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La diosa de la luna - Capítulo 126

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Capítulo 126: Capítulo 51: La nada_2

Eriol

Los escombros, las pocas paredes que quedaban en pies, los tronos que estaban despedazados, incluso hasta los sacerdotes o los rebeldes habían desaparecido, no quedaba nada, en su lugar un enorme hueco estaba en el piso y en el centro Agatha sosteniendo a Nina. Me deslicé por el hueco para poder llegar hasta ella, el barro me ayudó a deslizarme mucho más rápido, sorprendentemente su cuerpo continuaba aun negro, quizá por el uso de esos poderes.

Puse mi mano en su hombro para que poder consolarla, sus ojos igual de negro, pero con una mirada bastante inexpresiva, observé a Nina con Agatha aun aferrada a ella, respiraba débilmente.

—¡Runa! —grité.

Ella cayó por el hueco resbalándose y se acercó a Agatha, intentó tomar a Nina para sanarla, pero Agatha no la soltaba.

—Hija mía. —le dijo Runa. —Déjame salvarla.

—Agatha. —susurré. —Todo estará bien.

Se notaba que tenía miedo, había sufrido demasiado para perder lo poco que tenía al final del día, no sabía de qué manera estaría todo bien, pero por y para ella, lo había jurado y me aseguraría que así fuera. Poco a poco comenzó a soltar el cuerpo de Nina, retrocedió y observó en silencio mientras Runa le colocaba sus manos en su herida, emitió una luz azul que poco a poco fue recogiendo la sangre de Nina, hasta que solo le quedó la herida a través de su ropa rasgada.

Algo me empezaba a preocupar mientras Runa seguía atendiendo a Nina y era la ausencia de los sacerdotes, además de los rebeldes, no estaban por ninguna parte, no creo que hayan escapado con la determinación que poseía Hana al querer tener el reino, solo había una sola respuesta lógica y era que el poder de Agatha había arrasado con todo, incluyéndolos a ellos. No me encontraba seguro de querer decirle a ella que los había matado, ha pasado por mucho que no quería añadirle más tormento a su vida, pero tarde o temprano se daría cuenta de la ausencia de ellos, sin embargo, no perdería la esperanza de que existiera otra posibilidad al respecto, pero con la conmoción que había tenía ella con la herida de su hermana, estaba seguro de que ni siquiera entendía que había sucedido.

Detrás de mí empecé a escuchar algo que se movía por el suelo como un susurro, zigzagueante y muy lento, giré para mirar de donde provenía aquel ruido, pero no podía observar nada, no había suficiente luz para distinguir lo que sea que estuviera ocasionando aquel susurro, hasta que lentamente, lo que sea que fuera ya que jamás había visto algo como aquello, que se fue acumulando en una pequeña montaña, creciendo hasta formarse una sombra, miré de regreso a Runa y Agatha para saber si veían lo mismo que mis ojos, Agatha no se inmutaba, en cambio Runa estaba atónita a lo que ocurría.

La sombra empezó a volverse cada vez más densa, hasta que de repente de ella salió un hombre, se encontraba desnudo, moreno, ojos color miel casi brillante, sonrió cuando nos vio allí de pie. Lo que me trajo de nuevo a la realidad fue el cuerpo de Agatha impactando en el piso súbitamente, no había tenido tiempo de mirarla para poder sostenerla y así evitar que se golpeara, pero lentamente estaba recuperando el color de su cuerpo y su cabello.

El hombre se estiró, Runa se cubría los ojos ante la desnudez de él.

—Es bueno regresar. —comentó el hombre. —Oh, Prodeus, tiempo sin verte.

En la entrada se encontraban los demás, igualmente asombrados ante el suceso a excepción del anciano quien sonreía de par en par.

—No tenía idea que las diosas habían devuelto el Génesis. —dijo Prodeus. —Creo que deberías buscar ropa, Oesis.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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