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La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 68

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  3. Capítulo 68 - 68 Tiempo de capullo
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68: Tiempo de capullo 68: Tiempo de capullo Todo salió tal y como había dicho el abogado de Byron.

Nick quedó en libertad condicional y tenía terminantemente prohibido acercarse a ninguna droga.

Tendría que someterse a análisis toxicológicos cada mes.

Fue un gran alivio saber que se vería obligado a mantenerse en el buen camino por medios legales.

—¿No vas a salir de ahí debajo?

—preguntó Emily.

Su hermano estaba tumbado en el suelo, envuelto en una manta.

—No, estoy bien.

Nick se pasaba la mayoría de los días en casa sin hacer nada, y Emily no lo presionaba para que hiciera algo.

Sabía que lo había pasado muy mal y ya no estaba enfadada con él por lo que había hecho.

En el fondo, sabía que tenía un buen corazón.

—Va a venir Pam, para que lo sepas —le recordó Emily.

Él hizo un ruido indescifrable.

Emily se encogió de hombros.

Pam era lo bastante fuerte como para lidiar con cualquier cosa, y mucho más con alguien que actuaba un poco raro.

Pam no pestañeó cuando vio a Nick acurrucado en el suelo.

—¿Estás metiéndote en tu capullo para alejarte del mundo?

—le preguntó.

Él asintió.

—El mundo seguirá ahí cuando vuelvas.

Tómate tu tiempo —dijo Pam, que era genial y muy comprensiva.

Emily sintió una nueva ráfaga de energía al ver a su mejor amiga.

Aunque ahora Pam estaba prometida y la propia Emily estaba ocupada con su relación y el trabajo, siempre encontraban tiempo para verse.

Cenaron pollo asado y algunas ensaladas y patatas de la tienda de delicatessen, igual que en sus tiempos de universidad.

—Espero que no sea un mal momento para hablar de esto —dijo Pam—.

Sé que últimamente han tenido algunas dificultades…

—¿Qué es «esto» de lo que quieres hablar?

—preguntó Emily—.

Estoy segura de que está bien, sea lo que sea.

—Bueno, la fecha de mi boda se acerca cada vez más y esperaba que me ayudaras con los preparativos.

—¡Por supuesto!

—dijo Emily—.

Va a ser muy divertido.

Después de un rato, Nick pudo unirse a la conversación, aunque seguía envuelto en su manta.

Al día siguiente, entró en la cocina donde Emily preparaba el desayuno.

—He estado pensando mucho en mi vida…

—empezó él.

—Me lo imagino.

Tenía el pelo hecho un desastre y la cara hinchada de dormir.

—Sé que piensas que soy un insensible y que no me importa nada, pero de verdad que me arrepiento de las cosas que hice.

Me mentía a mí mismo cuando pensaba que estaba bien vender drogas.

—Me alegro mucho —dijo Emily—.

Y el hecho de que ahora estés limpio…

no tienes ni idea de lo aliviada que me siento.

—Vale, no nos pongamos tan sentimentales.

—Sí, ya lo sé —respondió ella con una sonrisa comprensiva—, pero tenía que decirlo.

—Bueno —continuó Nick—, he decidido volver a casa de mamá y papá por un tiempo.

Vancouver es una ciudad increíble, pero puede ser un poco abrumadora.

Emily se había acostumbrado tanto a tenerlo cerca que sabía que lo echaría de menos.

Pero comprendía que volver a casa le daría tiempo para recuperarse y pensar en sus opciones.

—Los viejos estarán encantados de tenerte de vuelta —dijo ella—, pero te echaré de menos.

Sus padres eran demasiado apegados y se metían mucho en sus vidas.

A veces Emily se preguntaba cómo sobrellevaban que sus dos hijos estuvieran en la otra punta del país.

Cuando Nick se fue, el apartamento se sentía vacío.

A Emily le iba lo suficientemente bien como para poder pagar el alquiler y no tener que buscar otro compañero de piso, pero ya casi no vivía allí porque pasaba la mayor parte de su tiempo libre con Byron.

Estaban paseando al perro juntos cuando le contó a Byron lo sola que se sentía ahora que su hermano se había ido.

—Vas a estar bien —dijo Byron mientras dejaban atrás las calles concurridas para entrar en un pequeño parque.

Byron le quitó la correa a Rupert, permitiendo que el perro corriera libremente por la zona vallada.

—Y Nick también estará bien.

Es un chico listo.

—Espero que sea lo bastante valiente como para aventurarse a salir por su cuenta de nuevo —dijo Emily, mientras observaba a los perros correr de un lado para otro.

—Lo será —dijo Byron con esa confianza que a ella le encantaba de él—.

Pero en cuanto a ti…

parece que no estás muy contenta viviendo sola.

—No, soy una criatura social —dijo ella—, igual que Rupert.

Sonrió al ver al Gran Danés revolcarse felizmente en la hierba y perseguir a otros perros.

—Sé que antes no estabas preparada, y quizá sea demasiado pronto para pedírtelo…

—dijo, pareciendo un poco nervioso mientras sus dedos jugaban con los botones de su chaqueta—.

¿Te plantearías mudarte conmigo?

—Sí —dijo ella de inmediato.

Byron parpadeó rápidamente, sorprendido, mostrando sin querer sus preciosas pestañas.

Le puso las manos suavemente sobre los hombros, estudiando su rostro a distancia, como si no estuviera seguro de si estaba viendo un sueño o la realidad.

—¿De verdad?

—Sí, me encantaría —dijo ella.

Por fin estaba preparada, y esta vez la decisión fue fácil de tomar, sobre todo cuando vio la reacción de Byron.

Pocas veces lo había visto tan feliz, y él la atrajo hacia sí para darle un beso dulce y cálido.

—Vamos a vivir juntos —dijo él, intentando asimilar la nueva realidad—.

Esto va a ser increíble.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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