Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

LA NUEVA ERA - Capítulo 63

  1. Inicio
  2. LA NUEVA ERA
  3. Capítulo 63 - Capítulo 63: El movimiento
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 63: El movimiento

Silvia caminó por el pasillo. Las baldosas crujían bajo sus pies. Llegó a la puerta de la habitación de Marcos.

La abrió lentamente. Un crujido suave, apenas audible.

Las ventanas estaban entreabiertas. El viento entraba, moviendo las sábanas de la cama, rozando la piel inmóvil de Marcos.

Silvia entró.

Vio a Lara.

Estaba dormida. Sentada en la silla de siempre, la cabeza apoyada en el borde de la cama. Su mano, agarrando la mano de Marcos.

Silvia se quedó mirándolas un momento.

Luego, con cuidado, le acomodó una manta sobre los hombros. Lara no se despertó. Siguió durmiendo, la respiración profunda, los dedos todavía enredados con los de Marcos.

Silvia iba a retirarse.

Pero escuchó algo.

Un sonido leve. Como algo que se movía en la tela.

Se detuvo. Miró la cama. Las sábanas. Las manos de Marcos.

No vio nada.

Siguió caminando hacia la puerta.

Volvió a escucharlo.

Se dio la vuelta rápido.

Todo seguía igual. Lara dormida. Marcos inmóvil. La tela quieta.

Qué extraño, pensó.

Salió. Cerró la puerta con cuidado.

Sus pasos se alejaron por el pasillo.

Adentro, en la cama, la mano de Marcos hizo un pequeño movimiento.

Silvia se dirigió a donde estaba Ana.

Había despertado.

Benites la estaba revisando. Le tomaba el pulso. Le miraba los ojos con una linterna chica.

—Vas a tener que dejar el laboratorio por unos días —dijo Benites, con voz firme.

Ana abrió la boca para protestar. Cerró los puños sobre las sábanas.

—No —dijo—. No puedo.

Benites la miró.

—Tu cuerpo no aguanta más.

—Tuve un logro —dijo Ana, con la voz quebrada pero intensa—. Alrededor de 169 errores. Pero logré algo. Una rata resistió el virus. Otra regeneró sin transformarse.

Benites no respondió.

—No me detengas ahora —dijo Ana, mirándolo fijo—. Estoy tan cerca.

Silvia dio un paso al frente.

—Ana —dijo—. Descansá primero. Después hablamos.

Ana la miró. Quiso seguir discutiendo.

Pero el cansancio le ganó.

Se dejó caer contra la almohada.

—Está bien —susurró—. Después hablamos.

Silvia asintió.

Benites guardó la linterna. Anotó algo en un papel.

—Te voy a revisar otra vez mañana —dijo—. Si seguís igual, vas a tener que quedarte acá unos días más.

Ana cerró los ojos.

No respondió.

La noche llegó.

Lara se despertó. La habitación estaba a oscuras, solo la luz de la luna entrando por la ventana rota.

Sintió algo en su mano.

Estaba agarrando la mano de Marcos.

Se sorprendió. No recordaba haberse dormido así.

Pero luego sonrió.

Se acercó un poco más. Apoyó la cabeza en el pecho de Marcos.

Quería escuchar sus latidos.

Cerró los ojos. Escuchó.

Tum-tum. Tum-tum.

Sonaban como tambores. Lejanos. Pero firmes.

Pero notó algo raro. El ritmo cambiaba.

Al principio era lento. Después, sintió cómo se aceleraba.

Qué extraño, pensó.

No le dio importancia.

Apoyó la mejilla en la cama, sin soltar su mano.

—Despertate pronto —susurró.

Se quedó ahí. Un rato. Un largo rato.

Salió de la habitación.

Silvia estaba apoyada contra la pared, los brazos cruzados.

—¿Todo bien? —preguntó.

—Sí —respondió Lara—. Solo quería un poco de agua.

—¿Tenés sed?

—Un poco. Si vas a buscar, traeme una botella.

Silvia asintió.

—Ana está bien —dijo—. Solo necesita descansar.

Lara sonrió.

—Me alegra.

Caminaron juntas un tramo. Silvia la miró de reojo.

—Trabajaste mucho últimamente —dijo—. Quizás agarrarte de la mano de Marcos mientras dormías es tu premio por portarte bien.

Lara se detuvo.

—¿Cómo sabés lo que estaba haciendo?

Silvia se rió.

—Porque te vi dormir, Lara. ¿O pensás que esa manta se puso sola en tu espalda?

Lara abrió la boca. La cerró.

No dijo nada.

Se alejó caminando. Estaba cansada.

—Me voy a dormir —dijo.

Silvia no respondió.

Lara sintió un cosquilleo en la mano. La miró.

Se acordó de lo que había hecho.

Se sonrojó un poco.

Suspiró.

Se acostó. Cerró los ojos.

Al día siguiente, los gritos rompieron el silencio del hospital.

Samira corría por los pasillos, descalza, el pelo suelto, la bata manchada.

—¡Benites! —gritaba—. ¡Benites!

Los niños se apartaban a los costados. Las enfermeras asomaban la cabeza por las puertas.

Samira llegó a la sala común. Estaban todos. Lara. Silvia. Ana. Juárez. Benites.

—¡Marcos! —jadeó—. Marcos está mostrando señales. Va a despertar.

Todos se pusieron de pie al mismo tiempo.

No hicieron falta más palabras.

Corrieron.

Llegaron. La puerta estaba abierta.

Marcos seguía en la cama. Inmóvil.

Pero no igual.

—Miren —dijo Samira, señalando.

Los dedos de Marcos se movían. Leves. Pequeños. Casi imperceptibles.

Las manos. También.

—Son movimientos involuntarios —dijo Benites, acercándose—. Pero es un avance.

—¿Eso es bueno? —preguntó Ana, con la voz temblorosa.

Benites la miró.

—Es muy bueno.

Todos sonrieron.

Lara no dijo nada.

Solo miró la mano de Marcos.

La misma que había agarrado la noche anterior.

Y sintió algo que no sentía desde hacía mucho tiempo.

Esperanza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo