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La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 132

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Capítulo 132: Capítulo 132: Familia

—Así es. Hablaba de cosas pequeñas, como tu pelo. Tus ojos o tu sonrisa. De que llorabas mucho, pero también de lo fiera y fuerte que eras, a diferencia de la mayoría de las hembras que conocía. Dijo que lo hacías sentir incómodo contigo y consigo mismo, y que deseaba escapar.

—Sí, era consciente de cómo lo hacía sentir, pues él se aseguró de dejarlo bien claro con sus acciones —digo con sinceridad, reflexionando sobre el doloroso camino que me ha traído hasta aquí, con el corazón ardiéndome de aversión. Trago saliva con fuerza, intentando apaciguar las llamas.

—Despertó mi curiosidad, así que vine a visitarte cuando Theia estaba aquí y encontré la bondad en ti que él era incapaz de ver. Pero al final, de verdad que la descubrió. Después del festival de los faroles, me llamaba casi todas las noches durante unas semanas cuando no estabas cerca. Hasta el punto de que a veces me molestaba, pues me apartaba de mis responsabilidades para aconsejarlo. Le enseñé sobre el vínculo entre compañeros. No todo, supongo, porque, como puedes ver, todavía tiene sus defectos contigo —dice.

El licor de la verdad se filtra en lo más profundo de mi mente, abriéndose paso lentamente hasta mi alma. Deimos estaba ciego, y yo también lo estaba.

—No sabía eso —me aclaro la garganta, observando a Kal adormecerse poco a poco mientras chupa el dedo de Cronos. Su pequeño pecho se eleva al tomar una ruidosa bocanada de aire.

—Perdió a sus padres antes de poder aprender sobre ti. Sobre vuestro vínculo sagrado. Y aunque con los años captó la idea general, no estaba muy interesado en saber más, pues su dedicación se había volcado en su manada. Eran los únicos lobos que tenía. Mis padres tampoco le enseñaron nada, y la verdad es que no sé por qué. Ellos también tienen parte de la culpa en esto —murmura entre dientes.

—Yo tampoco tuve una familia. Es más, los odiaba con una pasión ardiente —escupo las palabras, mientras un sabor nauseabundo me invade la boca al aflorar los recuerdos que tengo de ellos.

—Perder a los lobos que amabas duele más que perder a los lobos que odiabas con cada aliento. Cada recuerdo que tienes de ellos será devorado en vida por las garras de la muerte. ¿Serías capaz de sobrevivir si perdieras a una de tus hembras, o a Elriam, o incluso a Kal? —pregunta Cronos. Su pregunta se clava en lo más hondo de mi alma y ahogo un grito por el dolor que me golpea, a pesar de que solo me está planteando una hipótesis.

—No lo odio —digo, mi voz reducida a un mero susurro.

—Lo sé. Pero él no, porque considera que tienes todo el derecho y la razón del mundo para odiarlo por sus acciones pasadas y sus pecados presentes —dice Cronos mientras se levanta lentamente para no despertar al pequeño.

—¿Hablaste con él? —pregunto, poniéndome en pie a la vez que él.

—Sí, lo hice. Pero no se sinceró del todo conmigo. Quizá contigo sí lo haga. Tengo algo que decirte, Luna —dice Cronos, dándome la espalda mientras recoge las dos tazas vacías de la mesa para llevarlas al fregadero.

—¿De qué se trata?

—Deimos… ya no es el que era. De algún modo, lo has ayudado a convertirse en un macho diferente, como el macho con el que crecí —dice, clavando su mirada en la mía.

—¿A qué te refieres? —pregunto.

—Has sacado a la luz al cachorro que lleva dentro. El Deimos con el que has estado estos últimos años es el verdadero. El que se escondía por miedo y soledad tras su despiadada fachada. Tenía miedo de amar, de ser libre y de bajar la guardia, pero tú le demostraste que lo recibirías con los brazos abiertos a pesar de sus imperfecciones. Y por eso… te estoy muy agradecido —me dedica Cronos una cálida sonrisa.

Mis manos temblorosas se disparan hacia mi rostro para ocultar mis ojos anegados en lágrimas y mis labios trémulos. ¿Por qué sus palabras me duelen tanto? ¿Por qué sus palabras me matan por dentro? No sé qué debo hacer. No sé si debo sacrificarme a mí o a él en el proceso.

Oigo unos pasos que se acercan a mí a toda prisa y unas manos cálidas me sujetan los hombros mientras me atrae hacia su pecho. —Tranquila. No hay por qué llorar ahora; como te he dicho, todo saldrá bien —susurra para calmarme, consolando la desdicha de mi corazón mientras mis suaves sollozos son ahogados por su pecho y el torrente de mis lágrimas empapa su camisa.

Varias camionetas están estacionadas frente a la puerta principal. Los guerreros de Cronos parlotean entre ellos mientras meten sus mochilas en los maleteros. Algunos esperan junto a la puerta del coche a que suba su Alfa.

Los miembros de mi manada se despiden de él con la mano y con sonrisas, en especial las hembras, que están apenadas por su marcha.

—Nos volveremos a ver, hermano —dice Cronos, dándole a Deimos un firme apretón de manos. Siguen hablando, pero con la mirada, y Deimos responde con un breve asentimiento y una leve sonrisa. Una de esas que le llega a los ojos.

—Espero que me des buenas noticias pronto —murmura Deimos.

—Si te refieres a mi compañera, serás el primero en saberlo —responde Cronos. Da un paso hacia mí, se acerca a Kal y apoya la nariz en el cuello de mi macho para aspirar su aroma—. Adiós, pequeño.

—Puedo sostener a Kal si quieres despedirte de Cronos —me dice Deimos, bajando la vista hacia su macho dormido, que está acurrucado en mis brazos. Últimamente no me mira a los ojos como antes; su mirada apenas roza mi piel, incluso cuando habla conmigo.

—Ten —le entrego a Kal a Deimos, que lo toma de mis brazos con delicadeza, envolviéndolo bien en la manta y asegurándose de que su cabeza quede cubierta. Se da la vuelta rápidamente y camina hacia los miembros de la manada, que bajan la voz y convierten su parloteo en susurros para no despertar al cachorro.

Una pequeña cachorra se acerca a Deimos y tironea del bajo de su camisa para llamar su atención. Él baja la mirada hacia ella mientras le dice algo. Deimos asiente con una leve sonrisa, de acuerdo con sus palabras, y se pone lentamente en cuclillas a su lado.

La cachorra se acerca más y él le permite echar un vistazo a Kal. A ella se le agrandan los ojos y le susurra algo al oído a Deimos, que se inclina hacia ella como si le estuviera contando un secreto. Él empieza a reírse a carcajadas por lo que le ha dicho, y levanta la mano derecha para alborotarle el pelo.

Su risa es realmente única en su especie. De esas que podrían iluminar una habitación sumida en la oscuridad y transformar la penumbra en luz. Sus labios se curvan hacia arriba, enseñando los dientes, con los ojos brillantes. Sonrío ante su estruendosa carcajada, que despierta la curiosidad de todos los lobos presentes, incluida yo.

—Su risa es bastante contagiosa a veces —susurra Cronos a mi lado.

—¿A que sí? —río entre dientes, apartando la mirada de él para encontrarme con la de Cronos, que también me busca con los ojos.

—Te echaré de menos, Luna —dice.

—Y yo a ti más. Llámame más a menudo, por favor. Y estoy deseando que llegue el día en que encuentres a tu hembra. Espero que lleguemos a ser buenas amigas —susurro.

—Alfa, está todo listo —lo llama uno de sus guerreros. Cronos se vuelve para dedicarle un breve asentimiento de confirmación antes de volver a centrar su atención en mí.

—Yo también estoy deseando que llegue ese día; de hecho, estoy descubriendo que la paciencia se está convirtiendo en mi peor enemiga —ríe entre dientes. Me da otro abrazo rápido y suave y susurra—: Cuídate, ¿de acuerdo? Adiós, Luna.

—Esto me recuerda a la primera vez que te marchaste, cuando te fuiste con tu hermana —digo mientras él se separa de mí y se dirige a su coche, y yo lo sigo.

—Pero esta vez la situación es diferente —dice, subiendo al asiento del copiloto. Las camionetas que van tras él rugen mientras sus motores cobran vida.

—¿En qué sentido? —pregunto, frunciendo el ceño.

Su mirada se desvía para clavarse en algo a mi espalda. —Ahora tienes una familia. Te quieren. —Tras un último saludo con la mano y una sonrisa amable que me entristece, cierra la puerta del coche y se aleja de las tierras de nuestra manada.

Me quedo inmóvil un rato, observando los vehículos hasta que se pierden de vista. Sus palabras retumban en lo más hondo de mi alma, gestando una tormenta que anhela desatar su furia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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