La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 50
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50: Solo los fuertes sobreviven 50: Solo los fuertes sobreviven —¿Qué tal va lo del Payaso Vampiro?
—preguntó Emily, mientras disfrutaba de su poco saludable desayuno.
—Muy bien —dijo Byron—, pero son dos películas distintas.
—Solo te estoy tomando el pelo.
—Sabes —dijo Byron con delicadeza—, no tienes que fingir que me apoyas en mis proyectos cinematográficos.
Veo que te molestan.
—¡No estoy fingiendo!
—exclamó Emily—.
Vale, quizá al principio estaba enfadada contigo.
Pero lo que dije sobre que pareces más estable y centrado iba en serio.
¡Ahora puedes hablar por teléfono con tu exnovia sin volverte loco ni lanzar nada!
—Tengo que admitir que has hecho que me sienta culpable por todo el asunto —dijo Byron—.
Lo que hice fue muy egoísta.
Pero ahora que los proyectos están en marcha, es demasiado tarde para cancelarlos.
—Por lo que me has contado, parece que Nova se lo está tomando bien —dijo Emily—.
En cuanto a las películas terribles, bueno, la gente hace películas terribles todos los días.
Claro que no lo hacen a propósito, pero quizá sea el precio que hay que pagar por la felicidad de alguien que me importa.
¿O a quien amaba?
Casi dijo «amor», pero le ponía nerviosa admitirlo.
Ahora que había experimentado lo atento que era Byron, le daba menos miedo tener una relación, pero aún sentía cierta inquietud.
Llegó el día del desfile de moda y Emily no podía estar más emocionada.
Había estado trabajando horas extra, dando clases en el estudio de arte y después confeccionando los atuendos para el desfile.
Finalmente, entró en el centro de convenciones, cargando todas sus piezas terminadas.
—Ahí estás —la saludó Ruby de mal humor—, llegas prácticamente tarde.
—Pero si he llegado una hora antes —objetó Emily.
—En el mundo de la moda, llegar una hora antes es llegar tarde.
Emily había oído que llegar pronto era una ventaja, ¿pero no estaba siendo Ruby un poco ridícula?
Sacudió la cabeza, intentando centrarse en la buena energía del ambiente.
En el camerino, las modelos charlaban animadamente mientras se maquillaban.
La coordinadora del desfile le presentó a Emily a las mujeres que iban a modelar sus vestidos y ellas empezaron a ponérselos.
Todo les quedaba bien y apenas tuvo que hacer ningún ajuste.
Sentía curiosidad por las piezas de Ruby, pero toda la ropa de esta estaba cubierta con fundas protectoras.
No fue hasta que las modelos empezaron a ponérsela que a Emily le dio un mal presentimiento.
—Ese se parece a uno de mis vestidos —dijo Emily, señalando un vestido de noche que se suponía que era uno de los originales de Ruby.
—No sé de qué hablas —espetó Ruby—.
¡Vamos, chicas, démonos prisa!
—Es como el que llevé a tu tienda para enseñártelo —insistió Emily—.
Quizá con el dobladillo un poco diferente.
—Oye, un vestido es un vestido —dijo Ruby, poniéndose una mano en la cadera—.
Todos se parecen.
—Aunque me hayas copiado, no me importa —dijo Emily—.
Tengo miles de ideas más de donde salieron estas.
Das pena porque no tienes nada de creatividad.
Ruby la ignoró y fingió seguir con su trabajo, ayudando a las modelos a ponerse los vestidos.
Cuando el desfile de moda comenzó, Emily sintió una creciente y horrible sensación en la boca del estómago.
Todos sus diseños estaban influenciados por los consejos de Ruby y, mientras las modelos desfilaban mostrando sus creaciones inspiradas en los años cincuenta, los críticos no parecían muy entusiasmados.
A continuación, salieron los diseños de Ruby, que tuvieron una acogida mucho más animada.
Emily no podía creerlo: ¡casi todos los atuendos eran idénticos a los que le había enseñado a Ruby!
Tuvo que admitir que, al menos, Ruby tenía buen ojo para copiarlos con tanta precisión.
Emily no se quedó al resto del desfile.
Sabía que la habían engañado.
Mientras recogía sus cosas entre bastidores, Ruby se le acercó.
—Quizá usé algunos de tus estilos como inspiración —admitió—, pero una tiene que hacer lo que haga falta para salir adelante en este mundillo.
Como ya te dije, solo los fuertes sobreviven.
—Yo creo que solo sobreviven los que tienen talento de verdad —dijo Emily.
—¡Ja!
Qué ingenua eres —replicó Ruby—.
Mis diseños son los más monos y extravagantes de la ciudad.
Haré lo que sea para que siga siendo así y no hay nada que puedas hacer para vencerme.
—Eso ya lo veremos —dijo Emily mientras se alejaba sin mirar atrás.
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