La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 39
- Inicio
- La novia a la fuga del multimillonario
- Capítulo 39 - 39 No es necesario tomar el control
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
39: No es necesario tomar el control 39: No es necesario tomar el control Emily lo miró a los ojos y la noche en que se conocieron regresó a su mente con gran viveza.
Byron tenía la misma expresión de dolor cuando hablaba de Nova Summers, igual que cuando Emily lo vio por primera vez, de pie y solo en el puente.
—No voy a ir a ninguna parte —dijo ella—.
El hecho de que me hayas contado esto ya significa que estás intentando mejorar.
Ya no estás en fase de negación.
—Un pequeño paso —admitió él, con los músculos de la mandíbula tensos mientras miraba hacia el océano—…, que podría no llevar a ninguna parte.
Emily le acercó la cara como si eso fuera a convencerlo de que la escuchara.
—Sé que en tu mente ya estás maquinando una forma de librarte de hacer terapia, pero vas a hacerla.
—Dios santo, ¿en qué me he metido?
—dijo Byron con una sonrisa—.
¿Puedo retirar lo que dije de que fueras mi novia?
—¡No, demasiado tarde!
—dijo Emily, riendo.
—Pensé que eras mi cura —dijo él, mirándola profundamente a los ojos—.
Siempre me siento bien cuando estoy contigo, pero sé que no es justo ponerte ese tipo de presión.
—Por eso necesitas hablar con un profesional —argumentó ella.
—¿Un psicólogo?
Ya lo intenté.
Lo único que hacía era mirarme fijamente mientras tenía pensamientos misteriosos y luego escribía lo que yo decía.
No me dio ninguna solución.
El viento se estaba volviendo intolerablemente frío, y Emily frunció el ceño, tanto por la incómoda sensación de estar helada hasta los huesos como por darse cuenta de lo desesperanzado que debía de haberse sentido Byron.
—Bueno, no parece que fuera un médico muy bueno —afirmó Emily—.
Podrías probar con otro.
—Preferiría mil veces hablar contigo —dijo él, alargando la mano hacia un mechón de pelo suelto que revoloteaba en su mejilla.
—Y puedes hablar conmigo —dijo Emily—.
Pero un profesional podría proponer diferentes estrategias para ayudarte.
Repasaremos a todos los psicólogos de esta ciudad si es necesario, pero encontraremos uno bueno, alguien con quien te guste hablar y que te aconseje acciones que puedas llevar a cabo.
—¿Como por ejemplo, a no suicidarme?
—sugirió él.
—Sí, como eso —respondió Emily, con un atisbo de sonrisa que la preocupación borró—.
En serio, no puedes volver a hacer eso.
—Entonces, ¿toma usted el mando, señorita Danzi?
—preguntó él en tono juguetón.
—Así es.
Alguien tiene que intervenir.
Vamos, salgamos de este puente.
Lo tomó de la mano y él la siguió.
Entonces sintió el firme agarre de la mano de él en su cintura, apretándola contra su cuerpo mientras caminaban.
—¿También tomas el mando en el dormitorio?
—preguntó Byron.
—No necesito tomar el mando en el dormitorio cuando estoy con alguien que hace exactamente lo que quiero —respondió ella, guiñándole un ojo con una sonrisa pícara.
Para cuando llegaron al rascacielos donde él vivía, Emily sintió una enorme tensión acumulándose en su interior.
Había sido una época confusa, y siempre había tenido miedo de confiar en su relación, pero ahora sentía el impulso de acercarse mucho más.
Al entrar en el ascensor, el mismo impulso se apoderó de ambos.
Las puertas apenas se habían cerrado cuando Byron la giró hacia él, y ella se vio envuelta en un beso ardiente que dio paso a besos aún más apasionados y salvajes.
Cuando el ascensor llegó al último piso, Emily estaba casi demasiado aturdida como para caminar los pocos pasos que la separaban de la suite a través del suelo de baldosas.
Byron tiró de ella y entraron tropezando juntos, ignorando al perro escandalizado que levantó la cabeza al verlos entrar de forma tan desordenada.
Estaban en el dormitorio…
el dormitorio de Byron.
Emily nunca había estado aquí, pero apenas se fijó en la elegante decoración moderna, pues sus ojos no veían más que el atractivo mortal del hombre que tenía delante.
Sus ojos ardían de pasión, y Emily podía sentir cuánto la deseaba por la forma en que la miraba, por la forma en que la sujetaba.
Después de tan larga espera, no podía esperar a quitarle la ropa.
El cuerpo de Byron era puro músculo, y su piel, ligeramente bronceada, brillaba con un pálido tono dorado bajo la tenue luz de la lámpara de la mesilla.
Él le bajó la cremallera de la espalda del vestido y dejó que la tela plateada cayera al suelo.
—¿Es esto exactamente lo que quieres?
—preguntó él.
—Sí —dijo Emily, mientras la cercanía de su abrazo inundaba su cuerpo de una energía extática.
Era la forma en que su cuerpo respondía a Byron lo que le hacía sentir que ningún otro hombre la había satisfecho nunca así.
Realmente parecía saber con exactitud lo que ella quería, y seguía su guía cuando ella insinuaba con toques sutiles y palabras susurradas lo que más le gustaba.
La inmensa cantidad de placer que sentía era casi insoportable.
Cada nueva ola de deseo se construía sobre la anterior, haciéndola anhelar más hasta que pareció que la tensión, imposiblemente elevada, estaba a punto de colapsar sobre sí misma; y entonces, la fuerza eléctrica y avasalladora llenó todo su cuerpo, llevándola a una nueva cumbre que nunca antes había sentido.
Emily sabía con certeza ahora que era peligroso enamorarse de él, pero mientras yacía en su cama, acurrucada en su abrazo bajo las sábanas, ya estaba empezando a suceder.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com