LA MALDICION DE SER VISTO - Capítulo 27
- Inicio
- LA MALDICION DE SER VISTO
- Capítulo 27 - Capítulo 27: Capítulo 27 — La voz que había permanecido escondida
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 27: Capítulo 27 — La voz que había permanecido escondida
La pregunta de la madre de Yuuto quedó suspendida en el aire.
—¿Siguen dispuestas a cargar con todo eso por él?
Nadie respondió de inmediato.
No porque dudaran.
Sino porque la pregunta era demasiado grande.
Porque ya no estaban hablando solo de ayudar a alguien tímido.
No estaban hablando solo de proteger a un chico que sufría bullying.
Ahora sabían la verdad.
Sabían cuánto dolor había dentro de Yuuto.
Sabían cuántas veces se había roto.
Sabían que detrás de cada sonrisa pequeña, de cada mirada escondida, de cada movimiento nervioso y de cada página escrita en su libreta, existía alguien que llevaba años intentando sobrevivir.
Ayaka bajó un poco la mirada.
Reika apretó los puños sobre sus piernas.
Shiori seguía mirando el suelo.
Airi tenía los ojos húmedos.
Minori respiró hondo.
Pero antes de que cualquiera pudiera responder…
La cortina de la camilla se movió.
Todas giraron la cabeza al mismo tiempo.
Y el mundo pareció detenerse.
Yuuto estaba ahí.
De pie.
Quieto.
Sus ojos seguían rojos por haber llorado tanto.
Su cabello plateado caía desordenado alrededor de su rostro y parte de él todavía estaba un poco húmedo por las lágrimas.
Pero lo que más llamó la atención de todas…
fue que ya no llevaba la sudadera.
Por primera vez desde que lo conocían, Yuuto estaba frente a ellas sin esa enorme capa de tela escondiéndolo.
Solo llevaba una camisa clara y holgada que ya no lograba ocultar del todo la forma de su cuerpo.
Sus brazos eran delgados.
Demasiado delgados.
Sus hombros estrechos.
Su cintura fina.
Y aunque intentara esconderse un poco por costumbre, la tela ya no podía borrar por completo aquello que durante tanto tiempo había intentado ocultar.
Su pecho tenía una ligera forma.
No demasiado marcada.
Pero sí lo suficiente para hacer todavía más evidente por qué tantas personas lo confundían con una chica.
Yuuto se veía pequeño.
Frágil.
Como si todavía le costara estar ahí.
La madre de Yuuto se levantó de golpe.
—Yuuto…
Había sorpresa en su voz.
Porque incluso para ella aquello era nuevo.
Yuuto nunca salía así delante de otras personas.
Nunca.
Ni siquiera delante de quienes comenzaban a acercarse a él.
Siempre mantenía al menos una parte de ese escudo.
La sudadera.
La mascarilla.
Los lentes.
Algo.
Pero ahora no.
Ahora estaba ahí.
Frente a todas.
Con la libreta en una mano.
Y por un momento, todas pensaron que iba a escribir.
Que volvería a esconderse detrás de esas páginas como siempre.
Pero Yuuto no abrió la libreta.
Solo bajó un poco la mirada.
Sus dedos temblaban.
Su respiración también.
Y aun así…
habló.
—Y-yo…
El aire pareció desaparecer de la enfermería.
Todas levantaron un poco más la vista.
Porque esa era la primera vez.
La primera vez que escuchaban su voz.
Era una voz suave.
Muy suave.
Fina.
Delicada.
Tenía un tono femenino que encajaba demasiado bien con su rostro, con su cuerpo y con todo aquello que siempre intentó esconder.
Pero también era una voz pequeña.
Como si no estuviera acostumbrada a salir.
Como si cada palabra le costara.
Como si hubiera pasado demasiado tiempo guardada dentro de él.
Ayaka abrió un poco los ojos.
Reika se quedó completamente quieta.
Airi incluso llevó una mano a su pecho.
Shiori sintió que algo se apretaba dentro de ella.
Y Minori simplemente lo miró.
Sin apartar los ojos de él ni un segundo.
Yuuto tragó saliva.
Claramente estaba nervioso.
Muchísimo.
Pero aun así siguió.
—L-lo siento…
Su voz tembló un poco.
—No… no quería asustarlas.
Ayaka sintió cómo se le llenaban los ojos de lágrimas otra vez.
Porque incluso ahora, después de todo lo que había pasado, Yuuto seguía pensando primero en las demás.
Yuuto bajó un poco más la mirada.
Sus dedos se cerraron alrededor de la libreta.
—Yo… no quería… que me vieran así.
Su voz salió apenas.
Como un susurro.
—No quería… romperme delante de ustedes.
Nadie dijo nada.
Porque nadie quería interrumpirlo.
Porque todas sabían que si hablaban demasiado pronto… quizás él volvería a esconderse.
Yuuto respiró hondo.
Y luego levantó apenas la vista.
No mucho.
Pero lo suficiente para mirarlas.
Primero a Ayaka.
Después a Reika.
Luego a Shiori.
Airi.
Minori.
Y finalmente a su madre.
—Pero…
Su voz volvió a temblar.
—Gracias.
El silencio volvió.
Yuuto apretó un poco más la libreta.
—Gracias por todo.
Esta vez fue Ayaka quien se cubrió la boca.
Porque la voz de Yuuto dolía.
No porque fuera fea.
No porque sonara rara.
Todo lo contrario.
Dolía porque se notaba que era una voz que llevaba demasiado tiempo encerrada.
Una voz que no estaba acostumbrada a hablar.
Yuuto volvió a bajar la mirada.
—Gracias… por quedarse conmigo.
Sus ojos se llenaron un poco de lágrimas otra vez.
—Gracias por… hacerme sentir que no todo estaba perdido.
Shiori sintió cómo se le rompía algo dentro del pecho.
Porque Yuuto no estaba diciendo aquello como alguien que simplemente aprecia a sus amigas.
Lo estaba diciendo como alguien que realmente había pensado que ya no quedaba nada para él.
Como alguien que ya se había resignado a vivir solo.
Yuuto respiró hondo otra vez.
Pero esta vez tardó más.
Porque la siguiente parte era más difícil.
Mucho más difícil.
—Pero…
Su voz salió todavía más pequeña.
—No quiero que sigan conmigo… por obligación.
Reika levantó la mirada de golpe.
Yuuto apretó los labios.
—No quiero que lo hagan… porque les doy pena.
Ayaka negó levemente con la cabeza de inmediato.
Pero Yuuto siguió hablando.
Porque si se detenía ahora… quizás ya no podría continuar.
—No quiero que carguen con todo esto… solo porque les contaron lo que me pasó.
Las lágrimas comenzaron a acumularse otra vez en sus ojos.
—No quiero… que se queden conmigo por lástima.
Y al final, después de decir eso…
Yuuto bajó completamente la mirada.
Como si estuviera preparándose para escuchar algo horrible.
Como si en el fondo todavía creyera que, una vez que las personas ven todo lo roto que está…
terminan alejándose.
Y aun así…
seguía ahí.
Temblando.
Sin esconderse.
Esperando una respuesta.
Porque por primera vez desde que comenzó toda esta historia…
Yuuto había decidido mostrarse por completo.
Y aun así…
seguía esperando que todas se alejaran.
Que bajaran la mirada.
Que dudaran.
Que retrocedieran.
Por eso, cuando escuchó unos pasos acercándose hacia él, Yuuto sintió cómo todo su cuerpo se tensaba otra vez.
Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de la libreta.
Y como todavía mantenía la mirada baja, lo único que alcanzó a ver fueron unos zapatos detenerse frente a él.
No sabía quién era.
No sabía qué iba a decirle.
Pero entonces…
Tac.
Un dedo golpeó su frente.
No fue fuerte.
No fue doloroso.
Pero sí lo suficiente para que Yuuto se quedara completamente congelado.
Sus manos subieron por reflejo hasta su frente mientras levantaba la cabeza con sorpresa.
Y ahí estaba Reika.
Frente a él.
Con una expresión seria.
Aunque no era la misma seriedad fría que usaba con el resto de la escuela.
No.
Era una expresión extraña.
Como si estuviera molesta.
Pero al mismo tiempo aliviada.
Reika lo miró fijamente durante unos segundos.
Yuuto seguía inmóvil.
Incluso un poco confundido.
Y entonces ella habló.
—Eres demasiado bueno.
Yuuto parpadeó.
Reika cruzó los brazos.
—Demasiado.
Su voz sonó firme.
—Siempre estás pensando en otros antes que en ti mismo.
Yuuto bajó apenas la mirada.
Pero Reika no se lo permitió.
Porque llevó una mano hasta su mentón y le hizo levantar el rostro otra vez.
—Ya basta de eso.
Yuuto abrió un poco los ojos.
Reika respiró hondo.
Y aunque su expresión seguía siendo seria, había algo en su mirada que se sentía mucho más suave que de costumbre.
—Empieza a ser más egoísta.
Yuuto se quedó quieto.
Completamente quieto.
Porque nadie le había dicho algo así antes.
Toda su vida había sido al revés.
No molestar.
No llamar la atención.
No causar problemas.
No incomodar.
No existir demasiado.
Pero Reika lo estaba mirando directamente a los ojos mientras le decía que pensara en él.
Que se permitiera querer algo.
Que dejara de empujar a todos lejos.
Yuuto abrió un poco la boca.
Como si quisiera responder.
Como si quisiera decir algo.
Pero no alcanzó.
Porque de pronto otra figura apareció detrás de Reika.
Y antes de que pudiera reaccionar…
sus mejillas fueron atrapadas entre dos manos.
—¡Mgh…!
Yuuto abrió los ojos de golpe.
Ayaka estaba frente a él.
Demasiado cerca.
Muchísimo.
Con una sonrisa en el rostro.
Y con ambas manos estirando sus mejillas sin ninguna clase de compasión.
—Eso es por intentar apartarnos otra vez.
Yuuto agitó las manos de arriba abajo, claramente intentando liberarse mientras Ayaka seguía tirando un poco más de sus mejillas.
—¡A-Ayaka… duele…!
La propia voz de Yuuto pareció sorprenderlo.
Porque seguía hablando.
Seguía usando esa voz fina y delicada que tanto había escondido.
Y aunque estaba nervioso, aunque todavía temblaba un poco…
ya no había vuelto a encerrarse en el silencio.
Ayaka infló un poco las mejillas.
—Pues aguántate.
Luego volvió a tirar apenas un poco más.
—Porque ya te dijimos que no vamos a irnos.
Yuuto sintió cómo el rostro comenzaba a ponerse rojo.
No solo por el dolor en sus mejillas.
Sino porque Ayaka estaba demasiado cerca.
Podía sentir su respiración.
Podía ver su sonrisa.
Podía ver la forma en que lo miraba.
Y eso lo hacía ponerse todavía más nervioso.
Ayaka finalmente dejó de estirar sus mejillas.
Pero no se apartó.
Se quedó ahí.
Muy cerca de él.
Sonriendo.
—Si tu intención era que nos alejáramos de tu lado…
Yuuto tragó saliva.
Ayaka sonrió todavía más.
—Entonces te vas a quedar con las ganas.
Después señaló a Reika con el pulgar.
—Porque ella es terca.
Luego se señaló a sí misma.
—Y yo soy todavía peor.
Reika frunció un poco el ceño.
—No uses eso como si fuera algo bueno.
Ayaka ignoró completamente el comentario.
Y volvió a mirar a Yuuto.
—Así que resígnate.
Su sonrisa se suavizó un poco.
—Porque vas a tener que aguantarnos durante mucho tiempo.
Yuuto sintió que algo dentro de él se quebraba otra vez.
Pero esta vez no era dolor.
No era miedo.
No era esa sensación horrible de sentirse solo.
Era otra cosa.
Algo cálido.
Algo tan cálido que dolía.
Porque después de tantos años…
por primera vez alguien estaba peleando por quedarse a su lado.
—Yo también tengo algo que decir.
La voz de Shiori se escuchó detrás de Ayaka y Reika.
Ambas giraron un poco la cabeza.
Luego, casi al mismo tiempo, se apartaron para dejarle espacio.
Shiori avanzó despacio.
No tan segura como Reika.
No tan explosiva como Ayaka.
Pero sí con esa expresión tranquila y cálida que siempre tenía.
Yuuto levantó apenas la vista hacia ella.
Sus labios se movieron un poco.
Como si quisiera decir algo.
Como si quisiera disculparse otra vez.
Pero Shiori no le dio tiempo.
Porque apenas estuvo frente a él…
lo abrazó.
Yuuto se quedó completamente rígido.
Sus ojos se abrieron un poco.
Sus manos quedaron suspendidas en el aire, sin saber qué hacer.
Porque no esperaba eso.
No esperaba que alguien lo abrazara tan de repente.
Y mucho menos después de haber mostrado todo aquello que siempre intentó esconder.
Shiori apoyó suavemente la cabeza cerca de su hombro.
Su abrazo no era fuerte.
No era brusco.
Era suave.
Cálido.
Como si estuviera intentando proteger algo muy frágil.
—La primera vez que te vi…
Yuuto tragó saliva.
Shiori cerró un poco los ojos.
—Yo también vi lo que todos querían ver.
Yuuto bajó un poco la mirada.
—Vi a alguien raro.
—Alguien distante.
—Alguien que parecía esconder demasiadas cosas.
Yuuto sintió cómo algo se apretaba dentro de su pecho.
Pero Shiori siguió hablando.
—Pero mientras más te fui conociendo…
Su voz se volvió más suave.
—Me di cuenta de que no eras nada de eso.
Yuuto se quedó quieto.
Shiori sonrió apenas.
—Eres amable.
—Siempre te preocupas por otros.
—Ayudas incluso cuando tienes miedo.
—Y aunque te escondas… sigues siendo un buen chico.
Las manos de Yuuto temblaron un poco.
Porque Shiori estaba diciendo exactamente lo contrario a todo lo que siempre escuchó.
Shiori se apartó apenas.
Lo suficiente para mirarlo a la cara.
—Yo no me voy a quedar por lo que vi hoy.
Yuuto levantó lentamente la mirada.
—Ni porque ahora conozca lo que te pasó.
Shiori sonrió un poco más.
Una sonrisa pequeña.
Sincera.
—Me voy a quedar porque quiero ver con mis propios ojos en la persona que puedes llegar a convertirte.
Yuuto sintió que el aire le faltaba otra vez.
Porque nadie había hablado de su futuro antes.
Nunca.
Siempre era el chico raro.
El chico problemático.
El chico del que era mejor mantenerse lejos.
Pero Shiori lo estaba mirando como alguien que todavía podía crecer.
Como alguien que todavía podía ser feliz.
Como alguien que todavía tenía un mañana.
Yuuto bajó un poco la cabeza.
Y antes de que pudiera decir algo…
otra voz se escuchó cerca.
—Yo… tampoco me voy a ir.
Todas giraron un poco la cabeza.
Airi estaba ahí.
Todavía algo nerviosa.
Todavía con las manos tomadas frente al pecho.
Claramente no tenía la seguridad de Ayaka.
Ni la firmeza de Reika.
Ni la calidez tranquila de Shiori.
Porque ella apenas estaba comenzando a conocer a Yuuto.
Y eso la hacía sentir nerviosa.
Pero aun así dio un paso al frente.
Luego otro.
Hasta quedar frente a él.
Yuuto la miró en silencio.
Airi apretó un poco los labios.
—No te conozco tanto como ellas.
Su voz tembló apenas.
—Y todavía hay muchas cosas que no entiendo.
Yuuto bajó un poco la mirada.
Pero Airi negó de inmediato.
—Pero quiero conocerte.
Yuuto volvió a mirarla.
Airi respiró hondo.
—Quiero conocer al Yuuto que ellas conocen.
—Quiero hablar contigo.
—Quiero verte sonreír más.
Su rostro se puso un poco rojo por la vergüenza.
Pero aun así siguió.
—Así que… aunque no sea tan valiente como ellas…
Airi sonrió apenas.
—Yo tampoco me voy a ir.
Y esta vez…
Yuuto ya no pudo contenerlo más.
Porque sintió cómo algo caliente comenzaba a bajar por sus mejillas.
Lágrimas.
Pero no eran lágrimas de miedo.
No eran lágrimas de dolor.
No eran lágrimas de alguien roto.
Eran lágrimas de alguien que por primera vez estaba comenzando a creer…
que quizás de verdad no estaba solo.
Y precisamente por eso, Minori no caminó hacia él.
Porque Yuuto ya tenía a cuatro personas diciéndole que no pensaban irse, que no iban a abandonarlo y que iban a seguir a su lado sin importar lo que pasara.
Pero había alguien más en esa habitación que también necesitaba escuchar algo.
La madre de Yuuto.
Minori giró lentamente hacia ella.
La mujer seguía de pie junto a la cortina de la enfermería, observando a su hijo con los ojos húmedos. No podía apartar la mirada de él. Era como si todavía no terminara de creer lo que estaba viendo.
Porque durante años solo habían sido ellos dos.
Ella y Yuuto.
Ella calmándolo cuando despertaba llorando.
Ella abrazándolo cuando el miedo volvía.
Ella cambiándolo de escuela una y otra vez.
Ella soportando rumores, miradas, burlas, profesores que no querían escuchar y padres que ya habían decidido que su hijo era culpable de algo incluso antes de conocerlo.
Ella viendo cómo Yuuto comenzaba a esconderse cada vez más detrás de sudaderas, mascarillas, lentes oscuros y silencio.
Ella viendo cómo dejaba de hablar.
Cómo dejaba de mirar a otros a los ojos.
Cómo dejaba de creer que merecía estar cerca de alguien.
Y aun así nunca se rindió.
Nunca.
Minori caminó hasta quedar frente a ella.
La madre de Yuuto levantó apenas la mirada.
Entonces Minori habló.
—Ya es suficiente.
La mujer parpadeó un poco, confundida.
Minori la miró directamente a los ojos.
—Ya peleó sola demasiado tiempo.
La madre de Yuuto se quedó inmóvil.
Porque esas palabras golpearon exactamente donde más dolía.
Minori respiró hondo y continuó hablando con una voz mucho más suave.
—Hasta ahora usted fue quien hizo todo. Fue quien lo protegió, quien lo sostuvo cada vez que se rompía y quien siguió adelante incluso cuando ya no podía más.
Los labios de la madre de Yuuto temblaron apenas.
Porque nadie le había dicho eso antes.
Porque durante años ella simplemente siguió avanzando sin detenerse, sin pensar demasiado, porque sentía que si bajaba la guardia aunque fuera un momento terminaría perdiendo a su hijo.
Minori dio un paso más cerca.
—Pero ya no está sola.
La madre de Yuuto sintió que algo dentro de ella se quebraba.
Porque esas palabras eran exactamente lo que necesitaba escuchar.
Porque llevaba tanto tiempo cargando todo sola que ya ni siquiera recordaba cómo era apoyarse en alguien.
Minori giró apenas la cabeza y la mujer hizo lo mismo.
Entonces vio a Yuuto.
Vio a Ayaka sonriendo entre lágrimas.
Vio a Reika intentando mantener la compostura aunque claramente estaba emocionada.
Vio a Shiori secándose los ojos.
Vio a Airi todavía nerviosa, todavía insegura, pero firme.
Y en medio de todas ellas vio a Yuuto.
Todavía frágil.
Todavía asustado.
Todavía roto en muchos sentidos.
Pero ya no completamente solo.
Minori volvió a mirarla.
—Desde ahora nosotras también vamos a protegerlo. Así como usted lo hizo todo este tiempo.
Eso fue suficiente.
Completamente suficiente.
Porque la madre de Yuuto sintió que todo lo que llevaba guardando durante años finalmente comenzaba a romperse.
No era tristeza.
No era solamente miedo.
Era agotamiento.
Era el cansancio acumulado de tantos años fingiendo ser fuerte.
Era toda la impotencia, toda la desesperación y todas esas noches en las que lloró sola porque no sabía cómo salvar a su hijo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato.
Intentó contenerse.
De verdad lo intentó.
Pero no pudo.
Porque llevaba demasiado tiempo esperando escuchar algo así.
Minori lo entendió apenas vio sus hombros temblar.
Y sin dudarlo la abrazó.
La madre de Yuuto abrió un poco los ojos, sorprendida.
Pero solo un segundo.
Porque al instante siguiente terminó aferrándose a Minori con fuerza, como si por fin pudiera soltarse, como si por primera vez en años pudiera dejar de fingir que estaba bien.
Entonces lloró.
Lloró de verdad.
Enterró el rostro en el hombro de Minori mientras las lágrimas comenzaban a caer una tras otra.
Su cuerpo temblaba.
Sus manos se aferraban a la ropa de Minori.
Y de sus labios comenzaron a escapar pequeños sollozos que claramente llevaba demasiado tiempo guardándose.
—Ya no puedo…
Su voz salió rota.
—Ya no sabía qué hacer…
Minori cerró los ojos y la abrazó con más fuerza.
—Lo hizo bien.
La madre de Yuuto negó levemente con la cabeza mientras seguía llorando.
—Tenía miedo… tenía tanto miedo de perderlo…
Minori apoyó una mano en su cabeza.
—Pero no lo perdió.
La mujer siguió llorando.
Y alrededor de ellas, el resto guardó silencio.
Porque todas entendían lo que estaban viendo.
No era solamente una madre llorando.
Era una mujer que había peleado sola durante años.
Una mujer que había cargado demasiado tiempo con un peso que nunca debió soportar sola.
Y que ahora, por primera vez…
por fin podía dejar de hacerlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com