La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 40
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40: Tantas emociones 40: Tantas emociones Bajo la luz gris y perlada de la mañana, Emily se dio cuenta de que estaba sola en medio de una gran cama, acurrucada entre sábanas de seda.
Las nubes se extendían en una capa casi transparente sobre la ciudad, al otro lado de la ventana.
Fue al baño y se dio cuenta de que su pelo era un desastre, pero un desastre sexi.
Todo lo que había ocurrido la noche anterior le pareció perfecto.
Volvió a meterse en la cama, pues no podía escapar de una agradable somnolencia y todavía no tenía que estar en ningún sitio.
La sensación de las caricias de Byron por todo su cuerpo seguía ahí, como si hubiera ocurrido hacía apenas unos segundos.
El hombre en cuestión apareció en la habitación, vestido solo con sus calzoncillos y con una bandeja de desayuno llena de café, bollería y fruta.
—¡Eh, estás despierta!
—dijo—.
Qué bien, porque te he traído algo.
Ella le dedicó una sonrisa en parte tímida, pero sobre todo emocionada.
A él se le iluminaron los ojos.
—¿No te arrepientes de haberte involucrado conmigo?
—preguntó, dejando la bandeja delante de ella.
—¡No cuando me traes café y el desayuno!
—dijo Emily.
El olor del café la despertó y se incorporó para disfrutar de la comida—.
Y algunas otras cosas que haces son muy…
buenas.
El recuerdo de la noche anterior hizo que su corazón latiera más deprisa.
Byron se acomodó a su lado bajo las sábanas y le pasó el brazo por los hombros.
—Me alegro de oírlo —dijo, cogiendo un cruasán de chocolate—, y te alegrará saber que ya no estás tratando con el perdedor del mundo de los negocios.
—¿Se supone que eres tú?
—se rio Emily—.
No es que lo pensara antes.
—Pero acabo de ver las noticias de esta mañana —dijo él—, y las opiniones sobre mi empresa están mejorando, al igual que las acciones.
Algunos dicen que estamos usando mi historia de la depresión para desviar la atención del problema de la estafa, pero la gran mayoría está de nuestro lado.
—Vaya —dijo Emily, apenas capaz de seguir la conversación sin masticar con la boca llena—, Sylvia va a estar muy orgullosa.
¡Y yo también estoy muy orgullosa de ti!
Le besó en los labios, percibiendo un toque de chocolate junto con su sabor masculino.
—¿Cómo puedes ser tan sexi?
—preguntó Byron—.
¿Pero también tan adorable al mismo tiempo?
Ella se encogió de hombros, sintiéndose eufórica y con ganas de reír.
—Supongo que me sale de forma natural.
¿Cómo puedes ser tú tan sexi y extremadamente guapo?
—¿Me encuentras sexi?
—preguntó él, con un brillo provocador en la mirada.
—Como si no lo supieras —respondió Emily, con la respiración cada vez más agitada mientras Byron cogía la bandeja del desayuno y la dejaba a un lado en la mesita de noche.
Entonces ella chilló y rio cuando los fuertes brazos de él la atrajeron hasta colocarla sobre él.
Pasó mucho tiempo antes de que consiguieran salir de la cama.
Emily se sintió extremadamente distraída ese día mientras impartía sus clases de arte habituales.
Todo su cuerpo hormigueaba cada vez que pensaba en Byron.
Intentó concentrarse en el lienzo que tenía delante, ya que a su alumna adolescente, Katie, le estaba yendo bastante bien.
Al principio, no parecía que Katie tuviera un don natural para la pintura, pero Emily vio a la chica progresar e incluso mostrar signos de una visión única.
—Tengo tantas emociones fuertes —dijo Katie mientras embadurnaba el lienzo con pintura roja para crear diseños abstractos, interesantes y salvajes—.
Y por fin estoy encontrando una vía de escape.
A Emily le habría sorprendido oír eso antes.
Cuando conoció a Katie, parecía que a la adolescente solo le interesaba encontrar un marido rico y que la única emoción que tenía era la de la alegría al encontrar zapatos de diseño con descuento.
Emily se alegró de ver florecer el talento de su alumna y revelar profundidades ocultas.
—Podríamos exponer algunas de tus obras para la inauguración oficial de la escuela —sugirió Emily—.
¿Si a ti te parece bien?
—Claro —se encogió de hombros Katie—, no me importa lo que pase con los cuadros.
Simplemente disfruto haciéndolos en el momento.
—Eso es bueno —dijo Emily—.
Tienes una verdadera pasión por esto.
El rediseño del estudio estaba casi terminado, y Emily planeaba declararlo oficialmente abierto en una semana.
Todo iba tan bien que casi tenía miedo de que la atropellara un autobús, poniendo fin de repente a su buena suerte.
Emily tuvo mucho cuidado al cruzar la calle de camino a casa, solo para encontrarse el apartamento maloliente y asqueroso, con viejos paquetes de comida basura por toda la cocina.
—Estaría bien que sacaras la basura de vez en cuando —le dijo a su hermano.
Nick estaba tumbado sobre un montón de cojines leyendo un libro, con tres bolsas de patatas fritas de diferentes sabores abiertas delante de él.
—Sí, ya lo sé.
Es que tengo demasiadas opciones aquí como consumidor.
—Señaló las bolsas de patatas.
Emily no pudo evitar reírse.
Con su encanto peculiar, era probable que su hermano siguiera saliéndose con la suya siendo un guarro el resto de su vida.
—Pero me gustaría que lo limpiaras hoy —insistió ella.
—Vale —suspiró él con cansancio—.
¿Cómo fue lo de la empresa anoche?
—Fue…
realmente increíble.
—La sonrisa emocionada de Emily era irreprimible.
—Oh, Dios mío, estás enamorada —dijo su hermano al ver su expresión—.
¡Qué asco!
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