La Bruja Luna del Alfa Maldito - Capítulo 62
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Capítulo 62: Lyra: ¡En marcha
Cyrus ha estado más pegajoso estos días de lo que era antes. Ya puedes imaginarte cuánto es eso.
Después del ataque que sufrimos mi Abuelo y yo la semana pasada, Cyrus ha estado insufrible. Ni siquiera me deja ir sola al baño. Me sigue a todas partes y, en la práctica, volvemos a vivir juntos.
Sí, ahora se ha mudado conmigo. Como me niego a vivir en casa de mi Abuelo todos los días, se ha mudado él a la mía. Duerme en mi sofá todas las noches. Me prepara las tres comidas. Hasta fue al supermercado y compró una cantidad demencial de aperitivos y refrescos.
Creo que tiene problemas de abandono. No hace falta ser un genio para darse cuenta. Empieza a sentir vértigo cuando no me ve cerca y solo es capaz de dormir y comer como es debido cuando estoy a su lado.
Y, a decir verdad, me encanta ser la estabilidad en su vida. Me hace sentir deseada, amada y necesaria. Sin embargo, no se lo digo. Tengo miedo.
Después de que casi me rechazara como su pareja, me da miedo abrirme y hablarle de mis sentimientos. Lo amo, pero no se lo voy a decir.
No hasta que reúna el valor de volver a ser vulnerable con él. Hasta entonces, seguiré siendo su ancla, pero sin apoyarme mucho en él.
—¿Por qué te has levantado tan temprano? —Unas manos me rodean la cintura antes de atraerme hacia un cálido abrazo.
Cyrus hunde la cabeza en mi cuello, mi espalda contra su torso. Gruñe un poco al tiempo que suspira suavemente.
—Hueles tan bien. —Me da un beso en el cuello.
Le doy un codazo, haciendo que se aparte con un quejido de dolor. —No tengas esos detalles tan domésticos conmigo.
Lo señalo con el dedo, y él lo muerde suavemente antes de lamerlo con una mirada ardiente. Me quedo boquiabierta ante su gesto; retiro la mano y me la limpio en la ropa.
—Qué asco. —Finjo estar asqueada. Pero en el fondo, no puedo ignorar cómo sube la temperatura de mi cuerpo cuando hace cosas como esa.
—No decías eso cuando tenía la boca en tu c…
—¡Cyrus! —grito antes de que pueda terminar la frase.
—Tú…, tú…, ¡lárgate! Haz las maletas y vete a vivir a tu propia casa o con mi Abuelo. No quiero a un salido como tú aquí. —Lo empujo por la espalda.
Me agarra de los brazos, se gira y me acorrala contra la encimera de la cocina, apoyando los suyos a mis costados. —Pues qué pena, pero no me pienso ir bajo ningún concepto. Te dije que no funciono sin ti y sigues intentando echarme. ¡Qué mujer tan cruel!
Me quedo boquiabierta ante su tremenda audacia. —Al menos yo solo lo intento; tú sí que me echaste de tu casa. ¿Lo has olvidado?
Gruñe y esconde de nuevo la cara en mi cuello. —No vas a dejar que lo olvide, ¿eh? Lo siento. De verdad, de verdad que lo siento. Seguiré pidiendo perdón por toda la eternidad.
Me cubre la cara de besos antes de que lo empuje. —Ve a poner la mesa. Tengo hambre.
—¿Hambrienta de mí? —Se levanta la camiseta, revelando unos abdominales muy definidos, y me guiña un ojo.
Me le quedo mirando más de la cuenta antes de volver en mí. —Los he visto mejores.
Su expresión se ensombrece. —¿Dónde? ¿Quién? Necesito nombres.
—¿Por qué? ¿Quieres matar a un hombre porque lo he mirado? —Sirvo zumo de naranja en dos vasos e ignoro que sigue rondándome.
—Sí. Me parece una razón perfecta para matar. —No hay ni un atisbo de duda en su voz y, para mi espanto, le creo.
Siempre ha sido muy posesivo, pero eso no ha hecho más que aumentar, y no sé si me gusta o me asusta.
—Pensaba que no te gustaba matar. —Voy y me siento a la mesa.
—Me da que tú vas a cambiar eso de mí. —Entrecierra los ojos al mirarme, pero la sonrisa no abandona su rostro.
—¡Eh! No me eches la culpa a mí. No quiero que mates a nadie. —Me defiendo rápidamente—. No voy a cargar con la culpa de la muerte de nadie.
Él solo suelta una risita, lleva toda la comida a la mesa y me sirve un cuenco de arroz antes de sentarse. —Tengo que decirte algo sobre Tom.
El ambiente cambia de repente en cuanto menciona a Tom, y asiento para que continúe.
—Es conocido por sus malas prácticas con la magia oscura. Hará todo lo que esté en su poder para asegurarse de que consigue lo que quiere. Quiero que tengas mucho cuidado y que estés preparada. Odio que tengas que andar con mil ojos últimamente, pero te lo prometo: te traeré su cabeza cuando todo esto termine. —Me pasa un vaso de agua con tanta naturalidad como si no acabara de prometer la cosa más gore que he oído nunca.
—Pero ¿por qué nadie de la Comunidad de Hechicería le exige responsabilidades por sus malas prácticas? Especialmente en lo que respecta al uso indebido de la resurrección de sombras solo para convertir a los lobos en sus marionetas. —Muerdo la comida con demasiada fuerza, al acordarme de su horrible cara.
Nunca he despreciado a nadie tanto como a Tom. Es un ser humano extremadamente engreído que se niega a asumir la responsabilidad de sus malas acciones. Tendrá una muerte miserable.
—Al parecer, lo intentaron, pero Tom siempre levantó un muro entre él y la Comunidad de Hechicería, y en cierto momento a ellos también les dejó de importar. Lo tratan como un tema tabú. —Cyrus termina su comida y aparta los platos sucios.
La cabeza me da vueltas, así que cambio de tema. A la mierda con Tom Chester y sus malas prácticas.
—¿Cómo está llevando Rowan la presencia de su madre? —Me levanto y llevo los platos al fregadero.
Cyrus ya está listo, con los guantes puestos. Enjuaga los platos antes de meterlos en el lavavajillas.
—En realidad, se lo tomó bastante bien. De hecho, se está comportando como un crío a su alrededor y no la deja sola ni un instante. —Cyrus sonríe un poco y mi corazón se derrite.
¿Habría hecho él lo mismo si su madre estuviera viva? ¿Qué tipo de hijo habría sido Cyrus? ¿Habría sido más de su madre o de su padre?
—¿Ha contado algo más? —me pregunto.
—Aún no. Rowan no tiene ninguna prisa. De hecho, no le importa su paradero durante todos estos años; se alegra de que esté aquí ahora. —Cyrus me pega del todo a él.
—Es bueno oír eso. Rowan es un hijo considerado. —Le rodeo el cuello con mis brazos.
—Tengamos una cita —propone Cyrus de la nada.
—¿Qué? —me enderezo, con los ojos como platos.
—Es fin de semana. La biblioteca está cerrada. Tenemos todo el día libre. Salgamos. Enséñame la ciudad. —Me da un codazo en la barbilla con la nariz antes de depositar allí un beso suave y tierno.
—Suena bien. Vamos a prepararnos y luego nos vamos. —Sonrío, emocionada ante la idea de tener una cita con él.
Nunca hemos hecho las cosas mundanas que hacen las parejas. Desde el principio de nuestra relación, hemos visto todo tipo de cosas anormales y hemos librado batallas tan serias que nunca llegamos a disfrutar de los momentos y experiencias normales que tienen otras parejas.
—Vale. Ve tú delante. Yo vacío primero el lavavajillas. —Se aparta, no sin antes robarme un beso en la mejilla.
Una hora más tarde, he terminado con todo. Me he maquillado, peinado y he elegido un conjunto bonito. Llevo un maquillaje natural con una generosa cantidad de colorete. Llevo el pelo en ondas sueltas. Y visto un top palabra de honor morado combinado con unos pantalones cortos negros y una rebeca negra.
Con zapatillas blancas y gafas de sol, parezco la mujer más guapa del mundo. Llamadme arrogante, pero me encanta mi aspecto. No puedo evitarlo.
Cyrus va a juego conmigo con su atuendo completamente negro, y para variar también se ha puesto zapatillas blancas. Normalmente lleva botas.
Hace girar el llavero en sus dedos y niego con la cabeza. —No vamos a ir en tu moto.
Él enarca una ceja. —¿En tu coche entonces?
—Tampoco. En ese no. —Cojo mi móvil de la encimera de la cocina antes de agarrar la llave del apartamento.
—¿Vamos a ir andando? —pregunta Cyrus de nuevo, y finalmente asiento.
—Sí. Y podemos pedir un taxi si nos cansamos, pero hoy no vamos a conducir. —Sale detrás de mí mientras salgo de casa.
—Deja que yo lo haga. —Me quita la llave de la mano antes de cerrar la puerta él mismo.
Comprueba la cerradura dos veces y gira el pomo. Una vez que está seguro de que está bien cerrada, salimos y bajamos.
—¿Vas a mudarte de este sitio alguna vez? —Cyrus me coge de la mano.
—De hecho, sí. Estoy pensando en mudarme a otra casa que tengo —afirmo.
—¿Tienes otra casa? —pregunta Cyrus, sorprendido.
Sonrío un poco. —Sí. En realidad es más grande y está en una zona mejor y más segura. Este apartamento fue solo un capricho que me compré en mi fase rebelde. Pero más tarde, me acostumbré a él. Ahora estoy pensando en mudarme, ya que no me gusta estar aquí. Quiero más espacio.
—Pues mudémonos mañana —sugiere Cyrus con entusiasmo.
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