La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 76
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76: Lunático Suelto 76: Lunático Suelto La boda fue preciosa, y Emily pasó la mañana siguiente holgazaneando por la casa, ya que la fiesta se había alargado hasta bien entrada la noche.
Estaba intentando enseñarle distintas órdenes a su nuevo cachorro, aunque el entrenamiento degeneró en un juego de tira y afloja con un mordedor cuando Byron por fin se despertó y se unió a ellas en el salón.
Estaba incluso más adormilado que ella.
—Se acabaron las fiestas por un tiempo…
—dijo, acomodándose en el sofá y sorbiendo una taza de expreso.
—¿Qué ha pasado con tus saludables batidos mañaneros?
—preguntó Emily.
—Necesito esto…
Anoche hubo demasiado alcohol.
Supongo que me estoy haciendo viejo.
Emily sonrió.
Si se estaba haciendo viejo, no lo aparentaba con su piel tersa y radiante.
—¿Vas a hacer también tu entrenamiento en el sofá?
—Sí, ¿por qué no?
En su lugar, cogió una tableta y se puso a revisar las noticias financieras y a responder correos electrónicos.
—Qué demonios…
—soltó de repente.
Emily levantó la vista y vio cómo su ceño se fruncía con esa expresión familiar mientras examinaba algo en la tableta.
Le dejó el mordedor a Shandy, y el cachorro se aburrió al instante.
La siguió mientras ella se acercaba a Byron.
—Un amigo mío me ha alertado de este atroz artículo de un tabloide —dijo Byron, señalando la pantalla—.
Es sobre mí.
El titular era «Lunático Suelto».
Shandy se subió a su regazo y olfateó la tableta, pero le pareció poco apetitosa.
—«Byron Pomeroy ha demostrado ser mentalmente inestable en más de una ocasión —leyó Byron en voz alta—, más recientemente cuando puso su considerable fortuna detrás de la condenada franquicia de los Chipfairies.
Ha admitido sufrir depresión, pero cabe preguntarse si el delirio también es uno de sus síntomas.
¿Está el mundo a salvo mientras está sometido a los caprichos de este multimillonario loco?».
Emily estaba indignada.
Ciertamente, el resurgimiento de los Chipfairies podría parecer un poco loco, pero estaba claro que esto se estaba sacando de quicio.
—¿Quién ha escrito esto?
Byron volvió a subir por la página hasta el nombre de la autora: Megan DeLorme.
—No me suena de nada —dijo—.
¿Quién es esta Megan DeLorme y cómo sabe que estoy loco?
Al menos la revista en la que se había publicado no era precisamente creíble.
También publicaba historias sobre alienígenas que aparecían en un supermercado y zombis que conspiraban para apoderarse del mundo.
Por eso Byron no se había enterado del artículo hasta que alguien se lo hizo notar.
—Si estuviera realmente loco como en los viejos tiempos —dijo—, habrían conocido toda la fuerza de mi ira.
Pero ahora…
el doctor Williams dice que no debo dejar que la gente me provoque.
—Y tiene razón.
Estoy orgullosa de ti —dijo Emily—.
Hace unos meses, podrías haber hecho añicos esta tableta.
—Quizá sea solo que está publicado en una revista tan insignificante y de pacotilla.
¿Quién lee siquiera estas cosas?
—¿Vamos a ignorarlo sin más?
—preguntó Emily con incertidumbre.
—Desde luego que no —dijo Byron—.
Quiero saber quién es esa escritora y por qué la ha tomado conmigo.
Emily se preguntó si sería prudente, ya que los medios los habían metido en escándalos antes.
Pero, en cierto modo, Byron tenía razón.
Era mejor saber a qué se enfrentaban por si aquello se convertía en algo más grande.
—¿Vas a usar tus contactos en los periódicos?
—preguntó.
—No —dijo Byron con una mirada decidida—.
Iré yo mismo y averiguaré qué está pasando.
—No es una buena idea, teniendo en cuenta que probablemente saben cómo eres.
No te dirán nada.
Debería ir yo.
—Probablemente también conocen tu cara —objetó Byron—.
Te han visto conmigo infinidad de veces.
¡Ya sé!
Haré que Fred lo investigue.
—Fred no es precisamente el más sutil —dijo Emily, recordando la vez que se suponía que Fred la seguía para protegerla, pero ella lo descubrió fácilmente.
—Puede hacerlo —dijo Byron—.
Solo necesita otra oportunidad para lucirse.
—O para no lucirse.
Se supone que debe mantener un perfil bajo.
—Necesitará una excusa para entrar.
¿Qué tal una historia sobre un platillo volante?
—sugirió Byron.
—O que ha sido abducido por alienígenas —añadió Emily—.
Solo espero que pueda hacerlo sin reírse.
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