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La diosa de la luna - Capítulo 128

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Capítulo 128: Capítulo 52: Confusión_2

—Agatha Iluna, reina de la luna. —dije respondiendo a su presentación.

—Tengo que admitir, es de las descendientes más hermosa que he visto. —comentó. —Y he conocido a muchas.

—Gracias por sus halagos. —respondí. —Ahora puede marcharse.

Oesis frunció el ceño mientras que Eriol lo miraba con un gesto de satisfacción. No necesitaba dramas o inconvenientes en esos momentos, solo deseaba estar pendiente de Nina hasta que despertase, me encargaría de lo demás después, aunque había muchas cosas que no dejaban de resultarme extrañas.

—Sabes, me pareces muy familiar. —dijo Oesis.

—Lo más seguro es que conocieras a mis padres.

Era curioso decirlo, cuando Ailis me dijo exactamente las mismas palabras no asociaba mi parentesco a nada, ahora las cosas eran diferentes, sabía quién era, quienes habían sido mis padres y lo que había ocurrido con ellos… o por lo menos como había resultado al final su vida.

Él me miró interesado, esperaba que le dijera el nombre de ellos, así que se lo mencioné:

—Nathaniel Iluna y Daria Odola.

Su expresión cambió de inmediato le mencioné los nombres, parecía sorprendido, pero era difícil saberlo para mí ya que no lo conocía. Me giré para sentarme de regreso al lado de Nina, escuché como Eriol le decía que saliera, pero volvieron a irrumpir en la habitación. Isadora y Seiko entraron corriendo a abrazarme, me alegraba saber que ellas estuvieran bien, podrá ser egoísta de mi parte, pero ahora solo me interesaba mi hermana, sabría que había ocurrido con los soldados, con los shauri, con los rebeldes o los sacerdotes después. Detrás de ellas llegaron Atlas y Daniel, aprovechando que los reyes habían entrado a la habitación Oesis volvió a entrar.

—Veo que ya conociste a Oesis. —comentó Daniel al verlo.

—Si, pero aun debo de descubrir que hace aquí. —dije dándole una breve mirada.

—Agatha, sé que estás preocupada por tu hermana. —comentó Isadora. —Pero tenemos un gran problema.

—Sé que los sacerdotes desaparecieron. —dije recordando las palabras de Eriol.

—Aries desapareció. —dijo Atlas.

Él tenía mucho que temer, cuando se le dijera al pueblo lo que había ocurrido y la participación que tuvo él exigirán un castigo, para un rey que su poder es esencial para Hirina quedaría complicado su castigo, aun así, huir no se encontraba bien visto, no solo para nosotros, sino incluso para los demás. Podría estar en cualquier parte, incluso teniendo en cuenta lo que nos ocurrió en cualquier dimensión.

—¿Desde cuándo no saben de él? —pregunté.

—Anoche decidimos irnos todos a descansar. —comentó Seiko. —Para comenzar a solucionar problemas al salir el sol.

—Reconstruí el edificio y entre todos colocamos las camas, más fue ayuda de Perla. —dijo Atlas. —Cuando despertamos ya no estaba.

—Lo peor es que no contamos con soldados aún quienes puedan dedicarse a buscarlo. —dijo Isadora.

—No quiero ser indiferente o despreocupada ante la situación. —comenté. —Pero ahora solo me interesa Nina.

—Agatha, aunque tengamos muchas preguntas sobre lo que ocurrió, lo cierto es que confiamos en ti. —dijo Seiko. —Entendemos que quieras velar por tu familia, pero eres a la única persona que podemos recurrir para solucionar esta situación.

Seiko tenía razón en sus palabra, aunque me afligía ver a Nina en ese estado no podía abandonar mis deberes como reina de Hirina, con la traición de los sacerdotes y su conspiración para quedarse con el trono no quedaban muchas personas en qué confiar, solo podía esperar al momento adecuado para concentrarme en mi familia, ya no tenía que salir a buscarla o preguntarme que había pasado, la tenía frente a mí y me acompañaba.

Por más que mi mente daba vueltas, aún quedaban demasiadas preguntas sin respuesta: ¿Qué les había sucedido a los sacerdotes? ¿Dónde estaba Aries? ¿Qué había pasado con el heraldo, el control de las sombras y el libro Gogledd? Pero los verdaderos problemas apenas comenzaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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