LA MALDICION DE SER VISTO - Capítulo 26
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Capítulo 26: Capítulo 26: Donde la verdad es mas profunda
La cafetería seguía completamente en silencio.
Takemura ya no tenía esa expresión segura de hacía unos minutos.
La seguridad en sus ojos había desaparecido poco a poco desde que Minori comenzó a enfrentarlo delante de todos.
Y terminó de romperse cuando ella volvió a hablar.
—Antes de llegar aquí llamé a la policía.
Toda la cafetería reaccionó de inmediato.
Takemura abrió los ojos.
—¿Qué…?
Minori no apartó la mirada de él.
—Abuso de poder contra un estudiante.
Su voz seguía siendo firme.
—Y considerando que acaba de intentar exponerlo físicamente delante de toda la escuela, creo que será interesante escuchar cómo piensa justificarlo.
Takemura palideció un poco.
Por primera vez desde que todo comenzó, parecía realmente nervioso.
—E-espera un momento…
Minori no retrocedió.
—Hay cámaras.
—Hay testigos.
—Y hay grabaciones.
Miró alrededor una vez más.
—Así que no intente negar nada.
Takemura apretó la mandíbula.
Por un segundo pareció buscar alguna forma de escapar.
Alguna manera de culpar a alguien más.
Pero antes de que pudiera decir algo, una voz nueva resonó desde la entrada de la cafetería.
—¿Qué está pasando aquí?
Todos giraron la cabeza.
El director acababa de llegar.
Detrás de él venían dos guardias del campus y algunos profesores que claramente habían sido alertados por el caos.
Takemura soltó el aire de inmediato.
Como si hubiera visto una salida.
—Director, menos mal que llegó.
Se apresuró a acercarse a él.
—Este estudiante estaba—
—¿Qué cree que está haciendo?
La voz del director fue seca.
Cortante.
Takemura se quedó quieto.
—¿Qué…?
El director lo miró con el ceño fruncido.
—¿Desde cuándo usa su cargo para acosar estudiantes?
Silencio.
Takemura abrió los ojos.
Completamente confundido.
—D-director… usted fue quien—
—Lo que yo veo —lo interrumpió de inmediato— es a un rector agrediendo físicamente a un alumno frente a toda la escuela.
Takemura se quedó helado.
Porque entendió.
Entendió demasiado tarde.
El director acababa de soltarle la mano.
Y lo estaba haciendo delante de todos.
—N-no… espere…
Takemura dio un paso hacia él.
—Usted me dijo que—
—Ya es suficiente.
La voz del director subió un poco.
Lo suficiente para imponerse sobre toda la cafetería.
—Sus acciones son inaceptables.
Los guardias del campus dieron un paso al frente.
Takemura los miró.
Luego volvió a mirar al director.
Y por primera vez se vio realmente desesperado.
—¡No puede hacer esto! ¡Usted fue quien me pidió que me encargara de él!
El silencio que siguió fue pesado.
Muy pesado.
Pero el director no cambió de expresión.
Solo mantuvo esa mirada decepcionada y perfectamente calculada.
—Llévenselo.
Los guardias sujetaron a Takemura de los brazos.
El rector comenzó a resistirse.
—¡Me tendieron una trampa!
—¡Director!
—¡No puede dejarme solo en esto!
—¡Fue idea suya!
Pero nadie respondió.
Los guardias comenzaron a arrastrarlo fuera de la cafetería mientras él seguía gritando.
Y poco a poco su voz desapareció por el pasillo.
El silencio volvió.
Entonces el director acomodó un poco su corbata y suspiró.
Luego volvió a ponerse esa sonrisa amable.
Falsa.
Demasiado falsa.
—Lamento mucho que hayan tenido que presenciar algo así.
Nadie respondió.
Ni Minori.
Ni Ayaka.
Ni Reika.
Ni Shiori.
Ni siquiera Airi.
Porque ninguna le creyó.
El director observó brevemente a Yuuto.
Seguía escondido contra Shiori.
Temblando.
Sin levantar la cabeza.
Y aun así, la expresión del director no cambió.
—Desde aquí yo me encargaré personalmente de resolver este problema.
Minori lo miró directamente.
—Nosotras también.
La sonrisa del director apenas se tensó un poco.
Ayaka dio un paso al frente.
Todavía furiosa.
—Esto no termina aquí.
Reika se colocó a su lado.
Su voz fue mucho más calmada.
Pero también mucho más peligrosa.
—Vamos a asegurarnos de que nadie vuelva a acercarse a Yuuto de esta forma.
El director sostuvo sus miradas unos segundos.
Luego sonrió otra vez.
Como si todo estuviera bajo control.
Como si siguiera siendo el hombre más importante de la sala.
Pero ninguna de ellas se movió.
Ninguna bajó la mirada.
Porque todas entendían algo.
Takemura solo había sido una pieza.
Nada más.
Y el verdadero problema seguía ahí.
De pie frente a ellas.
Entonces Minori giró el rostro hacia Shiori.
—Llévalo a la biblioteca.
Shiori asintió de inmediato.
Airi dio un paso adelante también.
Claramente nerviosa.
Pero decidida.
—Yo… puedo ir con ustedes.
Shiori la miró un momento.
Luego asintió.
Y con mucho cuidado ayudó a Yuuto a ponerse de pie.
Yuuto seguía sin hablar.
Seguía escondido.
Seguía temblando.
Pero aun así…
cuando Shiori comenzó a caminar…
él la siguió.
La escuela entera explotó.
No había otra forma de describirlo.
Antes de que terminara la última hora de clases, los videos ya estaban en todos lados.
Los grupos internos de estudiantes.
Las redes sociales.
Las páginas anónimas de confesiones.
Incluso chats de exalumnos y apoderados.
Todo el mundo estaba viendo lo mismo.
Takemura sujetando a Yuuto.
Takemura intentando arrancarle la capucha.
Takemura acusándolo de manipulador delante de todos.
Y luego Minori golpeándole la mano, enfrentándolo delante de toda la cafetería y obligándolo a retroceder.
Nadie hablaba de otra cosa.
Los pasillos estaban llenos de murmullos.
Las salas de clases apenas podían mantenerse en silencio.
Los profesores intentaban fingir normalidad, pero incluso ellos estaban mirando el teléfono cada pocos minutos.
Nunca había pasado algo así.
No en esa escuela.
No desde su fundación.
Porque por primera vez, algo que normalmente habría sido escondido, controlado y enterrado por la administración…
se había vuelto público.
Y no solo dentro de la escuela.
Porque cuando la policía llegó al campus, los rumores dejaron de ser rumores.
Takemura fue retirado oficialmente del lugar mientras comenzaba una investigación interna y externa por abuso de autoridad, agresión a un estudiante y conducta inapropiada dentro del establecimiento.
Muchos alumnos lo vieron.
Algunos grabaron eso también.
Takemura saliendo del edificio acompañado por policías y personal del campus, todavía alterado, todavía gritando.
—¡Yo no fui el único!
—¡El director me dijo que me encargara de él!
—¡Él fue quien empezó todo esto!
Pero por más que gritara…
nadie parecía escucharlo.
Porque el director ya había actuado antes.
Esa misma tarde, delante de profesores, apoderados y policías, dejó claro que Takemura había actuado por cuenta propia.
Que jamás recibió autorización.
Que sus acciones eran completamente personales.
Y lamentablemente…
todo parecía respaldarlo.
Porque según el informe entregado por la administración, las cámaras cercanas al despacho del director estaban en mantenimiento durante esa tarde.
No había grabaciones.
No había audio.
No había pruebas de ninguna conversación entre ambos.
Nada.
Y sin pruebas…
todo lo que Takemura decía sonaba más a desesperación que a verdad.
Eso fue suficiente para que el director saliera limpio.
Por ahora.
Pero aun así…
algo ya se había roto.
Porque aunque no hubiera pruebas directas contra él, demasiadas personas habían visto cómo actuó.
Demasiadas personas notaron esa sonrisa falsa.
Demasiadas personas sintieron que algo no estaba bien.
Y Minori, Ayaka y Reika lo sabían.
El director había logrado salvarse.
Pero ya no podía esconderse igual que antes.
Porque ahora ellas estaban mirando.
Biblioteca
Mientras el resto de la escuela se consumía entre rumores, videos y caos, la biblioteca permanecía casi igual que siempre.
Silenciosa.
Tranquila.
Lejos del ruido.
Las luces suaves, el olor de los libros y el leve sonido del reloj en una de las paredes hacían que ese lugar pareciera completamente separado del resto del mundo.
Yuuto estaba sentado en uno de los sillones del rincón que Shiori solía usar para descansar cuando no había nadie.
Seguía con la capucha puesta.
Seguía con la mascarilla.
Pero ya no temblaba tanto.
Porque Shiori estaba a su lado.
Y de alguna forma…
cada vez que ella lo abrazaba o simplemente permanecía cerca, Yuuto lograba calmarse.
Hasta ese momento, la única persona capaz de hacer eso era su madre.
Tal vez porque Shiori tenía esa misma sensación.
Ese tipo de presencia que no necesitaba hablar demasiado para hacer sentir a alguien protegido.
Una especie de hermana mayor demasiado tranquila para este mundo.
Airi estaba sentada frente a ellos.
Todavía algo nerviosa por todo lo que había pasado.
Pero aun así había insistido en quedarse.
En algún momento se levantó para ir por una taza de té caliente de una pequeña máquina que había en la sala de profesores cercana a la biblioteca.
Y ahora la sostenía frente a Yuuto.
—Toma…
Yuuto levantó un poco la vista.
Airi le sonrió con nerviosismo.
—Te ayudará a sentirte mejor.
Yuuto dudó un poco.
Luego tomó la taza con ambas manos.
Todavía estaba algo tembloroso.
Pero hizo una pequeña inclinación de cabeza para agradecer.
Airi sonrió un poco más.
Entonces el ambiente volvió a quedar en silencio.
Un silencio extraño.
Porque no era incómodo.
Era otra cosa.
Algo… peligroso.
Yuuto lo sintió primero.
Airi también.
Ambos giraron lentamente la cabeza hacia Shiori.
La bibliotecaria estaba sentada a un lado de Yuuto.
Con las piernas cruzadas.
Las manos apoyadas sobre su regazo.
Y una sonrisa.
Una sonrisa muy tranquila.
Muy bonita.
Muy suave.
Demasiado suave.
Porque había algo aterrador escondido detrás de ella.
Su aura daba miedo.
Muchísimo miedo.
Era la clase de calma que daba la impresión de que alguien ya estaba imaginando diferentes maneras de deshacerse de otra persona sin dejar evidencia.
Yuuto se quedó completamente quieto.
Airi también.
Ambos la observaron durante unos segundos.
Shiori seguía sonriendo.
Y eso solo empeoraba todo.
Airi tragó saliva.
Yuuto sujetó un poco más fuerte la taza de té.
Porque en ese momento, por alguna razón, Takemura parecía correr más peligro que ellos.
Entonces Shiori habló.
Con esa misma voz tranquila.
—Creo que romperle ambas piernas habría sido suficiente.
Silencio.
Yuuto abrió un poco los ojos.
Airi también.
Shiori mantuvo la sonrisa.
—Aunque quizás empezar por una mano habría sido más simbólico.
Yuuto y Airi se miraron.
Y no pudieron evitarlo.
Primero fue una pequeña risa.
Corta.
Nerviosa.
Después otra.
Y luego ambos terminaron riéndose un poco más fuerte.
Yuuto incluso tuvo que esconder parte del rostro detrás de la taza para intentar disimularlo.
Shiori los miró de inmediato.
Claramente ofendida.
—No es bueno reírse de la gente.
Airi soltó otra pequeña risa.
—¡Es que es la primera vez que la veo así!
Shiori hizo una pequeña mueca de indignación.
Luego cruzó los brazos bajo el pecho y desvió la mirada hacia un lado.
—Qué irrespetuosos.
Airi seguía sonriendo.
Yuuto también.
Todavía un poco escondido detrás de la taza.
Shiori volvió a mirarlos de reojo.
Y aunque seguía fingiendo estar molesta…
por dentro se sentía tranquila.
Porque Yuuto estaba riéndose.
Aunque fuera bajito.
Aunque fuera apenas un poco.
Pero lo estaba haciendo.
Y después de todo lo que había pasado…
eso era suficiente.
Shiori seguía con los brazos cruzados y esa expresión de falsa indignación en el rostro, aunque la molestia seguía ahí, muy viva.
—De verdad son terribles…
Airi soltó una pequeña sonrisa.
Yuuto también.
Entonces Shiori dejó escapar un suspiro largo y se puso de pie.
—Mejor me pondré a terminar de ordenar un poco.
Se acomodó la falda del uniforme y caminó hacia uno de los estantes del fondo de la biblioteca.
—Vi esa transmisión en vivo mientras estaba ordenando libros y tuve que salir corriendo de inmediato.
Miró por encima del hombro hacia ambos.
—Así que necesito hacer algo o terminaré dándole un castigo severo al primero que cruce por esa puerta solo para quitarme el enojo.
Eso hizo que Airi se riera un poco.
Yuuto también volvió a sonreír bajito detrás de la taza de té.
—No se rían —dijo Shiori fingiendo molestia.
—Da miedo cuando sonríes tranquila estando enojada —dijo Airi entre risas.
—Mucho miedo…
Shiori hizo una pequeña mueca indignada.
—Qué groseros.
Yuuto bajó un poco la mirada hacia la taza.
Para poder beber el té, finalmente se quitó la mascarilla.
Airi lo vio de inmediato.
Y entendió.
Sin decir nada, se levantó de su asiento.
—Te ayudaré, Shiori-senpai.
La bibliotecaria la miró apenas un momento antes de asentir.
Las dos comenzaron a ordenar algunos libros, acomodar cajas y revisar varios estantes que habían quedado algo desordenados.
Yuuto observó todo desde el sillón.
Todavía tenía las manos temblando un poco.
Todavía sentía el pecho pesado.
Porque aunque intentaba calmarse, no podía quitarse del todo esa sensación de miedo e impotencia.
La sensación de no haber podido hacer nada.
De haber estado tan cerca de volver a quedarse solo.
Tomó otro sorbo de té.
El calor ayudaba.
Y también ayudaba verlas ahí.
A Shiori acomodando libros con esa calma exagerada que usaba cuando estaba molesta.
A Airi moviendo pequeñas cajas mientras de vez en cuando giraba para ver si él seguía bien.
Con ellas ahí…
Yuuto se sentía tranquilo.
Entonces pasó.
Yuuto fue el primero en verlo.
Una caja mal puesta en la parte alta de uno de los estantes.
Airi, sin darse cuenta, golpeó ligeramente el mueble con el hombro al pasar.
Y eso fue suficiente.
La caja se movió.
Después otra.
Y finalmente todo el estante comenzó a inclinarse peligrosamente hacia adelante.
Directamente sobre Shiori.
Airi abrió los ojos de golpe.
—¡Shiori-senpai!
Pero Shiori no alcanzó a reaccionar.
Yuuto sí.
No pensó.
No dudó.
Simplemente se levantó del sillón de golpe y corrió.
Tomó a Shiori por los hombros y la apartó del camino justo cuando el estante comenzaba a caer.
Ambos terminaron en el suelo.
Shiori quedó debajo.
Yuuto encima de ella.
El golpe resonó por toda la biblioteca.
Algunos libros cayeron alrededor.
Una caja se abrió en el suelo.
Airi se quedó congelada.
Porque lo primero que vio…
no fue el estante.
Fue a Yuuto.
Durante el movimiento, la mascarilla había caído.
Los lentes también.
Y la capucha se había deslizado hacia atrás.
El cabello plateado cayó sobre el rostro de Shiori.
Su cara quedó completamente expuesta.
Yuuto todavía estaba sobre ella, sosteniéndose apenas con los brazos para no aplastarla.
Shiori sintió primero el roce de aquel cabello sobre su piel.
Suave.
Frío.
Y después levantó lentamente la mirada.
Y lo vio.
Vio su rostro.
Sus facciones.
Su piel.
Sus ojos.
El contraste imposible entre la imagen que siempre intentó ocultar y la persona real que había debajo.
Airi seguía inmóvil.
Shiori también.
Porque ambas acababan de entender, al mismo tiempo…
qué era lo que Yuuto había estado escondiendo debajo de todo eso.
Ni Airi ni Shiori podían creer lo que estaban viendo frente a ellas. La imagen que durante tanto tiempo habían tenido de Yuuto se acababa de romper por completo. Todos esos rumores, todas esas historias absurdas, todas esas miradas de miedo y rechazo no encajaban en absoluto con el chico que ahora tenían delante. Porque el rostro de Yuuto estaba completamente alejado de todo lo que la escuela había dicho de él.
Era hermoso.
Pero no de esa forma arrogante o llamativa que hacía que la gente quisiera mirarlo. Era una belleza distinta, suave, delicada, casi frágil. Sus facciones eran finas, demasiado finas para alguien que había pasado años escondiéndose. Su piel era pálida, limpia, y el cabello plateado caía desordenado alrededor de su rostro después de haberse soltado la capucha. Incluso sus ojos, esos ojos que ahora las miraban completamente expuestos, no tenían nada de aterrador ni de manipulador. Lo único que había en ellos era tristeza. Una tristeza tan profunda que dolía verla.
Airi sintió que el pecho se le apretaba de golpe. Porque ahora entendía que todo había sido mentira. Todo. La escuela entera había tomado a un chico hermoso, callado y claramente roto por dentro, y lo había convertido en un monstruo solo porque era diferente. Y Shiori, que llevaba más tiempo viéndolo de cerca, sintió algo todavía peor. Porque ahora entendía por qué Yuuto siempre se escondía bajo tantas capas de ropa. Entendía por qué evitaba que cualquiera lo mirara demasiado tiempo. Entendía por qué agachaba la cabeza, por qué siempre buscaba esconderse en la biblioteca, por qué parecía tan desesperado por desaparecer.
Pero no tuvieron tiempo de acomodar nada de eso en sus mentes.
Porque entonces notaron algo mucho más importante.
Yuuto estaba temblando.
No era el temblor nervioso de siempre, no era vergüenza ni incomodidad. Era terror puro. Shiori lo vio primero en su expresión. El color había desaparecido completamente de su rostro. Sus pupilas temblaban. Su respiración se había vuelto corta, irregular, como si le costara tomar aire. Sus ojos ya no parecían estar viendo la biblioteca, ni a Shiori, ni a Airi. Era como si estuviera viendo otra cosa. Otro lugar. Otro momento.
Y entonces pasó.
Como si algo invisible lo hubiera empujado, Yuuto se echó hacia atrás de golpe. Retrocedió tan rápido que terminó chocando contra una esquina de la biblioteca, quedando arrinconado entre la pared y uno de los muebles bajos. Se encogió sobre sí mismo, levantó ambas manos hacia su cabeza y comenzó a sujetarse el cabello mientras escondía el rostro. Sus hombros temblaban cada vez más fuerte.
Entonces comenzaron los sollozos.
No eran fuertes.
No eran dramáticos.
Eran peores.
Eran esos sollozos pequeños, rotos, desesperados, de alguien que llevaba demasiado tiempo conteniendo todo hasta que finalmente no puede más.
Airi dio un paso hacia él sin siquiera pensarlo.
—Yuuto…
Pero él no reaccionó.
Seguía ahí, completamente encogido, temblando y escondiéndose como si quisiera hacerse desaparecer.
Y entonces ambas lo escucharon.
Una voz pequeña. Apagada. Rota.
—Yo no fui…
Shiori sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
Yuuto volvió a decirlo.
—Yo no fui…
Otra vez.
—Yo no fui…
Y otra.
Como si estuviera respondiendo a algo que solo él podía escuchar.
Como si estuviera atrapado en un recuerdo del que no podía salir.
Airi sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Porque esa no era la voz de alguien avergonzado. Era la voz de alguien que había tenido que defenderse demasiadas veces. La voz de alguien que llevaba años escuchando acusaciones, rumores, miradas, susurros. La voz de alguien que ya ni siquiera sabía cómo dejar de disculparse por existir.
Shiori se había puesto de pie frente a él, pero por primera vez desde que conocía a Yuuto no sabía qué hacer. No sabía cómo acercarse. No sabía qué palabras usar. Porque cualquier cosa parecía demasiado pequeña para alguien que se estaba rompiendo de esa manera delante de ella.
Pero entonces las puertas de la biblioteca se abrieron de golpe.
Las dos giraron la mirada al mismo tiempo.
Y ahí estaba ella.
La madre de Yuuto.
Respiraba con dificultad por haber corrido. Su cabello estaba desordenado y sus ojos buscaban desesperadamente dentro de la biblioteca. Detrás de ella venían Ayaka, Reika y Minori, igual de agitadas. Las cuatro debieron correr por toda la escuela apenas escucharon dónde estaba Yuuto.
Pero la madre de Yuuto ni siquiera se detuvo.
Lo vio.
Lo vio arrinconado en esa esquina.
Temblando.
Llorando.
Repitiendo esas palabras entre sollozos.
Y algo dentro de ella pareció romperse.
Corrió directamente hacia él sin importarle nada más, cayó de rodillas frente a su hijo y lo abrazó de inmediato.
Lo abrazó con fuerza.
Con desesperación.
Como si ya hubiera visto esa escena demasiadas veces antes.
Como si supiera exactamente lo que significaba verlo así.
Yuuto se aferró a ella en el mismo instante en que sintió sus brazos alrededor. Sus manos temblorosas se cerraron con fuerza en la ropa de su madre y escondió el rostro en su pecho, llorando todavía más fuerte ahora que ya no estaba solo.
Ella solo lo sostuvo.
Le acarició el cabello.
Le besó la cabeza.
Y comenzó a repetir una y otra vez, con esa voz suave y rota que solo una madre puede tener cuando ve sufrir a su hijo.
—Está bien… está bien… mamá está aquí… ya pasó… ya pasó…
Detrás de ellas, Ayaka se cubrió la boca con una mano porque sentía que iba a llorar en cualquier momento. Reika había apretado los puños con tanta fuerza que le dolían, porque nunca había visto a Yuuto así de roto. Y Minori simplemente bajó la mirada por un segundo, mordiéndose el labio, porque ahora entendía algo mucho peor.
Todo esto no era nuevo para él.
Yuuto ya había pasado por algo así antes.
Y verlo repetir “yo no fui” de esa manera… solo hacía evidente que alguien, en algún momento de su vida, ya lo había obligado a defenderse de algo que jamás hizo.
Enfermería
La enfermería había quedado en silencio.
Solo se escuchaba el sonido suave del aire acondicionado, el roce ocasional de alguna cortina moviéndose un poco y la respiración tranquila de Yuuto al otro lado de una de las camillas.
Minori le había dado algo para que pudiera descansar.
Y ahora finalmente dormía.
Todavía tenía el rostro algo hinchado por haber llorado tanto. Su madre seguía sentada a su lado, acariciándole el cabello con cuidado, como si temiera que al dejar de tocarlo él volviera a romperse otra vez.
La cortina alrededor de la camilla estaba cerrada.
Protegiéndolo un poco del resto del mundo.
Afuera, sentadas en silencio, estaban Minori, Ayaka, Reika, Shiori y Airi.
Ninguna hablaba.
Porque después de ver a Yuuto de esa manera… ya no sabían qué decir.
Hasta que finalmente la cortina se abrió.
La madre de Yuuto salió despacio.
Cerró la tela detrás de ella y soltó un suspiro cansado.
Uno muy pesado.
Muy viejo.
Porque esa no era la expresión de una mujer sorprendida.
Era la expresión de una madre agotada de ver sufrir a su hijo una y otra vez.
Reika fue la primera en levantar la mirada.
—¿Qué fue lo que le pasó a Yuuto?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Ayaka bajó un poco la vista.
Airi apretó las manos sobre sus piernas.
Shiori y Minori permanecieron en silencio.
La madre de Yuuto las miró una por una.
Vio la preocupación en sus rostros.
La culpa.
La tristeza.
Y también algo más.
La necesidad de entender.
Entonces cerró los ojos por un momento antes de hablar.
—¿Están seguras de que quieren saberlo?
Las cinco la miraron.
Ella volvió a hablar, esta vez con una voz más baja.
—Porque si conocen esa parte de Yuuto… ya no podrán echarse para atrás.
El silencio volvió a caer.
Pero esta vez ninguna dudó.
Reika fue la primera en asentir.
Ayaka lo hizo después.
Shiori y Minori intercambiaron una mirada breve.
Airi apretó un poco más sus manos.
Y al final, las cinco dijeron que sí.
La madre de Yuuto bajó lentamente la mirada.
Tardó unos segundos antes de encontrar fuerzas para comenzar.
—Cuando Yuuto entró a secundaria… ya había cambiado mucho físicamente.
Su voz era tranquila.
Pero dolía escucharla.
—Su cabello se volvió más claro. Sus facciones comenzaron a verse más delicadas. Cada vez más personas lo confundían con una chica o comenzaban a mirarlo raro.
Hizo una pequeña pausa.
—Y justo en esa época murió su abuelo.
La expresión de Ayaka cambió un poco.
—El abuelo de Yuuto era la persona más importante para él —continuó ella—. Era quien siempre lo protegía. Quien lo hacía sentir normal. Cuando murió… Yuuto cambió por completo.
Bajó un poco la cabeza.
—Comenzó a cubrirse. Primero fue solo una capucha. Después mascarillas. Luego ropa grande. Lentes. Guantes. Cada vez más cosas.
Shiori sintió cómo algo se le apretaba dentro del pecho.
Porque ahora entendía que aquello no había comenzado en esa escuela.
Venía de mucho antes.
—Tuve que cambiarlo de escuela tres veces.
La voz de la madre se quebró un poco.
—Porque en todas era lo mismo.
Ayaka apretó los labios.
—Se burlaban de él. Le sacaban fotos. Lo seguían por los pasillos. Le decían cosas horribles. Algunos chicos querían golpearlo porque decían que parecía una chica. Algunas chicas inventaban rumores porque les molestaba que otros lo miraran más a él que a ellas.
Airi bajó la mirada.
Minori cerró los ojos.
—En la tercera escuela… Yuuto ya no podía más.
La madre levantó apenas la vista.
—Ahí fue cuando levantó por completo ese escudo.
—Comenzó a esconderse de todos. A no hablar. A no mirar a nadie. A cubrirse cada vez más.
Shiori sintió un escalofrío.
Porque ya no estaba escuchando la historia de un chico tímido.
Estaba escuchando la historia de alguien que se había ido rompiendo poco a poco.
—Pero eso solo empeoró las cosas.
La madre respiró hondo.
—Porque los niños son crueles.
Nadie dijo nada.
No hacía falta.
—Mientras más se escondía, más rumores aparecían. Comenzaron a decir que era raro. Que era peligroso. Que hacía cosas a escondidas. Que daba miedo.
Reika sintió rabia.
Mucha.
Pero la madre todavía no había terminado.
Porque entonces bajó la mirada.
Y cuando volvió a hablar, su voz era todavía más baja.
—Un día hubo un temblor en la escuela.
Las cinco levantaron un poco la vista.
—Todos comenzaron a moverse. Algunos se asustaron. Otros gritaron. Una compañera de Yuuto tropezó cerca de unas ventanas.
Su madre cerró los ojos por un segundo.
—Y Yuuto trató de protegerla.
Ayaka dejó de respirar por un instante.
—La sostuvo para que no se golpeara. La cubrió para que no cayera sobre los vidrios.
Abrió lentamente los ojos otra vez.
—Pero cuando todo terminó…
La enfermería quedó completamente inmóvil.
—Esa chica lo acusó de intentar aprovecharse de ella.
Nadie reaccionó.
Porque nadie podía.
—Dijo que Yuuto la había tocado. Que había intentado acercarse a ella durante el caos. Que había querido hacerle algo.
Airi sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
Reika apretó los puños.
Ayaka se cubrió la boca con una mano.
Y Shiori simplemente sintió algo romperse dentro de ella.
Porque ahora entendían por qué Yuuto había repetido una y otra vez “yo no fui”.
Porque alguien ya lo había obligado a decirlo antes.
Y nadie le creyó.
La madre de Yuuto guardó silencio unos segundos después de terminar.
Nadie habló.
Porque no había nada que decir.
Todo lo que acababan de escuchar era demasiado doloroso.
Demasiado injusto.
La enfermería entera parecía haberse quedado sin aire.
Entonces ella volvió a hablar.
—Cuando vi la transmisión de la cafetería…
Su voz salió más baja que antes.
Más cansada.
—Tuve miedo.
Las cinco levantaron la mirada.
Ella apretó un poco las manos sobre su regazo.
—Mucho miedo.
Cerró los ojos por un momento.
—Porque pensé que todo se iba a repetir otra vez.
Ayaka sintió cómo el pecho se le apretaba.
—Pensé que volverían los rumores. Las miradas. El rechazo. Pensé que todo el avance que Yuuto había tenido hasta ahora se iba a perder.
Reika bajó la cabeza.
Minori cerró los ojos.
—Y pensé…
La voz de la madre se quebró un poco.
—Pensé que iba a volver a perder a mi hijo.
El silencio que siguió fue insoportable.
Porque todas entendieron perfectamente lo que quería decir.
No hablaba de perderlo físicamente.
Hablaba de perder al Yuuto que poco a poco había comenzado a volver.
Al chico que había empezado a confiar un poco más.
Al que ya no se encorvaba tanto.
Al que se atrevía a sonreír de vez en cuando.
Al que había empezado a creer que quizás todavía existían personas capaces de verlo de verdad.
La madre de Yuuto bajó un poco la mirada.
Pero esta vez, cuando volvió a hablar, había algo distinto en su voz.
Algo más suave.
Más cálido.
—Pero cuando las vi defenderlo…
Ayaka sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Cuando vi a todas ponerse frente a él sin dudar…
Miró primero a Minori.
Después a Shiori.
Luego a Ayaka, Reika y finalmente a Airi.
—Me dieron esperanza.
Ninguna pudo sostenerle la mirada mucho tiempo.
Porque en el fondo sentían que no habían hecho suficiente.
—Lo que pasó hoy no era algo que esperaba.
Su voz volvió a sonar tranquila.
—Lo de la cafetería ya había desestabilizado mucho a Yuuto. Que alguien volviera a señalarlo de esa forma delante de todos…
Negó suavemente con la cabeza.
—Eso ya lo estaba rompiendo por dentro.
Su mirada se desvió hacia la cortina de la camilla.
Hacia donde Yuuto dormía.
—Pero lo de la biblioteca…
Cerró los ojos apenas un segundo.
—Eso terminó de romper el muro que levantó durante años para olvidar todo lo que le pasó.
Shiori bajó la mirada.
Porque ella había estado ahí.
Había visto el momento exacto en el que Yuuto dejó de ver la biblioteca.
Y volvió a ese lugar del que nunca había podido escapar del todo.
La madre de Yuuto respiró hondo.
Y finalmente las miró a las cinco una última vez.
Esta vez de frente.
Sin apartar la mirada.
—Ahora saben qué tan profundo es el hoyo que tiene Yuuto en el corazón.
Nadie dijo nada.
Porque no podían.
—Ahora saben cuánto daño tiene dentro.
Su voz fue suave.
Pero firme.
—Así que quiero preguntarles algo.
Ayaka levantó apenas la vista.
Reika hizo lo mismo.
Shiori, Minori y Airi también.
Y entonces la madre de Yuuto hizo la pregunta que ninguna esperaba.
—¿Siguen dispuestas a cargar con todo eso por él?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com