La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Unas veces se gana y otras se pierde
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29: Unas veces se gana y otras se pierde 29: Unas veces se gana y otras se pierde Antes del beso, Byron la había mirado como un depredador que por fin atrapaba a su presa, pero ahora era él la presa, indefenso ante su poder.
—Nunca estás del todo segura de mí —dijo él—, pero ¿puedes al menos estar segura de lo que siento por ti?
Emily no se había recuperado del todo del beso, y estaba casi lo suficientemente aturdida como para ceder a lo que fuera que él quisiera, con tal de poder volver a experimentar algo así.
—Ha sido increíble —dijo ella—, pero creo que me estás preguntando si podemos hacer que nuestra relación sea real…
y no sé si estoy preparada.
—Para mí ha sido real —dijo Byron, y ella percibió la mirada de desesperación que acechaba en sus ojos—.
¿Todavía no confías en mí?
—Sí confío —dijo ella—.
Me has demostrado que te importo, pero eres tú el que me preocupa.
—¿A qué te refieres?
—preguntó él.
Bajaron del puente, alejándose del tumulto del agua, y se recostaron contra una roca gigante.
—Byron, intentas ocultarlo, pero sé que hay algo que te preocupa —dijo Emily.
Nunca esperó tener el valor de hablar con él sobre ello.
La última vez que lo intentó, la noche en que se conocieron, él levantó una barrera infranqueable y se perdió en sus pensamientos y recuerdos.
Pero ahora que sabía la pasión que él sentía, quería luchar por él, aunque eso significara luchar contra él.
—Desde que te conocí —dijo Byron—, he sentido cómo todas las cosas que me preocupaban se desvanecen.
—Pero siguen ahí —replicó Emily—.
Puedo sentirlo, y tú también debes de sentirlo.
Puede que te sientas feliz en el momento, pero cuando pasa algo inesperado, te conviertes en un desastre emocional.
Tienes que lidiar con esos sentimientos.
—Gracias, doctora Freud —masculló él.
Emily temió que la estuviera excluyendo de nuevo, como la última vez.
—No digo que entienda exactamente por lo que estás pasando —dijo ella—, pero lo único que sé es que no serás verdaderamente feliz hasta que lidies con ello.
—¿Qué quieres que te diga?
—preguntó él, metiendo las manos en los bolsillos de sus vaqueros—.
¿Que mi padre es un capullo y que el matrimonio de mis padres se vino abajo, así que estoy traumatizado de por vida?
Ya está, psicoanálisis completado.
—Puede que eso sea parte del problema —dijo Emily con cautela—, pero no tienes por qué estar traumatizado de por vida.
Él se levantó con un suspiro, listo para empezar el largo camino de vuelta.
La mirada que le dirigió estaba llena de un dolor que ella deseó poder quitarle, pero era incapaz de hacerlo.
—Si estás intentando cambiarme —dijo él—, no va a pasar.
Ambos estaban frustrados y tensos mientras volvían al coche y conducían de regreso a la ciudad.
El beso lo cambió todo.
Si ser amigos ya era complicado antes, ahora sería casi imposible.
Emily sabía que, si volvían a verse, uno de los dos tendría que ceder.
Cuando Emily llegó a casa, le esperaban más malas noticias.
Leyó nuevos mensajes de los padres de otros dos alumnos que ya no iban a tomar clases con ella.
La mayoría de sus alumnos eran niños pequeños, pero también estaba Diane, una señora jubilada que debía venir esa noche para una lección.
Emily esperaba que al menos ella sí apareciera.
Por suerte, Diane llegó a tiempo y no dio señales de que le molestara la notoriedad de Emily en los medios.
Empezaron la lección como de costumbre, y Emily se sintió más relajada, perdiéndose en el arte y en las complejidades del progreso de su alumna.
Nadie mencionó siquiera el artículo.
Solo cuando se marchaba, Diane le dedicó una sonrisa amable y dijo: —Vas a estar bien, querida.
Que nunca te preocupe lo que diga la gente.
Al día siguiente, Emily recibió un correo electrónico de Byron que decía que su artículo había sido publicado en el Boletín.
Cuando entró en la página web del periódico, la sensación de euforia fue increíble.
Podía leer sus propias palabras impresas.
Su voz había sido escuchada, y solo eso ya era reconfortante.
Luego vio los comentarios de todos los que la apoyaban.
Había algunos comentarios aquí y allá que la insultaban de todas las formas posibles, pero la mayoría de la gente que respondía al artículo la aplaudía por contar su historia y le deseaba lo mejor.
Le envió un correo a Byron para agradecerle su ayuda en la publicación de la historia.
Normalmente, él le habría enviado un mensaje invitándola a su casa, pero ese día no lo hizo.
Emily se despidió de sus padres, que se marchaban de la ciudad ese día.
Aunque su hermano Nick se había mudado a su apartamento, no parecía tener ganas de pasar el rato y se metió en su nueva habitación de inmediato para componer algunas de sus canciones.
Fue una noche solitaria.
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