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La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 26

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26: Capítulo 26 Más cerca 26: Capítulo 26 Más cerca Tras la partida de Cronos, apenas puedo sonreír.

La pequeña luz que poseía se ha ido, dejándome en una fría y vacía oscuridad.

Debería estar feliz de que la hembra que despertó los feos celos dentro de mí se haya marchado, dejándome toda la atención de mi macho, pero ¿cómo puedo estarlo si se llevó a Cronos con ella?

Me odio aún más por ser tan egoísta al querer a Cronos a mi lado a pesar de sus sentimientos hacia mí.

Pero ¿acaso cualquier otro lobo no haría lo mismo si estuviera en mi lugar?

Cuando encuentras algo con lo que has soñado toda tu vida, ¿lo dejarías marchar?

La relación entre Deimos y yo no ha cambiado ni un ápice.

Él sigue siendo el Alfa impasible de siempre y yo sigo siendo la Luna esperanzada, esperando que venga a mí.

Mientras yo me escondo tras las columnas para mirarlo sin que se dé cuenta, él pasa el tiempo con Ragon, con papeles en mano.

A menudo me siento como una cachorra acechando al macho que le gusta.

Quizás debería secuestrar a Ragon y ocupar su lugar.

Deimos pasa más tiempo con él que conmigo.

Pienso en mi retorcido plan mientras elijo un libro para leer en la biblioteca privada de Deimos.

Sentada en el cálido sofá frente a la ventana, empiezo a acallar mis pensamientos, dejando que el libro me devore.

A medida que avanzo en la lectura, me sumerjo tanto en ella que no me doy cuenta de que hay otro Alfa en la habitación, sentado frente a mí.

Sin apartar los ojos de la página, mi mano se estira hacia la taza de café de la mesita auxiliar.

Mis dedos se hunden en el líquido caliente, lo que me hace respingar y salir de mi ensimismamiento.

Mientras me llevo los dedos a la boca para soplarlos, mis ojos se abren como platos al toparse con Deimos, que me observa en silencio, sentado con las piernas cruzadas, un brazo sobre el reposabrazos del sofá y la barbilla apoyada en la palma de la mano.

—Lo siento.

N-no sabía que estabas aquí —le susurro suavemente, pero no hace ningún movimiento.

—¿Q-quieres un poco de café?

Puedo prepararte uno —le pregunto, pero él sigue igual, mirándome fijamente en silencio.

Se me hace la boca agua cuando por fin me doy cuenta de que lleva gafas.

Es la primera vez que lo veo con ellas.

No hacen más que realzar su aspecto escultural, haciéndolo parecer aún más sexi, si es que eso es posible.

Siente mi mirada sobre él, porque ladea la cabeza como si la reconociera.

Desearía saber qué siente y qué piensa, pero eso solo sería posible si nos pusiéramos la marca mutuamente.

La posibilidad de que eso ocurra solo existe en mis sueños.

A medida que los nervios se acumulan en la boca de mi estómago por nuestro duelo de miradas, levanto el libro delante de la cara para ocultarme de su vista, bajándolo lentamente de vez en cuando para echarle un vistazo.

A la tercera vez que lo hago, veo que su atención ha vuelto a los expedientes que sostiene en sus manos, lo que me da la oportunidad de mirarlo mejor.

Mi mirada recorre las puntas de sus espesos mechones de pelo, sus hermosos ojos tras las gafas, y baja hasta su afilada mandíbula que enmarca unos labios carnosos y rosados.

Al volver a sus ojos, veo que me están mirando, lo que hace que los míos se abran como platos y, a su vez, vuelva a levantar el libro frente a mi cara.

Mantengo el libro en alto incluso cuando oigo sus pasos acercándose.

Se para delante de mí, me quita el libro de las manos con delicadeza, lo gira en el sentido de las agujas del reloj y me lo devuelve.

—En toda mi vida había visto a nadie leer un libro al revés, compañera —dice antes de marcharse, haciendo que mis mejillas ardan y se pongan de un rojo intenso.

No puedo creer que tuviera el libro al revés todo el tiempo delante de él.

¿Por qué tiene que causarme este efecto?

Tanto que ni siquiera sé lo que estoy haciendo.

De camino al comedor, me topo con Ragon y le enseño los dientes, levantando el labio para mostrar un colmillo.

Ragon parece sorprendido y se lleva una mano al pecho.

—¿He hecho algo para ofenderla, Luna?

—pregunta Ragon con una sonrisa socarrona.

—Le quitas demasiado tiempo a Deimos —le digo cruzándome de brazos, lo que le arranca una sonrisa aún más amplia a Ragon.

—Eso es solo porque usted acapara demasiado la atención del Alfa y no se concentra en su trabajo —me dice en tono juguetón, haciendo que me sonroje—.

Si se fija bien, puede sentir cómo la observa, y también puede oírme a mí de fondo, gritándole que se concentre —añade, encogiéndose de hombros mientras camina conmigo hacia el comedor.

Al llegar al comedor, me siento junto a Deimos y, cuando empezamos a comer, me fijo en que frunce el ceño mirando unos papeles que hay junto a su plato.

Parece que no es capaz de resolver algo.

—¿Me permites?

—le pregunto en voz baja.

—No creo que sepas de es… —empieza a decir, pero lo interrumpo.

—¿Me permites?

—insisto, y él me entrega los papeles.

Paso el resto de la cena resolviendo el problema que planteaban los documentos mientras siento a menudo su mirada sobre mí.

Al cabo de un rato, cuando termino de cenar, se los devuelvo.

—El problema que tienes entre manos es que no hay suficiente espacio para el inventario que posee la manada.

Por lo tanto, necesitas construir otro almacén, lo cual es posible, ya que tenemos mucho terreno libre.

Mis lobos son muy buenos construyendo; estarían encantados de ayudarte —le digo, exponiéndole el problema y la solución que él intentaba encontrar, mientras la manada observa y escucha, silenciosamente impresionada.

Dejo mi plato para lavar y salgo discretamente hacia la calidez de mi habitación para prepararme para la noche.

Quería terminar el libro que estaba leyendo, ya que es lo único que parece entusiasmarme últimamente.

Tumbada en la cama, mirando al techo, doy vueltas y más vueltas intentando encontrar una postura cómoda, y respingo cuando la puerta de mi cuarto se abre con un crujido.

Deimos entra con una almohada y una manta, se dirige al sofá que hay frente a mi cama y se prepara para dormir.

Me quedo sin palabras; esto solo había ocurrido en mis sueños.

Desearía pellizcarme para despertar, pero todo se siente tan real que no le veo el sentido.

Al cabo de un rato, la voz de Deimos rompe el silencio.

—Gracias —dice en voz baja.

—¿Por qué?

—cuestiono.

—Por venir en mi ayuda —responde.

—De nada —le digo con una suave sonrisa, dejando que el silencio nos envuelva una vez más.

—¿Deimos?

—lo llamo en voz baja.

—¿Mmm?

—musita como respuesta.

—¿Por qué estás aquí?

—le hago la pregunta que no ha dejado de rondar por mi mente.

Me responde con silencio, pero al cabo de un rato, habla.

—No lo sé.

No lo sé…, pero quiero averiguarlo.

—No era la respuesta que esperaba, pero era suficiente para mí—.

Mañana, prepárate para las tres de la tarde, después de comer.

Quiero llevarte a un sitio.

—En cuanto pronuncia esas palabras, me incorporo en la cama y lo miro fijamente.

—¿Qué?

—pregunto con vacilación.

Quizá he oído mal.

—No voy a repetirme.

Buenas noches.

—Se da la vuelta en el sofá, dándome la espalda, y yo me vuelvo a tumbar, mirando al techo con una enorme sonrisa en la cara.

Paso toda la noche dando vueltas bajo las sábanas, con la emoción revoloteando como mariposas en mi estómago.

«¿Es nuestra primera cita?

¿De verdad me ha invitado a salir?

¿Por fin quiere conocerme?».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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