La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 105
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Capítulo 105: Los colados del cumpleaños
—Es mi cumpleaños y quiero morirme —gimió Byron mientras se levantaba de la cama con dificultad por la mañana.
Emily se horrorizó por un momento. —¿¡No digas eso!
—Oh, lo siento, no lo digo literalmente —se corrigió—, te prometí que te diría si alguna vez volvía a sentirme suicida.
—¿Y no ha sido así? —preguntó ella con tensión.
—Todavía no. Es solo que no quiero celebrar que me hago mayor.
Emily también se levantó y buscó en su cómoda ropa apropiada para la ocasión. No quería nada demasiado elegante, sino algo informal pero divertido. Eligió una blusa amarilla con volantes y una falda blanca.
—No tenemos que celebrar mucho —dijo—. Quizá solo una buena cena, ver una película.
Pero sus planes se truncaron cuando el timbre sonó esa tarde y Sylvia apareció con un gran pastel de fresas.
Emily lamentó no haber preparado un plan de huida, ya que Byron claramente no quería que su cumpleaños fuera un gran acontecimiento, pero ya era demasiado tarde. Sin embargo, Byron fue muy dulce.
—Gracias por venir, mamá —dijo—, y por haberme traído al mundo, para empezar. Le dio un abrazo.
Sylvia parecía conmovida, lo que fue bastante inesperado. —No me quedaré mucho —dijo—. Sé que no te gustan las grandes fiestas de cumpleaños. Pero tenía que verte.
Media hora después, el timbre volvió a sonar. Era Teddy, vestido con una camisa hawaiana y vaqueros azules, con una caja de regalo envuelta en las manos.
—Espero que no te importe que me pase para una breve felicitación de cumpleaños —dijo.
—Pasa —dijo Byron secamente.
Obviamente no quería ser grosero, pero no estaba muy entusiasmado de ver a su padre.
—Sylvia, qué placer tan inesperado —dijo Teddy, saludando a su exmujer.
—Ted —dijo Sylvia, dedicándole un levísimo asentimiento de cabeza. Parecía que lo toleraba apenas un poco más que Byron.
—Te he traído algo que podría divertirte —dijo Teddy, entregándole la caja de regalo a Byron.
—Gracias… —Byron parecía reacio a mirar dentro.
Cuando desenvolvió el paquete, dentro había un reluciente modelo nuevo de un tractor, preciso hasta el último detalle.
—De niño estaba obsesionado con los tractores —dijo Byron, volviéndose hacia Emily. Sonreía, pero a ella le pareció ver una mirada melancólica en sus ojos. Emily supuso que probablemente era un pasatiempo que le había gustado compartir con su padre, hasta que Teddy desapareció de su vida.
—Llegas un poco tarde para darme esto —comentó Byron—, sé que algunos dicen «más vale tarde que nunca», pero a veces es «mejor nunca que tarde».
Teddy suspiró profundamente. —Veo que sigues enfadado conmigo… Siempre quise estar ahí para ti. Pero tu mamá ya no me quería en tu vida después del divorcio, y tenía razón. Yo era demasiado inestable y mi problema con la bebida estaba fuera de control. Es mejor que crecieras sin una mala influencia como yo en tu vida.
Se levantó para irse y Byron no lo detuvo. Emily fue a acompañarlo a la puerta. Era demasiado triste ver que terminara así.
—Por favor, no te rindas —dijo ella cuando él estaba a punto de marcharse.
—No puedo obligarlo a que me acepte de nuevo en su vida —dijo Teddy.
—Quizá puedas venir a la Semana de la Moda conmigo —sugirió Emily. Ni siquiera sabía por qué lo había dicho, pero era demasiado tarde para retractarse—. Tengo una entrada extra.
—Gracias, mi querida —respondió Teddy—, es obvio que te preocupas mucho por Byron y quieres que esto funcione, pero puede que sea demasiado tarde.
Sylvia decidió irse poco después, al ver que el ambiente se había arruinado. —Intenta perdonarlo, Byron —dijo antes de marcharse—, si no por su bien, por el tuyo.
Emily y Byron se quedaron solos, e incluso el chef se fue después de preparar un festín de comida deliciosa. Byron apenas probó bocado. No le había entusiasmado mucho su cumpleaños, pero ahora parecía completamente desolado.
—No puedo creerlo —se quejó—, venir aquí en mi cumpleaños con su camisa hawaiana.
—¿Cambiaría algo si llevara otro tipo de camisa? —preguntó Emily.
—No, seguiría siendo un idiota —refunfuñó Byron—. Lo único que ha hecho ha sido recordarme el padre de mierda que fue, cómo me quedaba solo en mi cuarto esperando a que pasara un ratito conmigo. Pero estaba demasiado ocupado bebiendo o haciendo inventos estúpidos.
Emily casi tenía miedo de decir algo, pero tenía que intentarlo. —Él quiere pasar tiempo contigo ahora…
—¿Pero por cuánto tiempo? —preguntó Byron—. ¿Hasta que se aburra de mí otra vez y pase a su siguiente proyecto?
—¿Pero y si de verdad ha cambiado y tú no estás dispuesto a arriesgarte?
—No confío en él —dijo Byron, levantándose y paseando nerviosamente por la habitación—. ¡Dios, cómo lo odio!
—El hecho de que sientas cosas tan intensas significa que también lo quieres —dijo Emily. Se levantó y sostuvo a Byron en su abrazo, intentando calmarlo.
—No quiero sentirme así —susurró él.
De repente, se dio cuenta de que las lágrimas brotaban de sus ojos. Intentó secárselas a besos y pronto sus labios encontraron los de él, reemplazando la pena con dulzura y afecto.
—No deberías llorar en tu cumpleaños —dijo ella.
Lo abrazó con todas sus fuerzas, y pronto los brazos de él la rodearon y él le devolvió el beso con un deseo cada vez más abrasador.
Se tumbaron en el sofá, la pasión se apoderó de ellos y todos los sentimientos de dolor quedaron olvidados por el momento.
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