LA MALDICION DE SER VISTO - Capítulo 24
- Inicio
- LA MALDICION DE SER VISTO
- Capítulo 24 - Capítulo 24: Capítulo 24 — Lo que viene después
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 24: Capítulo 24 — Lo que viene después
La noche había caído por completo.
En su habitación, Yuuto dormía con el celular a un lado y el peluche entre los brazos, su respiración tranquila marcando un ritmo que no había tenido en mucho tiempo. La luz de la luna se filtraba por la ventana, dibujando líneas suaves sobre las sábanas y sobre su cabello plateado, que reposaba extendido como si nada en ese pequeño mundo donde no hacía falta esconderse.
Abajo, el silencio de la casa volvía a instalarse con esa calma que llega después de un día demasiado intenso.
Pero en otro lugar… la noche no estaba tan tranquila.
El teléfono de Ayaka vibró una vez más.
La videollamada ya estaba activa.
Reika apareció primero en pantalla, con el rostro sereno pero la mirada más dura de lo habitual. No parecía cansada, pero sí concentrada, como si llevara rato ordenando ideas.
Un segundo después, Minori se conectó.
—Pensé que tardarían más —comentó con naturalidad, apoyando el mentón en la mano.
Ayaka no sonrió.
Eso ya decía bastante.
—No podía dormir —admitió—. Sigo pensando en lo de hoy.
Reika asintió apenas.
—Era inevitable.
Minori las observó en silencio unos segundos antes de hablar.
—Cuéntenme.
Ayaka tomó aire.
—Hoy… Yuuto no se escondió.
No fue una frase larga.
Pero el peso fue inmediato.
Reika añadió, con calma:
—No de forma consciente. Pero no intentó huir cuando se dio cuenta.
Ayaka bajó un poco la mirada.
—Se quedó. Temblando… pero se quedó.
Un pequeño silencio se instaló entre las tres.
Minori no interrumpió.
Esperó.
—Y lloró —continuó Ayaka, más bajo—. Pero no como antes.
Reika completó la idea.
—No era miedo puro.
Minori inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces está cambiando.
No era una pregunta.
Era una conclusión.
Ayaka levantó la mirada.
—Sí… pero eso es lo que me preocupa.
Minori no respondió de inmediato.
Reika lo hizo primero.
—Porque mientras más cómodo se sienta…
—más expuesto queda —terminó Ayaka.
Minori exhaló suavemente.
—Exacto.
Se acomodó en su asiento, ahora con un tono más serio.
—Lo que pasó hoy ocurrió fuera de la escuela. Con personas que no saben quién es, que no tienen una historia previa sobre él, que no arrastran prejuicios.
Reika cruzó los brazos.
—Y aun así, la reacción fue silencio.
Ayaka apretó un poco el teléfono entre sus manos.
—En la escuela no será así.
Minori negó con suavidad.
—No.
Su mirada se volvió más firme.
—En la escuela ya existe una narrativa.
Un segundo de silencio.
—Rumores. Miedo. Interpretaciones equivocadas.
Reika asintió.
—Y personas que no querrán aceptar que estaban equivocadas.
Ayaka frunció el ceño.
—O que no sabrán cómo acercarse después de todo lo que dijeron.
Minori apoyó los codos sobre la mesa.
—Ese es el problema.
Las miró directamente a ambas.
—No todos van a reaccionar igual.
Su tono no era alarmista.
Era claro.
—Algunos sentirán culpa. Otros curiosidad. Otros… rechazo.
Ayaka tragó saliva.
Reika no apartó la mirada.
—Y si alguien decide empujar esa narrativa otra vez… —añadió Reika— el impacto será mayor.
Minori asintió.
—Porque ahora hay algo que antes no había.
Ayaka susurró:
—Visibilidad.
Minori sostuvo la mirada.
—Exacto.
Un silencio más pesado se instaló.
Esta vez no era reflexión.
Era anticipación.
Ayaka fue la primera en romperlo.
—Entonces… ¿qué hacemos?
Minori no dudó.
—Prepararnos.
Reika inclinó apenas la cabeza.
—¿Para qué exactamente?
Minori respondió con calma.
—Para que, cuando eso pase…
Hizo una pequeña pausa.
—Yuuto no esté solo.
Las tres quedaron en silencio.
Pero esta vez no había duda.
No había indecisión.
Había una certeza compartida.
Porque lo que había ocurrido ese día no era el final de algo.
Era el inicio.
Y si el mundo iba a volver a mirar a Yuuto…
Entonces ellas también estarían ahí.
No para esconderlo.
Sino para sostenerlo.
—Lunes por la mañana—
El lunes llegó demasiado rápido.
Para el resto del mundo era solo el inicio de una nueva semana. Para los estudiantes del Instituto Seiryuu, una rutina más entre clases, tareas y conversaciones que se repetían día tras día.
Pero para Yuuto… no era un día cualquiera.
Desde que cruzó la entrada de la escuela, lo sintió.
No había pasado nada aún.
Nadie lo había señalado.
Nadie había dicho nada.
Y aun así… el ambiente era distinto.
Las miradas seguían ahí.
No eran exactamente iguales a las de antes, pero tampoco eran tranquilas. Había algo nuevo mezclado en ellas. Algo que no terminaba de definirse.
Duda.
Curiosidad.
Y algo más difícil de nombrar.
Yuuto caminaba como siempre.
Con su ropa holgada.
Con la capucha.
Con el cubrebocas.
Con su escudo completo.
Pero esta vez… no era exactamente igual.
Sus pasos eran más firmes.
No más rápidos.
No más seguros.
Pero tampoco los de alguien que intenta desaparecer.
Simplemente avanzaba.
A su lado, Minori caminaba con total naturalidad.
No como alguien que lo escoltaba.
No como alguien que lo vigilaba.
Sino como si fuera lo más normal del mundo caminar junto a él.
Eso, por sí solo, ya había llamado la atención.
Porque Minori no pasaba desapercibida.
Desde que había llegado al instituto, su presencia había sido imposible de ignorar. Su forma de hablar, su manera de moverse, esa mezcla de calma y seguridad que proyectaba… y, por supuesto, su apariencia.
Más de un estudiante había comentado lo mismo:
“Es demasiado atractiva para ser solo la enfermera.”
Y no era solo un comentario superficial.
La enfermería había comenzado a recibir más visitas de lo normal desde su llegada. Algunos con excusas, otros con síntomas dudosos, otros simplemente por verla.
Ahora, esa misma mujer caminaba al lado de Yuuto Kurosawa.
Del chico al que todos evitaban.
Del chico del que se hablaba en voz baja.
Y además…
Le hablaba.
—Recuerda algo —decía Minori con un tono tranquilo, como si estuvieran hablando de algo cotidiano—. No tienes que reaccionar a todo lo que pase hoy.
Yuuto la escuchaba en silencio, con la libreta en la mano, sin interrumpir.
—La gente va a mirar —continuó—. Algunos van a pensar demasiado. Otros van a decir cosas. No puedes controlar eso.
Hizo una pequeña pausa antes de añadir:
—Pero sí puedes controlar cómo te paras frente a eso.
Yuuto no escribió.
Pero asintió.
Levemente.
Minori notó el gesto.
Y sonrió apenas.
No con ligereza.
Con aprobación.
Mientras avanzaban por el pasillo principal, el murmullo alrededor comenzó a crecer poco a poco. No era abierto, pero tampoco era tan disimulado como antes.
—¿Lo viste?
—Sí… está con ella.
—¿Desde cuándo?
—¿Qué está pasando?
Las miradas se acumulaban.
Pero Yuuto no se detuvo.
No aceleró.
No retrocedió.
Siguió caminando.
Y entonces…
—Yuuto.
La voz de Ayaka llegó antes de que pudiera verla.
Apareció desde el otro extremo del pasillo con esa energía que siempre arrastraba consigo, como si el ambiente cambiara ligeramente a su paso. Su uniforme impecable, su postura segura y esa expresión directa que no dejaba lugar a dudas.
Detrás de ella, Reika caminaba con la misma elegancia controlada de siempre, pero su mirada, al posarse en Yuuto, era distinta.
Más suave.
Más cercana.
Las dos se acercaron sin dudar.
Sin detenerse.
Sin mirar a nadie más.
Como si el resto del pasillo no existiera.
—Buenos días —dijo Ayaka con naturalidad.
Reika dio un pequeño paso al frente, deteniéndose a su lado.
—Buenos días, Yuuto.
No fue una gran sonrisa.
No fue efusiva.
Pero su tono era claro.
Cercano.
Nada de distancia.
Yuuto escribió rápidamente en su libreta.
“Buenos días.”
Reika observó el gesto, y por un segundo, casi imperceptible, sus labios se curvaron apenas.
—Dormiste bien —añadió, no como pregunta, sino como comprobación tranquila.
Ayaka cruzó los brazos con una sonrisa.
—Se nota que sí.
—biblioteca, hora de almuerzo—
La biblioteca estaba tranquila a esa hora.
Después del almuerzo, la mayoría de los estudiantes prefería el ruido del patio o los pasillos. Solo unos pocos buscaban ese lugar silencioso donde el tiempo parecía avanzar más lento.
Yuuto ya estaba sentado en su lugar habitual.
Un libro abierto frente a él.
La libreta a un lado.
Y esa postura relajada que solo adoptaba ahí, como si ese espacio le permitiera bajar la guardia un poco más que en cualquier otro sitio dentro de la escuela.
No estaba completamente despreocupado.
Pero estaba… mejor.
Ayaka llegó primero.
Se dejó caer en la silla frente a él con la naturalidad de siempre, apoyando el mentón en la mano mientras lo observaba fijamente durante unos segundos.
Demasiados segundos.
Yuuto levantó la vista apenas.
Y en cuanto sus miradas se cruzaron…
Ayaka sonrió.
No era una sonrisa cualquiera.
Era peligrosa.
—Dormiste bien —dijo, como si fuera una pregunta inocente.
Yuuto dudó un segundo antes de escribir.
“Sí.”
Reika apareció a su lado justo en ese momento, acomodando su silla con calma antes de sentarse. Su mirada pasó del libro… a Yuuto… y luego a Ayaka.
—Eso no responde la verdadera pregunta —añadió con tranquilidad.
Yuuto parpadeó.
Confusión leve.
Ayaka inclinó un poco la cabeza, divertida.
—La pregunta real es…
Hizo una pequeña pausa, disfrutando demasiado el momento.
—¿Dormiste con el peluche?
Silencio.
Total.
Yuuto se quedó completamente inmóvil.
Un segundo.
Dos.
Tres.
Luego negó con la cabeza.
Rápido.
Demasiado rápido.
Sus manos se movieron enseguida, reforzando la negación con gestos claros.
No.
Definitivamente no.
Ayaka no dijo nada.
Solo lo miró.
Reika tampoco habló.
Solo observó.
Y fue ahí donde ocurrió.
Ese pequeño detalle.
Ese error mínimo.
Yuuto desvió la mirada hacia un lado.
Solo un instante.
Pero suficiente.
Ayaka se llevó una mano a la boca.
—¡Ahí está!
Reika entrecerró apenas los ojos.
—Evasión visual —dijo con calma—. Confirmado.
Yuuto se tensó.
Negó otra vez.
Más insistente.
Más rápido.
Ahora sí tomó la libreta y escribió con apuro.
“No.”
Ayaka se inclinó hacia adelante.
—Eso no ayuda tu caso.
Reika cruzó los brazos con tranquilidad.
—De hecho, lo empeora.
Yuuto comenzó a ponerse rojo.
Primero apenas visible bajo los lentes.
Luego más evidente.
Sus manos volvieron a moverse en negación, como si eso pudiera borrar la situación.
Ayaka no se contuvo.
—¡Lo abrazaste, ¿cierto?!
Reika añadió, sin cambiar el tono:
—Probablemente también lo acomodaste.
Yuuto abrió un poco más los ojos.
Negación total.
Pero ahora… más débil.
Ayaka golpeó suavemente la mesa con la palma, emocionada.
—¡Sabía que sí!
Reika inclinó apenas la cabeza.
—Era predecible.
Yuuto intentó escribir otra vez.
Se detuvo a mitad.
Borró.
Volvió a intentar.
Nada salía como quería.
Las palabras no ayudaban.
Las manos tampoco.
Y eso solo hizo que ambas lo miraran con más diversión.
Ayaka soltó una pequeña risa.
Ayaka apoyó el mentón en la mano, mirándolo todavía con esa sonrisa que claramente no pensaba desaparecer pronto.
—Tranquilo —dijo finalmente, encogiéndose apenas de hombros—. Solo quería molestarte.
Silencio.
Yuuto se quedó quieto un segundo.
Uno solo.
Como si procesara lo que acababa de escuchar.
Luego…
Se inclinó hacia adelante.
Y empezó a golpearle el hombro con ambas manos.
—¡Hey! —Ayaka se echó un poco hacia atrás, sorprendida—. ¡Oye!
Los golpes no eran fuertes.
Ni siquiera dolían.
Eran rápidos, torpes, completamente desordenados… pero cargados de algo que hasta hace poco no habría sido posible.
Molestia.
Vergüenza.
Y una necesidad clara de “devolverle” lo que le había hecho.
Yuuto seguía rojo.
Mucho.
Sus manos se movían con insistencia mientras negaba ligeramente con la cabeza, como si aún quisiera defenderse aunque ya fuera demasiado tarde.
Ayaka no tardó en reír.
—¡Ya, ya! ¡Me rindo!
Reika observó la escena sin intervenir, pero con una leve curva en los labios que no intentó ocultar del todo.
—Reacción esperada —comentó con calma—. Provocación con consecuencia directa.
Yuuto se detuvo poco a poco.
Sus manos quedaron suspendidas un segundo más antes de bajar.
Seguía rojo.
Seguía molesto.
Pero no se apartó.
No se cerró.
No volvió a esconderse.
Ayaka se acomodó el uniforme, todavía sonriendo.
—Ok… eso fue justo.
Yuuto tomó la libreta, escribió rápido y se la mostró.
“Te lo merecías.”
Ayaka abrió los ojos con sorpresa exagerada.
—¡Encima responde!
Reika asintió con tranquilidad.
—Progreso notable.
Yuuto bajó apenas la libreta.
Y aunque aún evitaba mirarlas directamente…
una pequeña sonrisa se le escapó.
Yuuto seguía con los brazos cruzados.
No era una postura natural en él.
Se notaba.
Sus hombros estaban ligeramente tensos, su cabeza apenas inclinada hacia un lado y, aunque su rostro estaba cubierto, el leve tono rojizo que asomaba bajo los lentes no dejaba dudas.
Seguía molesto.
Y eso… solo hacía que fuera más difícil para las otras dos.
Ayaka ya no intentaba disimularlo.
Se había rendido por completo.
Apoyada sobre la mesa, con la mano cubriéndole la boca, trataba de contener la risa… sin éxito.
Reika lo hacía mejor.
Mucho mejor.
Pero no lo suficiente.
Su postura seguía recta, controlada, pero ese pequeño brillo en sus ojos y el leve movimiento de sus hombros la delataban.
—No es para tanto —intentó decir Ayaka entre risas.
Error.
Yuuto giró el rostro hacia ella.
Lento.
Muy lento.
Y eso solo empeoró la situación.
Reika carraspeó ligeramente.
—Fue una observación objetiva —añadió con calma.
Otro error.
Yuuto apretó más los brazos contra su cuerpo.
Claramente indignado.
Y completamente expuesto en una emoción que antes jamás habría dejado ver.
Fue entonces cuando una mano se posó suavemente sobre su capucha.
El gesto fue tranquilo.
Natural.
Como si ya hubiera ocurrido muchas veces antes.
—No deberías ponerte así por una broma pequeña.
Yuuto levantó la mirada.
Shiori estaba de pie detrás de él.
La encargada de la biblioteca.
Una alumna de tercer año que casi siempre estaba ahí, entre estanterías y libros, manteniendo ese espacio en calma constante. Desde que Yuuto había comenzado a refugiarse en la biblioteca, ella había sido quien lo recibía en silencio, quien le indicaba lugares, quien nunca hizo preguntas incómodas… y quien, poco a poco, se volvió una presencia familiar para él.
Su forma de hablar era suave.
Su actitud tranquila.
Y había en ella algo distinto.
Un matiz casi maternal.
Muy diferente al de Ayaka o Reika.
Esa cercanía que no invade… pero tampoco se aleja.
Y en ese momento, además, llevaba una leve sonrisa.
Había visto todo.
Yuuto reaccionó de inmediato.
Tomó la libreta y escribió rápido antes de mostrársela.
“Se están burlando de mí.”
Shiori bajó la mirada para leer.
Y luego levantó los ojos, ahora dirigidos hacia las otras dos.
—Ustedes dos…
No alzó la voz.
No hizo falta.
Ayaka enderezó un poco la espalda.
—Solo estábamos—
—Molestándolo —interrumpió Shiori con calma.
Reika ajustó ligeramente sus gafas.
—En un contexto amistoso.
Shiori ladeó apenas la cabeza.
—Eso no cambia que lo estén molestando.
Un pequeño silencio.
No incómodo.
Pero sí suficiente para que ambas entendieran.
Ayaka suspiró, rindiéndose a medias.
—Es que es muy fácil molestarlo…
Reika asintió con naturalidad.
—Su reacción es… evidente.
Shiori volvió su atención a Yuuto.
Su mano seguía apoyada en la capucha, ligera, sin presión.
—No te enojes tanto —añadió con suavidad—. No lo hacen con mala intención.
Yuuto la miró un segundo más.
Y, sin pensarlo demasiado, levantó otra vez la libreta.
“Siempre hacen lo mismo.”
Ayaka entrecerró los ojos.
—Oye…
Reika cruzó los brazos.
—Esa acusación es discutible.
Shiori sonrió apenas.
—Claro… ahora resulta que soy el tribunal al que viene a quejarse.
Ayaka soltó una risa.
—Es que contigo tiene ventaja.
Reika añadió, tranquila:
—Desde que pasa más tiempo aquí, claramente te tiene como referencia.
Ayaka inclinó la cabeza, divertida.
—Sí, básicamente viene a acusarnos contigo como si fueras su hermana mayor.
Silencio.
Yuuto no negó.
Ni movió la cabeza.
Ni escribió nada.
Y eso fue suficiente.
Ayaka abrió los ojos con una sonrisa amplia.
—¡Mira, ni siquiera lo niega!
Reika asintió.
—Confirmación implícita.
Yuuto desvió la mirada.
Más rojo que antes.
Pero sin cerrarse.
Shiori cruzó los brazos con suavidad, todavía con esa sonrisa tranquila que no terminaba de desaparecer.
—Bueno… si voy a ser la hermana mayor aquí, entonces tendré que poner orden.
Miró a las dos con calma.
—No lo molesten demasiado.
Ayaka levantó las manos, rindiéndose a medias.
—Está bien, está bien…
Reika inclinó apenas la cabeza.
—Reduciremos la frecuencia.
Yuuto cerró los ojos un segundo.
Claramente no convencido.
Pero antes de que pudiera relajarse por completo…
Ayaka volvió a hablar.
—Aunque…
Ese tono.
Ese maldito tono.
Yuuto abrió los ojos de inmediato.
Demasiado tarde.
Ayaka ya estaba sacando su teléfono.
—Creo que esto le interesará a la “hermana mayor”.
Yuuto reaccionó al instante.
Se inclinó hacia adelante, levantando ambas manos como si pudiera detener algo invisible en el aire.
Demasiado tarde.
Ayaka giró la pantalla.
Shiori bajó la mirada.
Y lo vio.
Una foto.
Tomada esa misma mañana.
Yuuto, en un rincón del colegio, sentado de forma discreta… abrazando el peluche contra el pecho, como si fuera lo más natural del mundo. Su capucha, su mascarilla, todo su escudo seguía ahí.
Pero eso no importaba.
La escena era clara.
Silenciosa.
Genuina.
Shiori parpadeó una vez.
Y luego sonrió.
No con burla.
No con sorpresa exagerada.
Con algo mucho más suave.
—Te ves tierno.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Yuuto se congeló.
Luego—
Entró en pánico.
Sus manos comenzaron a agitarse frente a él, negando con desesperación, como si pudiera borrar la imagen solo con insistencia. Su cabeza se movía de un lado a otro, claramente intentando rechazar la evidencia.
Demasiado tarde.
Ayaka ya estaba riendo.
Sin control.
—¡Lo sabííía!
Yuuto negó más fuerte.
Intentó tomar el teléfono.
Falló.
Se rindió.
Volvió a negar.
Más rápido.
Más rojo.
Mucho más rojo.
Y entonces—
Reika perdió.
Literalmente.
Se inclinó hacia adelante, apoyando una mano en la mesa mientras la otra iba directo a su estómago.
—…esto… —intentó decir—
Pero no pudo terminar.
La risa se le escapó.
Corta.
Controlada al inicio.
Pero suficiente para delatarla por completo.
—Confirmación visual… —logró decir entre respiraciones.
Eso fue el golpe final.
Yuuto cerró los ojos con fuerza.
Completamente derrotado.
Aún negando con las manos.
Aún rojo.
Shiori observó la escena con calma, y su sonrisa no cambió.
No había burla en ella.
Solo algo cálido.
—Está bien —dijo suavemente—. No tiene nada de malo.
Yuuto se detuvo apenas.
Un segundo.
Y aunque no respondió…
tampoco volvió a negar con la misma intensidad.
Porque, en ese pequeño instante…
no se sentía juzgado.
Solo visto.
Y esta vez…
no dolía.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com