La decisión que cambió mi destino - Capítulo 16
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16: Libro 1: La otra cara de la moneda 16: Libro 1: La otra cara de la moneda El ataque había quedado como una invasión sin más; aunque Isolde creía que fue una fachada para asesinar a su padre por cierto motivo que no nos quería revelar.
Luego de ese atentado, Isolde quedó desmoronada y sin ganas.
Ella, era quien debía quedarse con la empresa, pero su hermano mayor tomó el mando a la fuerza, dejándola en la nada sin un hogar al cual volver; lo único que le dejó fue unas cuántas monedas de plata.
Por otro lado, yo no he regresado a ese estado salvaje en días, sin embargo, podía acceder al poder de la marca con más calma y pureza; Shader aún seguía sin tener acceso a ella, era normal que eso sucediera en él.
Decidimos comprarnos una armadura de cuero simple cada uno; de ahí en más decidimos no gastar ese dinero si no era necesario.
Fuimos a la sede de aventureros en busca de alguna misión que nos dejase algo grande.
Lo que nos encontramos fue una burla, todas daban un monto pequeño a lo esperado con lo que pedían: incluso para Shader, que no le importaba mucho esas cosas; pero entendimos que para ellos también le era difícil por la mala economía del reino, así que optamos por ir a una mazmorra.
—Deben alquilar su uso.
—comentó la recepcionista.
—su valor es dependiendo de la dificultad y el tiempo que quieran, aunque debo decirles que sacan mucho más de lo que pagan por ellas.
—¿Qué dicen?
—pregunté.
—Depende.
—contestó Shader.
—una mazmorra de nivel medio, ¿Cuánto está?
—Como se califican del diez, siendo el más bajo, hasta el uno, siendo el más alto… Pues si eligen una de ocho, que tiene buena recompensa, serían veinticinco monedas de plata por un día, o setenta tres días, una de oro una semana.
—¿Veinticinco monedas de plata por un día?
Ni loca.
—expresó Isolde.
—Tú no pagarás, ¿De qué te quejas?
—añadió Calista.
—pero sí, es mucho dinero.
—Pero obtendremos más de lo que vayamos a pagar.
—contesté.
—ahora que tengo el poder de la facción podré ayudar en algo, aunque no sea mucho.
Sé que aún necesito más poder.
—expresé mirándome la mano, y apreté el puño con fuerza.
—Yo digo que vayamos.
—añadió Throgar.
—siendo cinco podemos sacar mucho dinero.
—Está bien… Iremos, ¡Pero deberán esforzarse al máximo, ¿¡Entendido!?!
—señaló con firmeza.
—quedaremos arruinados.
Lo máximo de recompensa de las misiones son de una moneda de plata, es dinero, sí, pero no suficiente.
—Tranquila, nosotros nos encargaremos de tener mucho dinero.
—declaró Shader abrazándome con una sonrisa, e incorporó a Throgar—.
¿No es cierto, chicos?
—Sí… —contestó con timidez.
No respondía por no querer parecer un arrogante luego de haber desbloqueado este poder; hacerlo de un momento a otro era absurdo, sabiendo que apenas subí de nivel.
Tomamos de forma definitiva la opción de ir a la mazmorra.
Me parecía una pena que Elran tuviera que marcharse para explorar otras mazmorras, pero al final de cuentas a eso se dedicaba.
El hermano de Isolde se había quedado con la carroza, por lo que estábamos a pie.
Antes de irnos recordamos que Calista seguía sin hacerse la marca de alianza, así que nos dirigimos al “Atrío de la marca”.
En aquel lugar estaba lleno de todas las razas, aunque los elfos altos eran de mísera cantidad; algo notable era que estaban separados por razas, si quiera cruzaban miradas por casualidad.
—¿Esto es lo que provoca la guerra?
Malditos aquellos que la provocaron.
Estoy seguro de que ni ellos saben el origen.
El tiempo pasó y llegó el turno de Calista.
Tuvo que pasar el brazo por la ventanilla de la recepción.
Lo único que hizo la persona fue apoyar su mano en el brazo.
Ella chisteó, como un quejido, por haber sentido una quemadura.
—Eso dolió un poco.
—Es normal, de esa manera se impregna bien en la piel.
—contestó la persona.
—Imaginé que tenía que pasar por cierto proceso.
Elran exageró al querer llevarme con el rey.
Ya que nos desviamos, decidimos ir a comprar comida ¿Cómo era posible que nos olvidáramos de algo tan importante?
Al fin tomamos rumbo luego de tanto rodeo.
La mazmorra se encontraba a un par de horas, así que aceleramos el paso, no queríamos llegar tarde y que se nos venciera el tiempo límite.
El camino no era uno infestado de alguna criatura; Isolde mencionó que en el mercado negro compraban todo tipo de partes de monstruos, como el líquido del slime que había tomado Elran.
Un grupo de veinte hombres apareció en el camino, con la pinta inconfundible de bandidos: ropas desgarradas, armas y miradas que destilaban crueldad.
Lo que más llamaba la atención era la carreta que arrastraban; sobre ella, una jaula cubierta con un manto raído.
No hacía falta demasiada inteligencia para intuir lo que eran.
No teníamos pruebas, y esa impotencia me consumía por dentro.
El simple pensamiento de que fueran esclavistas me hacía hervir la sangre.
A mi lado, Shader parecía aún más afectado: sus ojos no se apartaban de la carreta, y en ellos se reflejaba un odio absoluto, el de alguien que ya había visto aquello antes y que jamás lo perdonaría.
—¿Qué ven, mocosos?
Sus pasos eran rápidos, se notaba lo apresurados que estaban; se alejaban a pasos agigantados, hasta que los perdimos de vista.
—¿Eran esclavistas?
—preguntó Throgar.
—Obvio… —contestó Isolde—.
¿Qué creías que eran?
¿Un circo?
—Hey, con respeto.
—expresó Shader.
—él sólo hizo una pregunta.
—¿Por qué te molestas tanto?
Solamente le contesté y ya.
—No importa, de verdad, estoy acostumbrado a estas cosas.
—En este mundo también hay gente que la pasan mal, ¿He?
Eso debería cambiar.
Desde ese día que no escucho tu voz, ¿Qué ocurre?
—no contestaba.
—ya veo… Te has ido… —Dejen de parlotear tonterías.
—expresó Calista.
—deben tener la mente concentrada en la mazmorra.
No hagan que ese dinero se desperdicie.
—¿¡Con quién crees que hablas, imbécil!?
—Isolde empuñó su mazo gigante—.
¿Cómo que parlotear?
Repítelo.
—Eres inmadura.
—Mira quién habla.
—repliqué.
—desde el momento que te conocimos eres inmadura.
—¡Ja!
Te dejaron en evidencia.
—Que grupo más curioso son ustedes.
—¡Sí que lo somos!
—Shader lo tomó del hombro riéndose.
—el destino nos unió, y ahora tú te nos uniste.
El grupo se hace más grande.
—Es cierto… Y pensar que empezamos tú y yo.
—comenté.
—Sólo falta Elran.
—¿Quién es ese tal Elran?
Antes lo mencionaron.
—Es un explorador de mazmorras y un elfo oscuro.
Bastante fuerte.
Ese tal Celdran no le llega ni a los talones.
—contestó Shader.
—¿Tan fuerte es?
Increíble.
—su voz fue suave.
—Hay humo en esa dirección, ¿No será acto de esos hombres?
—indagué.
—Es mejor que vayamos.
—expresó Shader.
—¿Por qué?
Es mejor no entrometernos en asuntos ajenos.
—añadió Isolde.
—sigamos con lo nuestro.
Si están atacando a un pueblo, que ellos mismos se las arreglen.
O que llamen a la guardia.
—Que egoísta.
—Calista la miró con furor.
—aunque no me sorprende eso de ti.
—¿Qué esperabas?
Yo soy mi propia prioridad.
—Vayamos a ayudar, no podemos abandonar a esa gente.
—Shader se demostraba intenso, con su daga en mano.
—Yo intentaré hacer lo que pueda.
—contestó Throgar temeroso.
—¿No te acobardarás ahora, cierto?
—Isolde miraba a Calista.
—Claro que no.
Tú eres la cobarde.
—¿¡Cobarde yo!?
¡Te demostraré que no soy ninguna cobarde, elfa arrogante!
¡Vayamos cuando quieran!
—Es muy fácil hacerla enojar matando su ego… No sé si es algo bueno o malo.
Entonces vayamos, espero poder hacer algo.
Resultó ser un pueblo: uno pequeño, que estaba en la miseria.
Los atacantes terminaron siendo aquellos hombres que vimos antes; había otros con más carretas y jaulas.
La mirada de Shader era la de alguien que se encontraba en un trance de shock; sus músculos estaban rígidos.
—Algunos de esas jaulas son… De mi pueblo.
—¿Estás seguro?
—miré aquellas personas.
—¡Sí!
Pero… ¡Mi madre…!
No está… ¡No la veo allí!
¿¡Qué fue lo que le hicieron!?
—se desplazó con tal fuerza que destruyó el suelo—.
¡Morirán aquí y ahora!
—Este poder… Nunca lo demostró.
—Es su ira.
Está llevando su poder al máximo, eso es algo malo.
—comentó Calista.
—podría llegar a morir.
—¿Morir?
—pregunté preocupado.
—Recuerda que el maná se encuentra en el corazón, ¡Ayúdalo para que no se sobrepase!
—¡Claro!
Shader se lanzó al centro del grupo de bandidos con una precisión mortal, alternando golpes de daga y embestidas con su escudo.
Cada movimiento suyo parecía predestinado, esquivando y bloqueando los ataques con una fluidez que rayaba en lo sobrenatural.
Los bandidos, desesperados por su destreza, atacaban en oleadas: uno intentó embestirlo por la derecha, otro se lanzó desde atrás con un garrote, y otro más arrojó una daga que cortó el aire cerca de su cabeza.
Shader giraba y saltaba con la agilidad de un animal salvaje, bloqueando, esquivando y devolviendo golpes con fuerza letal.
Cuando llegué corriendo, la escena era un caos de movimiento y acero.
Uno de los bandidos consiguió acercarse lo suficiente para intentar golpearlo por la espalda, pero pude interceptarlo con rapidez, empujándolo fuera del camino.
Shader aprovechó el instante de distracción: giró, embistió al más cercano con el escudo y lanzó un corte limpio con la daga que dejó al bandido tambaleando.
El aire estaba lleno del chocar de metales y el sonido de respiraciones aceleradas.
Cada segundo contaba, y la batalla se sentía como un torbellino que no daba tregua.
—Cálmate, terminarás matándote a ti mismo si sigues así.
—¡No me importa, ellos mataron a mi madre!
—Ellos no lo hicieron.
Fui yo.
A nuestras espaldas, alejado, había un hombre casi idéntico a Shader, en especial sus ojos.
—¿Padre…?
—se quedó tieso con la mirada perdida y con una calma profunda, pero aun manteniendo aquel poder.
—¡Estás distraído!
El resto aprovechó el momento para intentar atacarlo, pero Shader desbloqueó la habilidad de su escudo: dándole una forma circular y cortándoles la cabeza.
—Calmado es más aterrador.
—No saben lo que hicieron.
Tenemos un permiso para hacer esto.
—comentó un hombre que daba la impresión de ser un típico comerciante, se escudaba con un hombre enorme.
—estarán acabados.
—¿A qué te refieres con que fuiste tú quien la mató?
¿Te están obligando a decir eso?
—Obligar… Nadie me obliga, nunca los quise.
Tu madre siempre me irritó y tú más.
—Mentira… Es mentira, ¡Tú eres alguien bondadoso que ayuda a los demás, alguien a quien admirar!
¡Un gran padre y esposo!
Me hice aventurero por ti… —Entonces eres un ingenuo, muchacho.
—¡No, no, no!
—se tomaba la cabeza con la respiración agitada.
—es mentira, es mentira… —su marca brillaba y de él desprendía el poder de asesino—.
¡Di que es mentira!
—¡Yo maté a tu madre!
¡Y también te mataré!
Empuñó su espada, sin embargo, antes de que hiciera algo, Shader llegó a él en un instante: le arrebató la vida sin dudarlo con una estocada limpia y silenciosa.
Con la daga aún insertada en el pecho añadió: —Tú no eres mi padre, eres un impostor.
—Eres un ingenuo… —¡Están acabados!
—gritó el mercader.
El bandido que protegía al comerciante desmayó a Shader de un golpe, al igual que con los tres, que habían llegado.
Enseguida me abalancé hacia él, pero lo perdí de vista como si se hubiera desvanecido.
Lo próximo fue ver todo negro.
Desperté en una jaula, junto con mis amigos, en las calles de la capital.
Ninguno teníamos nuestras cosas, además de eso estábamos encadenados y siendo abucheados por las personas mientras nos lanzaban cosas.
—¿Qué está pasando?
—Nos están llevando a la corte.
—Calista se demostraba tranquila, sin ánimos, mirando a un costado.
—¿La corte?
—¡Esto es culpa de ustedes!
¡Les dije que era mejor no meternos!
—Ya cállate, ¿Sí?
—replicó Calista.
—¿¡Callarme!?
¡Pero si es verdad!
—¿¡Crees que no lo sé, maldita infeliz!?
—en lágrimas añadió.
—maldición… —Lo siento chicos.
—expresó Throgar.
—¿Por qué te disculpas?
—cuestionó Calista.
—fuimos todos.
—La culpa es mía, yo los maté.
Debería estar yo solo aquí.
—Se fue todo a la mierda por lo que veo.
Fue un gran viaje junto a ustedes, al menos seguiremos estando juntos.
—¡Saquen a estos prisioneros!
Nos arrastraban a la fuerza, como si fuéramos simples desechos que el mundo había decidido ignorar.
La reja trasera se cerró tras nosotros con un estruendo metálico; allí, más guardias nos esperaban.
Nos impusieron una cruz marcada con magia: símbolo de delincuentes.
Al pasar por la siguiente puerta, la corte se desplegó ante nosotros como un abismo.
Gente por todas partes, miradas clavadas, silenciosas y pesadas.
Allí estaban Celdran con su grupo, y Caelir con los suyos.
Los ojos de Caelir brillaban con pena; Liora y Eryndor compartían ese mismo dolor silencioso.
Celdran, sin embargo, me miraba sólo a mí: odio puro, afilado, cortante.
Su asco era tangible, un olor a desdén que parecía rodearme.
Nos arrojaron al suelo, cadenas encadenadas a anclajes fijos.
Cada movimiento dolía.
La presencia del juez se sentía como un frío que calaba hasta los huesos, examinándonos, midiendo nuestro miedo.
A su derecha, el comerciante sonreía, pero no era una sonrisa normal: era una mueca narcisista que se clavaba en mi pecho, como un puñal invisible que cada vez giraba más profundo.
El aire estaba pesado, cargado de murmullos y miradas acusadoras.
Cada segundo que pasaba hacía que el mundo se estrechara a nuestro alrededor.
No había escape, no había refugio.
Sólo el frío, el juicio y la sensación de que todo nuestro ser estaba siendo devorado.
—En otros casos dejaría que intentaran defenderse, pero en esta situación les diré mi veredicto por tener todas las pruebas apuntando a ustedes, en especial el chico llamado Shader; el resto son cómplices.” “Los condeno a diez años de prisión por violar un tratado con el rey, y cinco años más para Shader por matar a su propio padre.
—¡Eso no es justo!
—exclamó Caelir—.
¡Están esclavi…!
—Eryndor lo tomó a la fuerza tapándole la boca—.
¡Suéltame!
—No.
El juez miró con ira a Caelir.
—Mil disculpas, señor juez.
—expresó Liora inclinándose.
—no volverá a ocurrir.
—Eso espero.
—¡No puede darnos diez años!
—interrumpió Isolde—.
¡No es justo!
—Entonces no hubieran roto las leyes.
Se me ocurrió algo, ¿Qué les parece entregar mil monedas de plata y salen todos, o salen ustedes, pero se queda el tal Shader?
Ya que él cometió los delitos.
Al instante nos quedamos observando a Shader.
—¿Dejarlo a costa de nuestra libertad…?
—indagó Isolde sonriendo nerviosa—.
¿Es en serio?
¡Por supuesto que se lo entregamos!
¡Se lo pueden quedar, no tengo nada que ver con él!
—¡Claro que no lo entregaremos!
—grité—.
¡Él es nuestro amigo!
Nunca lo haremos.
—Sólo tenemos ochocientas monedas contando las de Isolde.
—comentó Calista.
—¡No entregaré nada de mi dinero, infelices!
Miré a Isolde de forma amenazante, aterrándose.
—Está bien… Te lo entregaré.
—contestó aterrorizada.
—¿Le sirve ochocientas monedas?
—pregunté mirándolo intenso.
—Por ahora podría servir, pero tendrán que entregarme el resto dentro de dos semanas.
—Sí, lo haremos.
Nos tomaron a la fuerza hasta llevarnos a la misma entrada y nos soltaron de forma brusca; la marca no nos la quitaron, quedaría en nosotros para siempre.
Alejándonos de la corte, se nos acercó Caelir acompañado de sus amigos.
Su intención era entregarnos dinero, pero fue interrumpido por Eryndor, había gente observando y no quería que los vieran involucrados con nosotros; al parecer, involucrarse con “marcados” no era bien visto, así que no pudimos obtener dinero y los únicos que nos hablaban se alejaron.
—Lo siento chicos, en algún otro momento nos cruzaremos de nuevo.
—No te preocupes.
—contesté.
Regresamos a la posada en silencio, aún más Shader, que ni siquiera nos miraba, pero al llegar, el posadero nos echó por la misma razón.
Sólo pudieron tomar la ropa que habían comprado; por suerte el juez nos devolvió nuestras armas por ser parte de nosotros.
Recordamos que el uso de la mazmorra seguía vigente.
Isolde, que seguía molesta, quería llevarse recompensa individual.
Calista fue la única que se opuso a esa decisión.
—No puedes hacer eso.
—¿Por qué no?
Nadie me lo puede impedir.
—Entonces ve a alquilar una mazmorra y explórala sola.
Oh… ¿No tienes dinero…?
Entonces no exijas.
Compartiremos todo hasta que estemos bien, ahí has lo que quieras.
—¡Mierda!
¡Nunca debí juntarme con ustedes!
¡Aún más con este estúpido de Shader!
Y pensar que me atraías… Ahora no puedo ni pensar eso.
Shader se detuvo de repente.
—¡Lo siento de verdad!
—se arrodilló en forma de reverencia con la frente en el suelo.
—sé que no puedo volver al pasado y cambiar las cosas, pero, pero… —alzó la mirada en lágrimas—.
¡Haré todo lo que esté en mis manos para remediarlo!
¡Lo juro por mi madre!
—E, está bien… No hace falta hacer esto.
—lo miraba con vergüenza mientras observaba a las personas caminando alrededor.
—pero… Si en serio te arrepientes, quiero que te esfuerces al máximo.
—¡Lo haré!
—exclamó poniéndose de pie con el escudo apoyado en el suelo con firmeza, que tenía su misma altura.
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