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La diosa de la luna - Capítulo 127

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Capítulo 127: Capítulo 52: Confusión

Había algo mal, no sabía que era, pero lo presentía con muchas fuerzas, mi cuerpo pesaba, sentía en mi piel la desesperación de algún peligro inminente, a mi mente llegaron todos los recuerdos de aquella pequeña batalla con los sacerdotes, mi muerte, Nina…

¡Nina!

Abrí mis ojos con fuerza, el sol irradiaba, su luz entraba por las ventanas abiertas, tenía que encontrar a Nina. Quité las sábanas que tenía encima para levantarme de un salto de la cama, lo último que recordaba de ella era como un lyarmis le había realizado un herida mortal y como se desangraba en mis brazos, necesitaba saber que estaba bien, necesitaba saber que vivía, la poca familia que tenía necesitaba conservarla.

No tenía idea de donde me encontraba, así que comencé a correr para poder saber en donde estaba ella o cualquier persona que me pudiera decir que ocurrió, no podía controlarlo, mis lagrimas caían solas por mi rostro al recordar lo que le había sucedido.

Al salir, noté que estaba en el ala de los sanadores, había sido reconstruido pero el resto del palacio aún se encontraba en ruinas, intenté girar para dirigirme hacia el gran salón hasta que choqué con alguien.

—Calma. —dijo Eriol. —Majestad, esta todo bien.

Con su mano limpió mis lágrimas y me dio un abrazo.

—¿Qué pasó? —pregunté señalando el edificio de los sanadores. —¿Dónde está mi hermana? ¿Qué pasó con Hana?

Por primera vez llamaba hermana en voz alta a Nina, desde que supe la verdad nunca se lo había dicho, pero se sentía una extraña sensación al pronunciar esas palabras. Eriol pareció vacilar un poco en sus respuestas.

—No sabemos nada del paradero de los sacerdotes, majestad. —dijo él. —Su hermana está por aquí.

Me guío de nuevo al edificio de los sanadores, justo en la habitación de al lado de donde había salido se encontraba ella. Estaba acostada, dormida, su ropa había sido cambiada, Runa se encontraba a su lado cuidando de ella, cuando vio que entré en la habitación se levantó para darme un abrazo.

—Gracias por cuidar de ella. —dije.

—Si es importante para ti, lo será también para mí. —respondió dulcemente.

No sé cuánto tiempo pasé observándola, sus facciones eran muy parecidas a las mías, nos diferenciábamos por varias cosas, pero aun así el parecido se notaba. En su muñeca izquierda aun continuaba la marca del juramento ya cicatrizada por el tiempo que había transcurrido, ojalá la hubiera conocido antes para poder evitar toda esta tragedia.

Las puertas se abrieron abruptamente, Eriol y Runa me habían dado privacidad para estar a solas con Nina un rato, pero quien entró fue otra persona. Un hombre de una edad física de unos treinta años, cabello rizado, tez morena y unos ojos miel muy llamativos.

—Oh, vaya, anoche si no te pude reconocer. —comentó el hombre al entrar.

—Vete, si no quiere sufrir las consecuencias. —dijo enojado Eriol entrando tras de él sosteniendo su espada.

Lo miré muy confundida, era la primera vez que veía a ese hombre y si durante la batalla lo hubiera visto, seguramente recordaría aquellos ojos parecido a un búho.

—¿Quién es usted? —pregunté.

—Permítame presentarme, majestad. —respondió haciendo una reverencia. —Mi nombre es Oesis Namir, el dios de la muerte.

Al terminar de presentarse me observó con una sonrisa que me erizo la piel, comencé a sentir el ambiente tenso.

Era imposible que estuviera delante de un dios, Amaris me lo dijo, Hana había asesinado a todos los dioses que existían en Hirina, además de que el efecto que causaba en mí era nulo en comparación a cuando conocí a Hu, que su poder era tanto que había tenido un impacto en mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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