La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 33
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33: Capítulo 33 La verdad 33: Capítulo 33 La verdad —Te lo dirá sin falta, Alfa.
Si no, puedo sacárselo a Ragon por la fuerza —me consuela Elriam con un guiño—.
¿Por qué no les llevas el desayuno?
Creo que se relajarán si lo haces —me propone con delicadeza, y yo asiento con un suave gesto.
Al terminar el desayuno, preparo algo para llevarles a Deimos y Ragon y subo las escaleras hacia el despacho.
Un fuerte y repentino gruñido casi hace que se me caigan los platos mientras me acerco.
Dudo si debería interrumpirlos o no, hasta que capto algo de su conversación.
—¡Alfa!
Esto está mal.
No puedes hacer esto.
Debes decírselo.
—La voz de Ragon es tranquila y seria.
«¿Decírselo?
¿A quién?
¿Decirle qué?».
—¿Te atreves a darme órdenes?
—ruge Deimos, pero Ragon no parece inmutarse.
—Sabes que tengo razón, Alfa.
Simplemente te estoy diciendo la verdad —le dice Ragon con calma.
—¡Ella no necesita saberlo!
Las cosas van bien.
Eso es lo que yo quería —le responde Deimos, con la ira a flor de piel.
—¡Esto es injusto, Alfa!
La Luna cree que lo que le muestras es tu verdad.
No la hieras más.
—El tono de Ragon es cada vez más fuerte.
«¿Acaso no habla de mí?».
Dejo los platos en el suelo y me acerco a la puerta con las manos temblorosas.
—¡Fin de la discusión!
¡Te he dicho mi decisión, no me contradigas!
—La fuerte voz de Deimos me hace estremecer mientras mi corazón se acelera.
—¡Dile la verdad, Alfa!
—contraataca Ragon.
Mi corazón late más deprisa.
—¡Basta!
—grita Deimos.
Mi corazón late aún más rápido.
—¡Dile que todo es una farsa!
Una farsa para que se quede, para que te crea.
Para que te dé tus cachorros.
—Las palabras de Ragon atraviesan el aire y se clavan directamente en mi corazón.
Mi corazón se detiene.
—¡He dicho que basta!
Ragon, retírate.
¡Vete!
—Aunque escucho el estruendo de la voz de Deimos y los pasos de Ragon acercándose a mí, no hago ningún movimiento para marcharme.
Mi mente está confusa, mi corazón dolorido.
Me quedo ahí, con lágrimas corriendo por mi cara mientras la habitación da vueltas a mi alrededor.
Levantando lentamente los ojos del suelo, con suaves gemidos escapando de mi boca, me encuentro cara a cara con Ragon, cuyos ojos se abren de par en par, pero se ahogan en tristeza.
Cuando hace una reverencia y se marcha, Deimos aparece a la vista.
No el Deimos con el que me desperté por la mañana, sino el Deimos que me arrancó de mi manada.
No veo culpa en su mirada mientras sus ojos se clavan en los míos.
Ve mis lágrimas, pero no hace ningún ademán de disculparse ni de defenderse.
—Mentiroso —susurro mientras le tiemblan las manos.
Intenta ocultarlo apretándolas en un puño, pero veo cada uno de sus movimientos—.
¿Todo…
fue mentira?
—le pregunto con calma, conteniendo los sollozos.
No me responde, y en cambio aprieta más la mandíbula y los puños.
—Dime que al menos algo fue verdad.
Como cuando me enseñaste tu paraíso.
La cabaña, o incluso hoy cuando nos despertamos juntos —le pido con los labios y la voz temblorosos.
Sigue sin hablarme.
No sabe qué decir—.
Por favor —le ruego.
De Alfa a Alfa, se lo suplico.
Mi macho aparta la mirada, respondiendo así indirectamente a mi pregunta, mientras más lágrimas caen y yo sollozo cubriéndome la boca con las manos.
Hemos vuelto al punto de partida.
Creía que podía ver al verdadero Deimos, pero no sabía que ya lo conocía.
Este es el verdadero Deimos.
Frío y despiadado.
No le importa derribar a cualquiera en su camino, incluida su bendecida por la luna.
—¡Y-yo me abrí a ti!
¡Te mostré cosas…, cosas que quería llevarme a la tumba!
¡Lo hice todo por ti!
—le grito, y él se estremece—.
¿Me abriste en canal y me sacaste las entrañas para qué?
¿Para qué, Deimos?
—grito más fuerte.
¿Puede ver mi dolor?
El dolor que él provocó.
—Algunas cosas deben hacerse, compañera.
Debes entenderlo —me dice con calma.
—¡No!
¡No!
¡Esto no!
Ningún macho le haría esto a su hembra y tú…
tú tienes que entenderlo.
—Mi voz retumba por los pasillos.
Quizá la manada entera esté escuchando nuestra pelea.
Que sepan quién es su Alfa.
Que conozcan el dolor que oculto con una sonrisa.
—¿Por qué?
Al menos dime por qué —le pregunto.
—Necesitaba que te quedaras a mi lado y no te fueras.
Y para eso…, necesitaba que me amaras —susurra, y por fin veo un atisbo de culpa en sus ojos.
Me río.
No es una risa feliz, sino una llena de amargura.
Es una petición de auxilio para que me rescaten de todo esto.
—Te contaré un secretito, Deimos.
Me habría quedado sin importar lo que hicieras o dijeras, porque te a… —le digo, pero me detengo.
No quiero decírselo.
No quiero que piense que ha ganado.
—Ya no importa, porque lo que no querías se hará realidad.
Me marcharé —le digo, tratando de controlar mis sollozos.
Sus ojos se abren de par en par mientras la ira lo consume y me interroga.
—¿Qué?
¿Adónde?
Con una pequeña sonrisa le respondo, sabiendo que esto lo enfadará aún más y que quizá incluso le cause dolor.
—Cronos.
Gruñe ante mi respuesta mientras me doy la vuelta, con la mano en el pomo abriendo la puerta.
—Eres libre de hacer lo que quieras.
Busca a otra que ocupe mi lugar o deja que te dé cachorros, como desees.
No volveré a luchar por ti.
He terminado.
—Salgo de la habitación con las lágrimas cayendo por mi rostro.
Es curioso cómo una está condenada a no encontrar nunca la verdadera felicidad.
Este es mi destino.
Estar sola.
Al bajar las escaleras me encuentro cara a cara con Ragon y Elriam, mientras el resto de la manada permanece con la cabeza inclinada.
—Por favor, Luna, no te vayas.
Te necesita… —empieza Ragon, pero lo interrumpo con la mano.
—He luchado mucho y ahora necesito descansar —le digo con calma mientras él mira al suelo y mi hembra gimotea.
—Alfa, iré contigo —dice Elriam, con la cabeza bien alta, dispuesta a protegerme.
—Te quedarás aquí con la manada.
Los protegerás en mi nombre.
Es una orden —ordeno mientras ella inclina la cabeza, conteniendo las lágrimas.
—Sí, Alfa —me responde con voz firme.
—Ragon, ¿conduces tú?
—le pregunto suavemente, y él asiente.
Acercándome a mis hembras, me despido de cada una de ellas.
—Venid a visitarme —les digo en voz baja, y ellas asienten suavemente, con las lágrimas corriéndoles por la cara.
Miro alrededor del castillo y sonrío para mis adentros.
Así que es así como termina todo.
Así es como pierdo mi larga batalla.
Yo me voy y mi macho se queda.
Mis sueños quedarán enterrados para siempre.
Así es como parece que todo termina.
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