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La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 60

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Capítulo 60: 60 | Lluvia de rubíes y el despertar de la ira

Elsa

La paz narcótica de Moros se había evaporado, reemplazada por un infierno cromático. El cielo del Norte, antes de un violeta místico, ahora sangraba. No era lluvia lo que caía sobre el Castillo de Hierro; eran fragmentos de cristal rojo, rubíes incandescentes que silbaban al atravesar el aire y estallaban al contacto con la piedra, liberando un fuego alquímico que no se apagaba con agua.

—¡Escudos de Éter, ahora! —mi grito resonó en las almenas, amplificado por la sombra que ahora habitaba mis cuerdas vocales.

Mi voz ya no era la de la niña asustada de la galería; era una vibración de autoridad plateada. Extendí mis manos hacia el cielo y, en lugar de la luz blanca de siempre, desaté una red de Sombra Líquida. La oscuridad se expandió como un manto de obsidiana flexible, interceptando los cristales rojos antes de que tocaran a los soldados. Al contacto, mi sombra siseaba, devorando el calor de los rubíes, pero el esfuerzo me hacía temblar; era como intentar sostener una lluvia de brasas con las manos desnudas.

A mi lado, Kaelen observaba el horizonte. Su piel morena estaba tan cargada de luz dorada que el aire a su alrededor se distorsionaba por el calor. Ya no era el Rey de las Sombras; era un Serafín Caído, una entidad solar que apenas lograba contener su propia combustión.

—Vienen por el puente, Elsa —dijo Kaelen, su voz sonando como el rugido de un incendio forestal—. Y no son sombras. Son carne y furia.

Desde el bosque de pinos negros, una legión de gigantes emergió. Eran los Berserkers de Zaleos, guerreros de tres metros de altura cuya piel había sido reemplazada por placas de rubí. No gritaban; emitían un zumbido de estática que hacía que el suelo vibrara. En el centro de la horda, montado sobre un rinoceronte de obsidiana, estaba Zaleos, el Príncipe de la Ira.

Zaleos no hablaba. Su mera presencia era un comando de destrucción. Alzó un hacha doble que brillaba con una luz roja radioactiva y señaló el castillo.

—¡REDUZCAMOS LA MEMORIA A CENIZAS! —el grito de los Berserkers golpeó las murallas como una onda de choque.

—Valerius, lleva a los arqueros a las torres interiores —ordenó Kaelen, desenvainando su espada. La hoja ya no era de luz negra; era un filamento de Fuego Solar Puro que iluminó todo el valle—. ¡Elsa, mantén el manto! ¡Yo me encargo de la vanguardia!

Kaelen no bajó por las escaleras. Saltó desde la muralla de treinta metros, envuelto en una estela de fuego dorado. Al impactar contra el suelo, creó una supernova de energía que desintegró a la primera línea de Berserkers en una fracción de segundo.

La batalla fue una carnicería de colores. Kaelen se movía con una velocidad que mis ojos apenas podían seguir. Su nueva naturaleza de luz le permitía ser omnipresente en el campo de batalla; donde había una sombra enemiga, él aparecía como un destello mortal. Su espada cortaba la armadura de rubí como si fuera mantequilla caliente.

—¡Es demasiado rápido! —gritó un soldado, observando con asombro cómo el “Consorte Desconocido” se convertía en un muro de fuego viviente que protegía las puertas.

Pero la Ira es una fuerza contagiosa. Sentí que el aire se volvía pesado, cargado de un deseo irracional de matar. Zaleos estaba proyectando su esencia sobre mis soldados. Vi a dos de mis guardias empezar a pelear entre ellos, sus ojos volviéndose rojos.

—¡No caigáis en su juego! —grité, descendiendo de la muralla con mis alas de sombra plateada extendidas.

Aterricé en medio del patio, donde la discordia empezaba a sembrarse. Usé la sombra de Kaelen para “coser” las mentes de mis hombres. Envolví sus corazones en una neblina fría que apagaba el fuego de la ira de Zaleos. El “Spicy” de mi poder era ahora una manipulación delicada, una cirugía de almas en mitad del caos.

—Mantened la calma. Sentid el frío del Norte —susurré, y el pánico en sus ojos se desvaneció, reemplazado por una resolución gélida.

De repente, una sombra gigantesca se proyectó sobre mí. Zaleos había saltado el muro, ignorando a Kaelen, y se encontraba frente a mí. Su armadura de rubí goteaba lava, y sus ojos eran dos hogueras de odio primordial.

—La Portadora del Vacío… —gruñó Zaleos, su voz era como el choque de dos montañas—. Te escondes tras la sombra de un muerto. Entrégame al Tejedor y te concederé una muerte rápida.

—Para ser el Príncipe de la Ira, hablas demasiado —respondí, invocando una lanza de sombra plateada en mi mano derecha.

Zaleos atacó con su hacha. El impacto contra mi lanza creó una onda de presión que reventó los cristales de las ventanas cercanas. La fuerza física del príncipe era inmensa, pero yo ya no era una humana frágil. La sombra de Kaelen en mis venas me daba una resistencia sobrenatural. Deslicé mi lanza por el mango de su hacha y le propiné una patada cargada de energía cinética que lo lanzó diez metros hacia atrás.

—¡AUDACIA! —Zaleos rugió, y su cuerpo empezó a crecer, las placas de rubí expandiéndose hasta convertirlo en una bestia de lava y cristal de seis metros de altura.

—¡ELSA, ATRÁS! —Kaelen apareció a mi lado, su cuerpo brillando con tanta intensidad que la nieve a cien metros a la redonda se evaporó instantáneamente.

Kaelen y Zaleos chocaron. Fue un enfrentamiento de potencias solares. El oro de Kaelen contra el rojo de Zaleos. Cada choque de sus armas enviaba llamaradas al cielo que se veían desde las tierras del Este.

—¡No puedes ganarme con luz, Thorne! —gritó Zaleos, su hacha absorbiendo el fuego de Kaelen—. ¡Yo nací del incendio del Origen! ¡Tu luz es mi alimento!

Era verdad. Kaelen estaba luchando con una fuerza que le era ajena, y Zaleos estaba diseñado para consumir esa energía. Vi a Kaelen flaquear, su brillo parpadeando.

—¡Aidan! —grité hacia la torre.

El niño apareció en el balcón, con el Sextante de la Discordia brillando en su mano. Pero Aidan no lanzó un rayo. Aidan cerró los ojos y empezó a cantar una melodía que no tenía palabras. Era la frecuencia del Equilibrio Gris.

—Madre, padre… ¡No luchéis por separado! —la voz de Aidan llegó a nuestras mentes—. ¡Zaleos se alimenta de la polaridad! ¡Tenéis que mezclaros!

Kaelen y yo nos miramos a través del campo de batalla envuelto en llamas. El “Spicy” de nuestra conexión alcanzó un punto de ignición. Corrí hacia él, ignorando a los Berserkers que intentaban cerrarme el paso. Kaelen extendió su mano, y cuando nuestras palmas se tocaron, el universo pareció contener el aliento.

No intercambiamos los poderes de nuevo. Los fusionamos.

Mi sombra plateada envolvió su luz dorada, creando una energía de un color platino incandescente. Ya no éramos dos polos opuestos; éramos el eclipse total hecho carne. Kaelen me tomó de la cintura y, juntos, alzamos nuestras manos hacia Zaleos.

—Esto no es luz, y no es sombra, Zaleos —dijo Kaelen, su voz resonando con una armonía divina—. Es la verdad que el Arquitecto no pudo calcular.

Lanzamos una ráfaga de Fuego de Eclipse. No era un rayo de calor, sino una onda de transmutación. Cuando la energía platina tocó a Zaleos, el rubí de su piel no estalló; se convirtió en ceniza gris. La ira de su corazón no se consumió; se evaporó, dejando tras de sí un vacío absoluto.

Zaleos emitió un último grito, pero no de odio, sino de confusión, antes de desintegrarse por completo. Su hacha de rubí cayó al suelo, convirtiéndose en polvo de cristal inofensivo.

Con la caída de su príncipe, los Berserkers se detuvieron en seco. Sin el motor de la ira que los movía, sus cuerpos de rubí se resquebrajaron, volviéndose estatuas de piedra inerte. La lluvia de cristales rojos cesó, reemplazada por una nieve suave y purificadora que empezó a caer sobre el campo de batalla ensangrentado.

Kaelen y yo caímos de rodillas, agotados, todavía unidos por las manos. El brillo platino se apagó, dejándonos con nuestras esencias intercambiadas pero en paz. El castillo estaba dañado, muchas vidas se habían perdido, pero el tercer Príncipe del Hambre había sido erradicado.

Valerius se acercó a nosotros, envuelto en una capa quemada, y clavó su espada en el suelo ante Kaelen. —No sé qué sois, ni de dónde viene este fuego… pero hoy el Norte ha visto nacer a un dios.

Kaelen se levantó con dificultad y ayudó a ponerme en pie. Miró a su general, y por un momento, vi el rastro del viejo Rey Thorne en su sonrisa cansada. —No somos dioses, Valerius. Solo somos padres que quieren que su hijo crezca en un mundo sin dueños.

Aidan bajó de la torre y corrió hacia nosotros, abrazándonos por la cintura. Sus ojos galácticos estaban llenos de lágrimas de orgullo. —Habéis vencido a la Ira. Pero el Sextante sigue girando.

—¿Cuántos quedan, Aidan? —pregunté, acariciando su cabello mientras la sombra en mis venas empezaba a calmarse.

—Quedan cuatro —respondió el niño, mirando hacia el Sur, donde las nubes empezaban a formar un patrón extraño de espirales—. Y el siguiente no vendrá con ejércitos, ni con sueños.

—¿Qué vendrá entonces? —preguntó Kaelen, envolviéndonos a los dos en su capa dorada.

—Vendrá con la Verdad —susurró Aidan—. Es Astaroth, el Príncipe de la Envidia. Y su poder es mostraros lo que podríais haber sido si nunca os hubierais conocido.

Miré a Kaelen, y él apretó mi mano. Sabíamos que la lucha física era solo la superficie. Los Siete Príncipes estaban atacando los pilares de nuestra existencia. Pero después de sesenta capítulos de sangre, pasión y sacrificios, el Arquitecto ya debería haber aprendido una cosa:

El nudo de Elsa y Kaelen no se desata. Se fortalece con cada incendio.

Los soberanos caminando hacia el interior del castillo, mientras los supervivientes empezaban a reconstruir las murallas. La guerra por el nuevo mundo estaba lejos de terminar, pero el Sol de Platino acababa de anunciar su llegada.

¡LLEGAMOS AL CAPÍTULO 60! Ha sido una batalla épica donde Elsa y Kaelen han descubierto la “Fusión de Platino”. Zaleos ha caído, pero Astaroth promete ser un enemigo psicológico mucho más retorcido. ¿Qué versiones alternativas de sí mismos verán Elsa y Kaelen? ¡Prepárense para el próximo arco de intriga y romance prohibido! ¡No olviden dejar sus Power Stones para el Capítulo 61: “El Espejo de la Envidia”!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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