LA MALDICION DE SER VISTO - Capítulo 25
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Capítulo 25: Capítulo 25: Las sombras detrás del escritorio
La oficina del director permanecía en silencio.
Solo se escuchaba el sonido leve del reloj en la pared y el roce de los dedos golpeando lentamente sobre el escritorio de madera oscura.
El director observaba por la ventana.
Desde ahí podía ver parte del patio central, algunos grupos de estudiantes caminando entre edificios, otros sentados bajo los árboles, conversaciones normales, risas normales…
Y en medio de todo eso.
Yuuto Kurosawa.
No estaba solo.
Ayaka caminaba a un lado de él.
Reika al otro.
Y unos pasos detrás, Minori hablaba con él como si fuera lo más normal del mundo.
El director entrecerró los ojos.
No le gustaba.
No le gustaba nada.
Porque lo que estaba viendo era exactamente lo que había querido evitar desde el principio.
Yuuto estaba dejando de ser “ese chico raro”.
Y mientras más personas comenzaran a acercarse a él…
más difícil sería mantener el control.
—Molesto…
La palabra escapó de sus labios casi en un suspiro.
Tomó un expediente sobre su escritorio.
No era grueso.
No tenía nada realmente grave.
Porque nunca había existido una razón real.
Solo rumores.
Comentarios.
Quejas vagas.
Miedo exagerado.
Y él había permitido todo eso.
Porque era más fácil.
Mucho más fácil dejar a Yuuto aislado… que arriesgarse a que su presencia causara problemas.
Pero ahora ya no era solo Yuuto.
Ahora estaban Ayaka y Reika.
La presidenta y la vicepresidenta.
Las alumnas más influyentes de la escuela.
Y para empeorar las cosas…
Minori.
La nueva enfermera.
La mujer que había llegado hacía apenas unas semanas y que ya había conseguido demasiado peso entre estudiantes y profesores.
El director soltó un suspiro pesado.
—Esto ya pasó la raya…
Golpeó una vez el escritorio con los dedos.
Entonces tomó el teléfono interno.
—Llame al subdirector Takemura.
No tardaron mucho en tocar la puerta.
—Adelante.
La puerta se abrió lentamente.
Entró un hombre de unos cuarenta y tantos años, traje gris oscuro, lentes rectangulares y una expresión seria que intentaba verse firme… aunque en realidad siempre parecía la de alguien que buscaba aprobación.
Takemura.
Uno de los rectores encargados de la disciplina general de la escuela.
—¿Me llamó, director?
El director señaló la silla frente a él.
—Tome asiento.
Takemura obedeció de inmediato.
El director permaneció unos segundos en silencio antes de hablar.
No era casual.
Le gustaba hacer eso.
Dejar que el otro se pusiera nervioso primero.
—¿Cómo ve el ambiente de la escuela últimamente?
Takemura parpadeó.
No esperaba esa pregunta.
—Bueno… normal, supongo.
—¿Normal?
El director apoyó los codos sobre el escritorio.
—Porque yo no lo veo normal.
Takemura enderezó un poco la espalda.
—¿Se refiere a algún problema en específico?
El director tomó el expediente y lo dejó sobre la mesa.
—Yuuto Kurosawa.
El nombre bastó.
Takemura reconoció de inmediato de quién hablaba.
Después de todo, casi todos los profesores sabían quién era.
No por méritos.
No por rendimiento.
Sino por los rumores.
Por las miradas.
Por esa incomodidad extraña que parecía arrastrar consigo.
—Últimamente he notado que su presencia está comenzando a generar divisiones entre los alumnos —continuó el director—. Comentarios. Distracciones. Tensiones innecesarias.
Takemura guardó silencio.
El director siguió.
—La presidenta y la vicepresidenta se han involucrado demasiado con él.
Hizo una pausa breve.
—Y ahora incluso la enfermera.
Takemura bajó un poco la mirada.
No era difícil entender hacia dónde iba la conversación.
—Director… ¿cree que el problema sea tan grave?
El director entrecerró apenas los ojos.
—¿Está diciendo que no lo es?
Takemura sintió un escalofrío.
Rápidamente negó.
—No, claro que no.
El director se reclinó un poco en su silla.
—Lo que digo es simple.
Su voz se volvió más baja.
Más controlada.
—Ese chico está manipulando a quienes tiene cerca.
Takemura levantó apenas la mirada.
—¿Manipulando?
—No es normal que la presidenta, la vicepresidenta y ahora una profesora se involucren tanto con un solo alumno.
Tomó el expediente otra vez.
—Mucho menos alguien como él.
El silencio volvió a caer.
Takemura no estaba completamente convencido.
Pero tampoco tenía el valor de cuestionar demasiado.
Porque sabía algo.
El director estaba buscando una respuesta concreta.
Y él necesitaba agradarle.
Desde hacía meses esperaba que quedara libre uno de los puestos administrativos más importantes de la escuela.
Y sabía perfectamente que una recomendación del director podía decidirlo todo.
El director lo observó.
—Como encargado de la seguridad de los estudiantes… debería hacerse cargo.
Takemura tragó saliva.
—¿Qué quiere que haga exactamente?
El director apoyó el expediente frente a él.
—Observe.
Otra pausa.
—Intervenga si es necesario.
Y finalmente:
—Demuestre que todavía puede mantener el orden dentro de esta escuela.
Takemura bajó la mirada hacia el expediente.
Yuuto Kurosawa.
El chico extraño.
El chico aislado.
El chico del que todos hablaban.
Y ahora…
el chico al que el director quería fuera del camino.
Takemura cerró lentamente la carpeta.
Luego asintió.
—Entiendo.
El director sonrió apenas.
No una sonrisa amable.
Una sonrisa pequeña.
Satisfecha.
—Eso esperaba.
Takemura se levantó poco después.
Se inclinó levemente y salió de la oficina.
La puerta se cerró detrás de él.
Y durante unos segundos, el director volvió a mirar por la ventana.
Abajo.
En el patio.
Yuuto seguía ahí.
Rodeado de personas.
Rodeado de apoyo.
Pero eso no iba a durar para siempre.
Porque dentro de esa escuela todavía había demasiada gente dispuesta a creer lo peor.
Y él iba a asegurarse de usar eso.
Mientras tanto, en el pasillo del segundo piso, Takemura caminaba lentamente con el expediente bajo el brazo.
Su expresión era seria.
Pensativa.
Pero en el fondo de todo eso había otra cosa.
Oportunidad.
Porque si conseguía resolver este “problema”…
quizás por fin dejaría de ser solo otro rector más dentro de la escuela.
Y para alguien como él…
eso era suficiente para justificar cualquier cosa.
—Hora de almuerzo, cafetería de la escuela—
La cafetería de la escuela estaba mucho más tranquila a esa hora.
La mayor parte de los estudiantes ya había terminado de almorzar y solo quedaban algunos grupos dispersos conversando en voz baja, unos cuantos alumnos revisando sus teléfonos y otros simplemente aprovechando los últimos minutos antes de volver a clases.
Yuuto estaba sentado cerca de una de las ventanas, en una mesa apartada, como siempre.
Seguía llevando encima toda esa ropa que usaba para esconderse del mundo. La capucha cubriendo parte de su cabello, la mascarilla, los lentes oscuros y esa ropa holgada que intentaba borrar la forma de su cuerpo.
Pero aun así, algo era distinto.
Ya no estaba tan encorvado.
Ya no parecía alguien que quisiera desaparecer completamente de la vista de los demás.
Todavía mantenía esa costumbre de bajar la mirada y moverse con cuidado, pero ahora, de vez en cuando, levantaba un poco la cabeza, miraba alrededor o simplemente se quedaba escuchando el ruido de la cafetería sin tensarse de inmediato.
Y las personas a su alrededor también estaban cambiando.
Las miradas seguían existiendo.
Era imposible que no fuera así.
Yuuto seguía llamando demasiado la atención incluso ocultándose.
Pero ya no eran las mismas miradas de antes.
Antes había miedo.
Incomodidad.
Susurros.
Ahora había algo diferente.
Curiosidad.
Dudas.
Incluso culpa.
Porque desde que Ayaka y Reika comenzaron a acercarse a él de forma tan abierta, algo dentro de la escuela había empezado a romperse.
La idea de que Yuuto era alguien peligroso ya no parecía tan sólida como antes.
Y ahora que incluso Minori caminaba con él por los pasillos y hablaba con él como si fuera lo más normal del mundo, más personas comenzaban a cuestionarse si realmente todo lo que habían escuchado era verdad.
Después de todo, nadie podía imaginar que la presidenta, la vicepresidenta y la enfermera escolar apoyarían tanto a alguien realmente peligroso.
Eso obligaba a pensar.
Y pensar era incómodo.
Por eso seguían manteniendo la distancia.
Porque incluso si algunos comenzaban a sentir curiosidad, todavía tenían miedo.
Miedo al qué dirán.
Miedo a terminar aislados.
Miedo a equivocarse.
Yuuto no sabía nada de eso.
Simplemente seguía comiendo en silencio, con la libreta abierta a un lado de la bandeja, completamente concentrado en terminar antes de que llegaran Ayaka y Reika.
Entonces una sombra se detuvo frente a su mesa.
Yuuto levantó apenas la vista.
Y vio a una chica.
Era de primer año.
Eso se notaba enseguida.
Su uniforme estaba impecable, llevaba el cabello corto hasta los hombros y tenía esa expresión nerviosa de alguien que estaba reuniendo mucho valor solo para estar ahí.
Sus manos estaban tomadas frente al pecho y parecía tan tensa que daba la impresión de que saldría corriendo en cualquier momento.
Yuuto la miró sin entender.
La chica tragó saliva.
—¿Puedo sentarme?
Yuuto se quedó quieto durante unos segundos.
Claramente no esperaba que alguien le hablara.
Mucho menos alguien que no conocía.
Miró un momento hacia los lados, como si pensara que quizás ella se estaba dirigiendo a otra persona.
Pero no.
La chica seguía ahí.
Esperando.
Un poco más roja que antes.
—Si no molesto…
Yuuto tardó un momento antes de mover ligeramente la cabeza.
Sí.
La chica soltó el aire de inmediato, como si hubiera estado aguantándolo durante demasiado tiempo.
Después tomó asiento frente a él.
El silencio que siguió fue incómodo.
Muchísimo.
Yuuto no sabía qué hacer.
Ella tampoco.
Sus ojos se movían de un lado a otro, claramente buscando alguna forma de comenzar a hablar.
Hasta que finalmente reunió valor.
—Yo… quería hablar contigo desde hace tiempo.
Yuuto levantó un poco la vista.
La chica se puso más nerviosa al instante.
—Pero nunca me atreví.
Yuuto bajó la mirada a la libreta.
Tomó el lápiz y escribió unas pocas palabras.
Luego giró la página hacia ella.
“¿Por qué?”
La chica leyó la pregunta y desvió un momento la mirada.
—Porque todos siempre decían cosas de ti.
Yuuto no reaccionó.
Pero sus dedos se tensaron apenas alrededor del lápiz.
La chica se dio cuenta.
Y se apresuró a continuar.
—Pero nunca me pareciste alguien malo.
Yuuto volvió a levantar un poco la mirada.
—Solo me parecías alguien muy solo.
Eso sí logró detenerlo.
Yuuto se quedó quieto.
Completamente quieto.
Porque nadie le había dicho algo así antes.
La chica sonrió con algo más de naturalidad.
—Y cuando vi que Ayaka-senpai y Reika-senpai estaban contigo, pensé que quizás me había equivocado por escuchar tanto a otras personas.
Yuuto bajó lentamente la mirada.
No sabía qué responder.
No sabía qué escribir.
Porque nadie se había acercado a él simplemente porque quisiera hacerlo.
La chica tomó aire una vez más y luego hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Mi nombre es Airi Tachibana.
Sonrió un poco.
—Soy de primero.
Yuuto tardó unos segundos antes de volver a escribir.
“Yuuto.”
Airi soltó una pequeña risa suave.
—Lo sé.
Yuuto volvió a quedarse quieto.
Y por primera vez en mucho tiempo, alguien se había sentado frente a él sin obligación, sin presión y sin segundas intenciones.
Solo porque quería hacerlo.
Y por primera vez en mucho tiempo, alguien se había sentado frente a él sin obligación, sin presión y sin segundas intenciones.
Solo porque quería hacerlo.
La conversación entre ambos no duró demasiado.
No porque fuera incómoda.
Al contrario.
Poco a poco comenzó a sentirse extrañamente natural.
Airi era nerviosa, sí, pero también hablaba mucho cuando lograba relajarse un poco.
Le contó que estaba en primero, que todavía se perdía dentro de la escuela algunas veces y que al principio había pensado que Reika daba miedo, pero que ahora le parecía más intimidante Minori cuando estaba molesta.
Yuuto respondió con pequeñas frases escritas en la libreta.
No eran largas.
Nunca lo eran.
Pero bastaban.
Airi sonrió varias veces durante esa conversación.
Porque ahora que estaba frente a él, Yuuto no se parecía en nada a la imagen que todos habían construido.
No daba miedo.
No se veía peligroso.
Solo parecía alguien muy callado que no sabía bien qué hacer cuando otra persona le hablaba.
Y eso lo hacía ver incluso más solo de lo que había imaginado.
Poco a poco, incluso Yuuto comenzó a relajarse.
No mucho.
Pero lo suficiente para dejar de tensar tanto los hombros.
Lo suficiente para mirarla un poco más cuando escribía.
Lo suficiente para sentir que aquella conversación no era algo malo.
Entonces sonó el timbre que avisaba el final del almuerzo.
Los estudiantes comenzaron a levantarse de las mesas, guardar sus cosas y salir poco a poco de la cafetería.
Airi también se puso de pie.
—Creo que ya debemos irnos…
Yuuto asintió levemente mientras cerraba su libreta.
Por un segundo, Airi pareció dudar.
Luego sonrió.
—Gracias por hablar conmigo.
Yuuto la miró un momento.
Después escribió algo rápido.
“Gracias por acercarte.”
Airi abrió un poco los ojos.
Y sonrió más.
Pero justo cuando ambos se preparaban para salir…
una sombra apareció frente a ellos.
Yuuto levantó apenas la vista.
Y de inmediato sintió cómo algo frío bajaba por su espalda.
Era Takemura.
El rector.
El hombre permanecía de pie frente a ellos con los brazos cruzados, observando primero a Airi y luego a Yuuto de arriba abajo.
Su mirada era desagradable.
No abierta.
No directa.
Pero sí de esas que hacían sentir a alguien como si estuviera siendo juzgado.
Toda la cafetería comenzó a bajar el volumen poco a poco.
Porque algo en la presencia de Takemura dejaba claro que eso no iba a terminar bien.
El rector miró a Airi.
—¿Y tú qué haces aquí?
La chica se tensó de inmediato.
—Y-yo…
Takemura volvió a mirar a Yuuto.
—¿Acaso no conoces los rumores sobre él?
Airi abrió un poco los ojos.
Yuuto también.
La cafetería terminó de quedar en silencio.
Airi tragó saliva.
Claramente estaba nerviosa.
Pero antes de que pudiera decir algo…
Yuuto dio un paso al frente.
Se colocó entre ambos.
Cubriendo ligeramente a Airi con su cuerpo.
La chica quedó detrás de él, apenas asomándose un poco por un costado.
Yuuto estaba temblando.
Se notaba.
Sus manos.
Sus hombros.
Incluso la forma en la que sujetaba la libreta.
Pero aun así no retrocedió.
Porque por primera vez en mucho tiempo…
no estaba pensando solo en esconderse.
Ayaka y Reika le habían dado algo que antes no tenía.
Valor.
Takemura observó eso.
Y lejos de detenerse, avanzó un paso más.
—Así que ahora también te escondes detrás de alumnas menores.
Yuuto apretó la libreta entre las manos.
Takemura continuó hablando como si nada.
—Es curioso.
Miró alrededor.
—Primero la presidenta.
—Luego la vicepresidenta.
—Ahora la enfermera.
Volvió a mirar directamente a Yuuto.
—¿Qué estás usando para tenerlas tan cerca de ti?
Silencio.
Yuuto sintió cómo su respiración comenzaba a volverse más pesada.
Takemura no se detuvo.
—Porque es evidente que algo estás haciendo.
Su voz se volvió más dura.
—Nadie se acerca tanto a alguien como tú sin una razón.
La cafetería entera estaba mirando.
Algunos ya tenían el teléfono levantado.
Otros comenzaron a grabar directamente.
Y no tardó mucho para que alguien empezara una transmisión en vivo dentro de uno de los grupos de la escuela.
En la sala del consejo estudiantil, Ayaka estaba hablando de cualquier tontería mientras Reika revisaba unos papeles.
Entonces el teléfono de Ayaka vibró.
Ella bajó la vista.
Y al ver la pantalla…
su expresión cambió de inmediato.
—¿Qué…?
Reika levantó la mirada.
Ayaka giró el teléfono hacia ella.
En la pantalla se veía la cafetería.
Yuuto.
Takemura.
Y toda la gente alrededor grabando.
Reika se levantó de golpe.
Ayaka hizo lo mismo.
Ninguna dijo nada.
No hacía falta.
Porque ambas pensaron exactamente lo mismo.
Takemura acababa de cruzar una línea.
Takemura no retrocedió ni un solo paso.
Al contrario.
Parecía incluso más cómodo ahora que tenía a toda la cafetería observando.
Sus ojos seguían clavados en Yuuto como si estuviera frente a alguien que necesitaba ser desenmascarado.
—¿Crees que no me doy cuenta? —dijo con una sonrisa pequeña y desagradable—. ¿Crees que nadie nota lo extraño que es todo esto?
Yuuto seguía inmóvil.
Temblando.
Pero inmóvil.
Takemura levantó una mano y señaló hacia la nada, como si enumerara una lista.
—La presidenta del consejo estudiantil.
—La vicepresidenta.
—La enfermera.
—Y ahora una estudiante de primer año.
Volvió a mirarlo directamente.
—Siempre consigues que alguien salga a defenderte.
Su voz se volvió más dura.
—Eso no es normal.
Airi apretó las manos junto a su pecho.
Estaba nerviosa.
Mucho.
Pero aun así dio un pequeño paso hacia adelante.
—Eso no prueba nada.
La cafetería quedó completamente en silencio.
Takemura giró lentamente el rostro hacia ella.
Airi tragó saliva.
Pero no retrocedió.
—Todo lo que está diciendo son prejuicios —continuó, aunque la voz le temblaba—. Usted no tiene ninguna prueba.
Yuuto abrió un poco los ojos detrás de los lentes.
Airi apretó más las manos.
—Toda la escuela hizo lo mismo en algún momento. Escuchamos rumores, repetimos cosas y asumimos que eran verdad sin conocerlo realmente.
Takemura la observó unos segundos.
Y luego su expresión se endureció todavía más.
—Cállate.
La palabra cayó seca.
Fría.
Airi se tensó de inmediato.
Takemura dio un paso hacia ella.
—Todavía eres una niña. No entiendes cómo funcionan las cosas.
Su voz era cada vez más dura.
—Hay personas que saben exactamente cómo manipular a otros.
Miró a Yuuto otra vez.
—Y él es esa clase de persona.
Yuuto sintió cómo algo dentro de él comenzaba a congelarse.
Takemura volvió a avanzar.
Ahora estaba demasiado cerca.
Tanto que Yuuto tuvo que inclinar un poco la cabeza hacia atrás para mirarlo.
—La peor clase de persona es la que se esconde detrás de una imagen frágil para engañar a los demás.
Yuuto apretó la libreta entre las manos.
Sus dedos estaban blancos.
Airi volvió a abrir la boca.
—¡Eso no—!
—Ya es suficiente.
Takemura la interrumpió sin siquiera mirarla.
Luego levantó lentamente la mano hacia Yuuto.
—Creo que ya es hora de que todos vean lo que realmente se esconde debajo de toda esa ropa.
La cafetería entera quedó inmóvil.
Yuuto también.
Takemura extendió la mano directamente hacia su capucha.
—Porque dudo mucho que alguien quiera protegerte después de ver lo que eres realmente.
Y entonces—
sus dedos tocaron la tela.
Los dedos de Takemura apenas alcanzaron a aferrarse a la tela de la capucha.
Yuuto reaccionó por puro instinto.
Se echó hacia atrás de golpe.
Pero Takemura no lo soltó.
Sus dedos seguían sujetando parte de la ropa, tirando de ella con brusquedad mientras Yuuto intentaba apartarse.
Y entonces—
un golpe seco resonó en toda la cafetería.
La mano de Takemura salió apartada de golpe hacia un lado.
El rector soltó un sonido de sorpresa mientras retrocedía un paso.
Minori estaba frente a él.
Su respiración era pesada.
Su expresión… completamente distinta a la habitual.
Ya no estaba esa sonrisa suave.
Ya no estaba esa calma tranquila.
Lo único que había en sus ojos era rabia.
Una rabia fría.
Real.
—¿Qué demonios cree que está haciendo?
Takemura abrió un poco los ojos.
Claramente no esperaba verla ahí.
Yuuto, por el susto, perdió el equilibrio.
Cayó hacia atrás al suelo.
Airi dio un paso rápido para ir hacia él.
Pero no alcanzó a llegar.
Porque alguien más ya estaba ahí.
Shiori.
La bibliotecaria se arrodilló junto a Yuuto y lo abrazó de inmediato, cubriéndolo contra su pecho mientras una mano se apoyaba sobre la parte trasera de su cabeza.
Como si quisiera ocultarlo del resto del mundo.
Como si quisiera impedir que alguien más volviera a acercarse.
Yuuto estaba temblando.
Muchísimo.
Sus manos seguían aferradas a la libreta con fuerza.
Sus hombros no dejaban de moverse.
Y aun así…
Shiori no dijo nada.
Solo lo sostuvo.
Frente a ellos, otra figura cayó de rodillas junto a Yuuto.
Reika.
Se colocó delante de él como si fuera un escudo.
Una rodilla en el suelo.
El cuerpo inclinado ligeramente hacia adelante.
Y los ojos clavados en Takemura con una expresión que muy pocas personas habían visto en ella.
Odio.
No molestia.
No incomodidad.
Odio real.
Ayaka llegó apenas un segundo después y se colocó a su lado.
No estaba llorando.
No estaba nerviosa.
Pero sí estaba furiosa.
Tanto que sus manos estaban cerradas con fuerza.
Tanto que parecía estar conteniéndose para no lanzarse directamente sobre Takemura.
Y detrás de ellas…
Minori seguía de pie frente al rector.
La cafetería entera permanecía en silencio.
Nadie se movía.
Nadie hablaba.
Solo se escuchaban las respiraciones agitadas y el leve sonido de algunos teléfonos todavía grabando.
Takemura miró alrededor.
Por primera vez desde que había comenzado todo…
parecía incómodo.
Minori dio un paso más hacia él.
—¿Se volvió loco?
Su voz era baja.
Pero temblaba de rabia.
—¿En qué momento creyó que tenía derecho a tocar a un estudiante?
Takemura abrió la boca.
—Yo solo estaba—
—¿Exponiéndolo? —lo interrumpió Minori de inmediato— ¿Humillándolo frente a toda la escuela? ¿Arrancándole la ropa porque usted decidió que tiene derecho a hacerlo?
Takemura frunció el ceño.
—Ese chico está manipulando a todos.
Minori soltó una pequeña risa seca.
Sin humor.
Sin calidez.
—No.
Lo señaló directamente.
—El problema aquí no es Yuuto.
Su mirada se volvió más fría.
—El problema es usted.
Takemura apretó la mandíbula.
Minori no retrocedió.
—Acaba de intentar agredir a un estudiante frente a decenas de personas.
Miró alrededor.
A todos los teléfonos levantados.
A todas las cámaras.
Y volvió a verlo.
—Y lo hizo porque no soporta que alguien como él ya no esté solo.
Minori ya no iba a detenerse.
No después de lo que acababa de pasar.
Sus ojos seguían clavados en Takemura mientras su respiración todavía subía y bajaba por la rabia.
—Se pasó de la raya.
Su voz resonó con fuerza en toda la cafetería.
—Acaba de agredir a un estudiante frente a decenas de alumnos.
Señaló alrededor.
A todos los teléfonos levantados.
A todas las cámaras todavía grabando.
—Y además lo hizo en vivo delante de toda la escuela.
Takemura apretó la mandíbula.
—Yo solo intentaba—
—No intentaba nada.
Minori lo interrumpió de inmediato.
—Actuó por orgullo.
Dio otro paso hacia él.
—Porque no soporta que Yuuto ya no esté solo.
Takemura desvió apenas la mirada.
Minori no le dio espacio para escapar.
—Ni siquiera se detuvo a pensar un momento si todo lo que dicen de él era verdad.
Su voz se volvió más dura.
—Solo escuchó rumores.
—Escuchó chismes.
—Escuchó a otros repetir cosas una y otra vez.
Su mirada se afiló.
—Y decidió creerlas porque era más fácil.
Takemura abrió la boca.
Pero Minori no había terminado.
Sin dejar de mirarlo, levantó una mano y apuntó directamente hacia atrás.
Hacia Yuuto.
—Entonces mírelo.
Toda la cafetería volvió la vista hacia él.
Yuuto seguía en el suelo.
Shiori lo abrazaba contra su pecho, una mano detrás de su cabeza y la otra rodeándolo con firmeza, como si quisiera protegerlo de todo lo que había alrededor.
Yuuto seguía temblando.
Muchísimo.
Su libreta todavía estaba apretada entre sus manos.
Su rostro estaba completamente escondido contra el uniforme de Shiori.
Como si quisiera desaparecer.
Como si quisiera escapar de todo eso.
Reika seguía arrodillada frente a él.
Ayaka a su lado.
Ambas mirando a Takemura como si fuera alguien imperdonable.
Y por primera vez…
la cafetería entera dejó de ver rumores.
Dejó de ver historias inventadas.
Dejó de ver “ese chico raro”.
Porque lo que estaban viendo ahora era otra cosa.
Un chico aterrorizado.
Un chico que claramente no sabía defenderse.
Un chico que temblaba solo porque alguien había intentado quitarle lo poco que lo hacía sentir seguro.
Minori volvió a mirar a Takemura.
—Mírelo bien.
Su voz bajó un poco.
Pero dolía más.
—¿De verdad cree que alguien así es capaz de manipular a otros?
Silencio.
Nadie respondió.
Porque por primera vez…
todos estaban viendo al verdadero Yuuto.
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