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La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 30

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30: Su mayor fan 30: Su mayor fan El nuevo día trajo mejores perspectivas.

Cuando Emily se despertó, encontró que ya la esperaban algunos correos electrónicos.

¡Tres nuevos alumnos querían apuntarse a sus clases!

Emily se las arregló para que vinieran lo antes posible, y el primero de ellos empezaría esa misma tarde.

Ahora que su hermano se quedaba en el apartamento, habría estado bien poder usar el estudio que Byron le había conseguido, aunque todavía no estuviera totalmente reformado, pero Emily no sabía si seguía siendo bienvenida allí.

Le envió un mensaje de texto a Byron:
¿Todavía puedo usar el estudio, o estás enfadado conmigo?

Menos de un minuto después, llegó la respuesta:
No estoy enfadado contigo, pero te deseo.

Puedo esperar…

tómate el tiempo que necesites.

Debería haberse enfadado con él por insistir en sus deseos sin siquiera reconocer que necesitaba buscar ayuda como ella le había pedido.

Pero su primera respuesta interna a sus palabras fue un fuego latente en el pecho.

Sus sentimientos y sus hormonas se aliaron para llevar su cuerpo a un estado febril.

El recuerdo de aquel beso la atormentaba.

El sabor de los labios de Byron mezclado con los aromas del bosque y la cascada, la firme presión de su cuerpo desde el muslo hasta el pecho…, la forma en que la besó…

y el aspecto de su rostro de cerca, tan perfecto y sensual…

¿Cómo podía preparar sus materiales para la clase con semejantes pensamientos rondándole la cabeza?

Emily metió toda la pintura y los pinceles que pudo encontrar en su maletín y se dirigió al estudio.

Su nueva alumna, Katie, apareció justo a tiempo.

Era una chica delgada y alta, de unos dieciséis años, vestida con un top verde neón y una minifalda de cuero.

—¡Dios mío, eres igual que en la foto!

—dijo la chica al entrar—.

Eres mi ídolo.

—¿Qué?

—preguntó Emily, y entonces se dio cuenta de dónde podía haber visto la chica su foto—.

¿Por el artículo del periódico?

—Sí, así es como me enteré de que dabas clases.

Tienes que contármelo todo.

Qué ropa ponerme, cómo actuar, todo lo que se debe y no se debe hacer para conseguir un novio megarrico.

Emily se quedó estupefacta por un momento.

—Eh…

Doy clases de arte —dijo, señalando el estudio a su alrededor.

—Ya lo sé —dijo Katie, posando como una modelo con una mano detrás de la cabeza—, el arte de atraer al multimillonario.

Desconcertada, pero al mismo tiempo intentando no reírse a carcajadas, Emily dijo: —No lo atraje a propósito.

¡Nos conocimos por casualidad!

De repente, la asaltó la idea de que no fue casualidad…

¿y si fue el destino?

Parecía un pensamiento tan preciso que le vino a la mente en ese momento, como una voz de alguna conciencia universal.

O eso, o estaba perdiendo la cabeza.

—Es un momento importante para que te centres en aprender, Katie.

Sé que tienes un montón de hormonas revolucionadas por el cuerpo…

—Emily se dio cuenta de que sonaba como un padre dando un sermón y se sintió una hipócrita, porque era ella la que tenía las hormonas desatadas—.

Quiero decir, en realidad nadie quiere centrarse en los estudios a tu edad, pero deberías disfrutar de la vida, intentar encontrar lo que te apasiona.

—¿Qué sentido tiene?

—dijo Katie, haciendo una mueca de desagrado pero resignada—.

Todo lo que aprendo en el instituto es aburridísimo.

Lo único que hace es prepararte para el mundo laboral, que va a ser aún más aburrido.

Emily sonrió; el cinismo de Katie era hasta adorable.

—No se trata tanto del «mundo laboral», sino de encontrar algo que te apasione.

Cuando encuentras tu pasión, no parece trabajo.

Tendrás esa energía feroz y ardiente.

Y cuando eso ocurra, muchos hombres se sentirán atraídos por ti, incluso los ricos, si es lo que te va.

—Vaya —Katie se tomó un momento para reflexionar sobre ello—.

Suena a lo mismo que dice mi aburrido orientador del instituto, pero cuando lo dices tú, suena mejor.

—Eh, gracias —dijo Emily—.

Entonces, ¿te gustaría probar a pintar?

La chica se encogió de hombros.

—Supongo…

¿Puedes al menos darme consejos de moda?

—Me encantaría —dijo Emily.

Katie no tenía mucho talento natural para la pintura, pero se metió de lleno y se lo pasaron bien hablando de ropa y moda mientras jugaban con las paletas de colores.

—Vaya, tu limusina te está esperando —dijo Katie, mirando por la ventana mientras terminaban la clase—.

¡Qué guay!

Emily no esperaba una limusina y pensó que debía de estar esperando a otra persona; en Vancouver vivían muchos actores y otras celebridades.

Pero en cuanto salió, el conductor habitual de Byron, Alistair, bajó del coche y se dirigió hacia ella.

Su rostro ancho solía ser tranquilo e inexpresivo, pero esta vez estaba desfigurado por alguna emoción turbulenta.

—Señorita Danzi, espero que no le importe que la haya localizado —empezó—.

Fui a su casa, pero su hermano me dijo que se había ido al estudio.

A Emily le preocupó su tono serio.

—¿Está todo bien?

—Byron no ha sido el mismo estos últimos días desde que usted no ha estado cerca.

Y encima, con los problemas de su empresa…

Para serle sincero, está hecho un desastre.

—¿La empresa?

—preguntó ella.

—Ah, ¿no se ha enterado?

Lo acusan de una estafa masiva por internet.

Ayer hubo un gran circo mediático.

Ahora no quiere comer.

No ha ido a trabajar.

Apenas habla con nadie.

Emily se sintió fatal por no haberse molestado en ver las noticias últimamente ni en contactar con Byron.

—Pensé que podría hablar con él…

—dijo Alistair con timidez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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