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La Novia Sustituta del Alfa Furioso - Capítulo 42

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  3. Capítulo 42 - 42 Mantén la distancia
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42: Mantén la distancia 42: Mantén la distancia (CORRINE)
Tardo tres días en recuperarme.

Maya es una presencia constante en mi casa, negándose a dejarme sola.

—¿Y si te caes en el baño o te pasa algo?

Jerry me dijo que tus órganos internos todavía se están curando.

No, no me voy a ninguna parte.

Maya y Jerry no son los únicos que me vigilan.

Locke se ha apostado fuera de mi casa, en el gran parque al otro lado de la calle.

Sin embargo, no intenta entrar como yo esperaba que hiciera.

Es más como si nos estuviera cuidando.

—Mmm.

Pensé que entraría a la fuerza, como la última vez —reflexiona Maya durante el desayuno—.

Por cierto, fue él quien hizo ese agujero en tu puerta de una patada.

¿Cómo lo arreglaste tan rápido?

Me encojo de hombros.

—Tengo un contacto.

La cambiaron entera anoche mientras estabas en la ducha.

Maya me estudia mientras se come su muesli.

—¿Soy yo, o estás demasiado tranquila con que tu ex te acose así?

Yo estaría echando humo y llamando a la policía.

Y luego está toda esa carne que no para de dejar en tu puerta.

Son marcas carísimas.

—Me sorprende más que conozca las marcas —murmuro—.

Y no hay nada que la policía pueda hacer.

Después de todo, es un rey.

Y no importa lo que diga Erik, no va a permitir que le pase nada a Locke.

—Un rey —parpadea Maya—.

Eres de la realeza, ¿eh?

Siempre me pregunté cómo tenías unos modales tan elegantes en la mesa.

Ahora lo sé.

—Soy de la realeza por asociación, supongo.

—Doy un sorbo a mi café—.

De todos modos, es mejor que esté ahí fuera que aquí dentro.

No quiero verlo.

Maya agita el tenedor en el aire.

—Vas a tener que hacerlo en algún momento.

¿Por qué no cortas por lo sano de una vez?

—Porque no va a dejar que corte nada por lo sano —digo con irritación—.

No creo que Locke sepa lo que significa la palabra «no».

—La miro—.

En cualquier caso, hoy tengo que ir al palacio.

¿No deberías ir a trabajar?

Maya pone una mueca.

—No me lo recuerdes.

Voy a empezar a buscar un trabajo nuevo.

Sorprendida, dejo la taza y la miro fijamente.

—¿No te acababan de ascender con un aumento de sueldo?

—Soy investigadora, Corrine.

Me gusta ensuciarme las manos.

Me gusta descubrir y resolver cosas, no sentarme detrás de un escritorio a escribir informes.

Eso es lo que significa el nuevo ascenso.

He hablado con mi jefe para volver a mi antiguo puesto, pero no quiere ni oír hablar de ello.

A este paso, voy a acabar estampándole la carta de dimisión en la cara.

La única razón por la que no me quiere en el laboratorio es que su mujer y yo no nos llevamos bien.

Endosarme a otro departamento usando un ascenso es solo otra forma de tapar sus muchos errores en el laboratorio.

—Parece que necesitas unas vacaciones.

—Necesito un trabajo nuevo, con menos gente respirándome en la nuca —se queja.

Maya apoya la cabeza en la mesa de la cocina—.

¿Por qué no puedo conseguir lo que quiero?

Solo quiero trabajar.

Me gusta mi trabajo.

¿Por qué no me dejan trabajar?

Enrollo el periódico y estiro el brazo sobre la mesa para darle unas palmaditas en la cabeza con él.

—Ya, ya.

La vida apesta.

—Sí que apesta —gime ella.

—Vamos a por un helado después del trabajo y vemos ese reality que has estado grabando aquí.

Levanta la cabeza de golpe, con culpabilidad en los ojos.

—¿Lo sabes?

—A Finn no se le da bien guardar secretos.

Y como le has estado pidiendo que te guarde los episodios, no es que se me haya pasado por alto.

Maya me dirige una sonrisa irónica.

—Lo siento.

—Toma un poco más de café y anímate.

Te ayudaré a buscar un trabajo nuevo si quieres.

Le sirvo otra taza, y ella apoya la mejilla en la palma de su mano.

—No sé qué vida apesta más ahora mismo.

Aunque, teniendo en cuenta que casi te matan, que prácticamente te destriparon, y que tu ex ha vuelto a tu vida como un acosador, creo que vas ganando.

—Gracias —digo secamente—.

Es muy tranquilizador.

Ve a vestir a Finn, ¿quieres?

Tenemos que irnos en una hora.

—¿Por qué tengo que hacerlo yo?

—protesta.

—Solo tienes que asegurarte de que no se ponga algo ridículo, Maya.

Y porque borraste la entrevista que quería ver.

Mi amiga hace una mueca antes de apurar el café y subir las escaleras, refunfuñando: —Entrevista, mis narices.

Seguro que era porno.

Me río entre dientes.

—Podría haber sido.

Es mi palabra contra la tuya, ¿no?

Masculla algo más por lo bajo, pero no le hago caso.

Mientras se asegure de que Finn no se ponga los calzoncillos en la cabeza como uno de esos superhéroes ridículos que tanto le gustan, no me importa lo que diga.

Mientras me dirijo al fregadero, hago una mueca por el dolor en el vientre.

Me he curado, pero no del todo.

Al mirar por la ventana de la cocina, sé que el día de hoy no va a ser nada fácil.

Puede que Locke me esté dando espacio ahora mismo, pero ¿por cuánto tiempo?

***
Se demuestra que tengo razón cuando salgo de casa y veo a Locke esperándome en la entrada del garaje.

—Corrine…

—Sube al coche, Finn —ordeno.

Sin dirigirle otra palabra a Locke, me aseguro de que mi hijo esté bien sujeto con el cinturón y arranco.

¿De verdad creía que eso bastaría para deshacerme de él?

Imagina mi irritación cuando veo a Locke llegar a la entrada del palacio justo antes que nosotros.

En cuanto salgo del coche, se me acerca.

Aprieto la mandíbula y cojo a Finn en brazos.

—¡Mamá!

—Mi hijo nunca protesta cuando lo llevo en brazos.

Sigue siendo su medio de transporte favorito.

Pero cuando ve a Locke, se le pone la cara roja como un tomate y empieza a retorcerse en mis brazos—.

¡Mamá, bájame!

—Deja que el niño se baje, Corrine —dice Locke con desaprobación—.

Tiene siete años.

Deja de tratarlo como a un bebé.

Me erizo.

—Es mi hijo.

Si quiero llevarlo en brazos, es asunto mío.

No te metas.

Pero Locke nunca ha sido de los que escuchan.

Arranca a Finn de mis brazos y lo deja en el suelo.

Antes de que pueda volver a coger al niño, este se aleja de mí.

—Mamá, para.

No quiero que me lleves en brazos.

Puedo caminar.

—Pero…

Me lanza una mirada incómoda y susurra: —¡Me estás avergonzando!

—Lo miro, atónita.

¿Avergonzándolo?

¿Delante de quién?

Locke le lanza una mirada de aprobación.

—¿Ves?

No tienes que mimar tanto al niño.

Cuando yo tenía su edad, mi madre no me llevaba de la mano a todas partes.

Podía llevar una espada como cualquier otro soldado.

Entrecierro los ojos, mirándolo.

—Si yo fuera tú, me callaría ahora mismo.

Mi hijo no va a coger una espada ni a aprender a luchar.

—Ya he notado el brillo de interés en los ojos de Finn, y cuando me mira, puedo ver el argumento formándose en su cabeza—.

Ni se te ocurra.

Ya es bastante molesto que, desde la noche en que Locke me trajo a casa, Finn no haya parado de hablar de él.

Afortunadamente, Locke no le dijo quién es.

Si lo hubiera hecho, tendría las manos llenas con el pequeño alborotador al que di a luz.

Pero mi hijo no es tonto.

Lo va a averiguar, y cuando lo haga, la cosa no va a ser bonita.

No estoy contenta con este giro de los acontecimientos.

Parece que estoy perdiendo el control de la situación.

Quiero la mínima interacción entre Finn y Locke, pero hasta yo sé que eso no va a ser posible.

Miro al hombre con furia.

—¿Por qué estás aquí?

Se encoje de hombros.

—Solo esperándote.

—Pues la próxima vez, no lo hagas —digo con tensión—.

He venido a ver a Erik.

La forma en que los ojos de Locke se oscurecen de ira hace que me den ganas de dedicarle una mueca de desprecio.

Sienta bien devolverle algunos golpes.

Por su culpa, todo se está descontrolando.

Mi vida perfectamente organizada se está desmoronando.

Mientras Finn corre delante de nosotros, Locke se pone a mi lado.

Sigue siendo mucho más alto que yo, y odio tener que levantar la vista para mirarlo.

—Vas a tener que darle una educación adecuada al niño.

—En primer lugar —digo con frialdad—, se llama Finn.

Y en segundo, está recibiendo una buena educación en el mundo humano.

—¿Va a aprender de los humanos a ser un heredero y a gobernar un reino?

—Locke me lanza una mirada, y la arrogancia en sus ojos hace que me den ganas de abofetearlo.

—No, porque no necesita aprender ninguna de esas cosas —respondo secamente—.

Va a aprender a ser una persona decente y a conseguir un trabajo lejos de la sociedad de lobos.

Locke se mofa.

—Si crees que voy a permitir que le des a mi hijo una educación inadecuada, te equivocas.

Me vuelvo bruscamente para encararlo.

Mi voz es fría.

—Si crees que te lo vas a llevar al Reino del Norte para educarlo, más te vale matarme primero.

Porque la única forma de que te lo lleves allí es por encima de mi cadáver.

Aprieta los dientes, y veo la lucha de emociones en su mirada.

—No voy a matarte, Corrine.

Y no voy a hacerle daño a nuestro hijo.

—Ah, sí —empiezo a caminar de nuevo, con voz sarcástica—.

Debería creérmelo porque eres muy digno de confianza, ¿verdad?

No me importa si mis palabras son duras.

No conoce ni una fracción del dolor por el que he pasado.

Incluso ahora, estar cerca de él es difícil.

Mi loba está en conflicto.

Puede sentir a su pareja, pero también desconfía del dolor asociado a él.

—Tú también volverás conmigo, Corrine —dice Locke con confianza—.

El Norte es tu hogar.

Pero quiero que vayas por voluntad propia.

—Claro.

Inclino la cabeza hacia atrás y busco en el cielo.

—¿Ves cerdos volando?

—Porque yo no.

Me frunce el ceño y sigue mi mirada.

—¿Qué cerdos?

La irritación me inunda, y mascullo: —No importa.

Estoy aquí para trabajar.

No tengo tiempo para hablar contigo.

Se queda en silencio y me acompaña hasta la entrada del palacio, pero cada dos por tres lo veo mirar a su alrededor, buscando los cerdos voladores que mencioné.

Sería gracioso si no estuviera tan enfadada.

Voluntariamente, mis narices.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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