desnudo, más te vale mantener los ojos en mí y en ningún otro sitio —dice, alzando la voz con un matiz de entusiasmo, lo que hace que algunas personas se giren hacia nosotros.
Siento que la cara me arde por su reacción, y le tapo la boca con las manos. —Calla. La gente está mirando.
Abro mucho los ojos a modo de advertencia, y él por fin mira a su alrededor, moviendo los ojos de izquierda a derecha. Me lame la mano que tengo sobre su boca y la aparto de un respingo.
Él solo sonríe antes de limpiarme la mano en sus pantalones. —¿Adónde vamos ahora?
—Ya son las cuatro de la tarde. Deberíamos ir a casa. ¿A menos que quieras ir a otro sitio? —sugiero, dejándole decidir.
En realidad, le enseñé casi todo antes de ir al parque de atracciones. Le enseñé mi centro comercial favorito, mi escuela, mi universidad, mi restaurante preferido… todo lo que se me ocurrió.
Pero todavía parece que quiere visitar uno o dos sitios más.
Abre la boca y habla tan bajo que casi no lo oigo. —Al puente. Quiero ir al puente.
Su mirada va y viene entre mis ojos con vacilación, haciendo que me duela el corazón. Uf. ¿Por qué está tan adorable hoy?
Está hablando del puente donde nos conocimos por primera vez, cuando para mí no era más que un chico triste con sudadera.
—Está un poco lejos de aquí. Pidamos un taxi, ¿vale? —digo mientras saco el móvil y pido uno.
La aplicación muestra que el coche llegará en diez minutos, así que, por el momento, nos sentamos en uno de los bancos de la acera.
—Ya que vamos al puente, cenemos fuera hoy, y después podemos irnos directos a la cama, ¿mm? —sugiero y apoyo la cabeza en su hombro, sintiéndome cansada.
Cyrus entrelaza su brazo con el mío y se acerca más. —¡Lo que tú digas, princesa!
Cierro los ojos, satisfecha con el momento. Cyrus se queda en silencio, probablemente perdido en sus propios pensamientos. Su corazón late suavemente contra mi oído, y su calor casi me adormece. ¡Dios! Quiero quedarme en sus brazos toda mi vida.
Mi móvil suena con una notificación de que el taxi ha llegado. Nos levantamos y nos dirigimos al taxi que se detiene para recogernos.
—¿Lyra Winters? —confirma el conductor, y arranca después de que yo asienta con la cabeza.
Cierro los ojos de nuevo para echar una siestecita. Vamos a tardar una hora. Cyrus me acerca más a él, habiendo comprendido mi cansancio, y acurruca mi cabeza en su cuello.
—¡Cariño! Ya hemos llegado —el suave susurro de Cyrus me despierta, y miro por la ventanilla para ver la gigantesca suspensión del puente.
Cyrus me abre la puerta antes de bajar por el otro lado, y yo salgo. Empezamos a caminar por el sendero después de que el taxista se marche, dejándonos solos.
—Ese día, en realidad, estaba pensando en saltar del puente —confiesa Cyrus en voz baja, y yo me detengo en seco.
Se me encoge el corazón ante esta revelación, y lo miro fijamente, inmóvil. Cyrus solo sonríe con tristeza. —Nunca me gustó ser un Alfa, y menos aún ser de Piedra Lunar. La falta de responsabilidad de mi padre hacia la manada me obligó a ser el responsable cuando solo era un niño. Pero esa responsabilidad hizo que me costara respirar.
Cyrus me seca las lágrimas, de las que ni siquiera era consciente. —Por eso elegí específicamente ese día, el aniversario de la muerte de mi padre, para acabar con todo. Pero entonces te vi a ti, y pude respirar. No me sentí asfixiado cuando me tiraste aquel billete de un dólar y me diste el paraguas. Desde entonces, hasta que volví a verte, ese paraguas y ese billete de un dólar han sido mi ancla.
Cyrus me acuna la cara con ambas manos y apoya su frente en la mía. —Haces que sea fácil respirar, Lyra Winters. Haces que sea fácil sentir.
Un nuevo torrente de lágrimas cae por mi rostro, y no puedo evitar prometerle: —No soy tu madre, y tú no eres tu padre. Tendremos éxito, y viviremos. Los dos.
Tras decir eso, lo beso con tanto amor que sus labios tiemblan en mitad del beso y las lágrimas caen de sus ojos tristes. Me atrae hacia él en un abrazo que me rompe los huesos, y yo lo abrazo con la misma fuerza.
Desearía que el tiempo se detuviera. Desearía que la vida fuera tan fácil como este momento.
Desearía no tener que luchar contra un hechicero malvado y eliminar la maldición que nos ha estado atormentando a Cyrus y a mí.
Desearía poder vivir un futuro largo y hermoso con Cyrus Grayson.
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