La Novia Sustituta del Alfa Furioso - Capítulo 67
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Capítulo 67: Confesiones
(CORRINE)
Las últimas semanas han sido estresantes. Ha sido una cosa tras otra. El regreso de Locke, aclarar nuestros malentendidos, intentar decidir mi próximo paso… Ha sido muy ajetreado y no he tenido ni un minuto para mí. Pero con Finn fuera de casa y Locke de vuelta en el Norte para ocuparse de una emergencia, tengo la oportunidad de sentarme a solas con una botella de vino y pensar, llorar al amigo que perdí y reflexionar sobre los cambios en mi vida.
Nunca superaré del todo la culpa que siento por la muerte de George. Pero gracias a que Locke me ha proporcionado los medios para mantener económicamente a su familia, me siento aliviada. La muerte de George también me abrió los ojos a otra cosa, algo mucho más profundo: mi propia mortalidad. Mi futuro. Quiero una nueva vida con mi pareja y mi hijo. De repente, esta casa se siente menos como un hogar y más como una morada temporal.
En el silencio, la soledad se cuela. Siempre estoy de un lado para otro, agotándome para no tener que pensar en el vacío que palpita y duele en mi interior. Incluso ahora, que estoy arreglando las cosas con Locke, sigo sintiendo un abismo entre nosotros. Él se contiene. Sus palabras son cuidadosas, al igual que sus actos. Cuando me toca, me trata como si fuera el ser más delicado del mundo.
No me gusta.
Entiendo que ha cambiado. Por supuesto que lo ha hecho. Ambos lo hemos hecho. Pero siento como si mantuviera la distancia conmigo a propósito.
Sé que las cosas no se volverán perfectas entre nosotros de forma automática, y que ambos necesitamos tiempo, pero la impaciencia se está gestando en mi interior. Sobre todo esta noche.
Echo de menos a Locke.
Con cada copa de vino, el sentimiento se refuerza en mi interior.
Ya no hay ira ni dolor. Solo soledad. Mi loba está desdichada, y yo también. Esta noche, quiero el consuelo de los brazos de Locke. Quiero la seguridad que solo su presencia ofrece. Quiero perderme en él.
El único problema es que, por la forma en que me ha estado tratando, no creo que vaya a dar el primer paso. Por eso tengo que seducirlo. O ser lo bastante valiente para decirle lo que necesito.
Y ahí es donde el alcohol entra en juego. Copa tras copa.
Hay una comida bien preparada en la mesa para nosotros, pero él no llega. Tiro la botella de vino, cansada y dolorida por dentro.
Todos los blogs de internet sugieren darle de comer y luego acercarse a él. Sin embargo, ninguno tuvo en cuenta que me desmayaría después de beberme una botella entera de vino. Por supuesto, él aparece cuando estoy inconsciente. Es su aroma lo que me despierta. No sé de dónde saco el valor para convencerlo de que se acueste a mi lado. Mi cuerpo se mueve por voluntad propia cuando me siento a horcajadas sobre él.
Y cuando las palabras salen, parece que no puedo detenerlas.
Hay una razón por la que no bebo muy a menudo. Porque tiendo a ser directa y a decir lo que pienso. Lo que no me espero es que Locke reaccione como lo hace.
Su mano se extiende y me agarra un puñado de pelo antes de darnos la vuelta a ambos. Cuando su boca desciende sobre la mía, es para darme un beso enérgico y ardiente que hace que se me encojan los dedos de los pies.
No hace más preguntas. No se detiene. Simplemente me reclama.
El beso es feroz, un choque de lenguas y dientes, con un hambre desesperada. Su boca se mueve contra la mía como un hombre hambriento que por fin consigue comer. Su cuerpo se presiona contra el mío como si quisiera tomarme aquí mismo. Puedo sentir su miembro duro contra mi estómago.
Al instante me transporto a un dormitorio rodeado de paredes de piedra, con las sombras de las llamas de la chimenea danzando por el techo mientras este hombre me devasta, su cuerpo sudoroso y fuerte mientras me sujeta, moviéndose conmigo a un ritmo que me deja sin aliento y delirando.
Puedo oler el aroma almizclado de mi excitación en el aire, y Locke gime mientras su lengua se abre paso entre mis labios. Suspiro mientras lame el interior de mi boca, saboreando cada centímetro de mí. Su agarre en mi pelo es firme, y su cuerpo me tiene inmovilizada en la cama. Mis pezones están dolorosamente rígidos, presionados contra su duro pecho.
Su tacto, su beso, todo me resulta demasiado familiar. Es casi como volver a casa. Oigo algo rasgarse, y luego siento una brisa en mis piernas cuando me arranca la tela de mis pantalones. La mano de Locke llega para acariciar mi pecho, sus dedos retuercen y tiran de mis duros pezones, haciéndome gemir en su boca.
Suelta mis labios, su boca recorre mi mandíbula mientras me echa la cabeza hacia atrás, posándose en el lugar donde se supone que debe estar la marca de emparejamiento. Su voz es un gruñido gutural. —¿Quieres reclamarme? Nunca te había considerado tan posesiva.
Mi loba da vueltas en mi cabeza, enseñando los dientes. —Pues lo soy. —Mis uñas se clavan en sus bíceps, sacándole sangre—. No voy a compartirte con nadie. ¿Entiendes?
Levanta la cabeza y me dedica una sonrisa salvaje. —Bien. —Sus manos recorren mi cuerpo desnudo, dejando un rastro de calor blanco e incandescente sobre mi piel. Tiemblo a su tacto y mi espalda se arquea. Su grueso dedo sondea mi sexo, y gruñe—: Aun después de todo este tiempo, te humedeces con tanta facilidad.
Gimo cuando introduce no uno, sino dos dedos, hundiéndolos profundamente en mi interior. Es una intrusión incómoda, mi coño está demasiado apretado. Sin embargo, eso no lo detiene, y jadeo cuando saca los dedos a una velocidad castigadoramente lenta.
Locke usa esos dedos para prepararme para él, y al recordar su polla, sé que voy a necesitarlo. Me deshago sobre sus dedos, gritando mientras provoca orgasmo tras orgasmo con facilidad.
Mis labios están entreabiertos mientras lucho por respirar. Mi cuerpo tiembla, el sudor se me pega. Siento a Locke abrirme las piernas mientras me penetra con su polla. Siento cada centímetro mientras entra en mí, y grito su nombre, aferrándome a él como si me fuera la vida en ello.
«¿Cómo he podido vivir sin él todos estos años?». Cada parte de mí que toca parece cobrar vida. Con su polla completamente dentro de mí, Locke empieza a moverse. Mis manos se agarran a las sábanas, pero su piel sudorosa es demasiado resbaladiza. Le devuelvo embestida por embestida, ambos persiguiendo nuestro placer. Pero había olvidado la resistencia de mi pareja.
Con su polla todavía dentro de mí, me agarra por la cintura y me da la vuelta. Chillo ante el agudo placer. Mi estómago apenas toca la cama cuando ya me ha levantado el trasero, y sus embestidas se vuelven más duras y bruscas. Me siento cada vez más cerca del límite, y cuando me corro, grito su nombre. Pero Locke no ha terminado. Siento mis entrañas en carne viva y, sin embargo, quiero más.
Jadeando y gimiendo, siento su mano rodear mi cuello y apretar mientras me folla sin tregua. Y entonces, se corre. A su suave gruñido le sigue un dolor candente y punzante donde mi hombro se une a mi cuello. Puedo oler el aroma metálico de mi sangre en el aire. La agonía da paso a un placer intenso, y me desplomo con Locke, nuestros cuerpos retorciéndose con las réplicas del orgasmo.
Me aprieta contra él, con los dientes aún clavados en mi carne. Pequeños impulsos eléctricos recorren las partes más sensibles de mi cuerpo, llevándome al límite. Mis párpados se cierran y, de repente, lo siento.
Todo este tiempo, el vínculo de pareja destinada ha estado ahí. Podía sentirlo, una presencia suave y palpitante en lo más profundo de mi ser. Pero ahora, me siento abrumada por esta calidez inexplicable, este deseo, este amor tan profundo que me dan ganas de llorar. Si había alguna duda en mi mente sobre Locke o sobre cómo se siente por mí o sobre mi seguridad, se ha desvanecido.
Puedo sentir sus emociones, todas y cada una de ellas. Su amor por mí y su profunda e inquebrantable lealtad me llenan de humildad, y las lágrimas asoman a mis ojos. Nuestros cuerpos siguen palpitando por la fuerza del vínculo de pareja, y Locke me acoge silenciosamente en sus brazos. Me abraza, escondiendo mi cara en su pecho.
«¿Así es como se siente que te amen? ¿Cómo es posible que alguien pueda amarme tan profundamente?». La verdad es que, incluso después del regreso de Locke, incluso después de que arregláramos las cosas entre nosotros, la parte más vulnerable y rota de mí seguía creyendo que no era digna de recibir amor. Nadie podría querer a alguien como yo.
Que me demuestren que estoy equivocada, ver la prueba de lo valiosa que soy para Locke, me estremece hasta la médula. No sabía que un vínculo de pareja pudiera ser así. Nunca supe que sería capaz de sentir lo que él siente por mí, que su existencia se fusionaría por completo con la mía. Somos dos individuos, pero también somos uno.
Tras un prolongado silencio, mientras Locke simplemente me abraza, finalmente pregunta: —¿Te sientes mejor?
Asiento, sorbiendo por la nariz. —Ha sido intenso. —Lo miro—. ¿Estás bien?
Locke envuelve un mechón de mi pelo en su dedo y tira de él con suavidad.
—Todo este tiempo he tenido ciertos recelos, dudas. Cuando descubrí que estabas viva, el alivio inicial dio paso al dolor. Parecía que yo era el único al que le importaba. Como si yo fuera el único que se había quedado desolado. No me daba cuenta de lo que sentías por mí en realidad. Pero ahora puedo sentirlo todo dentro de mí, las cosas que no dices. Intentaré cambiar por ti, Corrine. Intentaré ser un hombre mejor. Te daré todo lo que puedas soñar.
Consigo liberar mis brazos y los enrosco alrededor del cuello de este hombre grande y corpulento, temido por todos y, sin embargo, cuyo corazón se ablanda cuando se trata de mí. —No quiero que cambies nunca. Eres perfecto tal y como eres. Y si no lo he dicho antes, te quiero. A pesar de lo que pasó, a pesar de lo que creí que había pasado. Incluso cuando me encontraste, podía negar la verdad a todo el mundo menos a mí misma. También te quería entonces. Cuando me abrazabas por la noche, me sentía segura y a salvo. Cuando te asegurabas de que estuviera alimentada y cuidada, me sentía feliz. Pero no sabía qué eran esos sentimientos porque nunca los había sentido. Ahora los entiendo. Te quiero, Locke.
Mi pareja presiona sus labios en mi frente. —Yo también te quiero, Corrine. Pero no se me dan bien las palabras. Si es algo que necesitas oír con frecuencia…
Le dedico una cálida sonrisa. —No. No es necesario que lo digas a todas horas. Sé lo que sientes. —Él me busca la mirada, y yo inclino la cabeza para besarlo—. Te lo diré las veces que hagan falta por los dos.
Su respuesta es un beso feroz y, mientras me coloca debajo de él, me río, sabiendo que está a punto de devastarme de nuevo.
Me da que mañana no podré caminar.
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