Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

LA NUEVA ERA - Capítulo 59

  1. Inicio
  2. LA NUEVA ERA
  3. Capítulo 59 - Capítulo 59: La visita
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 59: La visita

Lara abrió los ojos. La luz del sol entrába por la ventana, dibujando líneas doradas en el suelo de cemento.

Estaba en su cama. No recordaba cómo había llegado.

A su lado, Silvia y Ana también despertaban. Se frotaban los ojos, bostezaban, estiraban los brazos.

—¿Cuánto tiempo estuve dormida? —preguntó Ana, con la voz aún pastosa.

La puerta se abrió. Samira entró con una bandeja de agua y vendas.

—Durmieron bastante —dijo—. Toda una tarde. Y toda la noche.

Silvia se incorporó, sorprendida.

—¿Toda la noche?

—Me sorprendí —respondió Samira—. No había forma de despertarlas. Estaban tan dormidas que Juárez tuvo que levantarlas en brazos y traerlas a sus habitaciones.

Lara arqueó una ceja.

—¿Juárez?

—Dijo que se cansó bastante. Que eran muy pesadas.

Lara se sonrojó un poco. Pero una pequeña sonrisa se le escapó.

—Bueno —dijo—. Al menos pudimos dormir.

Silvia asintió.

—Y no soñé nada. Bueno… no tuve pesadillas.

—Yo tampoco —dijo Ana—. Descansé muy bien.

Samira sonrió. Una sonrisa cansada, pero sincera.

—Esa es una buena noticia —dijo—. Pero no pudieron salir a buscar suministros. Y Ana… tenés prohibido ir al laboratorio hoy.

Ana abrió la boca para protestar. La cerró.

—¿Qué esperás que haga entonces? —preguntó—. ¿Qué me quede mirando la pared?

Samira no respondió. Solo la miró.

Las chicas se limpiaron. Se vistieron. Se acomodaron el pelo como pudieron.

Ana fue la primera en hablar.

—¿Quieren venir a leer algo para Marcos?

Lara se estiró.

—Está bien —dijo—. No sé qué otra cosa hacer.

Silvia se puso de pie.

—Tengo unas frases anotadas para él —dijo—. Así que vamos.

Caminaron por los pasillos del hospital. Las paredes descascaradas. El olor a remedios y a humedad. Los niños corriendo de un lado a otro.

Benites y Juárez estaban apoyados contra la pared, tomando mate. Los vieron pasar y siguieron con la mirada la dirección hacia donde iban.

—Parece que se pusieron en buenos términos de nuevo —murmuró Juárez.

Benites asintió.

—Eso parece.

Samira apareció detrás de ellos. Les apoyó una mano en el hombro a cada uno.

—Denles su espacio —dijo—. No las espíen.

—No las espiábamos —protestó Juárez.

—Sí, claro.

Samira los empujó suavemente hacia el otro lado del pasillo. Los alejó. Les dio la espalda.

Pero también miró, de reojo, hacia donde se habían ido las chicas.

Lara empujó la puerta. Entró.

Silvia y Ana la siguieron.

La habitación estaba igual que siempre. Las sábanas blancas. La mesita de luz con el libro “El héroe castigado”. El gotero colgando. La respiración de Marcos. Profunda. Lenta. Igual que siempre.

—Hola, Marcos —dijo Lara.

—Hola —dijo Silvia.

Ana se sentó en la silla. Las otras dos se apoyaron contra la pared.

El aire era pesado. Pero no incómodo. Era el peso de la espera.

Ana empezó a hablar.

Le contó todo. Las ratas. Los sesenta fallos. La que se regeneraba. La que tenía piel dura. El ácido que mataba desde adentro.

—No encuentro la cura —dijo—. Pero estoy más cerca. Creo.

Lara tomó la palabra después.

Le contó sus batallas. Los zombis que había matado. El cansancio. La bronca. Y lo feliz que estaba de haberse arreglado con Silvia.

—Nos peleamos —dijo—. Pero ya pasó.

Silvia asintió.

—Mejoré mucho en combate —dijo—. Espero que despiertes pronto para mostrarte.

Fue su turno. Habló de las expediciones. Del miedo. De las pesadillas. De la noche en la azotea.

Las horas pasaron.

Nadie miró el reloj.

Cuando se dieron cuenta, el sol se escondía entre las colinas. Las sombras crecieron en la habitación.

Ana se puso de pie.

—Se hizo tarde —dijo—. Cuídense.

Lara frunció el ceño.

—¿A dónde vas? No podés usar el laboratorio.

Ana suspiró.

—Ya sé.

—Qué triste —respondio Ana.

Silvia no dijo nada. Solo miró a Marcos.

Después, las tres salieron.

La puerta se cerró.

Marcos quedó solo. Otra vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo