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LA PARADOXA SE GONDII - Capítulo 17

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17: página 17 17: página 17 El Palacio del Elíseo, el corazón del poder francés, bullía con una actividad que rozaba la histeria contenida.

La Dra.

Elena Vance aparecía en la pantalla principal del gabinete de crisis, su rostro demacrado por la luz azul del búnker de Ginebra.

Ante ella, el Ministro del Interior y el Jefe del Estado Mayor de la Defensa intercambiaban miradas de escepticismo.

Los informes que llegaban de Villeneuve-Saint-Georges eran tan absurdos que la mente política, entrenada para el cinismo, los interpretaba como un fallo de inteligencia o una broma de mal gusto.

—Doctora Vance —dijo el Ministro, ajustándose la corbata—, nos está pidiendo que declaremos el estado de sitio y autoricemos fuego real contra nuestras propias unidades del GIGN porque…

¿están sonriendo demasiado?

Entienda que esto es políticamente suicida.

—No es una cuestión política, Ministro, es una cuestión de neurobiología evolutiva —replicó Elena, golpeando la mesa en Ginebra—.

El Capitán Renault no ha “asegurado” el tren.

Ha sido asimilado.

Lo que ustedes ven en las cámaras de seguridad como una resolución pacífica es en realidad una Transferencia de Carga Viral.

Cada segundo que sus hombres pasan abrazando a esos infectados, pierden la soberanía sobre sus propios cerebros.

Científicamente, lo que Elena intentaba explicar era la “Cascada de Desinhibición Social”.

En la vida real, el Toxoplasma puede alterar los niveles de dopamina para que el huésped ignore el instinto de preservación.

En una sociedad democrática, esto se traduce en el colapso de la cadena de mando.

Si un soldado se niega a disparar porque se siente “extrañamente en paz”, el sistema de defensa nacional se convierte en una cáscara vacía.

Mientras Elena hablaba, una alerta roja parpadeó en su monitor secundario.

Los primeros vehículos blindados que habían formado el bloqueo en las afueras estaban entrando en los distritos periféricos de París.

No venían disparando; venían con las escotillas abiertas, con música sonando en las radios y soldados repartiendo raciones de comida a los civiles que se asomaban curiosos.

—Ya están en la ciudad —susurró Elena, sintiendo un vacío en el estómago—.

El parásito ha comprendido que París no se toma por la fuerza, se toma por invitación.

El Jefe del Estado Mayor se acercó a la pantalla, viendo las imágenes en directo de la Place d’Italie.

La gente se acercaba a los blindados, atraída por la atmósfera de carnaval.

No sabían que el sudor de esos soldados, el aire que exhalaban y la comida que compartían eran vectores de una “Euforia” que devoraría la ciudad antes del amanecer.

En la epidemiología de redes, París es un “super-nodo”: si París cae, el sistema circulatorio de Europa Occidental muere.

Elena Vance cerró la comunicación antes de que el Ministro pudiera responder; sabía que las palabras ya no servían de nada contra una infección que se alimentaba, precisamente, de la buena voluntad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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